¿Tienes una Sed Insaciable?

Mantenerse sediento de Dios es clave en la vida cristiana.

La clave es tener sed. No pierdas la sed.

¿Alguna vez has tenido mucha sed? Quizás la has sentido después de realizar una extenuante actividad física como correr, cortar el pastor o salir a jugar. ¿Qué sientes cuando tienes sed? Tal vez sientas dolor de cabeza, debilidad, la boca seca o los labios partidos. ¿En qué te pones a pensar? ¿En la novia? ¡Claro que no! Te pones a pensar en agua. Hoy quiero hablarte acerca de mantenernos sedientos de Dios.

Un hombre de la marina llamado Joe Mora se encontraba en un portaaviones americano cerca de Irán cuando, por accidente, se cayó de este. El problema fue que nadie se dio cuenta sino hasta 36 horas después. Al cabo de 60 horas fue enviado un mensaje a sus padres diciendo que estaba desaparecido y probablemente muerto. Pero algo increíble sucedió. Después de 72 horas, unos pescadores paquistaníes lo encontraron. El hombre había sobrevivido gracias a un medio de flote que improvisó con sus ropas. Él afirmó que fue Dios quien lo salvó. También dijo que en su delirio lo único en lo que podía pensar era en agua. ¿Alguna vez has sentido ese nivel de sed?

Fuera del aspecto físico, debemos tener sed en el alma. Todos tenemos deseos. ¿De qué tiene sed nuestra juventud hoy? ¿Superación personal, vicios, viajes, dinero, popularidad, belleza física, relaciones sexuales, amor, alegría, felicidad? Hay una sed en nuestros corazones de significado y de propósito. Pero cuando venimos a la presencia del Señor nos encontramos sumergidos en un mar de vida eterna. Todos tenemos sed y anhelos en nuestro corazón pero venir ante Dios es como estar en un tanque donde podemos ser saciados. Tenemos tiempos hermosos cantando y declarando que Dios es Rey. Sin embargo, la realidad es que aún estando en la iglesia cantando y alabando, hay personas que siguen sintiéndose sedientos y vacíos. Muchos tienen un corazón desierto e insaciable, un corazón con mucha sed. Necesitamos darnos cuenta que tenemos una necesidad de saciarnos de la Palabra de Dios, de saciarnos de Su presencia. El solo pensar en agua puede darnos sed.

Un muchacho le preguntó a su pastor, “¿Cómo puedo conocer más de Dios?” El pastor lo llevó al lugar donde se llevaban a cabo los bautizos y lo sumergió en el agua. El muchacho pataleó hasta casi ahogarse. Al salir exasperado del agua, el pastor le dijo, “Cuando tengas deseos de Dios así como tienes la necesidad de respirar, encontrarás paz”. Dios está buscando corazones que tengan sed.  No podemos recibir de Dios si no tenemos sed. Todos podemos saber que necesitamos de Dios pero es distinto saberlo a tener sed. Muchos podemos estar en la iglesia sentados, sabiendo que necesitamos de Dios pero sin tener sed. En realidad todos tenemos sed en nuestro corazón pero la pregunta es ¿de qué tienes sed? ¿De qué estás buscando saciar tu vida? Podemos ir a la iglesia, a un congreso, a una célula y aún así perder de vista todo lo importante. Si no tenemos una sed profunda y verdadera por Dios, no vamos a verle. Alguna vez alguien dijo que si quieres ver cosas que nunca has visto, tienes que hacer cosas que nunca has hecho. Muchos quieren ver la bendición de Dios pero no quieren pagar el precio; no quieren menguar su sed por otras cosas. Dios no puede satisfacernos si no es lo que queremos. Hay jóvenes que empiezan a darle prioridad a cosas como el trabajo, el noviazgo y otros temas y dejan de tener sed de Dios. Jesús dice que Él es el agua viva (Juan 4:14 NTV). El agua de Dios debe correr y abundar en nosotros. Hay muchos jóvenes que dicen ser cristianos pero viven en desiertos espirituales. No es culpa de Dios ni de nadie más. La cuestión es que perdimos la sed. “Como el ciervo anhela las corrientes de las aguas, así te anhelo a ti, oh Dios.” (Salmos 42:1) David era un hombre que tenía sed de Dios. Él escribió que tenía “sed de Dios, del Dios viviente.” (Salmos 42:2) Tal vez en este momento tienes sed de otras cosas que no son necesariamente malas. El problema es que si intentas saciarte de ellas nunca terminarás.

Jesús se encontraba en la fiesta de los Tabernáculos la cual era una de las más importantes para los judíos. Es decir, era un fiestón inmenso. Una de las actividades que se realizaban consistía en que los sacerdotes traían agua del estanque de Siloé en vasijas especiales para rociarla sobre el altar del Templo en memoria de su éxodo por el desierto . Es en medio de este ambiente de fiesta donde Jesús se pone de pie y grita a la multitud, “¡Todo el que tenga sed puede venir a mí!” (Juan 7:37) Era un momento religioso y sagrado, un momento de costumbre y Jesús les grita que vayan a Él y beban. Jesús está hablando de la sed verdadera de nuestro corazón. Jesús dice que están sacando el agua como un símbolo pero Él cambia de lo religioso a la necesidad del corazón y ofrece agua verdadera. “¡Con alegría ustedes beberán abundantemente de la fuente de la salvación!” (Isaías 12:3). En Jesús hay agua de vida, en Su presencia hay vida para ti. Jesús suelta estas palabras en un momento de fiesta, haciéndoles notar que ellos bebían agua de un río para que se dieran cuenta de la verdadera agua que ellos necesitaban. Él sabía que después de esta fiesta iban a volver sedientos y vacíos como siempre.

Muchos de nosotros salimos llenos de la iglesia, bendecidos y tocados por la palabra y la ministración, pero conforme pasan los días algo sucede. Comienza a haber una necesidad, un hueco en el corazón. Entonces vuelven las luchas y las tentaciones. “¿Si estoy yendo a la iglesia y estoy en la presencia del Señor, por qué salgo y me enfrento a enfriamientos de nuevo?” La respuesta está en las palabras de Jesús. Él está diciendo que cualquiera puede beber, no importa quién hayas sido o que vida hayas tenido, Jesús está diciendo que si tienes sed puedes acercarte. La clave es tener sed; no pierdas la sed. Muchos jóvenes se enfrían en su corazón no porque no conozcan de Dios o porque no hayan probado de Él; sino porque perdieron la sed por Dios y empezaron a tener sed por otras cosas. ¿Has tenido momentos en los que has dejado de tener sed de Dios? ¿Has tenido momentos en los que realmente has tenido sed de Él? Cuando nos alejamos de la fuente de vida, que es Dios, dejamos de tener sed. Quizás en este momento te encuentres alejado y no estás viviendo en la plenitud de Dios. Necesitamos más de Dios; no una sed superficial ni una sed religiosa o de apariencia sino una sed auténtica. ¿Será posible provocar sed? ¿Es suficiente la sed que ahora tienes de Dios? No vemos a Dios en muchas cosas porque no tenemos la sed que se requiere. Me llama la atención que dice, “todo el que tenga sed.” No dice que se puede acercar el que quiera. Él ofrece una invitación para todos siempre y cuando tengan sed. No podemos recibir de Dios si no queremos de Dios. No podemos ver Su presencia ni Su gloria si no la deseamos.

El problema que tenemos hoy en día es que queremos ver resultados sin pagar el precio. Queremos que nuestra familia sea salva pero no queremos clamar. Si queremos ver la obra de Dios en nuestra vida, la clave no está solamente en emociones o reuniones; la clave está en desarrollar un corazón sediento. ¿Tienes sed? “Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mateo 5:6). Jesús no te obliga a tomar. Jesús dice, “ven a mí” y el que venga, pues, que beba. La decisión debe se nuestra. Su fuente está disponible pero nosotros somos los que debemos beber. ¿Estás bebiendo de la fuente? ¿Estás buscando la presencia del Señor? Las cosas de este mundo sacian brevemente pero la verdad es que al final nos dejan secos. Solamente es la presencia de Dios la que puede saciar nuestro corazón. Queremos tener más sed de ti, Señor.

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Viviendo en Cristo
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