Limpio

3 Consejos para Tener un Corazón Limpio

Solo los de corazón limpio verán a Dios.

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Mateo 5:8 (RVR1960)
¿Cuántos quieren ver a Dios? ¡Imagínate estar cara a cara con nuestro Señor! Eso sería genial aunque, al menos por el momento, no podemos hacerlo. La Biblia dice que no hay alguien quien pueda ver a Dios y viva, pero sí podemos ver a Dios obrar en nuestra vida. La Palabra de Dios también nos enseña que Él es omnipresente, pero eso no quiere decir que Él se manifieste en todo lugar. Esto significa que Dios está en la iglesia donde te congregas, en el supermercado, en un estadio, y hasta en un bar o en un club nocturno (¡Sí, incluso ahí!); pero Él no se manifiesta en todo lugar, sino en donde es honrado, amado y obedecido. ¿Quieres ver a Dios en tu vida?

Jesús llama bienaventurados – aquél quien vive una felicidad verdadera y completa- a quienes tienen un corazón limpio, porque lo que te da esa plenitud es ver a Dios manifestado en tu vida y, ¡qué hermoso es saber que esto es algo que Él quiere hacer! Por otro lado, yo creo que no hay nada peor que saber de Dios y conocer acerca de Él, pero no verlo en tu vida.


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¿Por Qué Necesitas un Corazón Limpio?

Hoy en día la sociedad está muy preocupada por lo puro; compramos agua embotellada cuando hace algunos años tomábamos la de la llave. Nos preocupa el aire puro, la comida saludable y lo natural, pero Dios en realidad no hace énfasis en eso. Claro que es importante cuidar de tu salud, pero no te preocupes tanto por lo que entra a tu cuerpo, sino por lo que sale de tu interior. Lo que Dios quiere de ti y de mí es pureza de corazón: donde nadie más que tú y Dios pueden ver.

No puedo ver a Dios manifestarse en mi vida con un corazón sucio, necesito un corazón limpio. ¿Qué significa tener un corazón puro? Un corazón puro es aquél que no tiene mezcla de deseos buenos y malos, sino uno que busca y anhela mantenerse limpio, uno que hace lo que dice. ¡Todos tenemos la necesidad de ser limpiados! Una de las preguntas más reveladoras que podemos hacernos es:

“¿Cuál es la verdadera motivación por la cual sigo al Señor?”.

Si nos damos cuenta de que nuestro motivo no es únicamente el amor hacia Él, el corazón se nos quiebra y eso nos hace humillarnos ante Él para decirle: “¡Señor, yo quiero amarte! ¡No quiero tener un corazón engañoso ni sucio! ¡No quiero esconder cosas que no están siendo tratadas!”. Muchos podrían ir a la iglesia e incluso servir en algún ministerio pero portándose como si nada estuviera pasando y sin estar siendo honestos con cosas que están ahí pero no deberían.

Pedro mismo fue confrontado por Jesús y la manera que escogió para hacerlo fue preguntándole: “¿Me amas?… ¿Me amas?… ¿Me amas?” (Juan 21:15-17). Nosotros tenemos que preguntarle a Dios: “Señor, ¿te estoy amando realmente?”. Necesitamos analizar nuestro corazón para poder decirle: “Te quiero demostrar que te amo reconociendo mi corazón y anhelando ser limpio. Espíritu Santo, ayúdame a ver las cosas claramente y a romper mi orgullo de no querer aceptar lo que está mal en mi vida. Ayúdame a verme sin justificarme y a llamar las cosas por lo que son delante de ti.”

Dios no sólo se preocupa por lo que hacemos sino también por qué lo hacemos. “¡Tengan cuidado! No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren, porque perderán la recompensa de su Padre, que está en el cielo” (Mateo 6:1 NTV). Jesús nos está diciendo: “Cuídate de tu motivación, cuídate de no hacer las cosas para ser visto por los demás”. ¡Nuestra motivación debe ser únicamente agradarle a Él!

¿Es posible hacer cosas buenas con motivaciones equivocadas? La respuesta corta es: “Sí”. Pero Jesús nos dice que la verdadera bendición viene cuando vivimos igual por dentro y por fuera.


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3 Consejos para Tener un Corazón Limpio

1. No olvides que Dios puede ver todo.

Parece que muchas veces lo olvidamos, pero Él puede ver tu corazón y el mío tal cual. Hay una frase que Jesús repite tres veces en el capítulo 6 de Mateo: “Tu Padre que ve en lo secreto” (6:4, 6, 18 RVR1960). Una de las cosas que te va a ayudar es reconocer que Dios puede ver todo en lo más profundo de tu corazón: lo bueno, lo malo y lo peor.

No puedes esconderle nada a Dios. No puedes pretender que eres bueno y que estás bien cuando no lo estás. No puedes pretender que no hay deseos y pensamientos incorrectos. ¡No hay secretos para Él! Dios sabe todo lo que estás haciendo, lo que has hecho y aún lo que harás en el futuro. Si no somos honestos y no cortamos con esas cosas en nuestra vida, Dios se asegurará de sacarlas a la luz para que sean tratadas. No, Dios no quiere sacar tus trapitos al sol, sino que quiere darte oportunidades para que te detengas. Dice la Palabra que el Señor “dará también juntamente con la tentación la salida” (1 Corintios 10:13). Es necesario que pongas un alto a esas cosas y te arrepientas para que sean tratadas a tiempo y que no te afecten más. No podemos pretender que estamos bien si todavía cargamos con cosas que no son correctas delante de Dios.

“No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a Él a quien rendimos cuentas”. Hebreos 4:13 NTV

Todos tenemos que darle cuentas a Dios. Hay jóvenes que dicen: “¡Yo vivo solo: ya me salí de casa de mis papás, ya estoy grande, yo tomo mis propias decisiones y a nadie le rindo cuentas!”. Sin embargo, esto no es verdad. Todos rendiremos cuentas a Dios. No hablo exclusivamente del día del juicio, sino diariamente. Todos los días debemos de darle cuentas a Dios.

“¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia!”. Salmos 139:7

Si Dios puede ver todo y puede ver mi corazón mejor de lo que yo mismo puedo, entonces tengo que dejar de pretender que “todo lo puedo”, que soy una súper persona o que soy un súper santo sin la ayuda de Dios. La verdad es liberador saber que Dios conoce absolutamente todo de ti y, a pesar de todo, te ama. ¿No te emociona eso? Así como eres, Él te ama. A veces uno lucha contra esta realidad y pensamos que tenemos que hacer cosas para agradar a Dios, pero Él te dice: “Así te amo y soy Yo quien te va a transformar”. Él no solo te ama, sino que lo demostró entregando a Cristo para morir por ti y por mí, de modo que tuviéramos la oportunidad de ser perdonados y limpiados. ¿Quién puede hacer su corazón puro? ¡Nadie! Solo el Espíritu Santo purifica el corazón dispuesto.

2. Recuerda que Dios también conoce tus motivaciones.

La orden que dio el rey David a Salomón, su hijo, cuando le cedió el reino fue que anduviera delante de Dios “con verdad, de todo su corazón y de toda su alma” (1 Reyes 2:4). David sabía que el Señor escudriña el corazón y conoce las intenciones.

Debemos hacer una evaluación honesta delante de Dios para que nos revele nuestra verdadera motivación. Así como dijo David: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna” (Salmos 139:23-24 NTV). En este pasaje no se nos dice que Dios no conociera el corazón de David, sino que él estaba mostrando una actitud de humildad, una actitud correcta.

Nunca tendremos un corazón perfecto mientras estemos en la tierra, pero sí podemos tener una actitud correcta para así ser lavados y transformados por el Espíritu Santo. Dios quiere que tengamos el deseo de tener un corazón conforme al Suyo.

“No te excuses diciendo: «Ay, no lo sabíamos». Pues Dios conoce cada corazón y él te ve. El que cuida tu alma sabe bien que tú sabías. Él pagará a cada uno según merecen sus acciones”. Proverbios 24:12

Tenemos que traer nuestras motivaciones delante de Dios y no justificarnos. Debemos dejar de decir que “si no fuera por esto, por aquello o por este o por aquél…”. Cada quién es responsable por las cosas de su corazón y debemos tomar la decisión de ser limpios y transformados para no volver a caer.

Las recompensas de Dios están basadas en lo que hacemos y en nuestras motivaciones. Jesús nos dijo que quien hace las cosas para ser visto ya tiene su recompensa en haber sido visto, pero quien hace las cosas con una motivación correcta recibe su recompensa de Dios.

Jesús pone tres ejemplos cuando habla de las motivaciones:

En el primer ejemplo habla de dar: “Cuando des a alguien que pasa necesidad, no hagas lo que hacen los hipócritas que tocan la trompeta en las sinagogas y en las calles para llamar la atención a sus actos de caridad. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa” (Mateo 6:2). Lo que Jesús dice es que, si vas a dar, lo hagas de corazón y no por ser visto.

El segundo ejemplo que pone es sobre la oración: “Cuando ores, no hagas como los hipócritas a quienes les encanta orar en público, en las esquinas de las calles y en las sinagogas donde todos pueden verlos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa” (Mateo 6:5). Si tu adoras y alabas nada más en las reuniones de la iglesia, hay un problema. Quizás solo lo haces en bola para ser visto. Pero si oras, alabas y adoras en privado, entonces solo Dios puede verte.

El tercer ejemplo que menciona Jesús es sobre el ayuno: “Cuando ayunes, que no sea evidente, porque así hacen los hipócritas; pues tratan de tener una apariencia miserable y andan desarreglados para que la gente los admire por sus ayunos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa” (Mateo 6:16). En otras palabras: Que nadie se entere que estás ayunando.

Haz todas estas cosas en secreto para Dios. No se trata de que te escondas, sino de que las hagas con la motivación de agradar al Señor y no para apantallar a las personas. Un corazón puro busca agradar a Dios y no a los demás.

“Pues hablamos como mensajeros aprobados por Dios, a quienes se les confió la Buena Noticia. Nuestro propósito es agradar a Dios, no a las personas. Solamente él examina las intenciones de nuestro corazón”. 1 Tesalonicenses 2:4

La pregunta para ti el día de hoy es: “¿Por qué haces lo que haces? ¿Por qué te congregas en una iglesia?”. La verdad, muchos lo hacen para ver a la chica o al chico que les gusta, para ver a sus amigos, porque hay aire acondicionado o porque les gusta la música. Podemos venir por muchas cosas, pero la motivación correcta es: para recibir de Él. ¿Por qué sirves en un ministerio? ¿Cuál es tu motivación? En todo lo que hacemos decidimos agradar a alguien; ya sea a uno mismo, a Dios o a los demás.


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3. Ordena tus prioridades.

“No te hagas ninguna clase de ídolo ni imagen de ninguna cosa que está en los cielos, en la tierra o en el mar”. Éxodo 20:3

Dios desea el primer lugar en mi vida: Dios es todo o no es nada. Te dejo unas rápidas preguntas de prueba para saber si Dios ocupa el primer lugar en tu vida:

a) ¿En qué inviertes tu tiempo, tus talentos y tu dinero? “No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar. Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón” (Mateo 6:19-21). ¿En qué inviertes tus recursos y tu tiempo? Observa la semana que acaba de pasar; no me refiero a las horas de trabajo, sino a tu tiempo libre sobre el cual tú decides. ¿En qué lo ocupaste?
En cuanto al dinero, sabemos que hay cosas qué pagar, pero hablo acerca del dinero sobre el que tú decides; ¿qué haces con él? Así como el dinero que diezmas no es en base a lo que te sobra, sino lo que recibes, lo mismo es con el tiempo. ¡No esperes a que se te vaya el internet para leer la Biblia!

b) ¿Cuáles son tus preocupaciones? En este capítulo Jesús habla de cinco preocupaciones que son reales y muy comunes. La primera es el dinero, la segunda es la comida (v. 25), la tercera es la apariencia física (v. 27), la cuarta cosa es la belleza (v. 28) y por último Jesús habla acerca del futuro (v. 34). Todas estas son cosas de las que tenemos que ocuparnos y que son importantes. Dios no nos pide que las dejemos de atender, sólo que no nos preocupemos por ellas.

c) ¿Cuáles son tus ambiciones? Está bien tener sueños y anhelos, pero el Señor dice que hay algo que debe apasionarnos más: Buscar el Reino de Dios. “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten” (Mateo 6:33). Más que cualquier otra cosa en este mundo, debemos ambicionar ser un instrumento para establecer el Reino de Dios.
Hay una frase que me gusta: “De la abundancia del corazón hablarán tus redes sociales”. Tú puedes ver lo que una persona publica y saber a qué le da prioridad en su vida.

Estas preguntas sirven para ver si tu corazón está bien enfocado. Todos queremos recompensas, bendiciones y ser bienaventurados, pero todo esto es solo para aquellos de limpio corazón. Lo más hermoso de todo es que, si tenemos un corazón limpio, veremos a Dios. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí” (Salmo 51:10). ¿Sabes cuándo escribió esto David? Lo hizo después de haber cometido adulterio con Betsabé y de haber asesinado a su amigo, el esposo de ella. Luego de esto, David se quebrantó, se arrepintió y fue perdonado.
Este es un mensaje para nosotros de que nadie está lejos del amor de Dios. ¿Cuál es tu motivación para tener un corazón limpio?: ver a Dios en tu vida.

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