Vivió

Así Vivió Jesús

Todos tenemos un modelo a seguir.

Cuando éramos niños veíamos a los hermanos mayores como nuestros referentes, o quizá fue algún primo, tío o nuestros mismos padres. Nos parecían valientes porque resolvían los problemas más difíciles sin romper en llanto. Conforme fuimos creciendo comenzamos a cambiar ese enfoque hacia algún profesional que vivió de manera ejemplar: el abogado más respetable, la doctora de mayor prestigio, el escritor del premio nobel, etc. Si te preguntara “¿a quién admiras?” muy seguramente vendría un rostro a tu mente casi de inmediato.

“¿En quién está nuestra admiración? O mejor dicho, ¿espiritualmente, buscamos estar en crecimiento constante?”

Admiras a alguien por ser un buen padre, por mantener un físico perfecto, por ser exitoso en su trabajo. Son referentes de lo que aún no somos pero anhelamos ser, son un ejemplo a seguir. Sin embargo, como cristianos ¿a quién estamos siguiendo? ¿En quién está nuestra admiración? O mejor dicho, ¿espiritualmente, buscamos estar en crecimiento constante? Como la palabra lo dice, “cristianos” son aquellos que se hacen llamar así porque son partidarios o seguidores de Cristo, incluso podría incluirse el significado de perteneciente a Cristo, o cuyo origen es Cristo. Con esto es más que claro que el modelo a seguir para un cristiano debe de ser la vida misma de Jesucristo. Pero, ¿qué tanto sabemos de Él? Definitivamente no podemos aprender de alguien si no nos permitimos conocerle.

“Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma”. Mateo 11:29 (NTV)

En Su palabra nos invita una y otra vez a que le sigamos, no en conocimiento solamente sino en imitación. “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6). Jesús vino a la tierra por varias razones: darnos salvación, pero también crear un modelo para nosotros. Su vida fue el testimonio que cada uno de nosotros necesitaba conocer para saber que es posible vivir para Dios. ¡Jesús mismo lo demostró!

Aunque para conocer a Jesús a profundidad necesitamos más de tres cuartillas, hoy nos enfocaremos en estudiar algunos rasgos de su personalidad. Después de esto, volverás a plantearte la pregunta “¿a quién admiras?” ¡Oh, qué gran reto nos ha dejado Dios, de seguir el modelo de su Hijo!


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Fue santo, aun con todo el mundo en contra

“Los que buscan su ayuda estarán radiantes de alegría; ninguna sombra de vergüenza les oscurecerá el rostro.” Salmo 34:5

Todo en Cristo es maravilloso, pero lo que me deja sin palabras es saber que durante su vida en la tierra se mantuvo siempre en santidad, no pecó incluso cuando tuvo fuertes batallas. Para nosotros esto debe ser impactante y para algunos imposible, pero así fue y eso es lo que nos apasiona. No hubo nada que pudieran reprocharle y, por más que intentaron hacerle caer, con preguntas astutas y críticas, jamás le encontraron pecado alguno.

La clave está en que siempre hizo lo que le agradaba al Padre. Si Jesús enfrentó problemas, burlas, tentaciones, cuánto más nos tocará a nosotros que somos débiles e impuros. La santidad no es algo que podamos alcanzar por nuestras acciones, o nuestras fuerzas; no está en nosotros el obtenerlo, sino en el Espíritu Santo. Esto debe llenarnos de gozo porque no importa quiénes seamos, o qué tan difícil sea la prueba, la respuesta no está en ti sino en el Espíritu de Dios. Si disponemos nuestro corazón a imitar el modelo de Jesús, el Espíritu nos guiará.

La verdadera prueba de amor

Jamás podremos entender este amor en términos humanos, pero si te das la oportunidad, podrás ser testigo de él.

Cuando nos acerquemos a Jesucristo descubriremos que siempre mantuvo una fuerte relación con el Padre. Más allá de un vínculo entre padre-hijo terrenales, Jesucristo siguió la voluntad de Dios aun sabiendo las consecuencias, porque lo hacía por amor. Si hemos experimentado algún tipo de amor (hacia nuestros padres, amigos, hermanos, pareja, mascota), sabremos que es ese sentimiento que te impulsa a actuar a favor del ser amado, sin importar lo que cueste o duela, porque la motivación es agradarle. Lo más sorprendente es que el amor de Jesucristo no solo era hacia el Padre, sino también hacia la humanidad y aun a los enemigos. Jamás podremos entender este amor en términos humanos, pero si te das la oportunidad, podrás ser testigo de él.


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El amor de Jesucristo lo podemos segmentar en tres vías:

1. Era un amor que provenía del Padre

“Sigan demostrando profundo amor unos a otros, porque el amor cubre gran cantidad de pecados”. 1 Pedro 4:8

Dios fue el motor de Jesucristo aquí en la tierra. Me imagino que cuando pasó por conflictos, Jesucristo volteaba al cielo y hablaba con el Padre: de Él viene mi fuerza y amor. Muchas veces no tendremos ánimo para seguir soportando una situación, quizá en tu cabeza solo se escucha una voz que dice: “tira la toalla”, “dalo por perdido”. En esos momentos recordemos quién fue la fuente de amor para Jesucristo; quizá la clave no está en pedir fuerzas o paciencia, sino en amar.

2. Era un amor dirigido siempre hacia los seres humanos

“Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores”. Romanos 5:8

Nuestra imagen de Jesucristo está incompleta si no lo vemos como alguien que amaba continuamente a las personas. Al menos los últimos tres años de su vida (de los que tenemos conocimiento en la Biblia), Jesucristo convivió a diario con niños, mujeres, pescadores, recaudadores de impuestos, maestros de la ley, mendigos, en fin, con todo tipo de personas. Su rutina era ver multitudes ir de un lado a otro. Aún con todo este ruido, la Palabra nos dice que Él amó a todo el mundo, sin importar la condición u origen. Tampoco se fijaba en qué tan pecadores eran. Incluso se le acusó de ser amigo de publicanos y de prostitutas. Su amor fue de tal magnitud que no estimó dar su vida para que nosotros pudiéramos ser salvos. Esta es la mayor prueba de amor de todos los tiempos.

3. Y, por si fuera poco, amó también a sus enemigos

Con mucha seguridad esto es una locura para nuestra sociedad. Nuestra cultura dice que nos alejemos de los que nos hacen daño, que pongamos barreras entre ellos y nosotros. Pero Cristo es muy claro cuando habla con sus discípulos: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” Mateo 5:44. Porque nosotros también fuimos enemigos de Dios antes de recibir la salvación de Cristo, y aún entonces Él nos cubrió con sus brazos amorosos.


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Teniéndolo todo, vivió en humildad

“Aunque era rico, por amor a ustedes se hizo pobre para que mediante su pobreza pudiera hacerlos ricos” 2 Corintios 8:9.

Existen muchas historias de multimillonarios que un día cambian radicalmente su vida, lo pierden todo y tienen que aprender a caminar ahora ganándose el pan de cada día. Algunas veces por crisis económicas y en otras porque deciden abandonar esa vida de lujos y pretensiones. Sin embargo, este cambio solo los involucra a ellos, y quizá a las personas que estén alrededor. Cristo también dejó un reino al venir a la tierra, lo tenía todo y al llegar aquí empezó de cero. Pero él no lo hizo por una crisis económica o por darle un giro a su vida, lo hizo por amor a ti, a mí y a todo el mundo.

Jesús hizo todo esto pensando en cada persona que sería salva por su sacrificio, y no le importó vivir en pobreza, sino que lo eligió voluntariamente, sabiendo que así estaría más cerca de nosotros.  Pero hablar solo de la pobreza material sería limitar lo que él hizo. “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir a otros y dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Su humildad lo llevó incluso a lavar los pies de sus discípulos, cuando en el contexto esto era algo impensable. ¿No admiras esto?

Fue manso, pero no débil

Una persona con mansedumbre tiene sus emociones bajo control y no se deja dominar por ellas.

Muchas veces, tenemos una noción equivocada de la mansedumbre, creemos que es ser manipulado y débil. Pero realmente es una cualidad de fortaleza y control propio. Una persona con mansedumbre tiene sus emociones bajo control y no se deja dominar por ellas. Cristo es nuestro modelo perfecto de mansedumbre total. Él trató a todos con la misma mansedumbre, incluyendo a Pedro que lo negó y a Judas que lo traicionó. En el día de la crucifixión fue humillado, abatido y maltratado, pero estas circunstancias no cambiaron su amor por las personas que lo llevaban a la cruz. Él las amó y fue manso: no altercó o gritó en su contra.


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Nuestro ejemplo de obediencia

“Les digo la verdad, el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta; solo hace lo que ve que el Padre hace. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo” Juan 5:19

Jesús nos dejó un gran legado con su personalidad, pero en lo personal, la obediencia es una lucha diaria cuando somos niños, adolescentes o jóvenes. Nuestro espíritu de autonomía nos orilla a retar las órdenes de nuestras autoridades. Parece tan difícil obedecer sobre todo cuando va en contra de nuestros intereses. Pero Jesús ya lo logró en todos los sentidos. Fue obediente a sus padres terrenales, porque estuvo sujeto a ellos. Cumplió con el gobierno pagando sus impuestos, aun sabiendo que era el Rey y no tenía por qué hacerlo. Y, lo más importante, obedeció a Dios sometiéndose a sus leyes. Por eso Dios se complació de la pureza de su Hijo, porque le agradaba en todo lo que hacía.

Toda una vida de oración

La oración no es algo complementario, es esencial para que podamos escuchar a Dios y ser sensibles a su mensaje.

Como dice Hebreos 4:15, tenemos un Sumo Sacerdote que no está ajeno a lo que nos sucede; Jesucristo enfrentó todas y cada una de las pruebas que ahora nosotros enfrentamos, sin embargo, él nunca pecó y mantuvo todas las cualidades antes mencionadas. Pero algo sumamente importante es que Jesucristo también tenía una vida de oración. Estaba en constante comunión con el Padre y esto fue clave para su misión en la tierra. En ocasiones oraba delante de sus discípulos, pero muchas veces lo hizo a solas. También llegó a pasarse toda una noche en oración como dice Lucas 6:12. La oración no es algo complementario, es esencial para que podamos escuchar a Dios y ser sensibles a su mensaje.

En fin, Dios no ha dejado un gran reto al darnos un modelo a seguir como Jesucristo. Esta es la medida del varón perfecto a la que debemos anhelar llegar; no hay otra persona que pueda acercarnos más a lo que Dios le agrada. Conforme desarrollemos estas cualidades en nuestro caminar diario, alcanzaremos la madurez espiritual y abundará en nosotros el fruto del Espíritu Santo. Entonces nuestra vida será un reflejo de la gloria de Dios y podremos ser un canal de bendición para los demás. Si admiras a alguien, que mejor que sea Jesús.

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