Corazón a la Deriva

Nuestro corazón debe estar en una firme relación con Cristo.

No es suficiente conocer la palabra del Señor, sino que también debemos evitar desviarnos de las verdades que hemos conocido.

Cuando preparaba este mensaje, mi hija me preguntó el significado de la palabra “deriva”. Esta fue una buena oportunidad para consultarlo en el diccionario, el cual la define de esta manera:

Deriva: (náutica) es el desvío de la trayectoria real (derrota) de una embarcación con respecto a la verdadera dirección de su proa (rumbo), debido a la corriente.

Hoy quiero hablarte del peligro de alejarse de tener una relación con Jesús; necesitamos serle fieles. Cuando nos apartamos de Jesús, nos quedamos a la deriva y nos desviamos de nuestro rumbo original.

Estaba leyendo acerca de una pareja que se encontraba de vacaciones y se subieron a unos inflables a la orilla del mar. El hombre se fue al agua a nadar y la mujer se quedó dormida en la orilla sobre uno de los inflables. Cuando despertó, se dio cuenta de que estaba ya prácticamente dentro del mar. No fue más que un descuido. “Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos desviemos de ellas” (Hebreos 2:1 NTV). Tú puedes conocer las verdades de Dios y aún así desviarte. No es suficiente conocer la palabra del Señor, sino que también debemos evitar desviarnos de las verdades que hemos conocido; tienes que tener cuidado de tu vida espiritual. Vivimos en un mundo en donde constantemente estamos siendo atacados y bombardeados para no tener una relación con Jesús. Todos estamos en una lucha por mantener una relación con el Señor y mantener esa relación no es fácil, no porque Dios ponga trabas, sino porque la carne, el mundo y la sociedad no tienen amor por Dios y nos alejan de Él. El mundo tiene cierta apariencia de alegría, pero todo es temporal. Jesús dijo que el camino que lleva a la vida tiene una puerta angosta y pocos pasan pero ella. Una relación con Jesús no es fácil en el mundo en el que vivimos y se requiere de personas determinadas a cuidar esa relación con Jesús, personas determinadas a pelearla a capa y espada. Nuestra relación con Jesús es la más importante porque de ella parte todo lo demás; es más importante que cualquier amistad o cualquier noviazgo. ¿Cómo está tu relación con Jesús?

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¿Por qué nos apartamos de Jesús?

  1. No Profundizamos

    Tu y yo no podemos superar momentos difíciles en nuestra vida si tenemos una relación superficial con Jesús. No es posible enfrentar la vida así; todos pasamos por momentos de desánimo y de tristeza. Algunos quieren tener una relación de chapoteadero con Jesús, una relación dominguera. Una relación superficial te llevará a una vida fría y seca; necesitamos profundizar.

  2. Lo Negamos

    ¿Cómo negamos a Jesús? Cuando el Señor te pide algo y no lo haces. También cuando sabes cuál es la voluntad de Dios y no la haces por escoger lo fácil. Cuando Dios te pide que le compartas a alguien y te entra el “espíritu de sordera”, también lo niegas. Negar a Jesús nos lleva a alejarnos de Él. ¿Has sentido esa vocecita que te dice, “Ponte a orar, ponte a leer la Biblia”? No, no es el Diablo; es el Espíritu Santo, el cual te anhela celosamente. Negarlo nos lleva a la deriva.

  3. Las Dificultades

    Las dificultades nos llevan a alejarnos de Jesús solamente cuando no estamos firmes en Él. Los problemas nos frustran y nos damos por vencidos, “¡Para qué oro!” (¡De todas maneras nunca orabas!). Muchos jóvenes se alejan de Jesús porque vinieron pruebas y tentaciones y las corriente se los llevó ya que su relación no era profunda.

  4. Las Decepciones

    “¡Todos son unos hipócritas!”. El mal testimonio de otra persona te afecta en tu relación con Jesús. ¿Cómo es posible? Muchos se decepcionan por lo que pasa en la vida de los demás, pero no puedes depender de eso porque todos cometemos errores; pero Jesús es perfecto, Él es Dios.

  5. Las Divisiones

    Hay gente que quiere influir negativamente en tu vida. ¡Cuidado con las personas que hacen comentarios de crítica, de murmuración o de juicio! Esos comentarios pueden tambalearte. Cuando tú tienes una relación firme en el Señor, puedes escuchar todo tipo de comentarios y, en lugar de dejarte llevar, defiendes la obra del Señor.

¿Cuál es la raíz del problema?

El verdadero problema o lo que realmente nos aparta del Señor, la raíz de todo problema, es el pecado. Cuando una persona no tiene temor de pecar, caemos en un serio problema; cuando no le llamamos pecado al pecado. No podemos pretender tener una relación con el Señor si seguimos practicando el pecado que lo llevó a la cruz, el pecado por el cual murió. Dios no condena el pecado, Dios lo perdona, pero solo si nos arrepentimos. “Tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre” (1 Juan 2:1). Si tú quieres una relación profunda con Dios, debes cortar con el pecado. La falta de arrepentimiento te aleja de tener esa relación. Arrepentirse es dejar, es decir “ya no”. Si un hombre golpea a su mujer, la mujer puede perdonarlo. Pero si, después, él la vuelve a golpear, ¿estará arrepentido? Tener remordimiento no es estar arrepentido. “El pecado ya no es más su amo” (Romanos 6:14). Todos tenemos cosas en nuestra vida en las que el pecado nos ha dominado. Debemos pedirle al Señor que nos revele en qué áreas debemos dejar cosas atrás para seguir avanzando y tener una relación más profunda con Él. Jesús ha vencido al pecado en la cruz, a nosotros nos toca aplicarlo en nuestras vidas.

Una relación cuesta trabajo

Platicaba con alguien acerca de cómo es una relación entre un hombre y una mujer. Comentaba que una relación no se da sola; una buena relación no crece espontáneamente. Crece porque se trabaja en esa relación, porque se está dispuesto a avanzar. Mi consejo para las parejas siempre es: Tener mucha comunicación. En la relación con Dios tenemos que encontrar lo que nos estorba a nosotros, porque a Dios nada le estorba. Los que necesitamos cambiar somos nosotros, no Dios. Dios nos amó y deseó iniciar una relación con nosotros. Él tomó la iniciativa, tomó el primer paso porque nuestro pecado no nos permitía tener una relación con Él pero lo borró a través de Jesucristo. ¿Qué cosas estás permitiendo en tu vida? ¿Qué pecados estás apapachando? Muchos buscan a Dios esperando recibir pero sin pensar en qué podemos ofrecerle, sin pensar en qué es lo que Él quiere y piensan que así se puede llevar una relación. Es un engaño, no puedes ver la vida con Dios así.

¿Cuáles son las consecuencias de enfriarnos en nuestra relación con Dios?

  1. Dejamos de crecer

    ¿Fuiste el primero de la fila durante toda la primaria? Yo miraba siempre hacia atrás y me asustaba. Espiritualmente, Dios no quiere que seamos enanos. Dios quiere que crezcamos, que maduremos. La madurez no está en la edad; no te vuelves más maduro mientras cumples años. Conozco hombres de cincuenta que actúan como niñitos y chavos de quince más maduros que algunos adultos. La madurez viene de la relación con Dios, pero no podemos crecer si rechazamos la relación. Si intentamos llevar una relación superficial, tarde que temprano te llevará la corriente. Si no profundizamos, perderemos el rumbo.

  2. Dejamos de experimentar la gracia de Dios y Sus bendiciones

    La bendición de Dios es Su aprobación. “Aquél se apartó de Dios y ahora le va mejor”. Pues, si le quieres seguir el caminito, dále. El que le vaya mejor humanamente no quiere decir que Dios lo apruebe. La bendición es la aprobación de Dios, no la del hombre. “La bendición del Señor enriquece a una persona y él no añade ninguna tristeza” (Proverbios 10:22).

  3. Dejamos de vivir la vida de Dios

    Cuando nos alejamos de Dios, dejamos de hacer lo correcto. Dejamos de orar, de adorar, de buscar a Dios. Cuando andas bien prendido, andas cantando alabanzas en la calle con audífonos y no te importa; andas con todo. Pero, nada más te empiezas a enfriar y empiezas de nuevo a meter esas rolitas que te hacen regresar al pasado y haces a un lado los hábitos de Dios. Dejas de orar por los alimentos, ya ni llegas a tiempo a la iglesia, dejas de buscar a otros amigos cristianos, te empiezas a aislar. Esa es la estrategia del Diablo porque alejándote es cómo logra ahogarte.

¿Qué podemos hacer?

Reconocer. Si te sientes medio frión, primero hay que reconocer que no puedes vivir apartado de Dios. “Separados de mí, no pueden hacer nada” (Juan 15:5). Tienes que reconocer que estás lejos y que necesitas ayuda. Tienes que reconocer que te falta “punch”, que te falta el fuego. Recuerda que la clave no es lo que sientes, sino lo que haces. Nuestra fe es por nuestras obras. “¿Cómo me mostrarás tu fe si no haces buenas acciones? Yo les mostraré mi fe con mis buenas acciones” (Santiago 2:18). No ganamos la salvación por nuestras obras, pero las obras son las que dan testimonio de nuestra fe. No se trata de si “hoy me siento súper cristiano”. Analiza lo que estás haciendo; si tus acciones no demuestran tu relación con Dios, hay que hacer algo al respecto. Si te pregunto cuando fue el momento más apasionado en tu vida cristiana y te tienes que remontar al pasado, algo está mal. La respuesta debería ser: “Hoy. Mi momento más apasionado en mi relación con Cristo es hoy”. Si ya no sientes ganas de orar, ponte a orar, sin importar que no sientas ganas. Sé constante y eso traerá una chispa. No puedes vivir con el airecito de los domingos para que no se apague tu llama el resto de la semana. Debemos mantener el fuego siempre encendido; necesitamos aceite en nuestras vidas. En el templo siempre había fuego; el aceite representa la presencia de Dios en nuestra vida. Necesitamos su presencia en nuestro corazón.

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Viviendo en Cristo
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