Pacto

Consagración: Tú Pactas Conmigo y Yo Pacto Contigo

El Señor nos llama a apartarnos para Él.

Dios demanda la consagración de nuestras vidas. Esto significa construir un altar, no solo en el corazón, sino aún en los retos que puedas tener en tu casa y tu alrededor. Es un llamado a separarse para Dios. Es necesario hacer un tiempo para realizar un inventario del corazón y reconocer dónde se encuentran nuestras motivaciones. Es tiempo de tomar conciencia para establecer límites.

Lo que Dios nos está reclamando es demasiado serio para tomarse a la ligera. Es un llamado a salirse de la comodidad, dejar de ser observadores y entrar al campo de juego. Tenemos que tomar parte en esta tarea y responder.

Tú estás llamado a materializar los sueños de Dios. ¿Quieres realizar lo que el Señor ha soñado para ti? ¿Quieres ser gestor de los sueños de Dios? Es necesario reconocer áreas en nuestra vida que necesitan ser atendidas para poder lograrlo.


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Echa a un Lado el Temor

Hay que echar a un lado el miedo y la fobia que no nos permite tomar decisiones. El temor no nos permite acercarnos al propósito de Dios, escuchar Su voz y movernos. Dios te habla de distintas formas utilizando varios mecanismos para anunciarte lo que quiere hacer contigo. Él pone en medio de tu camino Su propósito y tal vez por temor no te has movido.

En psicología se habla de tres efectos que suceden ante los retos. Se le llaman las tres efes por sus siglas en inglés: Te congelas (freeze), forcejeas (fight) o huyes (flee). ¿Qué significan?

  • Freeze: Cuando llegan los retos dices: “No, esto es muy grande.” Cuando llegan las demandas de Dios dices: “No, hay que dejar mucho. De aquí no me muevo”.
  • Fight: Si tienes ánimo “chiloso”, eres de los que se enciende rápidamente. Eso significa que no tenemos la capacidad de aguantar o soportar. Pero, sabes, Dios te soporta a ti, a tu queja y a tu berrinche. Dios soporta tu desesperación porque te ama.
  • Flee: Hay otros que salen corriendo en lugar de enfrentar sus temores. Si eres de esos, tengo un remedio que viene directamente del cielo: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18). Su perfecto amor se mete en medio de nosotros. Aquellos temores que nos detienen se disipan y desaparecen en el nombre de Jesús.

Poder, Amor y Dominio Propio

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. 2 Timoteo 1:7

Eso de esconderse de los retos no viene del cielo. Dios nos da el poder para hacerle frente a las situaciones adversas. Él nos da poder para hacer frente a la tentación. También nos ha dado amor, un amor fuerte y sacrificado. Eso nos permite estar dispuestos a servir al Señor, no por temor a la condenación (que es una realidad) sino por amor; porque Él me amó primero.

También recibimos dominio propio. La palabra original usada en griego, sōphronismou, es una palabra difícil de traducir. Significa: “Sensatez de la santidad”. La santidad de Dios te arropa a tal grado que te hace sensato. Cuando piensas en pecar, la santidad de Dios te hacer ver la realidad de lo que vas a perder y te mantiene dominando la carne y aceptando la voluntad de Dios para tu vida.

Hay Que Ser Firmes

“Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”. 2 Timoteo 2:19

Hay principios que Dios ha puesto que no se doblan; no son flexibles. Están puestos en nuestro camino para la salud de nuestro corazón. Estos principios no permiten una transacción. No tomarías una botella de agua pura para echarle “solamente” cuatro gotas de agua de cloaca. ¿Qué pasaría? ¡No sirve! Imagínate que alguien “bebiera” de ti y se enfermara. Así es cuando el testimonio se arruina.

En el capítulo dos de 2 Timoteo, versículo 20, se nos habla de que existen utensilios de oro y de plata, utilizados para propósitos especiales, así como de madera y de barro para usos cotidianos. No quiero ser prosaico, pero la verdad es que esta gente tenía estos vasos para sus necesidades biológicas. ¿Qué tipo de vaso quieres ser? ¿A qué te llamó el Señor a ser?


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En la vida en Cristo no puedes nadar en dos aguas. Eres frío o eres caliente. ¡Nunca seas tibio! De acuerdo con un anécdota de un periodista de la cadena ABC en EE.UU. se dice que durante la Guerra Civil había una práctica muy particular: Los soldados miedosos que no podían soportar la realidad de una guerra se ponían la chaqueta del uniforme del norte y el pantalón del uniforme del sur al momento de ir a la batalla. ¿Cuál era el resultado? Morían por fuego cruzado. Nadie sabía a qué bando pertenecían. Ellos no habían definido su postura; estaban impulsados por el temor.

El temor no viene del cielo y te priva de cosas tantas cosas lindas que el Señor ha preparado para tu vida. Dios mira desde arriba y ve todo hecho y formado; te ve ejerciendo un ministerio, predicando y sanando. Pero tienes que entender que hay que perder el miedo, que hay que soltar y dejar muchas cosas para poder consagrarse. Dios se pregunta: “¿Cuánto más tengo que hacer para que entienda?”.

Poner la Mirada en Jesús

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Hebreos 12:2

¡No hay otra forma! Hay que poner la mirada en Jesús. En el capítulo once de la carta a los Hebreos desfila el “salón de la fama” de la fe. Se menciona a cuanta gente te puedas imaginar: Verdaderos paladines de la fe y del mensaje del Señor. Fueron personas que triunfaron y que nos sirven como ejemplo de lo que significa creerle a Dios y no a las circunstancias alrededor.

¿Qué ocurre en el capítulo doce? El autor, después de haber hecho mención de todas estas personas, utiliza una imagen deportiva para explicar la carrera de la fe. Habla de un corredor que está llevando el maratón y se acerca a la recta final. Ha corrido con gallardía y se ha mantenido a paso firme. Empieza a entrar al estadio y mira entre los asientos a Abraham, a Noé, a Rahab. “¿Todos ustedes están aquí?”, dice el atleta. Es en este momento donde el escritor explica que tenemos que deshacernos de todo peso.

¡El peso nos encorva! Tenemos que sacar de nosotros el pecado que nos asedia. El texto original habla de alguien que está cerca de un fuego encendido en una noche oscura y hay fieras alrededor acechando para atacar. Pero mientras el fuego está encendido, ¡las fieras no se acercan! Cuando la fogata está ardiendo, el ataque del enemigo no se atreve a acercarse. ¿Cómo está tu fuego? ¿Está ardiendo la fogata de tu corazón?

En este capítulo se nos habla de correr la carrera con paciencia, pero esta carrera no es estática. Hay gente que piensa que el tener paciencia es detenerse. ¡Eso no es! Lo que se le comunica a los hebreos es que el corredor (que está corriendo) espera con paciencia el momento correcto de salir a la saga para tomar el primer lugar y llegar primero a la meta.

“En la carrera de la fe no importa si llegas primero o último”.

Si ves a los etíopes correr en competencias olímpicas, verás algo impresionante. Esas personas corren y les llegan los talones detrás de la cabeza. ¡Pareciera que tienen un tanque de oxígeno amarrado a la espalda! Llegan a la meta como si nada. Pero aún esa gente, que corre muy bien, se pone de acuerdo. En una carrera ves a un pequeño grupo de élite que va junto y no se separa. Los que corren rápido empiezan a quedarse atrás, pero el grupo llega junto a la última parte. Aquél que sea astuto y tenga estrategia podrá llegar a la meta primero y llevarse el galardón.

En la carrera de la fe no importa si llegas primero o último. En la meta se encuentra Jesús echándote porras: “¡Corre, corre, no te detengas! ¡Mírame a los ojos, sigues corriendo!”. Pero, para esto se requiere determinación, valentía y decisión de modo que podamos romper con aquello que te aleja del Señor.


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Modelo de Consagración

Hay grandes modelos en la Palabra acerca de la consagración. Yo quisiera usar el modelo de Moisés y Aarón. Quiero que grabes en tu corazón ese deseo de depositar en las manos del Señor tu vida, tus sueños y tus anhelos. Permite que la vida de Cristo te envuelva y te lleve al lugar que ha deparado para ti.

Vamos a ver, primero, que la santificación en nuestra vida no depende solamente del poder del Espíritu Santo en nosotros, sino también de lo que tú y yo debemos hacer. Este proceso conlleva tomar decisiones drásticas y radicales. De esto depende no solamente tu futuro sino tambień el de todas las personas que vas a tocar con tu testimonio. ¡Hay mucho en juego!

Para confiar y obedecer, muy probablemente seremos privados de nuestros sentidos. Tendremos que caminar sin escuchar o sin ver. Esa confianza traerá resultados poderosos tanto en ti como en la gente a tu alrededor. Conozcamos un poco más de lo que significa consagrarse. Hay tres palabra hebreas que lo resumen:

  • Kadash: Significa “apartar” o “separar”. Viene de la raíz kadosh, que significa: “santo”. Se traduce como santificar porque se habla de algo que se ha separado para el servicio a Dios.
  • Nazar: Significa “apartar” o “dedicar”.
  • Male’ yad: Significa “llenar la mano”. Esta es la frase más utilizada en el Antiguo Testamento en relación a la consagración. Prácticamente todo el tiempo está relacionada al llamado sacerdotal.

Antes había que matar animales para realizar sacrificios. El sacerdote tomaba la ofrenda y la presentaba delante del Señor. El día de hoy, tú y yo somos la ofrenda. Estamos en las manos de Jesús quien nos está levantando. En este proceso se está consagrando nuestro coraźon para lo que Dios quiere hacer en nosotros y con nosotros.

El capítulo 8 de Levítico nos presenta el ceremonial para la consagración de Aarón llevado a cabo por Moisés. Aarón y sus hijos fueron consagrados para el servicio sacerdotal. Cada evento dentro del ritual tiene un simbolismo.

Se dieron tres sacrificios: el de expiación, el de holocausto y el de paz. Lo interesante es que en medio del sacrificio se le pide a Aarón y sus hijos que pongan sus manos sobre el animal antes de ser sacrificado. ¿Por qué? Porque en ese ejercicio se estaban pasando todos sus pecados hacia el animal. Entonces se sacrifica la ofrenda y se derrama la sangre.

Algo ocurre cuando se da el tercer sacrificio, el de paz: Moisés moja sus dedos en la sangre del animal sacrificado y se acerca a Aarón. Moisés pone sangre en el lóbulo de la oreja de derecha, el dedo pulgar de la mano derecha y el dedo pulgar del pie derecho de Aarón. Lo está ungiendo. Después de esto realiza el mismo ceremonial con sus hijos. Esto significa que, desde que se consagran a Dios, solo pueden escucharlo y obedecer. Sus manos están listas para llevar a cabo el servicio sacerdotal. Sus pies tienen que aprender a caminar tal y como Dios exige que lo hagan.

Ese sacrificio se daba para la consagración en el tiempo de la ley. El día de hoy, con nosotros, hay un Cordero inmolado que murió en la cruz del calvario y derramó Su sangre. Ese Cordero no se encuentra muerto. Al tercer día resucitó y se encuentra sentado a la diestra del Padre intercediendo por ti y por mí.

Esa sangre está fluyendo en este instante, no para mojar una parte de tu cuerpo, sino para bañarte de arriba a abajo. Esa sangre garantiza que cualquier pecado que hayas cometido o que estés cometiendo sean cubiertos. Lo que hace falta en este proceso es que tú entiendas que ese sacrificio en la cruz del calvario nos da la oportunidad de ser utilizados para traer salvación a otros.

Este Es Tu Llamado

El mensaje medular es este: Dios te está llamando para un propósito santo, un propósito alto. Dios quiere que te separes para Él. Esa consagración no es meramente separarse para ese propósito santo. Lleva consigo la llenura y la plenitud sobre aquél que se separa para Dios y decide romper con las ligaduras del enemigo y el temor y acepta el llamado del Señor sin reservas y sin condiciones.

“El mensaje medular es este: Dios te está llamando para un propósito santo, un propósito alto”.

Este es tu momento de consagración. Es tu momento de rendirte delante del Señor. Dios ha separado este momento en el calendario del cielo. Él ve tu rostro, tus necesidades, tus luchas y tus retos. Él ve los sinsabores, los rechazos, lo que te ha costado y te ha dolido tomar decisiones que tal vez te desconectaron de tu familia y pusieron mucha gente en tu contra. Pero el fuego que arde en tu corazón es tan fuerte que te ha llevado a hacerle caso a Dios y a no escuchar las circunstancias que te oprimen. ¡Hoy es tu día de consagración!

Hoy es el día en el que se unge tu corazón y se sella para lo que el Señor quiere hacer. Dios quiere levantar hombres y mujeres de poder y de decisión. Personas que tomen decisiones significativas para acercarse al propósito de Dios y servir como canal de bendición e instrumento de salvación para sus casas, sus familias y sus comunidades.

El aceite era símbolo del Espíritu. Con la intervención de Cristo en nosotros, no solamente somos lavados en agua, vestidos con vestiduras sacerdotales y consagrados a Él, sino que el Señor comienza a provocar en nosotros una transformación que viene desde adentro hacia fuera.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 2 Corintios 5:17

Si todo es nuevo, ¿por qué te aferras a las experiencias del pasado? Esas solo sirven para detenerte. Si todo es nuevo, ¿por qué te niegas a renunciar a estilos de vida que te alejan de lo que el Señor tiene para ti? Si todo es nuevo, ¿por qué te conformas con una relación de “orillas” cuando Dios quiere que te sumerjas?

El llamado de Dios está sobre ti. Él te escogió para hacer una obra grande en tu país. No es otra persona, ¡eres tú! ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a seguir congelado o permitirás que el Señor ponga en ti amor, poder y dominio propio? ¿Permitirás que Él ponga en ti la sensatez que trae Su santidad? ¿Qué vas a hacer?

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • mARI
    3 Julio 2017 at 2:38 pm

    DE MUCHA BENDICION…

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