Promesas

En lugar de mirar atrás, creyó en las promesas de Dios para su vida

¿Cómo reaccionas ante la adversidad?

La historia que encontramos en Génesis 23 se usa para dar un mensaje cuando alguien sufre por la muerte de algún ser querido o cuando hablamos acerca de cómo negociar. Pero yo quisiera de hablarte acerca de otro aspecto de este relato. Hay algo más profundo que simplemente el momento de la muerte de Sara; podemos ver a Abraham actuando sobre las promesas de Dios para su vida.

Los entierros, en el contexto en el que se encontraba Abraham, eran algo muy importante. No se enterraba a las personas donde sea, o en un panteón. La gente acostumbraba enterrar a sus familiares en el lugar al que pertenecían, en su tierra, donde ellos crecieron. El lugar y la manera eran algo muy importante. Si la persona moría fuera de su tierra, se buscaba la manera de llevarle a donde pertenecía para que se le enterrara con su familia. Era una cuestión delicada.


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Dejar nuestra vida atrás

Ya no vivimos para nosotros, vivimos para lo que Dios quiere.

Abraham no estaba en su tierra durante ese relato. Había salido de Ur de los caldeos por revelación de Dios, quien le había prometido una tierra para su descendencia. Abraham creyó a Dios y partió. Al salir de su tierra, salió de donde pertenecía, y al dejar a su familia dejó la vida económica y social que llevaba en su comunidad.

El que Abraham haya tomado la decisión de salir de esa tierra e irse por fe a donde Dios le llevara, nos dice la Biblia, fue contado por justicia. Eso le agradó a Dios porque él salió creyendo una promesa. Tu y yo hemos sido alcanzados por Jesús, él nos ha hablado de Su propósito para nosotros. Muchas veces creemos que nuestra vida no tiene sentido, pero cuando venimos a Cristo entendemos que hay un Dios que nos ama y que nuestra vida tiene una razón de ser y un propósito en Dios.

Al igual que a Abraham, Dios te dice el día de hoy: “Sal de ese lugar en donde estás, sal de lo que todos hacen. Sé un joven diferente a los demás para que vivas el propósito que tengo para ti”. Hemos venido al Señor, oído Su voz, creído y obedecido ese llamado porque sabemos que en eso hay un propósito y una bendición eterna.

La gente que no cree en el Señor toma sus decisiones con base en lo que les conviene, en lo que no los mete en problemas, en lo que los demás dicen que está bien o mal. Pero nosotros no vivimos así, no hacemos las cosas por lo que la gente dice. Hacemos o no hacemos las cosas porque así le agrada a Dios. Ya no vivimos para nosotros, vivimos para lo que Dios quiere. Hemos decidido salir de lo que el mundo piensa para vivir lo que dice la Palabra del Señor.

“Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20 NTV

Promesas para la vida eterna

Al momento en el que Sara murió, Abraham ya estaba habitando en una tierra que no era de su parentela, un lugar donde vivían otros pueblos. Esa tierra era la que Dios le había prometido, pero todavía no era de él. Abraham mismo se llamaba “forastero”. Sin embargo, creyó en la promesa de Dios.

Muchas de las promesas de Dios son para la eternidad.  Eso significa que no veremos ciertas cosas cumplirse aquí en la tierra. Abraham vivía en aquella tierra como forastero porque creía en la promesa de Dios. Dios le había dicho que esa tierra sería para él y su descendencia, y aunque Abraham no vio esa promesa cumplida con sus propios ojos, jamás perdió la fe.


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Alcanzando la vida de Dios

“Todas estas personas murieron aún creyendo lo que Dios les había prometido. Y aunque no recibieron lo prometido lo vieron desde lejos y lo aceptaron con gusto. Coincidieron en que eran extranjeros y nómadas aquí en este mundo”. Hebreos 11:13

Muchos somos la primera generación de cristianos de la familia. Somos llamados a cambiar el rumbo en nuestra familia. Unas promesas las vamos a ver cumplirse, pero muchas no las vamos a ver. Tal vez nuestros hijos o nuestros nietos son los que las vean. Pero nosotros salimos de la vida pasada con una convicción de avanzar para alcanzar todo lo que Dios tiene para nosotros. Debes estar dispuestos a dejar todo atrás para alcanzar lo que el Señor ha puesto delante de ti.

Abraham compró heredad para enterrar a Sara en la tierra prometida. Abraham creyó.

Obstáculos para llegar a la voluntad de Dios

En Génesis 22 se encuentra la historia del sacrificio de Isaac. Es una historia en donde Dios ve que el corazón de Abraham era un corazón genuino y con verdadera fe. El versículo 20 nos dice que Abraham recibió una noticia de su parentela: su hermano Nacor también había tenido ocho hijos de Milca, su esposa, además de otros cuatro de Reúma, su concubina. Abraham llevaba años fuera de su casa cuando recibió esta noticia. Hoy en dí es normal recibir noticias de todo el mundo a cada momento, pero en ese entonces, recibir una noticia era una sorpresa. Abraham pudo haber tratado de justificarse con eso para regresar a su casa.

Como humano, pudo haber dudado y pensar a donde realmente pertenecía. Pudo dejar el papel de buscar la tierra prometida para sus hijos con la excusa de que él ya era viejo y necesitaba un lugar para ser enterrado. Sin embargo, nunca le reclamó a Dios por su edad, por no ver la promesa cumplida ni por las noticias de su familia. No tomó la oportunidad de volver a casa. Se mantuvo confiando en la promesa que Dios le había dado de una tierra para su descendencia.

¿Cuántas veces no hemos pensado en volver a nuestra antigua vida? ¿Cuántas veces no hemos dudado de las promesas de Dios? Queremos soltar todo lo que tiene que ver con Dios y buscar nuestros deseos al no ver a Dios actuando como nosotros queremos, y tras el primer obstáculo caemos. Llegan las presiones del mundo, dudamos y nos quejamos de Dios porque a todos les están pasando cosas buenas y aparentemente a nosotros no.


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El sufrimiento es necesario

A Abraham se le conce como el padre de la fe, pero eso no significa que no sufrió. El proceso que formó su fe fue doloroso. El ser hijos de Dios no significa que no vamos a pasar dificultades; por el contrario, probablemente pasemos por más dificultades que otros. La Biblia dice que Dios tiene un propósito para todo en Romanos 8:28: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos”.

Hay algunos que sufren por andar en pecado. Si ese es tu caso, ¡arrepiéntente y pide perdón a Dios! Pero hay muchos que sufren por causa de Cristo: eso tiene una recompensa. El esperar los tiempos de Dios y el escuchar y obedecer Su voz trae grandes frutos. Los demás pueden no hacerlo, pero tú ya saliste de ahí y sabes que tienes un propósito. Ir contra el mundo cuesta, pero tú eres un extranjero en esta tierra.

“Debemos sufrir muchas privaciones para entrar en el reino de Dios”. Hechos 14:22b

Abraham pasó por la prueba, por el sufrimiento y el dolor. Pero se aferró a la promesa que Dios le había dado. Nosotros somos hijos de Dios y tenemos que aferrarnos a que Dios tiene un propósito para nosotros y no ceder ante lo que el mundo hace. Tenemos que mantenernos firmes en hacer la voluntad de Dios.

No te compares con nadie

El propósito de Dios no es que te vaya mejor, es que tengas un corazón transformado.

Abraham tuvo que aceptar que era extranjero, que los demás tenían más que él. Su esposa murió y él no tenía donde enterrarla. Pero no se comparó con los demás. Pidió a los del pueblo una propiedad para enterrar a su esposa. Nosotros no tenemos por qué compararnos con aquellos a nuestro alrededor. No esperemos que nos vaya mejor que a ellos para confiar en Dios. Necesitamos un corazón que confíe en Dios.

Confía en que Dios cumplirá su promesa

Entonces Abraham se encuentra con distintas opciones para el sepulcro de su esposa. Terminó comprando la parcela que que le ofreció Efrón, la cual incluía el campo, una cueva y todos los árboles que la rodeaban. No era una oferta de piedad. Efrón se aprovechó de la situación de Abraham e inclinó la balanza a su favor durante la transacción. Abraham, como buen mercader, seguramente estaba consciente de la situación. Sin embargo, decidió ignorar las intenciones de Efrón y pagó lo que se pedía por la propiedad, simplemente porque iba a ser suya. Prestada, hubiera tenido que devolverla, pero una vez comprada no tendría este problema.

Abraham utilizó el dolor que estaba padeciendo para afirmarse en la promesa de Dios para su vida e invertir en la tierra que pertenecería a su descendencia. En lugar de dudar o entristecerse, él utilizó este momento para demostrar que estaba plenamente confiado en la obra que el Señor habría de hacer. ¡Qué manera tan más maravillosa de reaccionar! ¿Hubieras hecho tú lo mismo? En medio de nuestras pruebas, ¿cómo reaccionamos? ¿Utilizamos las dificultades para excusarnos y echarnos para atrás? En lugar de eso, recordemos durante las adversidades que la palabra de Dios es verdad, aún más allá de lo que podemos ver a simple vista. Recordemos las promesas de Dios; busquemos Su propósito. ¡No retrocedas! No trates de vivir como viviste en tu tierra anterior.

“Pero nosotros no somos de los que se apartan de Dios hacia su propia destrucción. Somos los fieles, y nuestras almas serán salvas”. Hebreos 10:39

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