Palabra

Cómo ser bendecido por la Palabra de Dios

Alista tu corazón y tu mente para recibir la Palabra.

Hoy en día, más que nunca antes, la Palabra de Dios se ha vuelto muy accesible. Podemos encontrarla impresa o en una aplicación para el teléfono celular. También encontramos una gran variedad de versiones que la hacen fácil de entender. A pesar de esto, muchos creyentes no son completamente bendecidos por la Palabra debido a que no la consideran ni la aplican de manera constante a sus vidas.

En el libro de Romanos 15:4 encontramos esta verdad: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. Sabiendo que Dios siempre honrará Su Palabra, es necesario que aprendamos a aprovechar todo el potencial de bendición que Él ha guardado en las Escrituras para cada aspecto de nuestro diario vivir. La palabra de Dios creída y aplicada a nuestra vida siempre traerá esperanza y consolación no importando cuán difíciles sean nuestras circunstancias.

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” Santiago 1:22-27 RVR 1960.”

Así como Jesús (la Palabra Viviente) se hizo carne, también nosotros debemos permitir que Su Palabra escrita se haga carne en nuestra vida. Solo así podremos ser totalmente bendecidos por ella. Jesús dijo que sus palabras son espíritu y son vida. Ante esta declaración Pedro dijo: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” Juan 6:63, 68. De la misma manera, ahora nosotros tenemos solamente una alternativa de vida y bendición que es provista en Su Palabra.

La Palabra de Dios debe recibirse.

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” Santiago 1:19-21

 

Alista tu corazón y tu mente para recibir la Palabra

Para recibir la palabra en nuestro corazón es necesario tomar en cuenta los puntos mencionados en el libro de Santiago.

  1. Ser cuidadosos: “…sea pronto para oír, tardo para hablar…” Santiago 1:19 Otra traducción de este versículo dice: “No olvides que es mejor escuchar mucho y hablar muy poco”. El libro de Proverbios nos dice: “En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente”. Sin duda, Dios quiere enseñarnos a ser cuidadosos en nuestro hablar y que  aprendamos a escuchar mejor. Si buscamos aplicar este principio de sabiduría en nuestras vidas seremos librados de muchos problemas.
  2. Tener calma: “… tardo para airarse…” Santiago 1:19 En vez de repasar una y otra vez las ofensas, debemos tener calma y tomar control de nuestras emociones para que el enemigo no nos haga pasar del enojo a la amargura. El resentimiento en el corazón bloqueará nuestro oído al sano consejo de la Palabra. Esto afectará nuestra habilidad para escuchar a Dios.
  1. Ser limpios: “…desechando toda inmundicia y abundancia de malicia…” Santiago 1:21. La inmundicia que menciona este versículo en el griego original se refiere a la cerilla que se acumula en los oídos. Algunos han perdido un gran porcentaje de su habilidad de oír al Señor debido a esta gran acumulación de inmundicia que han permitido en sus vidas.
  1.  Ser mansos: “… recibid con mansedumbre la palabra…” Santiago 1:21 La palabra mansedumbre significa tener una actitud enseñable y humilde hacia la instrucción. Lo contrario a esto es la actitud de “sabelotodo” que algunos muestran ante la enseñanza de las Escrituras. Una actitud de mansedumbre en ocasiones se expresará con lágrimas cuando recibimos con aprecio y asombro la verdad de la Palabra de Dios.

Tres maneras prácticas de reflexionar en la Palabra de Dios 

Reflexionar en la Palabra es como mirar con atención en un espejo nuestro rostro para descubrir los rasgos e imperfecciones que necesitan de nuestra ayuda.  Debemos leer la Biblia con atención (mirándola y escudriñándola), con el propósito de entenderla a fondo: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley… Santiago 1: 25

Perseverar en ella: “… y persevera en ella…” Santiago 1:25b

Perseverar en la Palabra mientras la estamos leyendo es mirarla continua e intensamente para apropiarnos de todo su significado. Este mirar con perseverancia nos lleva a meditarla. Meditar consiste en repasar una verdad una y otra vez en nuestra mente y corazón para poder digerir todo su contenido. Es también como preocuparse, pero en un sentido positivo. ¡Si sabes cómo preocuparte, también sabrás como meditar!: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”. Josué 1:8

Recordarla: “… No siendo oidor olvidadizo…” Santiago 1:25c

Siempre tenderemos a recordar más fácilmente lo que estimamos muy importante. Tomar apuntes nos ayudará a revisar y meditar la Palabra que recibimos: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”. Hebreos 2:1. 

Responder a la Palabra de Dios:

La Palabra puede ser muy bien predicada, enseñada y escuchada; pero lo que importa es la manera en la que vamos a responder a ella para ponerla por obra. El libro de Santiago claramente nos instruye a ser hacedores y no tan sólo oidores de ella.

Manos a la obra

Dos prácticas que nos ayudarán a poner por obra la Palabra de Dios:

  1. Una lengua bajo control: Santiago 1:26 La lengua bajo control nos llevará a hablar menos y a actuar más. Nuestro compromiso con la Palabra no se ve por lo que decimos, sino por lo que realmente hacemos.

                  2. Una mente limpia: Santiago 1:27 La pureza del pensamiento se fundamenta en el amor dominando nuestro pensamiento. Un corazón limpio no es tan solo aquel que no alberga pensamientos impuros. Un corazón limpio es aquel que sabe llenarse del amor de Dios por la continua meditación en la Palabra.

Dios desea que cada uno de nosotros podamos ser bendecidos por las Escrituras. Para ello, es necesario quitar todos aquellas cosas que nos distraen. Atesoremos la Palabra de Dios y apropiémonos de ella para recibir la bendición que Él ya tiene lista.

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Crecimiento Espiritual
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