La carrera más importante de tu vida

3 consejos para terminar la carrera más importante de tu vida

Intentarán desanimarte. No lo permitas.

La creencia popular dice que en una carrera lo más importante es llegar primero. Sin embargo, en la Biblia se menciona que la carrera no es de los que la inician sino de los que la terminan. Es decir, no importa qué tan lento vayas, lo importante es que llegues. El premio no es para el que comienza, el premio es para el que termina.


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Verás a unos ir más rápido que tú pero no dejes que eso te desanime. Posiblemente te has sentido estancado en algún momento, te puedo asegurar que vendrá algo nuevo. Cuando Dios cierra una puerta, Él abre otra.

Mi primera experiencia con las carreras no fue buena. A los 14 años tuve conjuntivitis y se complicó a tal grado que estuve a punto de perder la vista en uno de mis ojos. Esto tuvo consecuencias en mi rendimiento escolar y por ello reprobé materias, una de estas fue educación física. ¿Quién reprueba educación física? Yo. Acudí al maestro con la esperanza de que me diera una salida al problema y me ofreció participar en una carrera que estaba próxima. Pero me dijo que no sólo debía comenzarla, sino tenía que terminarla.

El día de la carrera me presenté vestido con overol porque no tenía ropa deportiva. Con mucho esfuerzo terminé en el lugar 27 de 28. En ese momento mi profesor se acercó a mí y me dijo que, por haber terminado la carrera, la materia estaba aprobada.

Los procesos que Dios tiene para nuestra vida pueden llegar a ser largos, pero no debemos temer a ellos. El Señor cumplirá Su propósito en nosotros. Pongamos nuestra mirada en Jesús, de Él viene toda nuestra confianza para ser mejores.

Todos hemos sido llamados a terminar la carrera. A continuación mencionaré 3 puntos que nos ayudarán a lograrlo.

1.- No perdamos el espíritu de conquista

Al intentar alcanzar aquello para lo cual fuimos llamados, podríamos llegar a caer en el error de la comodidad. Existe una historia de antaño que ilustra mejor este punto: 

Durante la época antigua, el imperio mongol se expandía por la mayor parte del antiguo continente bajo el mando de Gengis Kan. Éste reunió a varias de sus tribus, preparándolas para la batalla contra el imperio chino. Pero el emperador de China siguió un plan diferente. Hizo correr la voz en toda su tierra, mandando decir a sus súbditos, soldados y a todo aquel bajo su mando que hicieran lo contrario a lo que los mongoles esperarían. Ordenó que no opusieran resistencia a la conquista sobre ellos y que entregaran todo aquello que los soldados enemigos exigieran o desearan.


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A la llegada del ejército enemigo, el pueblo chino lo recibió como un salvador y entregó todo lo que le era pedido e incluso aquello que no. Los soldados y sus generales no entendían lo que pasaba pero cometieron un error: bajaron la guardia. Con el tiempo se acostumbraron tanto a la actitud servil de aquellos cuya tierra habían robado que decidieron trasladar el centro de su sociedad a la capital china, pues ahí estaban cómodos. Un día el emperador pidió ver a Gengis, y éste totalmente confiado, fue sin su escolta. En dado momento uno de los hombres del emperador se levantó, se acercó al cómodo Kan y cortó su cabeza frente al emperador. De ésta forma el ingenio chino venció a las incontables tropas mongolas.

Muchas veces olvidamos nuestro llamado, nuestra meta y nos quedamos estancados donde estamos cómodos. En los tiempos de Moisés, la tribu de Israel que vagaba por el desierto, fue alimentada por Dios por medio del maná. Fueron instruidos a no guardar el maná para después, ya que Dios les proveería cuando fuera necesario. Lamentablemente algunos, temiendo que sucediera una sola vez, guardaron el pan. Después se dieron cuenta que el alimento se había descompuesto en sus bolsas. De la misma forma nosotros necesitamos del maná del cielo cada día. Para nosotros el maná es la palabra de Dios y, al igual que ellos, no podemos vivir del alimento del día anterior. Día a día debemos recibir el nuevo sustento que nuestro Señor nos da.

Lo que no conquistemos nos va a conquistar; lo que no derrotemos nos derrotará.

Recuerda que la Tierra está llena de la gloria de Dios, ¡no es tiempo de perder el espíritu de conquista! Cuando veas a alguien desanimado, ¡anímalo! Si está triste, ¡dale esperanza! Cuando se sienta derrotado, ¡ayúdale a que pelee de nuevo! La iglesia no debe perder el espíritu de lucha. Lo que no conquistemos nos va a conquistar; lo que no derrotemos nos derrotará.

El rey Saúl no fue totalmente obediente a Dios. No cumplir Su palabra causó que en su última batalla fuera vencido. Por el contrario, David no venció con tan sólo hacer caer a Goliat, sino que después tomó la espada de éste y le cortó la cabeza. En ese momento obtuvo la victoria.

2.- Permanece en Cristo

En África cuando vas a un safari a ver leones, se da una instrucción: siempre permanecer sobre el vehículo aunque no haya animales a la vista. Porque aunque tú no puedas verlos a ellos, ellos te pueden ver a ti. Uno podría pensar que el objetivo de esta instrucción es para que ellos no te alcancen, sin embargo, es más que eso. Los leones al observar a otro ser, no ven su individualidad, ven un todo. Se comparan con ellos y si éste es más grande no atacan. Por lo tanto, al ver a una persona en una camioneta, no se comparan solo con la persona sino también con el vehículo. Si un turista decidiera acercarse a los animales, al ver que estos no actúan, sería atacado. Al dejar la seguridad, el animal se mediría con él, decidiría que es una presa viable por su tamaño y sería devorado.

Pero al abandonar a nuestro protector, podemos tener la seguridad de que los ataques llegarán, con la intención no solo de herirnos, sino de acabar con nosotros.

De la misma forma, nuestro enemigo nos observa aunque no lo podamos ver. Es como un león preparado. Cuando permanecemos en la protección del Señor, éste no puede atacarnos. Cuando el diablo se compara con Cristo, se da cuenta que no puede atacar. Así estaremos seguros. Pero al abandonar a nuestro protector, podemos tener la seguridad de que los ataques llegarán, con la intención no solo de herirnos, sino de acabar con nosotros.

“El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador,de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. “ (Sal. 91:1-4 Reina Valera Revisada 1960)

3.- No te rindas

A mi padre no le gustaba ver el televisor. Él solía decir que eso era la ventana del infierno y el ojo del diablo, por lo tanto, ni mi hermano ni yo solíamos verla. Sin embargo, a unas cuadras de mi casa vivía una señora que iba a la iglesia. Mi hermano y yo solíamos ir a su casa los lunes a las siete de la tarde porque era cuando transmitían la lucha libre.

Recuerdo una ocasión en la que durante una pelea, en el cuadrilátero se encontraban el Santo y “El Huracán” Ramírez. El Santo había ganado la primera de dos rondas sin límite de tiempo, pero estaba teniendo dificultades durante la segunda. Estaba arrinconado y “El Huracán” lo llenaba de golpes. Se veía la inminente derrota del enmascarado de plata. Pero la multitud empezó a gritar: “No te rindas, Santo, no te rindas, Santo”. Entonces se levantó con nuevas fuerzas y, de forma impresionante, ganó la pelea.

Durante el 2004 pasé una crisis en mi vida que me hizo pensar: ¿Por qué si Dios está con nosotros nos ha abandonado? Decidí tomar mi biblia y leer algún pasaje. Mientras leía “…a los santos y fieles hermanos en Cristo…” (Col.1:2), en el fondo de mi cabeza un recuerdo comenzó a surgir. Los cientos de voces que hacía tanto tiempo gritaban: “No te rindas, Santo…”. Tal vez ésta no sea una forma muy espiritual de pasar un problema, pero en este día te digo a ti, fiel de Dios: No te rindas, santo.

La palabra original es “cumi” que quiere decir: “levántate, vuelve a vivir y continúa tu camino’’

En la Biblia hay una palabra que se repite varias veces: levántate. La palabra original es “cumi” que quiere decir: “levántate, vuelve a vivir y continúa tu camino’’. Esa es la palabra que Jesús les dijo a la hija de Jairo, al paralítico y a Zaqueo cuando estaba en el árbol. Si en este momento estás pasando por una dificultad y sientes que desfalleces, déjame decirte que el Señor hoy te dice: Cumi, levántate, vuelve a vivir y continúa tu camino.

No puedes rendirte, debes terminar la carrera con las manos al cielo y decir: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Tim. 4:7-8).

El Señor te dio la vida y nadie te la quitará. Dios cumplirá Su propósito en ti.

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Viviendo en Cristo
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