El desierto es el gimnasio de Dios

El desierto es el gimnasio de Dios para ti

Necesitas fortalecer tu fe

En el plano físico una persona es considerada más madura según la independencia que tenga. Pero en el plano espiritual, la madurez se mide de manera contraria, es decir, mientras más dependas de Dios, más maduro te vuelves. Si alguien pregunta a Dios su opinión y la obedece en cada situación, es una persona madura. El proceso de madurez requiere pruebas y, generalmente, el lugar donde somos probados es el desierto. Es necesario comprender que todo desierto se puede superar cuando nos rendimos por completo a Dios. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom. 8:14 Reina Valera Revisada).

Yo me pregunté ¿seremos la clase de hijos que Dios nos pueda confiar estrategias para estos tiempos? El alimento, la Palabra es la misma, pero las estrategias cambian. ¿Seré capaz de darle toda la gloria a Él cuando las estrategias o mis asuntos salgan bien?


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Entrega tus victorias a Dios

Juan el Bautista fue un hombre que podía hacer esa pregunta y demostrar con su respuesta que tenía suficiente madurez espiritual. Juan había entendido que era preciso menguar: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn. 3:30). En el mundo es todo lo contrario, la gente piensa que lo importante es ser visto. Pero Juan deja bien claro el punto cuando dice: “es necesario”. Sin embargo, poseer la información no es suficiente, se tiene que volver una revelación en nuestra vida. Necesitas que todo lo que está escrito en la Palabra se vuelva una convicción en tu vida.

Juan el Bautista era un joven que cumplió el propósito para el cual fue creado. Dios es el que da la vida y, junto con ella, nos da una tarea para cumplir. Juan fue un joven radical, capaz de decir la verdad sin importar qué tan joven era o quién estaba frente a él.

¿Podrías, en medio de tu victoria, fijar los ojos en Dios y no en ti?

Estaba lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre. Fue un joven con su identidad firme en Dios, sabía quién era y quién no era porque conocía a Dios y Su Palabra. Tenía éxito con el pueblo y la gente lo seguía. ¿Es posible que en medio de tu victoria, puedas fijar tus ojos en Dios y no en ti, tal como Juan lo hizo?

El desierto, el gimnasio de Dios para ti

La Biblia menciona que Juan vivía en el desierto. Él creció y fue formado en ese lugar. Para mí el desierto puede llegar a ser un “gimnasio”, un lugar donde eres preparado y fortalecido. Cuando te ejercitas físicamente, muchas cosas se afirman y otras son quitadas. Algo semejante ocurre en lo espiritual cuando pasas por desiertos, es decir, por tiempos de prueba. Otro ejemplo que tenemos es el de Caleb, quien fue otro de los hombre de Dios formado en el desierto.

Caleb no solo reclamó su territorio, sino que pidió una región montañosa que era muy difícil de conquistar.

Cuando llegan a la tierra prometida el le dice a Josué en el libro de Josué 14:10-11. “Ya han pasado cuarenta y cinco años desde que el Señor le dijo esto a Moisés, que fue cuando los israelitas andaban todavía por el desierto, y conforme a su promesa me ha conservado con vida. Ahora ya tengo ochenta y cinco años, pero todavía estoy tan fuerte como cuando Moisés me mandó a explorar la tierra, y puedo moverme y pelear igual que entonces.”  Esto lo relaciono con David, quien a la edad de 50 años y dice que estaba cansado. La razón es que, aunque David fue un hombre de Dios, no fue formado en el desierto. Dios te conoce y sabe que le necesitas. Caleb no solo reclamó su territorio, sino que pidió una región montañosa que era muy difícil de conquistar. Tenemos que saber quién es Él y quien eres tú en Él.

Todo nos ayuda a bien

A Cristo no le interesa transformar las circunstancias, le interesa cambiar tu corazón.

Yo no me considero una mujer miedosa; en cuanto a las cosas de la vida, pero en lo espiritual hay que cosas que me han hecho temblar. Hay que ser aventados y no temer al desierto espiritual ya que no es malo, sino que Dios lo usa como a un gimnasio para entrenarnos: entre más dependemos más crecemos y maduramos. Si cometemos errores Él los usa para corregirnos, y si el Diablo nos tienta aún a él Dios lo usa para que todo nos ayude para bien. Necesitamos que la voluntad de Dios se establezca en nuestros corazones, no nos confundamos, no se trata de que hagamos lo que queramos, El Reino de Dios se establece en los corazones porque ese es el objetivo de Dios, que Él viva en nosotros y que lo reflejemos ante el mundo.

El reino de Dios se establece en el corazón, no en las circunstancias. Las circunstancias no tienen que cambiar, el que tiene que cambiar eres tú. A Cristo no le interesa transformar las circunstancias, le interesa cambiar tu corazón.

Pasión por Dios

“El Señor me dio otro mensaje y me dijo: Ve y anuncia a gritos este mensaje a Jerusalén. Esto dice el Señor: Recuerdo qué ansiosa estabas por complacerme cuando eras una joven recién casada, cómo me amabas y me seguías aun a través de lugares desolados” (Jer. 2:1-2, Nueva Traducción Viviente).

Ahora el Señor te dice a ti: “Recuerdo cómo clamabas, cómo te arrodillabas, cómo leías, cómo meditabas. Recuerdo qué ansioso estabas por complacerme”. Dios quiere que seas fiel en tu desierto, así como el pueblo tenía que serlo en el suyo.


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Cuando Felipe, mi esposo, me pidió que fuera su novia, yo le iba a decir que no porque nunca pensé que él me lo fuera a pedir. Me dijo que no jugaría conmigo y que se trataba de algo serio. Yo salía de viaje al día siguiente y regresaba en 3 días; antes de darle la respuesta me pidió que lo orara durante ese tiempo. Al regresar del viaje él se estuvo escondiendo de mí. Pasaron 3 meses y decidí darle una respuesta. Estaba por darle un separador con un mensaje de amistad para poder darle el no. Me detuve, oré y le pregunté a Dios si tenía un plan para nosotros. Cuando abrí mi Biblia para sacar el separador, este pasaje saltó ante mis ojos: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal,  para daros el fin que esperáis’’ (Jer. 29:11 Reina Valera Revisada 1960). Al día siguiente le dije que sí, porque yo había tomado una decisión de confiar en que Él tenía lo mejor para mí. Dios es fiel y cuando le entregas algo al Señor, Él te lo da porque Él sabe que tu corazón no está en eso.

Obstáculos en el desierto

El desierto es un lugar difícil, no hay todo lo que quieres, es un lugar con muchas lecciones que aprender, en 1 Corintios 10:6-10 dice la Biblia “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.  Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.  No forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.  Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.  Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor”. En el desierto es muy fácil caer en muchas cosas, 3 de ellas son las siguientes.

Codicia

Cuando tú deseas algo muy fervientemente es codicia. Tú te vuelves codicioso cuando desprecias lo que Dios te ha dado. No despreciemos lo que Dios nos da por las cosas. Debemos ser agradecidos. Agradece por la familia en la que Dios te puso y la congregación en la que estás.

Idolatría

La Biblia dice que cuando se dieron cuenta que Moisés tardaba un poco ellos levantaron un dios falso. Cuando creemos que la respuesta de Dios se tarda estamos propensos a levantar una solución alternativa. Algunos tienen por tardanza la ira del Señor y por eso toman la vida como ellos quieren. Pero las cosas se tienen que arreglar ya. No busques las cosas que quieres a tu manera.

Pecado

Números 25:1-3 nos demuestra que el pecado inicia con una invitación que se vuelve más evidente cuando estás pasando por un desierto. Después de ceder a la invitación el pueblo terminó adorando a los dioses de otros pueblos. El pecado es muy sutil. No te das cuenta de lo que pasa, hasta que ya estás dentro.

Que Él crezca, pero que yo mengüe

Juan el Bautista fue un hombre radical que confiaba en Dios.  Juan 3:30 declara la importancia de creer permitiendo que uno sea el que disminuya: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. ¿Existe algo en tu vida en lo que tú no has podido decir lo que Juan el Bautista dijo? La única manera de que Él crezca en nosotros es llevarnos a desiertos, al dolor para morir, para que se cumpla Su propósito. Él Señor no prometió arreglar situaciones difíciles, pero si prometió estar con nosotros. A veces Él permite que pasemos por desiertos para sacar cosas que no están bien en nosotras y para cambiar otras. Él siempre estará con nosotros y lo que él dice lo cumple. Sé agradecido con Dios por lo que estás viviendo, porque sin duda Él Señor lo usará para Su Gloria.

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Viviendo en Cristo
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