Cristianos Que Cojean

¿Estás dispuesto a ser marcado?

¿Te imaginas jugar a las luchitas con Dios? Jacob lo hizo y terminó cojeando.

Estaba leyendo la historia de un pastor que salió al patio de su casa para bajar a su gato el cual se había subido a un árbol. Hizo de todo para llamar la atención del felino, pero este no le hacía caso. Al darse cuenta de que el árbol no era muy fuerte, decidió atarlo de una soga a su camioneta para jalarlo y así inclinar las ramas. Después de mover el vehículo, regresó al árbol el cual se encontraba ya un tanto doblado. Cuando estaba a punto de alcanzar al gato, la soga se reventó, catapultando al animal por el aire. El pastor, por más que buscaba, no logró ver dónde cayó y lo dio por perdido. Tres días después, el pastor ve en el supermercado a una mujer de la iglesia la cual, él sabía, no tenía mascota y odiaba a los gatos. Ella estaba comprando, precisamente, comida para gato. El pastor le preguntó por qué llevaba ese producto, a lo que ella contestó que su hija le insistía tanto que tuvieran un gato que decidió pedirle uno a Dios. La mujer dio testimonio de cómo su oración fue milagrosamente contestada, “Yo vi, pastor, cómo cayó un gato del cielo”.


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Hay momentos de nuestra vida donde necesitamos nuevos comienzos para alcanzar cosas mayores. En la historia anterior, el Pastor tuvo un nuevo comienzo sin gato, la hermana aceptando una mascota, la niña con gato nuevo y hasta el gato comenzó una nueva vida con su nueva ama. ¿Has pasado por momentos en los que sabes que necesitas hacer algo distinto para seguir avanzando?

Me gusta mucho jugar a las luchitas con mi hijo Raúl. Lo lanzo a las almohadas en la cama y le doy golpecitos. En ocasiones, él me pega fuerte pero al final siempre me dejo ganar. Lo hago porque nos divertimos y él siente que lo amo porque estamos pasando tiempo juntos. ¿Te imaginas jugar a las luchitas con Dios? Jacob lo hizo y terminó cojeando.

Para el pueblo judío era costumbre que el hijo mayor recibiera la bendición de la primogenitura de parte de su padre. El hijo hombre mayor era el responsable del resto de los hermanos, el que continuaría con la herencia familiar. Esaú, malamente, menospreció su primogenitura.

A Jacob le gustaba estar en las tiendas (no, no se iba de shopping). En aquellos tiempos la gente vivía en tiendas; a Jacob le gustaba estar en casa. Un día que Esaú tenía hambre, su hermano le ofreció un plato de comida a cambio de su bendición y lo obligó a hacer un juramento.

Jacob obtuvo la primogenitura ilegítimamente. Él vistió una piel de animal para que su padre, que ya no veía bien, pensara que era su hermano el cual era muy velludo. Su padre lo bendijo a final de cuentas, quizás lo acreditó por el olor a animal. Fue por eso que Esaú quedó profundamente amargado.

Jacob tuvo que huir toda su vida para que su hermano no lo matara pero cierto día se encontraron nuevamente. Fue antes de eso que Jacob luchó con Dios. “Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer” (Génesis 32:24 NTV). ¿Por qué?

Era una experiencia necesaria

Tal vez tú y yo somos cristianos, vamos a la iglesia y sabemos muchas cosas de Dios pero en el fondo a pesar de todo eso necesitamos un encuentro fuerte con Dios.

Jacob no empezó la pelea. La Biblia no nos da mucho detalles, sólo nos dice que apareció un hombre cuando él estaba solo en la madrugada mientras descansaba. Este hombre salió al encuentro con él. Jacob descubrió que no se trataba de un hombre cualquiera, era Dios.

Jacob necesitaba de este encuentro con Dios. No sabemos por qué Dios lo hizo de esta manera. Lo que sí sabemos es que lo quiso hacer, Él quiso tener esta luchita con él.

Esto nos habla de que Dios quiere involucrarse en nuestra vida. Una vez que conocemos de Dios, ya no podemos vivir nuestra vida sin Su intervención. Tú sabes, aunque estés alejado, que no puedes sacar a Dios de tu vida; necesitas Su presencia porque has probado de Su palabra.

Jacob necesitaba una experiencia fuerte porque al día siguiente se enfrentaría a su hermano. Algo con lo que Jacob cargaba en su corazón era con el hecho de que él no había sido bendecido legítimamente.

Tal vez tú y yo somos cristianos, vamos a la iglesia y sabemos muchas cosas de Dios pero en el fondo a pesar de todo eso necesitamos un encuentro fuerte con Dios. Porque hay cosas que todavía están en nuestro corazón que no están conquistadas, deseos y pensamientos que aún no han sido vencidos. Nos sentimos como cristianos ilegítimos y necesitamos un encuentro con Dios para ser bendecidos.

Jacob estaba cansado de huir y de pretender. No hay cosa más dolorosa que estar fingiendo. Cuando Jacob se da cuenta de que aquél hombre era Dios, él toma una actitud: No te voy a soltar. ¿Tú crees que Jacob podía vencerlo? Dios, como Padre amoroso, se estaba dejando. De hecho, con tocarle a Jacob un tendón de su cadera lo marcó para siempre.

El hombre le pedía que lo dejara ir, pero Jacob no lo dejaba. El nombre de Jacob significa, literalmente, sostenido por un talón. Le pusieron ese hombre por el modo en que nació, colgado a su hermano. Desde recién nacido fue marcado como usurpador. Vivía en una pretensión, siendo alguien quien no era. Jacob quería un toque de Dios, una experiencia auténtica.

Era una experiencia que lo humillaría

Llegamos a un punto en nuestra vida en el que necesitamos pasar por situaciones que nos humillan para eliminar nuestro orgullo y reconocer que no podemos solos y que necesitamos de Dios.

Jacob necesitaba ser marcado por Dios; necesitaba una experiencia de humillación. “Luego el hombre le dijo: —¡Déjame ir, pues ya amanece! —No te dejaré ir a menos que me bendigas —le dijo Jacob” (Génesis 32:26). Jacob sabía que se trataba de Dios y por eso pedía Su bendición.

Dios dejó que Jacob ganara así como yo dejo ganar a mi hijo. Si me decidiera a luchar de verdad contra él, lo mataría. Jacob se daba cuenta de la fuerza de este hombre y de que él no le hacía daño. Él sabía que tenía una oportunidad. Ahí vio Dios el momento para marcar a Jacob. La marca que le dejó fue un recordatorio de que ya no podía depender de su fuerza o su inteligencia sino que ahora dependería de la bendición que había recibido.

¿Por qué te digo esto? Porque llegamos a un punto en nuestra vida en el que necesitamos pasar por situaciones que nos humillan para eliminar nuestro orgullo y reconocer que no podemos solos y que necesitamos de Dios. Él lo permite porque quizás de otro modo no lo buscaríamos. La mayoría de los que hemos venido a Cristo hemos llegado en un momento de crisis. De esta manera reconocemos que todo lo que somos y lo que tenemos es gracias a Él.


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Era una experiencia que le cambiaría la vida

Estamos dispuestos a ser bendecidos por Dios, pero, ¿estamos dispuestos a ser marcados por Él?

Jacob recibió un nombre nuevo. Toda la vida fue “el usurpador”, “el tranza”, “el que robó”. Llevaba toda una vida como alguien que poseía algo que no le pertenecía. No solamente recibió la bendición por la que clamó, sino que recibió un nuevo nombre: Israel. Este nombre significa “el príncipe de Dios”.

Dios borró la carga con la que vivía al traerle una nueva etapa, un verdadero toque. Jacob recibió una nueva vida. ¡Por fin podría regresar a casa bendecido! El problema era que ahora iba al encuentro de Esaú. Quizás él pudo haber pensado que Esaú lo mataría, pero ahora tenía una nueva actitud. Como cuando sales de la iglesia bien emocionado y diciéndole a los problemas: ¡quítense que ahí les voy! La realidad es que al momento de encontrarse con Esaú, él lo perdona y todo queda olvidado. Pero todo esto tuvo un precio.

Estamos dispuestos a ser bendecidos por Dios, pero, ¿estamos dispuestos a ser marcados por Él? Nada de esto hubiera sucedido si Jacob no hubiera persistido. ¿Hay cosas en tu vida por las cuales necesitas luchar con Dios? Quizás tengas cosas por las cuales tengas que pedir a Dios que te marque. Quizás implique que cambies tu actitud, que cambies tu administración del tiempo, que quites cosas de tu vida o dejes alguna relación. Con tal de ser bendecido y dejar de vivir una pretensión, ¿estás dispuesto a ser tocado por Dios? ¿Estás dispuesto a cojear y depender del Señor?

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Viviendo en Cristo
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