3 Relaciones que Debes de Guardar

Las relaciones son indispensables en la vida del cristiano.

“La voluntad de Dios es que te relaciones con todos los que te rodean”.


Creo firmemente que algo indispensable para los seres humanos son las relaciones. Sí, las relaciones son indispensables. Lamentablemente, hoy en día es más común que construyamos muros en lugar de puentes, y esto no está en el corazón de Dios. Él desea que tú y yo nos relacionemos con los demás. Tal vez tú piensas que no necesitas más porque Dios es todo para ti. Pero la voluntad de Dios es que te relaciones con todos los que te rodean. Esto es importante. Cada persona que Dios permite que pase por nuestro camino tiene un propósito eterno.


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Hay 3 tipos de relaciones que no podemos descuidar para que el Reino de Dios avance:

La Relación con Dios

1. No puedes cortar la relación con Dios; se perderá la visión y no podremos avanzar. Necesitamos tener intimidad y entablar una amistad con Él. «Jesús contestó: —“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”» (Mateo 22:37 NTV).

La Relación con el Cuerpo de Cristo

2. No puedes cortar la relación con el cuerpo de Cristo. Si no nos relacionamos con nuestros hermanos en la fe, no hay crecimiento y no hay avance. En ocasiones habrá relaciones con las cuales no harás clic, pero esas relaciones son bendiciones disfrazadas. “Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta. Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado. Así como nuestro cuerpo tiene muchas partes y cada parte tiene una función específica, el cuerpo de Cristo también. Nosotros somos las diversas partes de un solo cuerpo y nos pertenecemos unos a otros” (Romanos 12:1­-5).

Es necesario que lleves una relación sana con el cuerpo de Cristo a pesar de las diferencias que haya entre nosotros; necesitas buscar la manera de embonar. Y ahí encontraremos la bendición disfrazada. “Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? Y él nos ha dado el siguiente mandato: los que aman a Dios amen también a sus hermanos en Cristo” (1 Juan 4:20­-21).

La Relación con el Mundo

3. Si no nos relacionamos con el mundo, perderemos el propósito por el cual estamos aquí. No me mal interpretes; no se trata de hacer lo que el mundo hace, sino de construir puentes. No podemos construir muros con el mundo. Si cortamos nuestra relación con el mundo, nosotros perderemos la oportunidad de compartir lo que Dios hace y ellos perderán la oportunidad de conocer a su Salvador. Es esencial que tengamos la madurez necesaria para que el Reino de Dios avance.


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Quiero invitarte a que meditemos en estas 3 cosas:

  1. ¿Cómo está tu amistad con Dios? ¿Estás en armonía con Él? ¿Estás ofreciéndole una amistad genuina? o ¿estás construyendo barreras entre tú y Él, impidiendo que se pueda estrechar una amistad y una relación más profunda? Creo que tú y yo podemos esforzarnos para alcanzar una mejor relación con el Señor porque, si entablamos una relación con Jesús, tendremos la capacidad de relacionarnos con otras personas de manera eficiente y de madurar sin ver sus errores y sin hacer comparaciones. Él va a quitar de nuestra vida, nuestra mente y nuestro corazón cualquier complejo de inferioridad a tal grado que podremos relacionarnos con todos sin ningún problema. Jesús nos da nos da un corazón puro y la inocencia que nos permite ver lo bueno en nuestro prójimo. De esta manera podremos relacionarnos con los demás de una manera más fácil, limpia y sincera.
  1. ¿Cómo está tu amistad con los demás? Quizá podrás decir que tienes buenas amistades y que has vivido cosas hermosas y memorables con ellas, pero, quizá también tienes amistades donde ya la relación está afectada y te cuesta mucho trabajo profundizar nuevamente con esas personas. Algo pasó que ahora tienes un corazón cerrado y todo te cae mal de ellos: Entras a su perfil de Facebook y ya no le das “like” a sus fotos, te molesta que hayan comprado zapatos nuevos. En general, sus vidas comienzan a causarte un conflicto. ¿Te identificas con esto? ¿Te estás acercando a las personas para quitar toda barrera y permitir que Dios fluya o permites que, día tras día, se nos llene un costal de piedritas de amargura? ¡Quita todo lo que te impida ir a Jesús!

¡Deja que Él te enseñe a ser un verdadero amigo! Deja que Él te enseñe a mantener relaciones sanas, a acercarte con un corazón nuevo y a vivir con un corazón limpio que no ve lo malo. Hoy es tiempo de que nos acerquemos y restauramos toda relación. Es tiempo de restaurar esa parte del cuerpo de Cristo que está siendo dañada por el enemigo.

  1. ¿Cómo manejo mis relaciones con el mundo? ¿Soy una persona religiosa? En ocasiones, como seguidores de Cristo, comentemos el error de discriminar a las personas que se encuentran en el mundo, siendo que, las personas del mundo están necesitadas del amor, la comprensión, la misericordia y la paz que vienen al pertenecer a una nueva familia en Cristo. Te invito a que reflexiones: ¿Cómo muestras a Dios mediante tu vida?, ¿Lo muestras como un Dios de amor, de misericordia, de oportunidades? ¿Lo anuncias como un Dios que no señala y que no juzga, como un Dios de amor? O ¿Somos personas que utilizan el juicio todo el tiempo y que, entonces, crean barreras y no puentes por medio de los cuales podemos acercarlos al Señor?

Muéstrale al mundo el Dios de amor que está dispuesto a abrazarles, que está ahí para ser su amigo, para ser su protección y ofrecer su libertad y perdón en medio de la necesidad. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27)

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Viviendo en Cristo
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