caída

7 Niveles en La Caída del Cristiano

¡Cuida no estar en alguno de ellos!

A lo largo de nuestra vida cristiana podemos ver en nuestro entorno personas que llegan a los pies de Cristo. Pero así como hay quienes muestran una gran pasión por agradarle a Él, hay otros que la pierden fácilmente en algún momento aunque creyeron imposible perderla y simplemente se alejan. Crees que vivirás con una pasión intacta pero en cuestión de segundos viene la confianza en que tus pasos estarán siempre firmes, bajas los brazos y viene la caída.

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co. 10:12 Reina Valera Revisada 1960).

Sin embargo, muchas veces podemos estar conscientes de que nuestros pasos comienzan a flaquear y estamos tan sumergidos en nuestra suficiencia que creemos que podemos tomar nuevas fuerzas por nosotros mismos. “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Pr. 16:18). En este acto es cuando rechazamos la ayuda que Dios en su infinito amor nos ofrece, estamos declinando Su gracia por la que Él nos guarda. Sin un corazón humilde, caeremos.

“… estoy seguro que es poderoso para guardar…” (2 Ti. 1:12).


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Definición de la caída

Caer es apartarse de Dios. “Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces” (1 R. 11:9). Caer es enfriarse y dejar el primer amor. “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.” (Ap. 2:4).

Muchos creyentes tienen una mala idea de lo que es apartarse de Dios. Unos creen que los que permanecen fieles son aquellos que procuran la salvación por las obras de la ley. “… Los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gá. 5:4). Por otro lado, hay quienes creen que aquello que nos aparta de Dios es el pecado. “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.” (Is. 59:2).

Pero, ¿cómo se definiría realmente la caída de un creyente? Todo empieza cuando nos enfriamos. Primeramente se va perdiendo el interés en el Señor, en Su palabra, en la oración, en asistir a la iglesia, en dar testimonio y, finalmente, la persona termina regresando a su antigua y pecaminosa manera de vivir.

La caída es un proceso gradual

Un creyente no regresa a su antigua vida de un momento a otro, es todo un proceso que nos lleva a un final aparentemente impredecible. Sí, es cierto que podemos ser sacudidos por algún pecado terrible, pero en realidad son aquellas cosas pequeñas las que no vemos venir y que sin darnos cuenta ya han ganado gran terreno en nuestras vidas.

En la Biblia podemos ver a un personaje que nos muestra ese proceso gradual en siete escalones descendentes: Lot.

1. Codicia

“Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura…’’ (Gn. 13:10)La mayor parte de nuestros pecados empiezan por la mirada. Desde el momento en el que nuestros ojos dejan de estar puestos en Dios y se desvían a algo atractivo para la carne, nuestro corazón se empieza a apartar de Él.

2. Escoger un nivel muy bajo

“Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro.’’ (Gn. 13:11). El error no es precisamente que hayamos quitado nuestros ojos de Dios, sino en dónde pusimos nuestra mirada. Lot escogió la llanura en lugar de la montaña, prefirió lo bajo en lugar de lo alto.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,” (He. 12:1). Somos llamados a mantener la mirada en alto y los ojos puestos en Dios.


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3. Compromiso con lo equivocado

“Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera” (Gn. 13:12-13). Lot había empezado a habitar cerca del pecado y se comprometió con lo que habitaba en ese lugar. Por otro lado, Abraham, quien después de haber puesto su mirada en lo alto, fue a habitar a la montaña y ahí fue prosperado.

Tan sólo hace falta habitar cerca del pecado para contaminarnos. No debemos ignorar cuando vemos el pecado cerca, debemos huir. “Huye también de las pasiones juveniles…” (2 Ti. 2:22). 

4. Capturado por el enemigo

“Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron. Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron” (Gn. 14:11-12). Tal vez a alguien le ha pasado que va a vivir a un lugar con cultura y costumbres totalmente diferentes, y que aun cuando lo intente, es imposible no tomar ciertos hábitos propios de ese lugar, de esta misma forma puede actuar el pecado.

Podemos saber en qué momento el pecado está cerca, y muchos caemos en el error de probarnos a nosotros mismos hasta dónde podemos aguantar o hasta donde podemos tener el control de la situación, coqueteamos con el pecado. Está cerca la caída. El cristiano que coquetea con el mundo, se quema; si le da un dedo al pecado, pronto tomará la mano, el brazo, el cuerpo y el lama.


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5. Carnalidad

“… Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma” (Gn. 19:1). Lot había pasado a ser miembro del concilio de la ciudad. Pasó de tener influencia espiritual a tener influencia mundana.

“Y deteniéndose él,…’’ (Gn 19:8). Al habitar en ese lugar el pecado había tomado terreno en la vida de Lot sin que él se percatara. En este punto vemos como Lot amaba y se complacía en aquello que Dios aborrecía: el pecado.

6. Debilidad de carácter

“He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado” (Gn. 19:8). El pecado nos puede cegar de tal forma que, no sólo ya no estamos conscientes de que nos estamos apartando de Dios, sino que también no estamos conscientes del daño que podemos provocarle a aquellos que están a nuestro alrededor. En este pasaje podemos ver como Lot está dispuesto a entregar a sus dos hijas al pecado. Durante la caída de un hombre, arrastra a otros consigo.

7. Inmoralidad

“Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia. Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre. Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy. La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los amonitas hasta hoy.” (Gn. 19:33-38)

Aquí podemos ver a Lot en el acto de beber vino y expuesto a la inmoralidad. No damos este ejemplo para condenar a Lot, sino para que nosotros podamos observar y que nos sirva de advertencia.

“Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Gn. 19:17, 26).

No te dejes caer

Un cristiano puede ser sacudido por el pecado, pero debemos cuidar de no caer en él. No estoy diciendo que en ningún momento de nuestra vida vamos a caer, sin embargo Dios nos da fuerzas para levantarnos así que pongamos nuestros ojos en Él para clamar por su ayuda. Si, Él nos libra de la caída y nos saca hasta del pozo más profundo, sin embargo, debemos de tener en cuenta que una vez fuera de las garras del enemigo no debemos voltear atrás. Somos llamados a caminar con la vista siempre adelante, con los ojos puestos en aquél que nos da la victoria.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,” (Hebreos 12:1 Reina Valera Revisada 1960)

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