10 Preguntas para Conocer Tu Propio Corazón

Test Personal

¡Qué importante es conocernos a nosotros mismos! Pero de nada sirve si no somos realmente honestos. Esa es la única manera en la que podemos identificar nuestros puntos débiles y corregirlos. Aquí tenemos 10 preguntas básicas para evaluar tu corazón.

1. ¿Soy firme en mis creencias?

Si leemos Efesios 1:2-14 NTV, encontraremos bendiciones y regalos de parte de Dios. Podemos leerlo y aún así parecerá muy bueno para ser real porque muchas veces confiamos más en las palabras humanas que en la Palabra de Dios.

Pero ya creemos en Dios ¿cierto? Sin embargo, no se trata de caer en una religión plagada de reglas a seguir para poder alcanzar a Dios, sino en tener la certeza de que Dios ya nos ha alcanzado a nosotros. Sabemos que no hay nada que podamos hacer para alcanzar la eternidad. Solamente nos queda eso, creer y decirlo abiertamente.

“Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Pues es por creer en tu corazón que eres declarado justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo” (Romanos 10:9-10 NTV).

2. ¿Comprendo que hay un poder superior?

Claro que es difícil creer en algo que no ves, por eso mismo se necesita fe. Dios es Todopoderoso, ¿hay algo que no pueda hacer? No nos limitemos a lo que nosotros podemos lograr, es muy importante que entendamos lo inmenso que es nuestro Dios, Él puede hacer cosas imposibles. ¿Qué excusa ponemos para no confiar en Él?

“Pido que les inunde de luz el corazón, para que puedan entender la esperanza segura que él ha dado a los que llamó —es decir, su pueblo santo—, quienes son su rica y gloriosa herencia. También pido en oración que entiendan la increíble grandeza del poder de Dios para nosotros, los que creemos en él. Es el mismo gran poder que levantó a Cristo de los muertos y lo sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios, en los lugares celestiales” (Efesios 1:18-20).

3. ¿Soy optimista?

Es muy fácil caer en el desánimo cuando atravesamos situaciones difíciles o de mucho estrés (pensaste en tu jefe ¿verdad?). Sin embargo, Dios nos anima a seguir adelante ¡No te rindas! No tengamos una fe corta; no nos centramos en nuestras necesidades o problemas, más bien veamos más allá. Vamos a confiar en aquél que tiene el control de todo y por quien este planeta sigue girando. ¡Que no decaiga el ánimo!

“Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros.” Efesios 3:20

4. ¿Soy humilde?

Si puedes ver la humildad en el espejo y te jactas de ella, ha dejado de ser humildad. También se menciona la mansedumbre. Ahora bien, la humildad se refiere al servicio y beneficio de otros y la mansedumbre a ser enseñable. Recuerda bien esto: Quien no es humilde, no aprende.

Quizás somos personas muy explosivas y tendemos a enojarnos muy seguido ¿te suena familiar? “La respuesta amable calma el enojo; la respuesta grosera lo enciende más” (Proverbios 15:1 TLA). Necesitamos aprender a cambiar la ira por la paciencia, la venganza por el amor, el orgullo por la correción. ¿Cómo podemos lograrlo? Practicando, hasta que se convierta en un hábito y sea una reacción natural en nosotros.

“Por lo tanto, yo, prisionero por servir al Señor, les suplico que lleven una vida digna del llamado que han recibido de Dios, porque en verdad han sido llamados. Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor” (Efesios 4:1-2 NTV)

5. ¿Estoy mejorando?

¿Cómo vamos a mejorar si no tenemos una meta definida?

“En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia” (Efesios 4:15)

Nuestra meta es Cristo y no sólo es la meta, también es el por qué y el cómo. Es muy fácil estancarnos, llegar a una zona “cómoda” espiritualmente y creer que ya no hay nada más. Nunca vamos a tener suficiente de la presencia de Dios y siempre habrá algo nuevo que Él quiere enseñarnos. Como dice mi mamá, “Uno nunca deja de aprender”.

6. ¿He cambiado?

¿Realmente nuestra vida refleja que creemos en Cristo? En la Biblia nos enseñan que la fe sin obras es muerta, esto quiere decir que, como dicen: “De lengua me como un taco”. Cualquiera puede decir que cree en Dios, cualquiera puede llamarse cristiano o creyente, sin embargo, sólo nuestras acciones van a reflejar si realmente nuestro corazón ha sido transformado por Él. Un hecho vale más que mil palabras.

¿Cómo podemos demostrar con nuestras acciones que somos hijos de luz? La palabra de Dios nos indica claramente todas las características de una persona que vive conforme a la voluntad de Dios en Efesios 4:22-33.

7. ¿Soy capaz de amar?

“Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios” (Efesios 5:1-2)

El amor no se refiere solamente a un sentimiento. En el Nuevo Testamento, la palabra griega ágape es la más usada para referirse al amor. Te sorprenderá saber que esta palabra no habla de un sentimiento, sino de un acto de la voluntad, esto quiere decir que el amor es una decisión.

También significa una búsqueda activa de lo mejor para otros por medio del pensamiento, la palabra y la acción. Es un amor incondicional que no espera nada a cambio y, algo muy importante, es un amor que corrige. Nosotros somos amados de esa manera por Dios, y la prueba más grande de Su amor es Jesús. Pero ¿nosotros estamos amando de esa manera? Nos deja mucho en qué pensar.

8. ¿Soy agradecido?

“Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:20).

Solemos culpar a otros e incluso a Dios mismo por las cosas malas que pasan en nuestra vida. Sin embargo, Dios creó todo perfecto y fuimos nosotros quienes lo contaminamos, ¿por qué culpar a Dios?


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Lo correcto es aprender a dar gracias porque, a pesar de nosotros mismos, Dios nos ama y nos levanta. A pesar de toda la maldad que hay en el mundo, Dios sigue tomándose el tiempo de regalarnos un atardecer, una luna llena inmensa o una tarde perfecta con la familia, entre muchas otras cosas. Hay mucho que agradecer, ¿no crees?

9. ¿Tengo lo que se necesita para luchar?

Ya hemos hablado antes de lo que necesita un soldado para la guerra, pero, ¿estamos listos para luchar? ¿Somos lo suficientemente fuertes como para resistir la tentación? La guerra es todos los días, y una de las luchas más fuertes que tendremos será contra nosotros mismos. “La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran” (Santiago 1:14).


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10. ¿Realmente estoy orando?

Hay una frase de Raúl Nelli que tengo muy presente: “Un cristiano que no ora, es un religioso”. Creo que tomamos tiempo para hacer un sin fín de cosas durante la semana, trabajamos, estudiamos, planeamos ir al cine, a cenar, etc. Ocupamos nuestro tiempo en tantas cosas e incluso sacrificamos otras cuantas (como hacer ejercicio, por ejemplo). ¿Por qué para otras cosas nos sacrificamos pero no para nuestra relación con Dios?

Dentro de toda nuestra rutina, orar debe ser siempre lo principal y más importante ya que es una manera de estar en contacto directo con Dios. ¿Quién no quiere estar todos los días cerca de Dios?


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La palabra clave aquí es: perseverancia. Se trata de tener una disciplina, porque habrá días en los que no vamos a tener ganas de orar y parecerá que el tiempo no alcanza pero, cuando perseveramos, la oración se vuelve parte de nuestra vida.

“Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes” (Efesios 6:18).

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Crecimiento Espiritual
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