Discípulo

Decirse cristiano no significa en realidad ser un discípulo

Aquí hay 5 puntos que todo discípulo debe saber

¿Sabías que la palabra “cristiano” es mencionada solo 3 veces en la Biblia? Según Lucas, fue en Antioquía donde por primera vez usaron este término para referirse a los seguidores de Jesús. No fueron los cristianos quienes se auto denominaron de esta manera, sino que recibieron ese nombre por parte de la demás gente. ¿Sabes por qué? Porque aunque pertenecían a regiones o etnias distintas, todos tenían en común a Cristo. Esos cristianos reflejaban en sus vidas a Jesucristo de tal manera que otras personas no creyentes se vieron en la necesidad de darles un nombre que los distinguiera. Entendían lo que era ser discípulo.

Jesús no usó la palabra “cristiano”, sino “discípulo”. Un discípulo, no es sólo un alumno que atiende a clase, aprende cosas y ya. Más bien es alguien que es influenciado por la vida de su maestro a tal grado que su propia vida es transformada en semejanza a la de él. Ser discípulo significa seguir a tu maestro, permitiendo que su vida impacte la tuya y comenzar a vivir como él.

¿Entiendes a lo que te llamó el Señor? ¿Te has preguntado por qué te tocó, o para qué te alcanzó? De la misma manera que llamó a los doce, Jesús te ha llamado a seguirlo y ser transformado.


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5 cosas que todo discípulo debe conocer

1. El Señor nos llamó para enviarnos.

(Lucas. 9:1-6 RVR1960)

Si solo estás pensando en ti, en lo que esperas recibir de Dios y de los miembros de la iglesia, en cómo te gustaría ser tratado, y todos tus pensamientos giran en torno a ti, algo está mal en tu corazón porque lo que el Señor desea es usarnos. Si estás leyendo este artículo, crees en Jesús y quieres seguirlo, tienes que estar dispuesto a ser enviado a servirle. Hay una idea equivocada de que el ministerio o servicio es algo reservado para el pastor, o los líderes de la iglesia; Dios nos llama a todos a ser útiles para la obra.

Ocuparte en un ministerio significa buscar cómo bendecir y tocar las vidas de las personas alrededor nuestro. Puedes comenzar por reconocer en tu trabajo, en tu colonia, en tu escuela o tal vez hasta en tu casa quienes no conocen al Señor y necesitan una palabra de bendición. Ora por ellos y hazles saber que Jesús los ama.

Qué impresionante es que no solo Jesús envía a los discípulos, sino que les da poder y autoridad. Poder es la habilidad de hacer algo y autoridad es el derecho de hacerlo. Nosotros no servimos en nuestras fuerzas, en vez de eso, Dios quiere respaldarnos con Su poder y Su autoridad; antes de ascender dijo “me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, por tanto vayan y hagan discípulos”.

En Cristo tienes un propósito eterno.

Si sientes que no tienes un propósito en la tierra, es hora de que despiertes al llamado. En Cristo tienes un propósito eterno. En la tierra hay sólo dos cosas eternas: la Palabra de Dios y las almas de la humanidad. Lo que Dios nos ha comisionado es llevar la Palabra eterna a las almas eternas.

Tú por ti mismo no tienes el poder para tocar el corazón de una persona, tampoco para sanar enfermos solo con imponerles las manos, pero Jesús es aquel que venció al mundo y te ha dado esa autoridad y poder.

Es interesante que el Señor nos dice que no llevemos nada para el camino. Se refería a las cosas que uno típicamente cargaba para un viaje. Es Su manera de decirnos “ve ligero, no te aferres a las situaciones en la vida para que no te distraigan de tu propósito”. Necesitamos mantener un corazón ligero, cuya prioridad sea servir al Señor, y no se afane con las cosas que se presentan entre domingo y domingo. No te afanes con los problemas del trabajo o la escuela, no sea que olvides que tienes un supremo llamado a servir al Señor ahí donde tú estás.

2. Un discípulo toma tiempo para cargar baterías.

Hay veces en que te sientes con todo. Sales de un congreso o un tiempo especial con Jesús y hasta quieres decirle “Señor, mándame a Afganistán”. En cambio también hay ocasiones en que andas tirando la toalla. Un discípulo del Señor entiende que va a haber esos días y que entonces es tiempo de recargar energías. ¿Cómo andas ahorita?

“Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto” Marco 6:30-32

Jesús mismo era quien les invitaba esos tiempos de descanso, los tomaba y apartaba a tener un buen tiempo a solas con Él. Esa batería no se recarga yendo al cine, tomándote unas vacaciones o durmiendo todo el día, sino pasando un tiempo de intimidad con el Señor, hablando con Él y permitiendo que te ministre.


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3. Tiene claro quién es Jesús.

¿Quién es Jesús para ti? La manera en que lo sigas depende mucho de tu respuesta. De hecho esto determina todo: tus decisiones, pensamientos, acciones, todo.

“Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios” (Lucas 9:18-20).

Después de escuchar lo que la gente pensaba, inquiere por lo que sus discípulos pensaban. Jesús no estaba cuestionando a cualquier persona que iba pasando, ni a la multitud de gente, sino a los hombres que escogió para acompañarlo, a quienes pasaban todo su tiempo con Él. En este contexto, parecería que la pregunta está de más, ¿no? Uno pensaría que si estaban siempre con Él, mínimo sabían quién era. Lo que Jesús quiere decir es equivalente a un moderno “sí, tú me sigues, estás conmigo, vas a la iglesia, vas a retiros pero, ¿quién soy yo para ti?” Y entonces Pedro le contesta: “Tú eres el Cristo”.

Un verdadero discípulo depende de lo que cree que es Jesús. ¿Quién es Jesús para ti?

Una de las amenazas del día de hoy para la iglesia es el pluralismo, el pensar que toda idea debe ser respetada y aceptada porque cada quien tiene una manera de pensar y por lo tanto, una verdad, y si alguien la contradice, se convierte en un intolerante. El problema es que confesar que cada quien puede tener su verdad se traduce en que la verdad es relativa. Si nos dejamos llevar por eso, sería como decir que Jesucristo es sólo una de esas verdades relativas, pero ese no es el nivel de cristianismo que Él quiere que vivamos. Jesús dijo “Yo soy la verdad”, no dijo tener la verdad o saber la verdad, sino que Él es.

Quiero aclarar que no se trata de entrar en pleito con nadie, porque el mismo Jesús nos ha llamado a amar a todos. Pero no dejaremos de declarar que Jesús es el Cristo, Él es el Camino, la Verdad y la Vida. La Verdad no es una cosa, sino una persona y es Jesucristo. Cuando Jesús es para ti la verdad, todo en tu vida se alinea con esto.  

“Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Mateo 16:17

Jesús le contesta a Pedro “¡Bienaventurado!”, que quiere decir bendecido en gran manera, porque como manifiesta a continuación, la única manera de conocer quién es Él es mediante una revelación del Padre. No puedes estar neutral creyendo a veces sí y a veces no, o a conveniencia; o es tu Dios, o no.


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4. Ve la vida de una manera nueva y diferente.

Somos llamados a vivir de una manera distinta a la del mundo, no a tratar de agradar sino al Señor y a vivir para Él.

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles” (Lucas 9:23-26).

Deja de confiar en ti mismo, pues Dios quiere que dependas de Su sabiduría eterna.

Con esto Jesús quiere decir que al nosotros querer tomar el control echaremos a perder nuestra vida en cosas vanas, Él en cambio, puede lograr cosas gloriosas si renunciamos a la idea de ser independientes de toda autoridad y aceptamos que no podemos y  no sabemos cómo llevar nuestra vida. Deja de confiar en ti mismo, pues Dios quiere que dependas de Su sabiduría eterna.

El deseo de ser independientes no es de Dios. Él quiere que pertenezcas a Su cuerpo, sujeto a autoridad. Tus padres son autoridad que Dios pone sobre ti, hónralos para que te vaya bien y en tanto te sea posible, permanece en su casa hasta que te cases. Abstente de hacer lo que tú quieras de tu vida, la Palabra dice en 1 Corintios 6:19-20: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Al aceptar ser de Dios renuncias a ser de ti mismo. No te perteneces, sino que Dios te compró y la moneda que usó para pagar por ti fue la sangre de Su Hijo.

Jesucristo murió físicamente en una cruz. Pero antes, moría diario a sus propios deseos y hacía la voluntad del Padre. Eso es cargar la cruz, vivir para Dios. La cruz no es un evento en la historia, ni significa soportar a tu jefe o a tu suegra. Cargar la cruz es un estilo de vida que implica abandonar nuestros propios deseos y sujetarnos a la autoridad del Padre.

Seguir a Jesús implica obediencia más allá de una emoción, más allá de un momento que sentiste algo bonito durante una prédica; es hacer lo que Dios quiere. Esto choca con lo que el mundo dice: piensa en ti, moldea tu destino. Pero si no sabemos ni moldear nuestro presente, ¡ni qué hablar de nuestro destino!

Llegará el día en que salvar tu vida en la tierra significará negar tu fe. Dice Jesús que el que quiera salvar su vida la perderá. ¿Estás listo para seguirlo aunque te cueste la vida?

5. Hay un costo que pagar.

“Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:57-62).

Las palabras que tienen en común los hombres que se le acercaron a Jesús queriendo seguirlo fueron “déjame primero”. Todos ellos tenían otras cosas que ponían antes que al Señor y por eso Jesús al final les dice no ser aptos para ser discípulos.

O te entregas o no, o le sirves a Dios o no. Darle prioridad a nuestro compromiso con Dios cuesta incomodidad, amar a gente difícil, dar hasta que duela, dar tu tiempo y recursos, no caerle bien a todos, ser rechazado, llegar a sentir que no hay nada para ti, que no tienes algo que sea tuyo. Cuesta morir para que Él viva.

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3.13-14). No vuelvas atrás ni para agarrar vuelo. Si vas a voltear, que sea para cuidarte de lo que ya superaste, y no volver a caer en lo mismo.

Este no es un mensaje popular, pero es la verdad. Nosotros fuimos llamados a seguirlo, a ser discípulos, a amarlo y vivir para Él buscando Su aprobación, no la del mundo.

Busca ser transformado por Dios, no te pierdas la oportunidad de vivir una vida que refleje tan fielmente a tu Maestro que la gente alrededor tuyo sepa que eres un verdadero discípulo de Jesús.

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Viviendo en Cristo
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