¿Buscas Ser Bendecido o Ser de Bendición?

La Promesa de Dios para Abraham

“Haré de ti una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros” (Génesis 12:2 NTV).

La historia que quiero compartir es una historia triste. ¿Por qué? Cuando vemos la Palabra de Dios, siendo honestos, veremos que la mayoría de las historias son tristes. Hombres que hicieron cosas malas o cosas malas que pasaron a hombres buenos. ¿Por qué? Yo creo que la respuesta está en 1 Corintios 10:12: “Esas cosas les sucedieron a ellos como ejemplo para nosotros. Se pusieron por escrito para que nos sirvieran de advertencia a los que vivimos en el fin de los tiempos”.

En el nuevo testamento hay historias que Jesús ideó con el propósito de enseñar mientras que tanto en el antiguo como en el nuevo testamento nos encontramos con historias reales que igualmente sirven para traernos una enseñanza. El Señor nos muestra estas historias para que las cosas malas que ahí suceden no nos sucedan a nosotros.

Jacob Roba una Bendición

Jacob pensaba que había logrado obtener la bendición que estaba esperando a través del engaño. ¡No fue así!

En esta ocasión hablaremos de la historia de Jacob la cual se encuentra en Génesis 25. Rebeca, la esposa de Isaac, estaba embarazada y supo que tendría gemelos. Ella supo que ellos dos estaban peleando dentro de su vientre. ¿Cómo lo supo? No lo sé, yo nunca he estado embarazado. Pero algunos piensan que fue debido a todo el movimiento que producían. ¿Cuál era el papel de Rebeca? El Señor le había dado un profecía; Él le dijo que el mayor de sus hijos serviría al menor. Entonces, nacieron los niños. Recibir una profecía o una promesa implica una gran responsabilidad.

¿Cómo fue la vida de Jacob sabiendo esto? No sabemos mucho de su juventud, pero hay una historia muy conocida. Es la historia en la que Esaú regresa a casa cansado y hambriento mientras que Jacob cocinaba. ¿Qué nos revela aquí la Biblia acerca de la vida de Jacob? Nos podemos percatar de que él estaba obsesionado con recibir una bendición.

Jacob sabía que Esaú tenía el derecho de recibir la bendición de su padre, la cual le correspondía como primogénito, y no sabía cómo quitárselo. Su padre, Isaac, quien era ciego, le dijo a Esaú que le trajera comida porque lo iba a bendecir. Entonces Jacob entró en la tienda de su papá fingiendo que era Esaú para obtener la bendición. Como llevaba la piel de un animal sobrepuesta, logró convencerlo ya que Esaú tenía mucho vello.

En ese momento Jacob tenía aproximadamente setenta años. ¡Llevaba setenta años planeando cómo apoderarse de esta bendición! Solamente estaba esperando la oportunidad. No puedo imaginarme la cara de Esaú cuando entró a pedir su bendición. Su padre le respondió confundido, pensando que ya se la había dado

Isaac se quedó atónito; no sabía que estaba ocurriendo. Esaú le preguntó si no tenía otra bendición para él. La realidad es que Isaac sabía que aún había una bendición que no había entregado y no quiso dársela. Sin embargo, él esperaba que Dios se la diera a Jacob, no a Esaú.

Dice el libro de Hebreos que “fue por la fe que Isaac prometió a sus hijos, Jacob y Esaú, bendiciones para el futuro” (11:20). Yo no podía entender eso. A mi no me parecía fe, a mí me parecía consecuencia de un engaño. Pero hay una parte que no incluía, la parte que dice “todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia”. (Génesis 28:14). Esta es una profecía que se va cumpliendo a través de la descendencia de Abraham sin dejar de ser una promesa personal.

Jacob pensaba que había logrado obtener la bendición que estaba esperando a través del engaño. ¡No fue así! La bendición que recibió fue simplemente porque Dios se la quiso dar desde un principio. ¿Cómo hubieran sido esos setenta años si no él hubiera vivido intentado conseguir lo que Dios le iba a dar? Cuando estamos buscando las promesas de Dios en nuestras propias fuerzas, no vamos a conseguir más que engendrar Ismaeles. Cuando confiamos en la perfección de los planes de Dios, Él se encarga de todo.


También lee: Las Promesas de Dios a través de la Oración


El Engañador Es Engañado

¡Jacob no necesitaba buscar bendición por su propia mano!

Tiempo después, Jacob fue a Padán-aram a ver a Labán. Él le prometió darle como mujer a su hija menor, Raquel, después de siete duros años de trabajo. Sin embargo, ¡ahora resultó ser él el engañado! La noche de bodas, en lugar de darle la mujer que prometió, Labán le entregó a Lea, su hija mayor.

Quizás no estés de acuerdo conmigo pero para mí es muy claro cuál era la mujer con la que Dios quería bendecir a Jacob. Lea necesitaba el amor de su esposo, ella era la mujer indicada. Despueś de catorce años, Jacob decide irse para mantener a su propia familia. Labán reconoce que, gracias a Jacob, él fue grandemente bendecido y está dispuesto a retribuirle por su trabajo. Aquí comienza una historia muy extraña.

Jacob y Labán acordaron dividir los rebaños de acuerdo a su aspecto. Cuando Labán decidía que los animales manchados serían de Jacob, todos los animales que nacían eran manchados. Si Labán cambiaba de opinión y prefería darle aquellos con rayas, ¡todos nacían con rayas! La explicación es muy sencilla, el ángel de Dios le dijo a Jacob en un sueño, “He visto el modo en que Labán te ha tratado” (Génesis 31:12). Todo había ocurrido porque Dios quería bendecirle y hacerle justicia. ¡Jacob no necesitaba buscar bendición por su propia mano!

Aquí el punto es, ¿con qué ojos vio Jacob a tu tío por tantos años? ¿Cómo se hubiera comportado Jacob si hubiera creído desde un principio que Dios lo bendeciría sin importar las circunstancias? Por más que Dios bendijera a Jacob, él no tenía el corazón correcto.

Hambriento de Bendiciones

Él tenía todo, pero aún así pedía una bendición.

Más adelante, después de que Jacob y Labán llegaron a un acuerdo y se apartaron, Jacob se encuentra con su familia a las orillas de un río. Es ahí donde llega un hombre para luchar contra él. Aparentemente, este hombre tenía dificultades para vencerlo. En una historia, Dios envió un ángel e hirió a ciento ochenta y cinco mil y ahora manda a un hombre que no podía con uno. ¿Qué está pasando?

Pongamos atención a Jacob. Él se aferró al hombre esperando que lo bendijera, “No te dejaré ir a menos que me bendigas” (Génesis 32:26). Jacob tenía todo: riquezas, ganado, esposas e hijos. ¿Qué más quería? No estamos menospreciando a Jacob pero tal vez hay actitudes parecidas en nuestro corazón que Dios quiere tratar. El rey Salomón tuvo todo lo que un hombre pudiera desear, y aún así descubrió que el poseer tantas riquezas no tenía sentido. “Era como perseguir el viento” (Eclesiastés 2:11).

Vemos a un Jacob que tenía miedo. Tenía miedo a su tío, miedo a su hermano, miedo a todo. ¿Para qué le servían todas esas posesiones si vivía con miedo? Él tenía todo, pero aún así pedía una bendición. Él sabía que necesitaba algo más, algo que le diera paz, algo que le diera felicidad.

El hombre contra el que Jacob luchó le dice algo, “De ahora en adelante, serás llamado Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Génesis 32:28). Nosotros, los herederos de las promesas de Abraham hemos luchado con Dios. Si lo has hecho, espero que nunca ganes. Jesús luchó con Dios en el monte de los Olivos pero permitió que se hiciera la voluntad del Padre.

Dios le dio todo a Jacob, un hermano para que lo bendijera, un tío para que lo bendijera; pero él siempre luchó. ¿Qué Jacob no lo entendía? El propósito de la llegada de Jacob era que él fuera de bendición para Labán. Pero Jacob solo buscaba la bendición para sí mismo. “Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia”. (Génesis 28:14).¡Esta era la esencia de la bendición, qué él fuera bendición para otros! Pero él solo pensaba en ser bendecido.

Los herederos de la bendición de Abraham no somos llamados a ser bendecidos; estamos llamados a ser bendición para los demás. ¡Qué bueno hubiera sido que Jacob le hubiera dicho a Esaú que se quedara con las lentejas! ¡Que bueno hubiera sido que le dijera a Labán que se quería con Lea!


También lee: Cristianos Que Cojean


Un Cambio Radical

¡Entrega a Benjamín en este momento!

Observemos qué ocurrió posteriormente con la vida de Jacob. Perdió a su hija, luego perdió a Rubén, perdió a Simeón, perdió a Judá quien lo engañó vendiendo a José y perdió a José. Empezó a perder sus propiedades, empezó a perder todo. ¡Estaba a punto de morir de hambre! Solamente le quedaba Benjamín.

Jacob envió a sus hijos a la tierra de Egipto a buscar a Benjamín y les dice, “Que el Dios Todopoderoso les muestre misericordia cuando estén delante del hombre, para que ponga a Simeón en libertad y permita que Benjamín regrese. Pero si tengo que perder a mis hijos, que así sea” (Génesis 43:14). Él perdió todo menos a Benjamín; a él lo entregó por su propia boca.

Cuando él lo entrega, todo se va recuperando. Sus hermanos encontraron a Benjamín junto a su hermano José en una posición de mucho poder. José ordena traer a su padre quien se presenta delante del faraón. “Entonces Jacob bendijo al faraón” (Génesis 47:7). ¡Qué diferencia! Esta vez no pidió una bendición al faraón.
Cuando el faraón le preguntó su edad, Jacob respondió, “Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida” (Génesis 47:9 RVR1960). “Entonces Jacob volvió a bendecir al faraón antes de salir del palacio” (Génesis 47:10 NTV). Ahora Jacob se dedica a bendecir. No solamente al faraón, sino que pronuncia bendiciones para cada uno de sus hijos. ¡Este es un Jacob completamente distinto! Es un Jacob que no busca bendición, sino bendecir. ¿Tienes más de 130 años? ¡No lo esperes! ¡Entrega a Benjamín en este momento!

Toma Una Decisión

Nosotros, los herederos de la promesa de Abraham, debemos ser de bendición para las naciones. ¿Te quieres comprometer?

Esta es una historia triste con un final feliz. Yo no quiero que mi vida tenga solo un final feliz. No quiero llegar a decir que mis días han sido malos. Esa historia fue escrita para nosotros; para que no hagamos lo mismo. Jacob no tuvo una Biblia para leer y aprender. Nosotros, los herederos de la promesa de Abraham, debemos ser de bendición para las naciones. ¿Te quieres comprometer?

Dile al Señor hoy que te pones delante de Él no para recordarle una promesa y no para pedir, sino para comprometerte a ser de bendición. No lo hagas con orgullo, sino con humildad. Aprendamos de las historias y comprometámonos a ser de bendición. Quizás tienes un hermano a quien elogian mucho y le tienes envidia. Quieres luchar para ser mayor que él porque así te lo prometió Dios. ¡No estamos aquí para luchar unos contra otros! Tú estás aquí para ser el hermano menor que bendice.

Si es el plan de Dios que un día lo vas a rebasar, Él hará la obra, no tú. Recuerda a José quien siempre fue humilde y llegó a ser jefe de Potifar. No quieras bajar las promesas de Dios con tu propia mano. Haz un cambio de actitud y en lugar de preguntar a Dios como te puede bendecir la gente a tu alrededor, pregúntale cómo los puedes bendecir tú.

Categorías
Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Novelo
    15 Diciembre 2015 at 4:58 pm

    Que bendicion, en verdad lo recibo..
    Aveces hacemos tantas cosas para que encaje todo, pero diferente seria la actitud de nuestro corazon durante el tiempo de espera si confiamos en Dios.

    ¿Cómo hubieran sido esos setenta años si no él hubiera vivido intentado conseguir lo que Dios le iba a dar?

  • ¡Entérate!

    Suscríbete a nuestro correo semanal.

    *Que no se te pase.

    ¿Quieres Más?