El Amor de Dios

¿Sabes qué tanto te ama Dios?

Descubre el amor que Dios tiene para ti.

Hay una historia de una niña que estaba desayunando con su mamá. De pronto la niña le pregunta a su mamá: ¿cómo es Dios? Si no podemos verlo, ¿cómo sabemos cómo es? La mamá responde: si fueras ciega no podrías ver a tu papá, pero ¿sabrías que es tu papá por las cosas que te dice? La niña contesta: sí. Lo mismo sucede con Dios, Él nos ha dado tanto para que lo podamos conocer a través de Su palabra y, sobre todo, nos ha dado a Jesús para salvarnos de nuestros pecados. Aunque no lo podamos ver, podemos sentirlo cerca, saber que es real y nos ama.

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24 Reina Valera Revisión 1960).

Debemos saber que Dios es Espíritu y no está limitado a un lugar ni a un cuerpo, como nosotros lo estamos. Él es omnipotente (todo lo puede), omnisciente (todo lo sabe) y omnipresente (está en todas partes). Dios no está limitado a un espacio, Él habita en todo lugar y no podemos comprenderlo con nuestra mente física. No podemos escuchar Su voz audiblemente porque es Espíritu, aunque si Él quiere que lo escuches, puede hacerlo.


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La Biblia nos muestra que nosotros podemos ser tocados por Él, podemos sentir Su presencia y conocer Su voluntad. Dios puede hablar a nuestro corazón y puede darnos la certeza de que está en nuestra vida. ¿Tenemos la certeza de que Dios está en nuestro corazón? , porque Dios se nos manifestó y se hizo real a nosotros, no físicamente pero tenemos un testimonio de Su toque. Él cambió nuestras vidas.

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él” (1 Jn. 1:5).

Cuando la Biblia habla de que Dios es luz, no habla solamente de una luz física sino espiritual; una luz moral que se manifiesta en el Espíritu. La Biblia hace un contraste entre la luz y las tinieblas, entre lo santo y lo profano, entre la pureza y el pecado y nos muestra entonces que Dios es luz. Esto significa que Dios es puro y santo, no hay tinieblas en Él. Cuando estás viviendo en pecado, tu corazón y tu espíritu están bajo tinieblas. Pero cuando Jesús viene a ti, alumbra tu vida y tu corazón.

¿Has entrado a un restaurante donde la luz es muy tenue? Tu vista tarda en acostumbrarse, pero cuando sales de ahí la luz del sol parece demasiado brillante. Eso pasa también en nuestra vida espiritual. Vivimos actualmente en un mundo de tinieblas espirituales, en pecado y maldad. Al estar sin Cristo, la gente se acostumbra a vivir en mentira, adulterio, fornicación y vicios; a robar, engañar y hacer cosas malas, y se les hace normal vivir en tinieblas. La luz es la que manifiesta todo y, por lo mismo, mucha gente no se acerca a Dios: espiritualmente les da miedo ver su vida con luz y que se manifieste todo lo que está mal.

Cuando era pequeño, iba con mi mamá a una iglesia donde las señoras se hincaban y le pedían a un santo o a la virgen, y yo me preguntaba: ¿por qué nadie le habla a Jesús? ¿Por qué adoran a un santo y no a Jesús? La gente prefiere adorar una imagen, porque ésta no responde, no te pide o muestra nada, mientras que Jesús sí. Él nos pide arrepentimiento, nos pide que nos alejemos del pecado y es ahí donde nos damos cuenta que tenemos que cambiar muchas cosas de nuestra vida, que tenemos que adorarle, leer Su palabra y pedirle que nos muestre cuál es nuestro pecado y qué es lo que necesitamos cambiar para estar bien.

Debemos buscar a Dios con el deseo de que Él nos cambie, que nuestro corazón esté abierto a lo que Él nos quiere hablar. Dios no quiere criticarte o juzgarte, Él viene a limpiarte. Él revela lo malo de nosotros porque nos ama, y no quiere que sigamos con cosas sucias en nosotros porque la palabra nos lo dice: ¨Dios es amor¨.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

Saber que El Creador de todo el universo nos ama es lo más hermoso que podemos escuchar, ésto es una revelación increíble. Dios ama a todas las personas, sin importar raza, color, nivel educativo o económico. Él no hace diferencia, nos ama a cada uno en lo personal y particular. Dios te ama pero hay un problema: cuando hablamos del amor de Dios, inclinamos la balanza a ese hecho y nos olvidamos de que también es justo y santo. A veces ponemos a Dios como un Dios ‘abuelito’, el que todo me apapacha, todo me acepta y no me regaña; pero Dios no es así. Dios es un padre responsable que nos ama, que es puro y recto. Si juntamos el amor y la misericordia con la justicia y la santidad, nos daremos cuenta de que Dios nos ama y busca sacarnos de las tinieblas para llevarnos a la luz.

Dios demuestra Su amor

El amor se demuestra; si tú amas lo demuestras. Hay cosas que no se pueden describir sino que tienes que experimentarlas, el amor de Dios es una de ellas. Dios no solo dijo ‘te amo’, sino que vio que el pecado nos estaba destruyendo y nos mostró Su amor a través del perdón, mandó a Jesús haciéndose hombre y murió por nosotros derramando Su sangre para limpiar nuestros pecados. El amor no se queda parado, no se queda con los brazos cruzados, Dios nos lo demostró con sus acciones.

Pedir perdón no es el fin, sino el comienzo de limpiar nuestro corazón.

Hemos llegado a pedir perdón cuando sabemos que estamos haciendo las cosas mal. Esto no es suficiente. Pedir perdón no es el fin, sino el comienzo de limpiar nuestro corazón.


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 El amor de Dios no se gana

El amor de Dios no es algo que podamos ganar con acciones, buenas obras o con portarnos bien. Dios nos ama simplemente porque lo quiere hacer. Sin embargo, para que Su amor y Su perdón causen efecto en nuestras vidas necesitamos recibirlos. La mejor manera de honrar y corresponder a Dios es aceptando Su sacrificio y Su amor.

Dios te ama sin reservas

Tú y yo somos sentimentales, pero Dios no. Hay días que le das besos a tu perro y días en que quieres patearlo. Tenemos días buenos y días malos, pero Dios no es sentimental. Él es amor, tanto como es Espíritu y como es luz. Dios te ama, porque esa es Su naturaleza, Dios te ama, aún si tú no lo aceptas. Es tu decisión aceptarlo, sin embargo, eso no va a hacer que Él te ame más o menos.

Hay un relato que representa muy bien el sacrificio en la cruz: Jesús andaba caminando por ahí y se encontró al diablo con una jaula llena de seres humanos. Al encontrarse Jesús preguntó: ¿qué harás con ellos?, a lo que Satanás respondió: los condenaré al pecado y a la mala vida. Al escuchar esto Jesús le ofreció todo el oro y la plata del mundo, así como todos los reinos a cambio de liberarlos, pero el diablo no aceptó. En cambio, le dijo a Jesús: quiero tu vida. Jesús accedió, murió en la cruz por nosotros y la jaula se abrió para que pudiéramos ser libres. La jaula sigue abierta, no regreses a ella.

Déjate amar y limpiar por el Señor. Necesitamos conocer más a Dios y entender cuál es la anchura, la altura y la profundidad de Su amor, que es en Cristo Jesús. Hay que pedirle a Dios una revelación más grande de Su amor para nosotros.

“…A fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento” (Ef. 3:17-19).

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