Problemas

4 Claves para Enfrentar los Problemas

Dios quiere que saques provecho de toda circunstancia.

“Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada”. Santiago 1:2-4 NTV

¿A quién le gustan los problemas? A nadie, somos humanos y como tales queremos ya todo resuelto. Pero en esta vida todos tenemos una cajita de preocupaciones y problemas que debemos resolver. Aquí va una verdad que ninguno de nosotros quiere aceptar: Siempre habrá problemas y no podemos escapar de ellos.

La buena noticia es que un problema no tiene por qué ser algo malo, de hecho el hacerles frente va a revelar lo que hay dentro de nuestro corazón, y si sabemos atacarlos, Dios los usará para forjar en nosotros el carácter de Cristo. La manera correcta de enfrentar los problemas es con gozo. Lo sé, suena muy loco pero después de leer esto todo tendrá sentido.


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1. Los problemas son inevitables.

Creo que es tiempo de aceptar que somos un imán de los problemas. Los problemas no son una opción, vienen dentro del paquete que nosotros llamamos vida, y son parte del camino que debemos recorrer, aún cuando intentemos buscar atajos. La vida es bella, pero también es difícil.

Erróneamente creemos que Dios nos manda también lo malo. Todo lo malo no viene de Él, es algo que Dios permite debido a nuestra naturaleza caída. En pocas palabras, nuestros problemas son consecuencia del pecado, por lo tanto son inevitables. Dios no nos va a pedir permiso ni nos va a preguntar cuál problema queremos enfrentar y cuál no, si Él ve que debemos mejorar alguna área en nuestra vida, va a permitir que sucedan cosas y lleguen tormentas que nos hagan cambiar para bien.

“Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve”. 1 Pedro 1:6

2. Los problemas son impredecibles.

Te habrá pasado que justo cuando todo parece estar perfecto contigo, cuando más cómodo te sientes, cuando sales de tu casa y sientes que brillas y deslumbras a los demás, llegan los problemas y te toman desprevenido.

“Queridos amigos, no se sorprendan de las pruebas de fuego por las que están atravesando, como si algo extraño les sucediera”. 1 Pedro 4:12

Te preguntarás por qué, e incluso te parecerá cruel, pero realmente es Dios teniendo misericordia de nosotros, amándonos y ayudándonos a mejorar. La comodidad es peligrosa, nos deja estancados. No podemos evitar los problemas, pero si en medio de esas situaciones aprendemos a buscar a Dios y a depender de Él, encontraremos las fuerzas y estrategias necesarias para salir adelante. Debemos estar siempre preparados, porque en cualquier momento llegará el ataque.

“¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar.” 1 Pedro 5:8

3. Los problemas son muchos.

Hemos escuchado la expresión “nos llueve sobre mojado”. Te caes al suelo y todavía no puedes levantarte cuando ya te cayó otra piedra encima. A veces nos sentimos así ¿cierto? No podemos evitar los tropiezos, pero sí podemos evitar quedarnos en el suelo. Dios lo sabe, por eso nos da una tremenda promesa:

“La persona íntegra enfrenta muchas dificultades, pero el Señor llega al rescate en cada ocasión”. Salmos 34:19

4. Los problemas tienen un propósito.

Le pedimos a Dios desesperadamente que nos saque de un problema, pero no nos damos cuenta que precisamente Él lo está permitiendo para que seamos perfeccionados. Nuestra fe debe crecer y madurar, y el que nuestro Padre tenga un propósito para nosotros debería motivarnos en medio de la tormenta.

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos”. Romanos 8:28

Es vital comprender que habrá problemas provocados por el diablo, por nuestras malas decisiones o por envíos divinos. Debemos ser honestos para aprender a distinguir qué es lo que está pasando, porque muchas veces queremos culpar al diablo por nuestros propios errores.

Es un hecho que habrá situaciones difíciles que son milagros en nuestra vida pero vienen en una presentación desagradable, por lo tanto no queremos descubrir qué es, nos dejamos llevar por las apariencias. No todo es lo que parece; no todos los problemas son malos. Pase lo que pase, el principal objetivo de Dios al permitir los problemas es llevarnos a ser más semejantes a Cristo.


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¿Qué hacen los problemas en nosotros?

Aumentan la fe

Realmente nuestra fe es probada en base a golpes y fuego. En un barco que amenaza con hundirse, es donde sale a la luz de qué estamos hechos. Si aprendemos a buscar a Dios en medio de la tempestad, nuestra fe será fortalecida.

Ejercitan nuestra paciencia

Manejar en hora pico es una gran manera de ejercitar nuestra paciencia, ¿cierto? Bueno, los problemas también nos ayudan a formar en nosotros la perseverancia y el amor. Para que esto suceda, serán necesarias personas “difíciles” o situaciones complicadas en nuestras vidas, en las que podremos practicar y perfeccionar nuestra paciencia. Aunque el proceso es desagradable, el resultado siempre será satisfactorio.

Cambian nuestro carácter

Muchas veces somos como niños chiflados que no quieren obedecer a papá. Nos resistimos a enfrentar y superar las pruebas, porque no entendemos el propósito que viene con ellas. Dios no quiere hacernos la vida imposible con los problemas, más bien quiere que nuestro carácter se asemeje cada vez más al de Jesús.

¿Cómo lidiar con los problemas?

1. ¡Anímate!

Esto para el resto del mundo parece ser locura, pero cuando tomamos la decisión de levantarnos y darle gracias a Dios cuando nos sentimos estresados, tristes, con todo el mundo encima de nuestros hombros, Él tiene misericordia y nos llena de fuerza. Nuestro espíritu necesita nutrirse y fortalecerse a diario. Aprendamos a dar gracias al Señor por quién es Él.

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!” Filipenses 4:4

2. Habla con Dios.

Es difícil a veces reconocer que necesitamos de Dios, que estamos en problemas, que no sabemos cómo actuar. Pero es precisamente eso lo que debemos hacer. Nuestro Padre nos pide que seamos honestos con Él y le digamos: “Yo no puedo con esto”. Confesar y expresar nuestra realidad, va a derribar nuestro orgullo y podremos ver a Dios y Su propósito con mayor claridad. Tenemos la libertad de acercarnos a Él y pedirle que nos ayude.

“¿Alguno de ustedes está pasando por dificultades? Que ore. ¿Alguno está feliz? Que cante alabanzas”. Santiago 5:13

3. Busca y permanece en Dios.

Permanecer con Dios es algo que debe traer tranquilidad a nuestra vida. El mismo Dios que creó los cielos y la tierra, el mismo Dios que sostiene a todo el universo en su lugar, es quien nos ama y protege. Habrá ocasiones en las que no vamos a poder evitar lo que ha de venir, pero buscando a Dios en oración, recibiremos la fortaleza que necesitamos para seguir y vencer lo que se ponga frente a nosotros.

“Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre”. Salmos 16:11

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