Fe

Cuando Tu Mundo Se Desploma, Necesitas Fe

¿En quién estás confiando?

“Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios” Hebreos 12:1-2 NTV

¿Qué es la fe? Según el autor de Hebreos, es “la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver”. (Hebreos 11:1) La fe es una convicción profunda. Es la acción de creer como resultado de la confianza que tenemos en que algo es verdad.

La forma en que veas al mundo y vivas tu vida depende de tu fe. Solo piénsalo: ¿en dónde pones tu confianza? ¿En tus capacidades y talentos? ¿En tus circunstancias o en el destino? ¿En la gente? ¿Has puesto tu fe en Dios?

Nuestra fe es importante porque es lo que inunda nuestra vida de propósito. Comenzamos a reconocer nuestro propósito en la vida cuando decidimos poner nuestra fe en Jesús, y al mismo tiempo experimentamos una paz interna y profunda que solo proviene de la única fuente confiable que es Cristo.


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Digno de Confianza

Quizá hayas pasado por momentos en que te preguntes: “¿Puedo confiar en Dios?” La vida de nadie está exenta de eventos inesperados que a veces pueden desanimarnos. La muerte de un ser querido, un despido injustificado, un problema familiar, una enfermedad. Tal vez ahora mismo pienses que Dios te ha abandonado. Tu fe ha sido sacudida. No te sientas mal por ello, a muchos nos ha pasado, y puedo decirte que no estás solo.

En Lucas 7:18-27 vemos a Juan el Bautista atravesando un tiempo de dudas mientras estaba en prisión. Él fue quien en otro tiempo declaró con firmeza cuando vio a Jesús viniendo a él: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29) Pero ahora encerrado, su fe fallaba y envió a sus discípulos a preguntarle a Jesús: “¿Eres tú el que había de venir o esperamos a otro?”

Una cosa es saber de Dios y de Sus caminos, pero confiar en fe en Él es otra. Es normal tener momentos en que no podemos comprender por qué Dios hace las cosas de la manera en que las hace, sin embargo Su voluntad es que confíes en Él y sepas que Él hará las cosas mejor de lo que puedas imaginar.

Él es nuestro Creador y nuestro Padre Celestial y tiene un plan eterno en mente, del cual nosotros solo vemos una pequeña parte: la nuestra, mientras Dios lo conoce todo, ¡y en detalle!

“Ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes, pero luego veremos todo con perfecta claridad. Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente.” 1a Corintios 13:12


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Dios lo Dejó Muy Claro

¿Has conocido personas que parece que quieren que les adivines el pensamiento? Como un jefe al que nada le satisface y no te da pistas para hacer mejor tu trabajo, o esa chica especial que nunca sabe de qué tiene antojo a la hora de la cena. Bien, pues con Dios no es así. Él no nos dejó a nuestra imaginación ni Su carácter, ni lo que quiere de nosotros, ni lo que le gusta o lo que no.

La Biblia revela la naturaleza de nuestro Señor. Vemos Su autoridad en la creación, Su poder en la liberación del pueblo de Israel en Egipto, Su paciencia se reveló cuando trató a Su pueblo en el desierto. La protección de Dios es evidente en el relato de Daniel en el pozo de los leones. Nos muestra Su gran amor en que envió a Su único Hijo, Jesús, para morir por nosotros. Su omnipotencia se revela en la resurrección. Y vemos Su provisión al enviarnos a Su Espíritu Santo para que viva en nosotros.

¿Conoces a Dios?

Además de numerosas declaraciones en la Biblia que nos muestran más del carácter de Dios:

  • Es bueno. “¡Den gracias al Señor, porque Él es bueno! Su fiel amor perdura para siempre”. (Salmo 118:1)
  • Es compasivo. “El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y está lleno de misericordia”. (Salmo 103:8)
  • Es justo. “El Señor da rectitud y hace justicia a los que son tratados injustamente”. (Salmo 103:6)
  • Es nuestro protector. “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad”. (Salmo 46:1)
  • Es nuestro ayudador. “En cuanto a mí, pobre y necesitado, por favor, Dios, ven pronto a socorrerme. Tú eres mi ayudador y mi salvador; oh Señor, no te demores”. (Salmo 70:5)
  • Es Todopoderoso. “¡Oh Señor Soberano! Hiciste los cielos y la tierra con tu mano fuerte y tu brazo poderoso. ¡Nada es demasiado difícil para ti!” (Jeremías 32:17)
  • Es fiel. “Pues nos ama con amor inagotable; la fidelidad del Señor permanece para siempre. ¡Alabado sea el Señor!” (Salmo 117:2)
  • Es perfecto. “El camino de Dios es perfecto. Todas las promesas de Dios demuestran ser verdaderas. Él es escudo para todos los que buscan su protección”. (Salmo 18:30)

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El Mundo Se Desploma

La fe en Dios es el ancla que nos mantiene firmes a través de las tormentas de la vida. Confiar en Él es tener la certeza de que lo que vivimos ahora es temporal y pasará, y que formamos parte de algo mayor. ¡Qué bendición es saber que nuestro Padre conoce el principio y el final de todas las cosas! Dios ve el panorama completo, nosotros vemos solo nuestras necesidades inmediatas. Cuando nuestras circunstancias en la vida sacuden nuestro corazón, nuestra fe en Dios es lo que nos permitirá descansar todo nuestro peso en Sus brazos amorosos.

La Fe Es Escencial

“Su fe la llevó a arriesgar su vida.”

¿Te has preguntado cómo puede ser que Rahab, una prostituta, sea recordada como una de los grandes de la Biblia y que haya sido injertada en el linaje de Jesucristo? Sencillo: ella fue una mujer con una firme fe en el único Dios verdadero.

Por si no lo recuerdas, en el libro de Josué se relata la historia de los espías israelitas que entraron a la ciudad de Jericó y encontraron un lugar para descansar en la casa de Rahab, quien prometió esconderlos si a cambio ellos protegían a su familia en la batalla entre su pueblo y los israelitas.

Rahab había escuchado las historias de las poderosas obras de Dios que, seguramente la hicieron temblar de miedo, pero también estimularon su fe y así pudo declarar: “El Señor su Dios es el Dios supremo arriba, en los cielos, y abajo, en la tierra”. (Josué 2:11) Su fe la llevó a arriesgar su vida y ocultar a los espías israelitas y ayudarlos a escapar de la ciudad a salvo. Pasado esto, los espías le dieron un cordón de grana para que lo pusiera en su ventana y que al acercarse los israelitas y verlo, Rahab y su casa fueran guardados durante la batalla.

A los ojos de Dios, lo que Rahab fue e hizo en el pasado no importaba ya, pues su fe en Él cambió el rumbo de su vida. No solo creyó Rahab, sino que actuó con base en esa fe, y esto la salvó en lo físico y en lo espiritual. Recordemos además que ella fue madre de Booz, quien fue bisabuelo del rey David, de cuyo linaje desciende nuestro Señor Jesús.

Grandes hombres y mujeres de fe han pasado por la vida antes que nosotros, quienes supieron mantener los ojos firmes en Jesús, a pesar de las situaciones que les tocó vivir.

Si Dios pudo tomar a una mujer como Rahab y levantarla como un gran ejemplo de fe, ¿qué podrá hacer contigo hoy?

 

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Crecimiento Espiritual
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