Ves

¿Cómo Te Ves?

Dios ve el potencial, no el fracaso.

Nada en la Biblia está puesto por casualidad. Hoy quiero comenzar por repasar brevemente la historia de cuando Jesús fue entregado, ¿la recuerdas? Jesús estaba orando mientras los discípulos dormían. Entrada la noche, llegó Judas con los soldados y le dio un beso a Jesús, quien le dijo: “¿Con un beso me traicionas?”. Luego Pedro sacó la espada y le cortó la oreja a uno de los soldados pero Jesús la tomó y sanó al hombre.

Al final, los discípulos salieron corriendo. Sin embargo, Pedro, sin que lo notaran, siguió a Jesús mientras se lo llevaban. ¿Y qué más pasó? Hay algo que no muchos recuerdan sobre esta historia, lo leemos en Marcos 14:51-52: “Un joven que los seguía sólo llevaba puesta una camisa de noche de lino. Cuando la turba intentó agarrarlo, su camisa de noche se deslizó y huyó desnudo” (NTV). Y ya, no dice más. ¿Para qué queremos saber esto? ¿Por qué o para qué Dios permite esto en el Evangelio? ¿Qué enseñanza espiritual nos deja?


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¡Gracias por Participar!

Quiero hablarte de este joven. Un joven que huyó y que falló al Señor 2 veces o más. Pero, ¿quién era él y por qué Dios quiso poner su historia en la Biblia? ¿No te da curiosidad?

Los expertos dicen que era Marcos, quien también escribió este Evangelio. Él anota esta experiencia que tuvo, que nadie más registra porque él la vivió y, guiado por Dios, la escribe pero sin mencionar su nombre, lo cual no era raro pues leemos a Juan en su Evangelio refiriéndose a sí mismo como “el discípulo amado”. Parece que Marcos hace lo mismo. Sin querer llamar hacia sí mismo la atención, describe su experiencia mientras seguía a Jesús y, al hacerlo, en cierta forma es honesto y dice: “Los demás discípulos huyeron y yo también huí. Yo también dejé al Señor. Yo también lo abandoné. Yo también le fallé”.

Los estudiosos no consideran a Marcos una figura tan importante como Pedro o Pablo y no hay mucho qué hablar acerca de él. De hecho, después de esta mención, no volvemos a leer más de él sino hasta mucho después. Jesús muere, resucita, asciende al cielo, comienza la iglesia, se hacen los primeros discípulos, viene el Espíritu Santo, empiezan a predicar el Evangelio y crece el número de creyentes. Entonces, Saulo tiene un encuentro con Jesucristo y se convierte, se vuelve un maestro de la palabra, empieza a viajar junto con Bernabé y a hacer obra misionera y se menciona acerca de uno de sus viajes misioneros que “cuando Bernabé y Saulo terminaron su misión en Jerusalén, regresaron llevándose con ellos a Juan Marcos” (Hechos 12:25). ¡Ahí está de nuevo! (Juan es su nombre hebreo y Marcos el griego. Algunos se refieren a él como Juan Marcos.) El mismo Marcos que huyó de la turba en calzones cuando Jesús fue entregado. ¡Era él!

¡Qué feo! ¿No? Que te digan: “¿Sabes qué? Gracias por participar, pero no te ocupamos”.

Hechos 13:5 nos dice que acompañó a Saulo y a Bernabé en uno de esos viajes como asistente. La Biblia no nos dice mucho de este joven Marcos, sólo que una vez huyó y cuando vuelve a hablar de él, ¡vuelve a huir! ¡Imagínate! Él andaba de misionero con Pablo y Bernabé,  tremendos hombres de Dios y los meros buenos compartiendo la Palabra. Sin embargo, dice Hechos 13:13 que volvió a apartarse. ¿Qué pasó? La Biblia no dice la razón, pero al parecer no fue algo bueno. Fue algo que a Pablo no le agradó porque en Hechos 15:38 dice: “Pero Pablo se opuso terminantemente ya que Juan Marcos los había abandonado en Panfilia y no había continuado con ellos en el trabajo”. Yo creo que Pablo había llegado al punto de no confiar en Marcos y de no quererlo como acompañante en la obra. ¡Qué feo! ¿No? Que te digan: “¿Sabes qué? Gracias por participar, pero no te ocupamos”.

Pablo, un hombre de Dios, misionero y líder espiritual quien escribió casi todo el Nuevo Testamento, rechazó a Marcos. No dice por qué, ni dice por qué Marcos no fue con ellos, pero seguramente este Marcos era un muchacho inmaduro. No estaba listo, no daba el kilo. No tenía el potencial en ese momento. No sabemos si la razón fue algo de su carácter, si era flojo o si estaba haciendo cosas indebidas. Lo que sí sabemos es que Marcos no estaba bien. Había cosas en su vida por cambiar. Marcos andaba con Bernabé y con Pablo pero su corazón todavía estaba en el mundo.

Tal vez andaba distraído y no quería servir, o quizás Pablo lo tenía que estar presionando. No sabemos con certeza, pero se nota que había inmadurez en su vida. No había fuego en su corazón. Abandonó el viaje, no fue con ellos a la obra y fue irresponsable. ¿Te identificas con Marcos? ¿Te puedes identificar con Marcos en cosas en las que sabes que no estás dando el kilo?


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Una Imagen Honesta

“No permitas que las cosas que aún están en proceso de perfeccionamiento en tu vida te hundan”.

Quizás sabes que hay cosas que te falta entregar a Dios o que tu vida espiritual no está al cien. Tal vez tu vida de oración está apagada o tu lectura de la Palabra no es la que debería ser. Tal vez hay deseos y emociones que tienen que ser cambiados, o posiblemente hay áreas débiles de las que el enemigo se ha aprovechado y no has podido ver victoria. ¡No te sientas mal! Todos tenemos áreas en nuestra vida que pueden y deben ser perfeccionadas por Dios.

Debemos ser honestos con nosotros mismos y ante Dios y aceptar nuestra debilidad. No sé a ti, pero a mí me da gusto ver a Marcos escribiendo esto de sí mismo porque fue honesto. Aunque es el Evangelio de su autoría, no se ensalzó ni se describió como un hombre ejemplar. Todos tenemos imperfecciones y es necesario reconocerlas, pero no debemos permitir que eso nos desanime o nos deprima. No debemos permitir que el enemigo aproveche para aplastarnos la cabeza y hundirnos de tal forma que no alcancemos el propósito que Dios tiene para nosotros. No permitas que las cosas que aún están en proceso de perfeccionamiento en tu vida te hundan.

Lo que otros piensen de ti talvez no te afecte mucho, pero lo que tú piensas de ti mismo puede moldearte de una manera inapropiada y alejarte de Dios. Si tú estás fallando en algo y tienes pensamientos como: “Soy un fracaso. No puedo salir de esto. No puedo cambiar. No puedo vencer estos pecados”,  entonces debes tener cuidado. ¡Esto puede moldearte en algo equivocado y alejarte de lo que Dios quiere hacer en tu vida!

Leí la historia de un hombre que fue a China y pasó por un lugar donde hacían tatuajes. Le llamó la atención uno que decía: “Nacido para perder”. Le dio curiosidad el saber si alguien en realidad pedía ese tatuaje, así que entró a preguntar. Para su sorpresa, le respondieron que eran muchos los que lo pedían. Intrigado, preguntó qué clase de persona querría llevar eso escrito permanentemente en el cuerpo; a lo que le contestaron: “Antes de estar el tatuaje en el cuerpo, está en la mente”. Tal como Jesús dijo: “Lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón” (Lucas 6:45).

Fracasado En Progreso

“El fracasar no quiere decir que no puedas vencer o que no puedas cambiar”.

Lo que piensas de ti mismo te está moldeando. Lo que piensas de ti mismo forja tu presente y tu futuro. Tenemos que tener cuidado al manejar nuestra realidad. Es una realidad en la que hay imperfecciones, luchas, ataduras, tentaciones y muchas cosas que tienen que ser tratadas. Pero si tú piensas de ti mismo que eres un fracasado, te vas a mantener así. ¿Qué diferencia hay entre una persona que dice: “He fracasado 3 veces” y otra que dice: “Soy un fracasado”?
La segunda persona se ve como un caso perdido, mientras que la primera sabe que ha fallado y que eso no le impedirá levantarse y volver a intentar y vencer. El fracasar no quiere decir que no puedas vencer o que no puedas cambiar. Lo que pensamos de nosotros mismos nos moldea.

Hay muchas personas cuyas debilidades les moldean de forma que viven con pensamiento de tristeza, depresión y desánimo. Tienen que acostumbrarse a vivir así, en una vida espiritual mediocre o fría. ¡Pero hay libertad y victoria para nosotros en Cristo!

Yo creo que Dios permitió que Marcos escribiera en el Evangelio cómo salió corriendo desnudo y que en Hechos se escribiera cómo abandonó a Pablo y Bernabé para que vieramos cómo era él antes. Dios lo pone ahí para que veamos la realidad de este joven que no estaba listo, que huyó y que falló. Aunque parezca que no es un personaje principal, no es así.

¿Te das cuenta de que no todos los hombres de Dios tuvieron un libro de la Biblia con su nombre? Tenemos a Juan, Mateo, Lucas y tenemos a Marcos. Ese jovencito que huyó, que le sacaba a los viajes misioneros y que el mismísimo Pablo dejó de querer llegó a ser autor de uno de los cuatro Evangelios. ¿Por qué Dios permitió que uno de los Evangelios tuviera el nombre de un fracasado? Yo pienso que Dios lo permitió porque nunca lo vio como un fracasado. Él nunca lo vio como él se estaba viendo a sí mismo. Dios no te ve como tú te ves a ti mismo.


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Dos Lecciones

Te quiero compartir dos verdades que aprendemos a partir de estos relatos:

La primera es que Dios no nos ve como fracasados porque Él tiene un plan para cada uno de nosotros. Imagínate a Marcos, ¿tú crees que cuando estaba corriendo desnudo se imaginaba que iba a escribir uno de los Evangelios que estamos leyendo dos mil años después? A lo mejor en tu contexto actual, en medio de tus luchas, te cuesta trabajo creerlo. Parece positivismo, pero no es así porque el hecho de que Dios tenga un propósito para tu vida no es en función de quién eres tú, sino de quién es Él. Esa es la gracia de Dios; es algo que no entendemos humanamente.

Estamos acostumbrados a querer ganarnos todo: Si hacemos algo bueno, recibiremos cosas buenas. Pero la gracia de Dios es que, a pesar de nuestra condición, Él tiene un propósito para nosotros porque no nos ve como nosotros nos vemos a nosotros mismos, sino que nos ve con ojos de Padre amoroso.

“Todos tenemos la oportunidad de cambiar”.

Efesios 2:10 dice: “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás”. ¿Sabías que Dios ha preparado cosas para que tú hagas? Dios había preparado que Marcos escribiera el Evangelio. No te alejes de Dios, porque entonces no las vas a hacer. Tienes que mantenerte en fe confiando en Dios, en Su amor y en Su fidelidad para alcanzar a hacer esas obras que Él ha preparado para ti. Podrás pasar por desiertos, por luchas, por tentación pero nunca debes dejar de avanzar. Aún si “no lo sientes”, debes creer que hay cosas que Dios ha preparado para ti.

¿Cómo le hizo Marcos para cumplir ese propósito si era un inmaduro? Este joven Marcos quien huía, este joven con quien nadie podía contar y que dejó tirado a Pablo. ¿Cómo alcanzó a lograr el propósito de Dios? Porque no se quedó así. ¡No te quedes así tampoco tú!

“Dios no te ve como tú te ves. Él ve como puedes llegar a ser si le dejas obrar en tu vida”.

Todos tenemos la oportunidad de cambiar. Marcos se convirtió en alguien en quien se podía confiar. Pablo mandó llamar a Marcos desde la cárcel durante sus últimos días. ¿Qué? Ese Marcos que años antes Pablo desechó, ahora lo pide a Timoteo diciendo: “Trae a Marcos contigo cuando vengas, porque me será de ayuda en mi ministerio” (2 Timoteo 4:11). Algo sucedió, hubo un cambio en Marcos y se convirtió en un hombre confiable.

¿Cómo se ha de haber sentido Marcos? Yo pienso que se sintió mal cuando vio que Pablo no lo quería para llevarlo al ministerio. Se dio cuenta de que había cometido un error y que había sido un inmaduro. Pero Pablo ahora confiaba en él. No solo llegó a ser útil para Pablo, sino que dicen muchos estudiosos que él y Pedro llegaron a ser muy cercanos y servían juntos, y que Pedro fue la fuente de información con la que Marcos escribió el Evangelio, lo cual indica que Pedro también confió en él. Hubo un cambio en Marcos. En algún momento tuvo una revelación y se dio cuenta de que Dios pensaba diferente acerca de él, que lo veía con un potencial. Dios veía a Marcos no como él se veía a sí mismo o como otros lo veían, sino con el potencial que Él podía darle.

Dios no te ve como tú te ves. Él ve cómo puedes llegar a ser si le dejas obrar en tu vida. Lo normal cuando miramos nuestros fracasos es tirarnos a llorar y lamentarnos con una actitud de derrota. Pero yo veo la Palabra y me doy cuenta de que el Señor nos llama a arrepentirnos, cortar con esas actitudes y confiar en que Él puede obrar en nuestra vida, hacer un cambio en nosotros y darnos victoria. Por eso Dios nos dio Su Espíritu: para trabajar en nosotros.

Todos nosotros somos una obra sin terminar, como una obra en construcción. Cuando alguien hace algo malo no tardamos en apuntarlo pero, cuando se trata de nosotros, pedimos misericordia. Tienes que darte cuenta de que, al igual que tú, las personas a tu alrededor son obras en construcción. Pablo no alcanzó a ver la profundidad del propósito de Dios en su vida, pero Dios sí. Él ve la obra que está haciendo en tu vida. Tampoco se trata de agarrarlo como excusa: “Si somos obras en construcción, ¡tiene que escucharse que Dios está trabajando ahí dentro! Como cuando pasas por una obra gris y se oyen ruidos y se ve gente trabajando. No seas como esos edificios abandonados,  pintarrajeados con grafiti y que hasta huelen feo. Si una casa abandonada se ve mal, un cristiano que se quedó a medias se ve peor. ¡Que se vea la obra del Espíritu Santo!

“Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó”. Génesis 1:27


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La segunda verdad es que Dios no nos ve como fracasados porque nos creó a Su imagen. El mundo piensa que vales porque tienes, porque sabes, porque vives en cierto lugar. Dios no. Tú vales porque Él te creó y porque eres Su hijo. El mundo ve al hombre a un paso adelante del mono, pero Dios nos ve un paso detrás de los ángeles. Tú y yo fuimos creados por Él para buenas obras. Y no sólo tú, sino también todos los que conoces: tu familia, tus vecinos, tus compañeros de trabajo, las personas que te decepcionan, tu jefe y hasta la “amiguita” que no aguantas. ¡Dios los creó a Su imagen! Así que, también ten paciencia con ellos. Si quieres que tengan paciencia contigo, ten paciencia con los demás.

“¡Dios no ha terminado su obra!

Leí una anécdota de un pastor en Nueva Jersey. El ministro iba llegando a la iglesia para una junta cuando se le acercó un vagabundo de mal aspecto y maloliente. Faltando poco tiempo para el comienzo de la junta, se apresuró a darle dinero, cuando lo que en realidad acostumbraba era llevar a comer a las personas que le pedían. Pensando en eso, el vagabundo lo detuvo y le dijo: “No quiero tu dinero, quiero a tu Jesús porque siento que ya no puedo más y que me voy a morir”. El pastor comenzó a llorar, impactado, y abrazó al vagabundo, ambos llorando. Lo llevó a la iglesia y luego al hospital donde lo atendieron y, cuando salió limpio, desintoxicado y afeitado, parecía otra persona. Le ayudaron a conseguir un lugar donde vivir y comida. Posteriormente, este hombre comenzó a servir en la iglesia. Un año después, dio testimonio de todo lo que Dios había hecho en su vida y hoy es uno de los predicadores en esa iglesia.

No te menosprecies. No te deprimas. No te hundas en la realidad de tus debilidades. No dejes que eso te forme. No olvides que Dios te vio. Ten paciencia contigo mismo. ¡Dios no ha terminado su obra! No menosprecies a los demás, Dios no ha terminado con ellos tampoco. Si estás pasando en tu vida por un desierto, por desánimo o depresión y te das cuenta de que eso quiere moldear tu vida, te invito hoy a renunciar a todo eso y a poner tus ojos en Dios quien te ama. Pon tus ojos en Su amor y declara como el salmista: “El Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida”.

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Anónimo
    27 Abril 2016 at 3:29 pm

    Es hermoso mil gracias porqué en muchas ocaciones nos hace falta escuchar estas palabras.

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