7 Pasos para Restaurar una Relación

Mejorar nuestras relaciones interpersonales está en nosotros.

Aquí no importa quién ofendió a quién, Dios espera que demos el primer paso.

“Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él.” 2 Corintios 5:18 NTV

Cuando hablamos de relaciones, estamos abarcando todas y cada una de ellas: Relaciones familiares, de amistad, de trabajo, de pareja, etc. Ahora, toma un tiempo para pensar cómo son las relaciones en la actualidad. Desde mi punto de vista, las relaciones que sostenemos son egoístas. ¿Por qué? Porque cuando llega el primer problema, la primera discusión, malentendido, o como quieras llamarle, abandonamos el barco. Es mucho más “seguro” ponerse un salvavidas y saltar al agua que esperar a que el barco milagrosamente se mantenga a flote. Ese es el punto de vista de muchos de nosotros; pero ¿te has preguntado qué piensa Dios al respecto?

“Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” Mateo 5:9

Realmente hay personas muy difíciles de tratar (ya te acordaste de alguien, ¿verdad), pero ¿alguna vez nos hemos preguntado qué tan difícil es tratar con nosotros? Sabemos que en el mundo hay muchas maneras de pensar y, por consecuencia, hay muchísimos desacuerdos. Sin embargo, la verdad es una sola: Cristo. Dentro de todo este mar de opiniones y discusiones, Dios nos dice que seamos pacificadores. Es importante saber que trabajar por la paz no es evitar problemas, ni huir de ellos o aparentar que no existen, sino hacerles frente con la actitud y el corazón correctos. Muchas veces caemos en provocaciones y reaccionamos de una manera igualmente violenta. ¿Sabías que Jesús también es llamado Príncipe de paz? Sólo Él puede enseñarnos cómo reaccionar ante este tipo de situaciones.

7 pasos para llegar a la meta: Restaurar el compañerismo

1. Primero Dios, luego los demás

Cuando tienes un problema o discutes con alguien, ¿qué es lo primero que haces? Vas corriendo con un amigo a contarle. Bueno, pues el primer consejo es ir corriendo a contarle pero ¡a Dios! Antes de hacer cualquier otra cosa, ora. Muchas veces, cuando oramos por alguien, la otra persona cambia sin que tengamos que hacer nada más.

La clave para lograr que esto sea parte de nuestra vida diaria es ser muy conscientes de la confianza que Dios nos ofrece en nuestra relación con Él. Prácticamente puedes decirle a Dios exactamente cómo te sientes y Él no se va a sorprender con nada de lo que digas ¡Él lo sabe todo! Seamos honestos con Él. Ya habíamos dicho la semana pasada que era como tomar un café con un amigo.
Uno de los tantos errores que cometemos es que buscamos que otras personas llenen esos huecos que solo Dios puede llenar. Si estamos esperando que las personas a nuestro alrededor sean perfectas y nos den todo lo que queremos y necesitamos, estamos muy equivocados. Algo que yo suelo repetirme es: “¡No eres el ombligo del universo!”.

“Esto dice el Señor: «Malditos son los que ponen su confianza en simples seres humanos, que se apoyan en la fuerza humana y apartan el corazón del Señor.” Jeremías 17:5

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2. Da el primer paso

Aquí no importa quién ofendió a quién, Dios espera que demos el primer paso. Muchas veces nos hacemos los ofendidos y estamos esperando que la otra persona venga de rodillas pidiendo perdón: ¡Error! Debemos ir nosotros con esa persona, perdonarla y también pedirle perdón, aunque no hayamos tenido la culpa (A mi tampoco me gusta pero resulta muy sano hacerlo).

“Por lo tanto, si presentas una ofrenda en el altar del templo y de pronto recuerdas que alguien tiene algo contra ti, deja la ofrenda allí en el altar. Anda y reconcíliate con esa persona. Luego ven y presenta tu ofrenda a Dios.” Mateo 5:23,24

No sé tú, pero en ese texto yo entiendo que, cuando hay un problema, no debemos postergarlo, sino actuar de manera inmediata. Muchas veces, cuando dejamos pasar el tiempo, lo único que logramos es que el resentimiento aumente y que se compliquen las cosas. En pocas palabras, arde Troya.
Contrario a lo que piensa la sociedad, ¡el tiempo no cura las heridas!

3. Escucha a las personas

Usa más los oídos que tu boca. Es muy sencillo enfocarnos más en nuestro enojo y nuestro corazón que prestar atención a lo que hay detrás de las palabras que habla una persona.

“No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.” Filipenses 2:4

Antes de intentar resolver algo, necesitamos abrir nuestros oídos y nuestro corazón. “Lo que está en el corazón determina lo que uno dice” (Mateo 12:34). Todas las palabras que hablamos tienen una intención, y es mejor enfocarnos en los sentimientos, no en los hechos. Antes de buscar una solución, el consejo sería empezar con la compasión. Cuando una persona reacciona mal, no sabemos todo lo que viene cargando. Ponte en su lugar, porque, cuando nosotros tenemos problemas, ¿cómo reaccionamos? Es muy fácil alterarse.

4. El confesionario

Para arreglar una situación, primero debemos admitir nuestros propios errores. Fíjate lo que dijo Jesús de este tema:

“¡Hipócrita! Primero quita el tronco de tu ojo; después verás lo suficientemente bien para ocuparte de la astilla en el ojo de tu amigo.” Mateo 7:5

¡Qué fuerte! Pero muchas veces necesitamos que nos hablen fuerte. No somos perfectos (algunos parecemos pero no lo somos) y tenemos muchas áreas de oportunidad, muchas cosas que mejorar. Para que esto funcione debemos estar dispuestos al cambio y, sobre todo, a que nos corrijan. Lo mejor que podemos hacer es pedirle a Dios que nos muestre la parte de culpa que nos corresponde en el problema. ¡Ojo! No se trata de corregir mis errores para poder culpar al otro. Al contrario, cuando somos conscientes de nuestra imperfección, nuestra actitud para con los demás es más humilde.
Hazte estas preguntas: ¿Soy yo el problema? ¿Soy poco realista, insensible o demasiado sensible? “Si afirmamos que no tenemos pecado, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos y no vivimos en la verdad” (1 Juan 1:8). No vivamos engañados, es mejor confesar.

5. ¡Ataca! Pero al problema, no a la persona

Vamos al grano: Si solamente estamos buscando quién tuvo la culpa, nunca vamos a arreglar nada.

“La respuesta apacible desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los ánimos.” Proverbios 15:1

Todos hemos hablado enojados alguna vez, la pregunta aquí es: ¿Te ha funcionado? A mí no. Cuando nos acercamos con una actitud equivocada, no vamos a conseguir un cambio; más bien vamos a lograr que la otra persona se ponga a la defensiva e incluso te regrese el “ataque“. La manera correcta de hacerlo es con humildad, es mejor ser amables. Yo entiendo que, en esos momentos, lo último que piensas es en ser amable. Pero, haz la prueba y vas a sorprenderte mucho. Seamos cuidadosos con lo que sale de nuestra boca.

“Los sabios son conocidos por su entendimiento, y las palabras agradables son persuasivas.” Proverbios 16:21

¿Lo ves? Hablando bonito, se entiende la gente.

6. Pagando el precio

“Hagan todo lo posible por vivir en paz con todos.” Romanos 12:18

No dice que lo intentes ni que hagas un esfuerzo, dice que hagas todo lo posible. El precio es alto. Nos cuesta nuestro orgullo y egoísmo porque no es fácil pedir perdón cuando, en teoría, tú fuiste el ofendido. ¿Qué estás dispuesto a hacer para restaurar las cosas? Dios nos pide todo. Aquí es donde se pone a prueba nuestro amor al prójimo. Hagamos todo lo posible.

7. Enfócate en la persona

Es prácticamente imposible que nos pongamos de acuerdo en todo. Discutir no nos lleva a reconciliarnos, más bien nos lleva a dividirnos. Cuando vemos el problema, perdemos de vista a la persona. En cambio, cuando vemos a la persona y la amamos, el problema pasa a segundo plano.
Esta semana me tocó hablar con alguien y, durante esa conversación, me enteré de un problema que tenía ésta chica con alguien más. La escuché. Es obvio que, cuando nos enojamos, queremos hacer un berrinche marca ACME; pero, como dijimos al principio, debemos ser pacificadores. La abracé y le pregunté lo siguiente: “¿Alguna vez te han perdonado?” A lo que contestó que sí. “¿Merecías ser perdonada?”. Ella me respondió que no. Si Dios nos ha perdonado sin merecerlo, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar y buscar una reconciliación?

Todos necesitamos tomar la iniciativa para arreglar una situación con alguien. Es hora de hacerlo, hoy. ¿Cómo vamos a saber si tendremos tiempo mañana? Necesitamos buscar a Dios y actuar, así en ese orden. Nada de lo que acabamos de decir es fácil, de hecho demanda mucho esfuerzo. Pero hacer esto nos acerca cada vez más a Dios, porque nos permite conocerlo más profundamente.

“Apártate del mal y haz el bien. Busca la paz y esfuérzate por mantenerla.” 1 Pedro 3:11

Apártate del mal.
Haz el bien.
Busca la paz.
Manténla.

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Crecimiento Espiritual
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Anónimo
    17 Diciembre 2015 at 12:23 pm

    Me parece un excelente artículo, me sienta de maravilla, creo que es muy difícil llegar a todos estos acuerdos con nosotros mismos, no pagar con la misma moneda y perdonar a los demás, pero estoy completamente segura que si Dios está junto a ti, puedes hacerlo todo, pedid y se os dará, pidamos ser más nobles y desarmar corazones de piedra y convertirlos en corazones que sienten, esforcémonos por ser cada día mejores y ser un ejemplo a seguir, despues de todo tenemos un legado que mantener como hijos de Dios… Mil bendiciones.

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