Justicia

8 Diferencias Entre La Justicia de Dios y Tu Justicia

El mayor significado de Justicia no es venganza

“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Stg. 3:17-18 Reina Valera Revisada 1960).

Y siendo suya la justicia, Él no nos paga conforme a lo que merecemos.

La justicia de Dios es diferente a la de los hombres. Cuando pensamos en justicia pensamos en el derecho que nos corresponde. La definición de diccionario dice que la justicia es un principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Otra definición dice que es una “cualidad de justo”. Sin embargo, ¿Por qué tu y yo no recibimos lo que nos corresponde? Es decir, el castigo por nuestros pecados. Cristo tomó nuestro lugar y pagó el precio por nuestros pecados, por ello nosotros podemos ahora estar en comunión con el Padre. En muchas ocasiones queremos tomar la justicia en nuestras manos, pero ésta le pertenece a Dios (Hch. 17:31). Y siendo suya la justicia, Él no nos paga conforme a lo que merecemos. Para entender mejor la justicia del Señor, veamos 8 puntos muy importantes sobre ella.


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1. El sacrificio de Cristo nos justifica

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”  (2 Co. 5:21).

Por la justicia de Cristo nos podemos presentar limpios y aceptables delante del Padre. La sangre de Jesús, nos redime, nos cubre y nos limpia. Necesitamos creer y permanecer en Cristo para ser justificados.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

Cuando recibimos a Cristo de corazón, sin importar cuál sea nuestra condición, recibimos la justificación para ser presentados delante del Padre como hijos suyos.

2. Jesús: Nuestro modelo a seguir

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:21-24).

Cristo ha dejado un camino marcado con su manera de vivir para que nosotros podamos seguir sus pisadas.

No hizo pecado: el cual no hizo pecado…

Tú y yo tenemos que renunciar al pecado. Hay una parte en La Biblia que es conocida por mostrar la mínima expresión de pecado; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg. 4:17). Para alejarnos del pecado es necesario que primero haya un fruto de arrepentimiento. Hay cosas que están mal en nuestra vida y no podemos seguir tolerándolas. Debemos arrepentirnos y apartarnos de ellas.

No hizo engaño: ni se halló engaño en su boca…

Las mentiras piadosas no existen, no hay verdades a medias ni mentiras chiquitas. Apartémonos de toda clase de mentira, la Biblia dice que el Diablo es el padre de la mentira (Jn. 8:44). Debemos hablar con la verdad en todo momento.

No respondió con maldición: quien cuando le maldecían, no respondía con maldición…

Cuando alguien nos hace mal, lo primero que nos sale del corazón es responder con un mal. No culpemos a otros, no digamos que fuimos provocados para responder con agresiones. La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca (Lc. 6:45). Examinemos nuestro corazón y sigamos el ejemplo de Jesús para saber cómo responder.

No amenazaba: no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente…

“Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” (Jn. 12:47).

Muchas veces queremos tomar la justicia en nuestras manos, debemos seguir el ejemplo de Jesús y dejar nuestras causas a Dios.


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3. Seamos instrumentos de justicia

ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Ro. 6:13).

En otro tiempo cuando no obedecíamos a Dios sino que seguíamos nuestros deseos, estábamos en pecado. Ahora es necesario disponer nuestro cuerpo como un instrumento de Justicia. Hay veces que nos justificamos por estar cansados y no queremos esforzarnos para buscar y adorar a Dios. Tenemos que presentar nuestro cuerpo como un sacrificio, y un sacrificio cuesta. Debemos dar a Dios algo que nos cueste, algo que implique esfuerzo.

4. La fe

“Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Ro. 4:3).

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (He. 11:6).

Las palabras de Dios nos dan certeza y convicción, es decir, fe. Cuando Jesús fue tentado en el desierto, él solo respondió: “Escrito está…” (Ver Mateo 4:10). Tenemos la palabra profética más segura y asertiva.

Debemos ser hombres y mujeres de fe, ésta hace que estemos por encima de los problemas. Jesús habla acerca de dos hombres que edificaron su casa, una en la arena y el otro en una roca sólida. A ambos les vino una tempestad y solo quedó en pie la casa del hombre que la había cimentado sobre la roca. Así nosotros cuando conocemos y aplicamos la Palabra, ésta trae fe y nos hace salir adelante ante las dificultades.


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5. La disciplina

Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (He. 12:9-11).

¿A cuántos nos disciplinaban cuando éramos pequeños? A muchos no nos gusta ser disciplinados. Hoy los padres cada vez disciplinan menos a sus hijos, sin embargo, esto es un bien para nosotros. No debemos resistirnos a ser disciplinados, y para esto necesitamos humildad.

6. En la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Stg 1:19).

Cuando aprendamos a escuchar y a responder, esto nos evitará muchos problemas. Dejemos la ira y la contienda a un lado. La Biblia dice: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Ef. 4:26-27). Aprendemos a controlarnos, seamos de un espíritu con dominio propio.


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7. La palabra nos instruye en justicia.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17).

Todos deseamos que los frutos de la Justicia sean manifestados en nosotros, para ello es necesario que leamos y meditemos en la palabra los 365 días del año. Ir a la Iglesia un día a la semana no es suficiente.

8. El fruto de justicia viene por medio de Jesús.

Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Fil.1:9-11).

Muchos cristianos viven preguntando qué hacer y qué no hacer. Debemos buscar la presencia de Dios. Su Espíritu es el que debe decirnos lo que debemos hacer.

¡Caminemos en santidad, irreprensibles, llenos de frutos de justicia para el día glorioso de la venida del Señor Jesucristo!


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