Aférrate a Cristo

¿A qué cosas se aferra tu corazón?

Necesitamos permanecer tomados de Su mano, como si de eso dependiera nuestra vida porque, efectivamente así es.

¿Te gustan los juegos mecánicos? En lo personal a mi me encantan, aunque me dan miedo. Supongo que te ha pasado que te subes a una montaña rusa, y cuando sales disparado te sujetas y te aferras de la barra de protección, o lo que tengas cerca, como si de eso dependiera tu vida. ¿Te has aferrado así a Dios?

Para que podamos ser perfeccionados y logremos ser imitadores del carácter de Cristo, necesitamos permanecer tomados de Su mano, como si de eso dependiera nuestra vida porque, efectivamente así es, dependemos de Él.


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Muchas opiniones, solo una verdad

Si nuestra vida estuviera basada en opiniones, sería un caos, ya que existen millones alrededor del mundo. Es válido tener un criterio propio, pero para nuestro beneficio existe un orden y una verdad. La verdad de Dios no cambia.
Sin embargo, somos arrastrados por nuestro orgullo y egoísmo y caemos en buscar una vida fácil. Un cristianismo sin Cristo, en el que podamos estar a gusto, sin exigencias, sin soltar el pecado, sin buscar y anhelar la pureza, sin rendirnos completamente a la autoridad de Dios. Buscamos no morir a nuestros deseos y pasiones, sino alimentarlas y consentirlas sin sentir culpa alguna, sin arrepentirnos. Dios es amor y quiere bendecirnos, pero esa no es la Biblia completa, en ella están escritas un sin fin de historias de hombres y mujeres que por seguir a Cristo tuvieron que pasar por pruebas, algunas de ellas muy dolorosas. Tristemente muchos creyentes quieren que se les hable solo de los derechos y beneficios que tienen en Cristo, mientras olvidan todo el derecho justo que Él tiene sobre nosotros.

Doble vida

“Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero.” Mateo 6:24 NTV

Muchas personas dicen creer en Jesús, pero son pocas personas las que lo siguen y lo aman verdaderamente. Esta es una realidad muy antigua, ya que a Jesús mismo lo seguían multitudes, pero solo unos pocos se mantuvieron con Él; sólo unos pocos fueron verdaderamente sus discípulos.
Vivimos en una cultura muy tradicional, llena de ritos y costumbres. Los judíos querían unirse a Jesús, pero sin dejar atrás sus tradiciones y ritos. Esto es algo que Jesús rechazó rotundamente.

“Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración es una farsa porque enseñan ideas humanas como si fueran mandatos de Dios.” Mateo 15:8-9

No podemos decir que amamos a Dios cuando nuestras acciones demuestran exactamente lo contrario. Nos convertimos en hipócritas que se niegan a abandonar prácticas y sentimientos o emociones equivocadas, personas que dicen odiar el mal pero se aferran a él. Con nuestra boca decimos amar a Dios pero con nuestras acciones lo despreciamos. Elegimos ocultar nuestro pecado a los ojos del mundo y tener una doble vida, en lugar de confesarlo y arrepentirnos. Dios todo lo ve y todo lo sabe.


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Dios nos ama tanto, por eso nos ordena que dejemos el pecado, porque eso nos destruye. Cuando desobedecemos, despreciamos a Dios, es decir, lo tenemos en poca estima. Nos hace falta asimilar Su Palabra y atesorarla en nuestro corazón. No podemos pretender que es posible escondernos de la autoridad que tiene Dios sobre nosotros.

3 Cosas que Jesús nos pide cuando nos aferramos a Él

1. Amarlo por encima de todo y de todos

“Si quieres ser mi discípulo, debes aborrecer a los demás —a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas— sí, hasta tu propia vida. De lo contrario, no puedes ser mi discípulo.” Lucas 14:26

¿A qué se refiere la palabra “aborrecer”? No quiere decir que tengas que odiar a alguien o tratarlo mal, en realidad significa “amar menos por comparación”. Es importante saber que cualquier objeto de afecto o amor que tome un lugar superior a Dios, es incorrecto.

Solemos ser muy egoístas, incluso en nuestra relación con Dios, buscándolo solo para encontrar una respuesta a un problema, o para exponer todas nuestras necesidades y preocupaciones, lo cual está bien pero, ¿sabemos como entrar a la presencia de Dios, y tan solo darle gracias?

Dios quiere que lo amemos, que realmente tomemos esa decisión. Cuando estamos enamorados de Él todo es más fácil, y en nuestra búsqueda apasionada por Él, nos va a ir mostrando qué es correcto y qué no. C.S. Lewis escribió: “La felicidad que Dios concibe para Sus criaturas más evolucionadas es la felicidad de estar libre y voluntariamente unidas a Él…”

Si nuestro amor por Dios fuera intenso, ferviente, absoluto, no sería una carga leer la Biblia, orar, servirle. Necesitamos descubrir nuestra necesidad absoluta de estar cerca de nuestro Creador. Busquemos conocerlo más.

2. Llegar hasta el final

Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo? De no ser así, tal vez termines solamente los cimientos antes de quedarte sin dinero, y entonces todos se reirán de ti. Dirán: “¡Ahí está el que comenzó un edificio y no pudo terminarlo!” (Lucas 14:28-30).

Hay quienes comienzan a avanzar en su vida espiritual con la firme intención de aferrarse a Cristo, pero a media carrera algo sucede y simplemente dejan de correr. Esta es la condición más trágica de un creyente, que habiendo conocido a Dios, y no sólo eso, sino que habiendo experimentado Su amor y Su presencia, se apartan y se vuelven fríos. Lo más grave de todo es que llegan hasta este punto sin darse cuenta, ya que nunca prestaron atención a las señales de alerta que les decían que se estaban alejando del camino correcto.

“Si ustedes piensan que están firmes, tengan cuidado de no caer.” 1 Corintios 10:12

Sin embargo, también hay quienes día a día buscan y anhelan crecer en el conocimiento de Cristo, y van paso a paso siendo transformados, cambiando y desechando todo aquello que les impida avanzar. Como suele suceder en este mundo, se presentarán obstáculos en el camino, y quizás tropezaremos con algunos, pero podemos descansar en que, si verdaderamente buscamos agradar y obedecer a Dios, tenemos la fuerza suficiente de levantarnos y seguir corriendo. Es posible llegar hasta el final.

3. Luchar

Tenemos un enemigo: el diablo. Nadie nos asegura que la pelea será fácil, de hecho debemos ser conscientes de que vamos contracorriente y esto traerá consecuencias. Cuando decidimos aferrarnos a Cristo, es como si todo el mundo iniciara una guerra en tu contra, “pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33).

Vamos a ser bombardeados todos los días, incluso con “fuego amigo”, y a veces nos veremos tentados a rendirnos, pero Dios nos recuerda que Él es invencible, y nosotros también lo somos si permanecemos con Él. En palabras más sencillas: estamos en el equipo que ya ganó.

Dios ya nos ha dado la victoria en esta guerra, pero para obtenerla nos pide que luchemos, porque será en esas batallas donde Él nos perfeccionará. Vamos a aferrarnos a Cristo como nunca antes lo hemos hecho, para ver cosas en nuestra vida que nunca antes hemos visto.

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