Fidelidad

3 Mentiras Que Te Impiden Ser Fiel

Lo primero que debes hacer es creer.

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Hebreos 3:1-2 RVR1960

¡Vaya palabra que nos es ofrecida en esta carta! Poderosa y llena de vitalidad. Aquí la expresión “participantes del llamamiento celestial” quiere decir exactamente eso: que el cielo nos llama. ¿A qué? A no vivir para el mundo sino que cada día nos levantemos y escuchemos a Cristo reclamándonos para Él; que cada día miremos todo alrededor nuestro y podamos gritar desde nuestro interior: “Jesús, mi corazón no está aquí. Nada en este mundo me satisface. ¡Sólo tú, Señor, eres mi vida!”

Un verdadero seguidor de Cristo no debería estar atado a nada en la tierra, de tal manera que podría perder su empleo, negocio, cuentas bancarias, posesiones y todavía seguir fiel y amando a Dios con todo el corazón. Pero espera, antes de que comiences a deshacerte de tus bienes te diré lo siguiente: ser fiel al Señor no significa simplemente la disposición a perderlo todo por Su causa. De hecho, la Biblia dice que podríamos entregar nuestro cuerpo para que sea entregado como testimonio, pero sin la motivación apropiada, sin amor en nuestro corazón, no valdría de nada. (1 Corintios 13:3 NTV) ¡Qué fuerte!


También lee: ¿Cuál Es Tu Propósito en la Vida?


¿Qué Es Ser Fiel?

Hay quienes piensan que ser fiel a Dios consiste sólo en vivir sin pecados de sensualidad o de cualquier tipo. Otros piensan que significa estar constantemente leyendo la Biblia, orando, dando dinero y asistiendo a la iglesia. Algunos más considerarán que ser fiel es hacer buenas obras, mantenerse puros y evitar el mal. Todo lo anterior es bueno, practicarlo nos lleva a una transformación poderosa en nuestras vidas, pero hay que entender que la fidelidad a Dios surge desde el interior de un corazón lleno de fe.

No podemos tener hambre de Dios si permitimos que la falta de fe eche raíces en nuestro corazón.

La falta de fe, incluso en su forma más leve, es algo que al Señor no le agrada. Obstaculiza Su obra en nosotros y es el pecado que se halla detrás de todo alejamiento de Él. Podemos estar completamente despegados de las posesiones materiales, anhelar en nuestro corazón la venida de Cristo, escuchar predicaciones poderosas, cantar alabanzas, congregarnos, devorar Su palabra diariamente pero nada de esto trascenderá en nuestras vidas a menos que oremos así: “Señor, permíteme escuchar tu palabra hasta lo más profundo de mi ser, porque sé que puedo aplicarla y que producirá vida en mí”. Acompaña con fe la palabra que oyes: “pero a ellos no les sirvió de nada porque no tuvieron la fe de los que escucharon a Dios”. (Hebreos 4:2) ¡Si lo que lees y oyes no va mezclado con fe, no te sirve de nada!

No Te Compliques

Jesucristo fue fiel a Dios en la misma forma en que Moisés lo fue. ¿De qué modo se midió la fidelidad en ellos? ¿Cómo hicieron para serlo verdaderamente en todas las cosas? Fueron considerados fieles porque jamás dudaron de la palabra que les dirigía el Padre Celestial. Ellos sabían que lo que Dios decía que iba a hacer, ciertamente lo haría.

Entonces la fidelidad es sencillamente creer que Dios va a cumplir Su palabra. En este sentido Cristo y Moisés retuvieron firme hasta el fin su confianza del principio. (Hebreos 3:14) Su fe no tenía altibajos ni el clásico “hoy sí, mañana… quién sabe” sino que fue inconmovible hasta el fin. Y así como Cristo demostró ser fiel en Su confianza con el Padre, nosotros que constituimos Su casa veremos cómo nuestra fidelidad se mide con la misma norma: “Cristo, como Hijo, está a cargo de toda la casa de Dios; y nosotros somos la casa de Dios si nos armamos de valor y permanecemos confiados en nuestra esperanza en Cristo”. (Hebreos 3:6)


También lee: El Objetivo de las Pruebas


No Te Dejes Engañar

Tal vez pienses “yo no tengo una fe así”, ¡no te desanimes! En la vida constantemente encontramos pruebas cada vez mayores en número e intensidad y nuestra carne puede cansarse, muchos llegan a un punto crítico y dejan que el temor y la duda se infiltren en su corazón y pierden su confianza en Dios: pierden su fe. Pero volvernos fieles al Señor y mantener nuestra confianza en Él todos los días es posible. Si quieres ser tan fuerte en los últimos tiempos como ahora en Su presencia, debes tomar este asunto en serio.

Asegúrate de no caer en las mentiras del diablo.

Cada día debemos recordar que tenemos un enemigo decidido a destruirnos, un mentiroso y engañador. Jesús dijo: “el diablo… ha sido asesino desde el principio y siempre ha odiado la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando miente, actúa de acuerdo con su naturaleza porque es mentiroso y el padre de la mentira”. (Juan 8:44) El propósito de sus mentiras es quitarnos la paz y la confianza en Dios.

Satanás no pierde tiempo mintiéndole a los pecadores; ellos ya están cautivos, prisioneros de su engaño. Mejor trabaja con los creyentes cuyos corazones tienen hambre del Señor, siembra mentiras en la mente de los verdaderos buscadores, los santos de Dios, y más precisamente y con más insistencia enfoca sus esfuerzos en atacar a aquellos que están decididos a entrar en el descanso del Señor. (Hebreos 4:9-11) Este “descanso” significa un lugar de completa confianza en la palabra de Dios: un lugar de fe en donde no hay lucha ni temor ni duda.

Las 3 Peores Mentiras Del Diablo para No Ser Fiel

Mentira número uno: “No estás avanzando en tu vida espiritual”.

¿Te suena familiar? Escuchas una voz que susurra: “A pesar de toda tu hambre de Dios, la negación de ti mismo, y toda la predicación que has escuchado, no has avanzado en tu andar con Cristo. Todavía pecador, terco y lleno de egoísmo. Has recibido mucho, pero te ha hecho cambiar muy poco. No crecerías espiritualmente aunque vivieras cien años. Algo anda mal contigo, ¡eres un cristiano débil y flojo que no sirve para nada!” No te dejes engañar. La Biblia dice que la palabra que Dios nos da siempre produce fruto. (Isaías 55:11)

Mentira número dos: “Eres demasiado débil para el combate espiritual”.

El diablo dice que este combate es demasiado duro para ti, que estás desgastado, fatigado, que no tienes la fuerza para seguir luchando. Daniel advirtió que el diablo tendría éxito en desgastar al pueblo de Dios: “Desafiará al Altísimo y oprimirá al pueblo santo del Altísimo”. (Daniel 7:25) La palabra en el hebreo original que se usa aquí significa “cansar mentalmente, fatigar la mente”. Ignora esas voces, el enemigo quiere robarte la victoria que ya es tuya en Cristo Jesús señor nuestro.

Mentira número tres: “Dios no está contigo”. “

Lo has ofendido al punto de dejarlo”. Satanás susurra: “Él todavía te ama, pero ya no está contigo. Hay algo invisible y desconocido en ti. La bendición y el favor de Dios ya no te acompañan”. El diablo te golpeará con la palabra del Señor sacada de contexto y te dirá cosas como: “¿Acaso dios no abandonó al pueblo de Israel cuando pecaron? La sequedad que tienes ahora y tus luchas cotidianas son pruebas claras de que Él no está contigo, de que el Espíritu Santo te ha abandonado.

Sin embargo hoy tenemos esta palabra: “Dios ha dicho: “Nunca te fallaré. Jamás te abandonaré”. Así que podemos decir con toda confianza: “El Señor es quien me ayuda, por eso no tendré miedo. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?” (Hebreos 13:5-6) Mientras busquemos al Señor podemos estar seguros de que Él está con nosotros sin importar las mentiras que oigamos, como nos sintamos o nuestras circunstancias. Enfrenta al enemigo y dile “¡Dios está conmigo! Si Él está a mi favor, ¿quién podrá estar en contra mía?”

Vivimos por promesas de Dios, no por lo que vemos. Si queremos serle fieles, no podemos quedarnos sentados alimentando nuestras dudas. En vez de eso, cobremos aliento día a día en el Señor, tratando con la falta de fe y decir: “Señor, ¡no me voy a dar por vencido!” Rechaza hoy las mentiras del diablo y edifica tu fe sobre la palabra de Dios.

“Pero ustedes, queridos amigos, deben edificarse unos a otros en su más santísima fe, orar en el poder del Espíritu Santo y esperar la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, quien les dará vida eterna”. Judas 1:20-21

Categorías
Crecimiento Espiritual
¡Sé el primero en comentar sobre este artículo!

Deja Un Comentario

¡Entérate!

Suscríbete a nuestro correo semanal.

*Que no se te pase.