Pasión

4 Motivos por los Que Pierdes la Pasión (Y Cómo Recuperarla)

¿Qué tan sano estás espiritualmente?

Hoy en día vemos ondas muy raras de gente que dice que no necesita de una iglesia para tener una relación con Dios. Son los mismos que afirman que todos ahí son unos “hipócritas”. Pero si vemos en la Palabra de Dios, se nos enseña que hay un propósito eterno para cada uno de nosotros tanto en los individual como en grupo. ¡Somos un cuerpo en Cristo! No vamos a una iglesia solamente para recibir la Palabra de Dios, sino para aprender juntos que somos parte de la obra de Dios y de esa manera servir y glorificar Su nombre con amor y pasión.

Lo importante en una iglesia no es el crecimiento en número, sino el crecimiento espiritual saludable. Hay iglesias en las que hacen lo que sea por atraer gente sin hacer énfasis en el crecimiento espiritual; ese es un extremo demasiado peligroso. Hay otros que dicen que solamente son “los mismos veinte de siempre” pero “bien cristianos”. Ahí está el otro extremo. Creo que una iglesia espiritualmente sana, también crecerá en cantidad y calidad de vida espiritual.

Aquello que es sano crece naturalmente. Si estamos sanos espiritualmente y estamos siendo nutridos, por consecuencia vamos a crecer como personas, como cristianos y como iglesia. La pregunta es: ¿Qué tan sano estás espiritualmente? ¿Estás igual o mejor que hace un año? Si te estás nutriendo espiritualmente, crecerás; de lo contrario vendrá la enfermedad y muerte espiritual.


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Ardiendo en Pasión

Hicieron una encuesta a personas que antes iban a una iglesia y que después dejaron de asistir. Entre las preguntas que les realizaron se encontraba: “¿Qué sería necesario que sucediera para que volvieras a la iglesia donde asistías? Algunas de las respuestas fueron sorprendentes: “Volvería a la iglesia si viera pasión en la vida de sus miembros y de sus líderes”. La gente en la iglesia necesita ver fuego y pasión. A nadie le gustaría ir a una iglesia donde el pastor y los líderes de alabanza están todos agüitados y cabizbajos.

Los partidos de fútbol están lleno de pasión. Cuando la gente platica de algo con pasión, se contagia. Cuando te hablan de una increíble fiesta que hubo o de un restaurante buenísimo, quieres saber más. ¿Qué es la pasión? Es una intensa convicción que motiva a una acción. Una iglesia sana es una iglesia que tiene pasión por Dios. ¿Hay pasión en tu vida el día de hoy? Si tú tienes pasión por algo, amas hacerlo. Si quieres ser bueno para algo, tienes que hacerlo con pasión.

“Entonces sus discípulos recordaron la profecía de las Escrituras que dice: El celo por la casa de Dios me consumirá.” Juan 2:17 NTV

Cuando Jesús se airó ante los comerciantes en el templo, los discípulos recordaron que era la pasión y el celo suyos los que lo movían a establecer una acción que les hiciera ver el verdadero motivo por el que se había fundado el templo. Jesús tenía un celo y una pasión por la casa de Dios.

Cuando tu mamá tiene pasión por la limpieza, ¡ni los zapatos te deja subir sobre la mesa! “¡Ahí comemos!”, te dice ella. Surge el celo de la limpieza por la casa. Cuando tu jugador favorito falla el penal, el celo de tu equipo te consume. Cuando le mandas un mensaje a la chava que te gusta y no te contesta, el celo de Whatsapp te consume.

Un Dios Apasionado

“No sean nunca perezosos, más bien trabajen con esmero y sirvan al Señor con entusiasmo”. Romanos 12:11

 

No veo a Dios en ninguna parte dándonos un ejemplo de trabajo sin pasión. Vemos un Dios de fuego, de entrega y de entusiasmo. No veo a un Cristo diciendo: “Bueno, pues, ahí voy a morir en la cruz”. ¡Sudó sangre! La creación nos habla de un Dios de detalles increíbles que transmiten Su pasión. Cada elaborado diseño en las aves, en las montañas y en un sin fin de ejemplo de la creación nos hablan de un Dios apasionado que los creó.


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Pasiones Equivocadas

“Era tan fanático que perseguía con crueldad a la iglesia, y en cuanto a la justicia, obedecía la ley al pie de la letra”. Filipenses 3:6

Pablo, antes de venir a Cristo, ya era apasionado, pero tenía una pasión errada. Sin embargo, Dios utilizó esa misma pasión y la redirigió para glorificarse. ¿Cómo hacemos nosotros las cosas? ¿Cómo asistes a tu iglesia? ¿Cómo sirves en tu congregación? Eso se demuestra en los pequeños detalles: en la asistencia, en la puntualidad, en la actitud. No asistimos a una reunión para ser servidos o para “sentir bonito”. La prioridad debe ser siempre Jesús, escuchar Su Palabra y darle alabanza porque en realidad todo se trata de Él.

Algunos se apasionan con su trabajo, algunos se apasionan con aparatos electrónicos, otros con autos o con equipo deportivos. Muchas cosas pueden apasionarnos, pero debemos cambiar nuestras prioridades y enfocar nuestra pasión a lo que verdaderamente importa. Si le pudieras dar un regalo a la obra de Dios en la tierra antes de partir, ¿qué entregarías? Yo entregaría mi pasión. ¡Quiero servir al Señor con todas mis ganas y con todas mis fuerzas!

¿Por qué perdemos la pasión?

  1. Permitimos que algo que es valioso se vuelva común y ordinario.

¿Haz caído en el error de ver una reunión de alabanza como algo ordinario? Algo que va a mantener tu pasión es ver las cosas de Dios con el valor que en realidad tienen. Tenemos que recordar que lo que hacemos es para Dios y, por lo tanto, lo vamos hacer dispuestos y preparados para poner toda la atención necesaria. Si tú empiezas a ver las cosas como “equis”, pronto terminarás por enfriarte y decir que “ya no sientes nada”. Eso no es problema de la reunión o de la gente que asiste, es un problema de actitud. Vemos lo mismo en las relaciones personales y familiares.

Nuestra visión de los padres cambia con el tiempo. Los niños ven a sus papás como un Superman pero, conforme pasan los años, se empiezan a dar cuenta de que sus papás no son perfectos. Todo eso, aunado a los problemas emocionales y hormonales de la adolescencia, termina por desembocar en algún grado de desprecio hacia los padres. Pero la Biblia nunca baja su estándar: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). La pasión se acaba porque no se valoran las cosas.

El primer día de trabajo en cualquier lugar es fantástico. El metro cuadrado de escritorio que te asignan como área de trabajo, en donde no caben más de dos post-it, te parece una oficina presidencial. Unos meses después estarás planeando cómo prender fuego al edificio entero. Nada cambió, solo la actitud de uno.

  1. Nuestra Necesidad de Aprobación

Debes estar consciente de que el ser una persona apasionada ocasionará que algunos te rechacen. Cuando eres cristiano, estás llamado a agradar a Dios, ¡no a las personas! No todos los que van a la iglesia son verdaderos cristianos. Debes de tener cuidado porque la mediocridad de algunos te puede arrastrar. Frases como: “¿Para qué vas otra vez a la iglesia?” o “¡Ya fue mucha oración!” pueden menguar tu pasión.

  1. La Apatía

Como decía el “profeta” José José: “El amor acaba”. Tal vez eras de los que se apasionaban cuando anunciaban un retiro espiritual en tu iglesia. Dabas vueltas a la manzana con gritos de emoción, pero ahora ya no te causan absolutamente nada. ¡Ten cuidado! Esa es, sin lugar a dudas, una señal de apatía.

  1. Las Personas

Si te juntas con gente que no está apasionada por las cosas de Dios, ¡se te va a pegar! Si tiro un pedazo de leña sobre el piso de concreto, se apagará. Hay que aventarlo sobre las brasas juntos a otros leños encendidos para que continúe ardiendo.

¿Qué sucede cuando perdemos la pasión?

“Pero tengo una queja en tu contra. ¡No me amas a mí ni se aman entre ustedes como al principio!” Apocalipsis 2:4

¿Se puede servir sin pasión? Desafortunadamente, sí. Tú puedes estar en tu iglesia participando en mil ministerios pero, si no tienes pasión y amor por las cosas de Dios, de nada sirve. Pablo decía, “Si pudiera hablar todos los idiomas del mundo y de los ángeles pero no amara a los demás, yo solo sería un metal ruidoso o un címbalo que resuena” (1 Corintios 13:1). Las mujeres saben muy bien cuando un hombre las ama de verdad. ¿O no? Cuando un hombre les dice que las ama, saben por el tono de voz si lo dicen en serio o no.

Si tú estás sentado en una iglesia pero tu corazón no está ahí, de nada sirve. A la iglesia no se va “a cumplir”. Si no vas con amor y pasión, no eres más que un “metal ruidoso”, como un platillo de batería sin ritmo. Si vas servir en un ministerio o si hay un estudio bíblico en tu casa, ¡prepáralo bien y hazlo con amor!


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Cómo Recuperar la Pasión

  1. Asegúrate de ser parte de la fogata. En un lugar donde hace frío la gente se acerca a la fogata para mantenerse en calor. La iglesia es nuestra fogata en un mundo que está en contra de la pasión por Jesús. Ese es el lugar donde tú y yo nos podemos sentar cerca del fuego y permanecer encendidos.
  2. Concentra la llama. No puedes tener un carbón separado, tienes que tener tu pasión enfocada. Hay quienes tienen su pasión regada entre varias actividades y, por consecuencia, su corazón está desviado.
  3. Deja que la pasión de Dios te consuma. Permite que la pasión del fuego te “desgaste”. Hay quienes piensan que “hay demasiadas actividades en la iglesia”. Pues, ¡qué bueno que las haya! Es un honor desgastarse en las cosas de Dios y no en otras cosas sin importancia. ¡Déjate consumir!
  4. Toma tiempo para avivar el fuego. Cuando haces una fogata, ésta se va consumiendo y eventualmente habrá que echarle más leña. “Te recuerdo que avives el fuego del don espiritual que Dios te dio” (2 Timoteo 1:6). ¿Cómo podemos hacerlo? Necesitamos tomarnos “breaks” espirituales para afilar el fierro. Hay jóvenes que sirven en sus iglesias pero que pasan por problemas y dificultades. En ocasiones es necesario poner una pausa al servicio, no para alejarse, sino para meterse de lleno con el Señor en oración.
  5. Planea tiempos para descansar. Encontrarás descanso en la presencia de Dios a través de la lectura de la Biblia y la oración.
  6. Decide ser alguien que cambia el ambiente. Conviértete en alguien que afecta a las personas a su alrededor. Una persona que está apasionada afecta positivamente en su escuela, su trabajo y su familia. Sé alguien que trae cambio, que aporta y que tiene influencia.
  7. Júntate con personas apasionadas. Las buenas costumbres también se pegan.
  8. Ora con pasión. Tu manera de orar demuestra tu pasión. La pasión que tienes por Dios se ve reflejada en tu manera de orar. Si no sabes ni orar por los alimentos, ¡algo anda mal! Por otra parte, vemos gente que se pone de pie en medio de un restaurante y grita: “¡Oh, Jehova…!” a todo pulmón para dar gracias por la comida. Hay pasiones imprudentes. La oración es la clave para restaurar la pasión.

Alguien le preguntó a Juan Wesley, un gran hombre de Dios, cómo mantenía su pasión. Él contestó que diariamente le pedía a Dios que lo encendiera y que los demás pudieran verlo. Dwight L. Moody, otro gran evangelista, dijo que si él fuera la persona más egocéntrica del planeta, aún seguiría predicando a Cristo porque no hay nada mejor que ver una vida transformada por el poder de Dios. Si el día de hoy tú puedes reconocer que tu pasión por Dios se ha apagado o que ya no es la misma de lo que era antes, escucha la voz de Dios que te llama a que tomes decisiones y des pasos para  llegar mucho más lejos en tu relación con Él.

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Viviendo en Cristo
2 Comentarios sobre este artículo
  • Maritza
    11 Mayo 2016 at 5:26 pm

    Es un artículo maravilloso, esta fuera de fanatismos y emociones vanas. Gracias!!

  • Oswaldo cuevas
    29 Junio 2016 at 5:31 am

    Solicitó autorización para reproducir el material de ustedes, citando la fuente, a un grupo de jóvenes que estoy tratando de reanimarles. Este material es excelente, lo utilizaría como estudios bíblicos, para formar líderes. Que Dios bendiga el trabajo y la reflexión de ustedes. Son verdaderos sembradores. “La Palabra del señor no vuelve vacía”. Posteriormente les animaría a que se inscriban para recibirlo.
    Muchas gracias anticipadamente por su consideración.

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