Pasos

7 Grandes Pasos para Seguir al Maestro

Él dejó todo preparado para que lo conozcas, y lo sigas

La Biblia, en el Antiguo Testamento, habla acerca de aquel momento donde Dios le dio a Moisés los diez mandamientos. Dios no le envió un correo electrónico o un Whatsapp a Moisés. El Señor se los hizo llegar de una manera maravillosa. De igual forma, el Nuevo Testamento contiene, aproximadamente, 173 ordenanzas para caminar junto al Señor, y se encuentran a través de los Evangelios, cartas (epístolas) y hasta en el Apocalipsis.

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca” (Mt. 7:24, Reina Valera Revisada 1960).


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En la actualidad enfrentamos tantas distracciones que si no fuera porque estamos tomados de la mano de Dios, ya habríamos caído en una indiferencia espiritual y en no hacer caso a lo que el Señor espera que hagamos.

La Biblia señala que Dios anteriormente hablaba por medio de los profetas pero ahora lo hace a través del Hijo:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (He. 1:1-2).

Además, nos alienta a que no olvidar poner atención a lo que el Señor ha dejado para obedecerlo:

“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (He. 2:1).

¿Cuáles son algunas de las ordenanzas que el Señor te ha enviado a seguir?

1. Arrepentimiento

Desde el Antiguo Testamento, la Biblia ofrece pasajes donde se ilustra el deseo que Dios tiene de acercarse a ti y, sobre todo, de bendecirte. Sin embargo, hay una cuestión crucial que crea una división entre Dios y tú, e impide que alcances las ricas bendiciones que el Señor tiene para ti. Esto se llama pecado.

Una de las formas de estar en comunión con el Señor y alcanzar lo que Él tiene preparado para ti es que te arrepientas sinceramente de tus pecados y creas firmemente en la palabra de Dios.

El arrepentimiento se logra a través de dos pasos: debes dejar todo lo malo que hacías antes y debes enfocarte y fijar tu mirada en Dios. Jesús dijo:

“Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 4:17).

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lc. 13:24).

2. Creer

Conforme vas conociendo a Dios, más cercana será tu relación con Él. Poco a poco vas a ir dependiendo cada vez más de Él y aprenderás a depositar tu confianza en Su Palabra. Conocer a Dios significa hacer lo que Él quiere y espera de ti.

Además de arrepentirnos, necesitamos dar un paso más, ese paso es creer en Él. Jesús nos dio esta enseñanza:

“… arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mr. 1:15).

Jesús pagó el precio de tus rebeliones. Si una persona se arrepiente solamente, no es justificada, pues la Biblia enseña que:

“… Ia paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23).

Era necesario que alguien pagara por tus pecados. Jesús ya lo hizo. Él cargó con ellos en esa cruz. Los elementos que necesitas para alcanzar la salvación ya están hechos. Necesitas estar consciente que hay acciones que no son correctas si quieres ser seguidor de Jesús. Necesitas darte cuenta de eso. El primer paso es arrepentirte y, el siguiente, creer plenamente en Jesús. En ese momento, alcanzarás salvación.


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3. Una nueva persona

“… os es necesario nacer de nuevo” (Jn. 3:7).

Calma, no se trata de entrar al vientre de tu madre nuevamente. Cuando una persona como tú o como yo comete o actúa de manera que no agrada a Dios, en automático comienza a apartarse del Señor, incluso inconscientemente. Cuanto más nos alejamos de Él, nuestro espíritu se vuelve cada vez más insensible a la presencia de Dios. Sin embargo, cuando tomas consciencia del estado en el que tu espíritu está, te arrepientes y depositas toda tu confianza en Dios, en este momento es cuando recibes a Cristo en tu corazón. Debes invitarlo a que Él viva en tu corazón. Hacer esto significa que debes tomar la decisión de dejarlo entrar en tu vida y dejarte llevar por Él. En este momento, naces nuevamente. Naces en el espíritu.

Cuando naces en el espíritu, comienzas a producir frutos.

“O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y el fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol” (Mt. 12:33).

Así de sencillo. Antes de conocer al Señor, actuabas de cierta manera. Te aseguro que después de tener un encuentro con Él, sin darte cuenta, poco a poco, vas a ir cambiando tus acciones y tus gustos. Muchas ocasiones, ni te vas a dar cuenta de los cambios en tu vida. Alguien más, te lo hará saber. Sí, así de grande e impresionante es el Señor. Lo mejor de esto es que ahora Él está de tu lado. Lo tienes al alcance de tu mano o al alcance de una oración. De manera directa. Como si tuvieras Su Skype o Su Facetime en tu teléfono celular. Tan sencillo como enviarle un Inbox, a través de Facebook, a algún amigo. Dios está esperando que lo busques.

4. Recibir el Espíritu Santo

Todo cristiano (si ya tomaste tu decisión de invitar a Dios en tu corazón, ya eres un cristiano) debe tener al Espíritu Santo en su vida.

“…pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder de lo alto” (Lc. 24:49).

Es la voluntad de Dios que seas llenos de la presencia de Su Santo Espíritu. Son muchísimas las ocasiones en las que Él te va a hablar acerca de recibir esta promesa. Es necesario que el Espíritu Santo viva en ti porque, a través de Él, serás sensible a la presencia de Dios y te ayudará a comprender las cosas por las que estás atravesando, además de que te guiará a  tomar mejores decisiones en tu vida para que puedas alcanzar el plan y las bendiciones que el Señor tiene para ti.

5. Seguir los pasos de Jesús

Si ya tomaste la decisión de aceptar al Señor Jesucristo ahora tienes que seguirlo. Quizá no has alcanzado a comprender lo que esto significa. Te lo adelanto: poco a poco tus gustos cambiarán y tus decisiones también.

“Si alguno me sirve, sígame…” (Jn. 12:26).

“…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23).

Este es el mandato: seguirlo. Seguir a Jesús significa andar como Él anduvo. Pero no te confundas, no tienes que andar en sandalias y vestir túnica. Se refiere a hacer Su voluntad, comprometerse con Su reino y vivir para Él.

“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6).

El Señor le dijo a Pedro que lo siguiera (Jn. 21:22). A Mateo le dijo lo mismo (Lc. 5:27). Ese precisamente es el deseo de Jesucristo para ti. Él desea que donde estés, estés con Él (Jn. 17:24).

6. Orar

La vida de un creyente (o sea alguien que ya conoce al Señor) depende de la comunión que tenga con Dios. Al igual que con Jesús, su vida se caracterizaba por la comunión que tenía con Su Padre.

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr. 1:35).

Esta es una necesidad que debes cubrir lo más frecuente posible. Debes orar. Muchas veces el enemigo no te dejará que busques a Dios, en ese momento, estarás peleando una batalla espiritual. Todo lo que necesitas lo puedes alcanzar por medio de la oración.

Dios quiere ser tu amigo. Él está a tu alcance. Recuerdas a tu viejo amigo/amiga de la primaria o de la casa a un lado de la tuya. ¿Recuerdas todo el tiempo que pasaban juntos? ¿Alguna vez te cansabas de convivir con esa persona? Es lo mismo con el Señor. Él quiere que lo busques. Él quiere que platiques con Él. Quiere que le cuentes tus cosas. Aquello que te preocupa. Aquello que no te deja dormir. Dios quiere que le mandes tweets o inbox a través de la oración. Lo mejor es que no necesitas ni de una computadora ni un teléfono celular para hacerlo. Olvídate de que ocupas al iPad para hacerlo. ¡Tampoco la ocupas! Orar es tener esa comunión y comunicación con el Señor. Él te está esperando y tiene su oído inclinado hacia ti para escucharte. Dios quiere que pases tiempo con Él.


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7. Fe

El creyente es levantado porque confía en un Dios poderoso. Jesús ordenó:

“…Tened fe en Dios” (Mr. 11:22).

“Sin fe es imposible agradar a Dios…” (He. 11:6).

La fe te lleva a depender del Señor y a hacer que sucedan las cosas. Jesús dijo:

“… no seas incrédulo, sino creyente” (Jn. 20:27).

La fe descansa en la Palabra de Dios. Entre más conocimiento tengas de quién es Él, mayor es la confianza que tendrás en Él.

“La fe viene por el oír la Palabra de Dios” (Ro. 10:17).

Ésta es la llave para abrir la puerta del cielo, llegar a Él y recibir de Él. ¿Quieres recibir la bendición que el Señor tiene preparada para ti? Debes buscarle y tener fe.

Jesús dijo:

“… EI que me ama, mi Palabra guardará…” (Jn. 14:23).

Dios te llama a guardar Sus mandamientos, a no pasarlos por alto, sino a acercarte a Él y hacer Su voluntad. Debes escuchar al Hijo de Dios y con diligencia hacer todo lo que te dice. Eso es ser obediente. Obediente a las ordenanzas que Dios tiene para ti.

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Crecimiento Espiritual
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