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Busca la Presencia de Dios

¿Estás peleando en tus propias fuerzas?

Como cristianos, necesitamos y debemos depender del Señor en todas circunstancias. No hemos sidos llamados a una religión, ni a un edificio para llamarle iglesia, sino que hemos sido llamados a una relación personal con Dios.

¿Recuerdas el día en que le entregaste tu vida a Cristo? Dios nos tocó y nos reveló Su amor no solamente para que nos sentaramos en una silla, sino para tener una relación en donde Él se manifieste hacia nosotros. Lo digo para que nos enfoquemos en que ese es el propósito principal por el cual hemos recibido a Cristo.


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Una Batalla “Imposible”

“Esta fue una gran victoria y una muestra del respaldo y la presencia de Dios para aquellos que lo buscan y confían en Él”.

Esta historia comienza un poco antes del reinado de Jeroboam en Israel, quien fue un rey que se rebeló contra Dios y llevó a Israel a la idolatría. La rebelión de Jeroboam no tuvo límite porque su corazón se desvió completamente del corazón de Dios al buscar a otros dioses. No contento con esto, Jeroboam también tenía la intención de conquistar el reino del Sur, tomar Judá y también volverla idólatra y desviarla de los caminos de Dios.

Jeroboam tenía un ejército de 800,000 hombres y buscaba enfrentar al de Judá, el cual era superado en número por Jeroboam dos a uno. El segundo libro de Crónicas, 15:1-7 nos dice que el Espíritu de Dios vino sobre Azarías al encuentro del Rey Asa y le dijo a él y a los de Judá y los de Benjamín que el Señor siempre permanecería con ellos mientras ellos permanecieran con Él. Si lo buscaban, lo encontrarían y, si lo abandonaban, Él también los abandonaría. Y cada vez que le daban la espalda y volvían a Él, Él estaba ahí para encontrarlos. Esos tiempos eran difíciles para ellos porque había guerra, inseguridad y problemas que perturbaban a todos, sin embargo todo el que permaneció fuerte y valiente fue recompensado.

Pero Dios no iba a permitir que Judá fuera derrotado por este hombre. Durante batalla, el ejército de Jeroboam fue reducido en más de la mitad por la intervención de Dios. Esta fue una gran victoria y una muestra del respaldo y la presencia de Dios para aquellos que lo buscan y confían en Él.

Después de esto, Abías se hizo un hombre muy poderoso y, por su poder y su grandeza, se casó con 14 mujeres, tuvo 22 hijos y 16 hijas y uno de esos hijos se llamó Asa, quien estaba destinado también a ser rey de Israel. Posteriormente, Asa se enfrenta a una gran batalla contra el ejército etíope, la cual era muy complicada. Los Etiopes vinieron para pelear porque ellos querían tomar Israel. Este ejército tenía 1,000,000 de guerreros y más de 300 carros de guerra y Asa solo tenía 300,000 lanceros y 280,000 arqueros. ¡También era superado dos a uno por el ejército etíope!

“Se dividieron, se redujeron y fueron huyendo atemorizados por la intervención del poder y de la presencia de Dios.”

Sin embargo, Asa tenía un antecedente en Abías, un testimonio de que no importaba el número, ni la grandeza del enemigo porque sabía que lo realmente importante era que Dios estaba con él en la batalla. Asa ganó la batalla contra los etíopes porque confío y busco al Señor y, lo más impresionante, ganó sin pelear porque fue Dios quien trajo destrucción sobre los etíopes. Se dividieron, se redujeron y fueron huyendo atemorizados por la intervención del poder y de la presencia de Dios.

¿Alguna vez has tratado de pelear alguna batalla personal espiritual en tus propias fuerzas? ¿Has pasado por luchas en tu vida o en tu familia que has querido enfrentear en tu propia capacidad o fuerza? Cuando intentamos hacer esto, nos damos cuenta de que es imposible. No tenemos el armamento, la capacidad, la inteligencia ni mucho menos la sabiduría para hacerlo. Nos damos cuenta que somos pequeños y no podemos. El enemigo y las circunstancias vienen con todas sus fuerzas. No obstante, no estamos solos, porque hay un Dios que nos ama, que está con nosotros y que quiere que pongamos nuestra confianza en Él para ser liberados.


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Batallas Necesarias

“¿Por qué ocurre todo esto si estoy haciendo todo bien y estoy tratando de vivir correctamente?”

Asa comenzó a dar grandes pasos. Entonces, muchas de las tribus de Israel del norte empezaron a aliarse con Asa debido a su testimonio de búsqueda de Dios. Asa empezó a hacer muchas cosas para que Israel volviera a Dios. Destruyó templos idolátricos, tumbó imágenes y restauró el culto y el altar a Dios. Empezó a llevar al pueblo a que buscaran a Dios de todo corazón. Sin embargo, todo esto no evitaría que vinieran batallas fuertes.

Algunas veces caemos en un pensamiento equivocado y nos preguntamos qué pasa. “¿Por qué ocurre todo esto si estoy haciendo todo bien y estoy tratando de vivir correctamente? ¿Por qué sigue habiendo batallas cuando empiezo a orar, buscar a Dios e ir a una iglesia? El que pongamos en orden nuestras vidas no quiere decir que ya no van a venir batallas. Podemos llegar a creer que por nuestras buenas obras evitaremos tener problemas. Pero eso es una idea equivocada, es una percepción equivocada de la vida. Jesús no los revela en unas palabras muy sencillas cuando dice: “Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas” (Juan 16.33).  Las pruebas y las tristezas no llegan en función de cómo vivimos.

“Dios permite las batallas para probar nuestra fe”.

Por el contrario, cuando el enemigo ve que quieres llevar una vida correcta, es cuando quiere venir con más fuerza. Quizás antes de llegar a Cristo te parecía que todo andaba muy bien, pero el diablo te tenía en una burbuja. Al conocer a Dios y salir a la luz del Señor vinieron luchas para buscarlo. Si nos determinamos a vivir para el Señor, el diablo no va a estar quieto tampoco.

Dios permite las batallas para probar nuestra fe, así como probó la fe de Abraham al pedirle a su único hijo, el hijo de la promesa para ser ofrecido en holocausto. Dios prueba nuestra fe para saber si en verdad tenemos lo que decimos tener.  ¿Estarías dispuesto a pedirle al Señor que te probara?

Dios permite las pruebas y las batallas para manifestar Su poder y que así veamos que Él es poderoso para obrar aún cuando todo parece ser “dos a uno”. Cuando pensamos que el problema y el enemigo son muy grandes, Él aparece en escena para sorprendernos de tal manera que digamos: “¡Gloria a Dios porque Él me salvó, Él me sanó! ¡Él proveyó, Él restauró!”. Esto se convierte en un lazo de amor a Dios que nos acerca más a Él y nos hace estar más agradecidos por Su amor y Su misericordia.


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Creados para Estar en Comunión

“Caminar con Dios aquí en la tierra no quiere decir que no tendremos enfermedad, sino que tendremos siempre un Sanador”.

El mensaje que Azarías le dio a Asa de parte de Dios cuando regresó de la batalla es también un mensaje para nosotros. En este mensaje Dios nos anima a serle fieles porque caminar con el Señor es lo mejor que nos puede pasar. No fuimos creados para caminar esta vida sin Dios, sino que fuimos creados para tener una comunión con Él todos los días. Fuimos creados para relacionarnos con Él y, aunque esa relación se perdió a causa del pecado, Él en Su amor envió a Su hijo Jesucristo para restaurarla. Ese es el corazón de Dios. “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Caminar con Dios aquí en la tierra no quiere decir que no tendremos enfermedad, sino que tendremos siempre un Sanador. No es que no tendremos problemas, sino que Él nos dará la sabiduría para enfrentarlos. Es Dios con nosotros manifestándose en nosotros. Pablo dijo: “Cristo vive en ustedes. Eso les da la seguridad de que participarán de su gloria” (Colosenses 1:27). No es el fin de los problemas, sino la revelación de Su ayuda. No es el fin de las circunstancias y de las batallas, sino la certeza de la presencia de Dios con nosotros.

Sin embargo, es una realidad que aún siendo cristianos y viniendo a la iglesia podamos caminar sin esa paz. Podemos llegar a caer hechos pedazos en tristeza y desánimo por los problema y las luchas. Todo esto no debe de ser, pero sí es posible y es una realidad. Es una realidad que muchos cristianos vienen y se sientan en la iglesia y no están teniendo una relación de confianza en Dios; no tienen paz en su corazón. Si confiamos totalmente en Dios, no tenemos la necesidad de ningún consejero humano ya que Dios es nuestro Príncipe de paz. Dios quiere que vivamos en esa paz.

Dios Nunca Se Aleja

“Somos nosotros quienes lo dejan, quienes lo rechazamos”.

Si queremos la presencia de Dios en nuestras vidas, debemos caminar con Él. Dios no es el que se da la vuelta porque Él siempre esta ahí. Al contrario, nosotros somos los que nos damos la vuelta y descuidamos la presencia de Dios en nuestras vidas. La promesa que Dios nos da es que nunca nos dejará y nunca nos abandonará, Dios siempre está ahí si lo buscamos. Como le dijo a sus discípulos: “Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos” (Mateo 28:20).

Dios siempre está presente, Dios nunca se aleja. Somos nosotros quienes lo dejan, quienes lo rechazamos. Por lo tanto, estas palabras son clave: Dios estará con nosotros si nosotros no nos alejamos de Él. Y si le buscamos, le hallaremos; si le llamamos a la puerta, Él abrirá.

A veces, cuando las circunstancias y los problemas vienen, no buscamos a Dios aún sabiendo que Él es nuestra ayuda. El que Dios obre implica que lo busquemos. Él está en todo lugar, pero no se manifiesta en todos ellos sino que solo lo hace donde es invocado Su nombre. “Pues donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí entre ellos” (Mateo 18:20). Por lo tanto, donde no es invocado, Dios no se manifiesta pero aquél que le busca, lo encuentra. El que clama recibe porque busca y anhela. Entonces, Dios quiere que le busquemos porque es una manera de demostrarle que lo anhelamos.

¿Por qué dejamos de buscar a Dios en la práctica diaria? Porque todos tenemos algo que se llama orgullo, rebelión. Es esa tendencia a ser independientes. No buscamos a Dios sino hasta que ya no podemos por nosotros mismos con nuestras aflicciones. Por eso dice Isaías 55:6: “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca”.

Pero si lo dejamos, Él también nos deja. Y no es porque Él quiera dejarnos, sino porque nosotros le estamos diciendo con nuestras acciones que nos deje. Por eso hay consecuencias en nuestras vidas, por habernos apartado de Dios en el pasado y Dios, como lo dicen las Escrituras, no está obligado a guardarnos si nosotros nos apartamos de Él.

Dios es amigo de quien lo busca como amigo y Él también es Dios con quien lo busca como tal. En este momento deberíamos preguntarnos: ¿Estoy buscando a Dios en las cosas que estoy viviendo en el presente en todas las áreas de mi vida? ¿Estoy buscando a Dios formalmente? ¿Estoy buscando Su presencia? Si eres cristiano pero te sientes sin esperanza, sientes que estás solo y que nadie puede hacer nada por ti,  entonces el problema es que necesitas a Dios. Necesitas volver a Él porque necesitas de Su presencia.

“Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo”. Santiago 4:8

Jesús es el único que puede darnos la verdadera paz que necesitamos. Debemos de reconocer que todo viene de Él y buscarlo de todo corazón porque necesitamos la manifestación de Su presencia y Su paz en nuestra vida. Colosenses 3:1-4 nos dice que debemos poner nuestra mira en el cielo y no en la tierra ya que hemos muerto a esta vida y ahora nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

Entonces, la clave está en buscarlo y pedirle que se manifieste. Ahora la pregunta es: ¿Cuántos días hemos estado sin paz, sin vida, sin presencia? Si le buscamos, si nos esforzamos con todo nuestro corazón, habrá recompensa. Debemos de considerar entonces que muchas de nuestras aflicciones realmente pueden ser un intento de Dios por llevarnos de vuelta a Su presencia, sin pensar que todos nuestros problemas desaparecerán pero que Él mismo estará ahí para ayudarnos.

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Viviendo en Cristo
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