¿Perdiste a Jesús?

Aún puedes encontrar de nuevo la presencia de Dios.

Es una realidad que tú puedes estar sentado en la iglesia pero haber perdido la presencia de Dios.

¿Es posible que un cristiano pierda a Jesús en el camino? ¿Es posible que creas que vas caminando bien pero Jesús ya no va contigo? Quizás vas a la iglesia, cantas y participas en algún ministerio pero Jesús está lejos de ti. Es posible.

Todos queremos alcanzar y ver cosas mejores este año, queremos que nuestro año sea mejor y para eso necesitamos hacer cambios. Si quieres ver cosas que nunca has visto, tienes que hacer cosas que nunca has hecho. Es ilógico esperar ver cosas diferentes si sigues haciendo lo mismo.

No podemos esperar mejores resultados si seguimos haciendo lo mismo ni veremos cambios en nuestra vida si seguimos haciendo lo que está mal. Quizás haya cosas que debas dejar atrás y en tu caminar con el Señor te das cuenta de que no estás viviendo tu vida cristiana al nivel que deberías.

Quiero compartir contigo el momento en el que José y María perdieron a Jesús. Sucedió que, cuando Jesús tenía doce años, se le perdió a sus padres. Quiero hablarte de cómo encontrar a Jesús otra vez. Sí, es una realidad que tú puedes estar sentado en la iglesia pero ya no estar viviendo en el fuego y la pasión que había antes. Podemos tener el título de cristianos pero sin tener la presencia del Señor, sin el primer amor.


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Cuando la Biblia habla del primer amor siempre pensamos que se trata del amor más grande y apasionado pero la realidad es que el primer amor debe ser el más pequeño porque va creciendo cada día. Si tú crees que era antes cuando había fuego en tu corazón, la mala noticia es que has perdido a Jesús. La buena es que aún lo puedes encontrar.

¿Sigue Jesús contigo?

“Cada año, los padres de Jesús iban a Jerusalén para el festival de la Pascua. Cuando Jesús tenía doce años, asistieron al festival como siempre. Una vez terminada la celebración, emprendieron el regreso a Nazaret, pero Jesús se quedó en Jerusalén. Al principio, sus padres no se dieron cuenta, porque creyeron que estaba entre los otros viajeros; pero cuando se hizo de noche y no aparecía, comenzaron a buscarlo entre sus parientes y amigos” (Lucas 2:41 NTV).

¿Te imaginas cuando José y María se dieron cuenta de que se les había perdido Jesús? Ya sabían ellos quién era Jesús, sabían que era Dios mismo y que estaba bajo su cuidado. Sabían que eran responsables de eso y se les perdió. ¡Imagínate el sentimiento que tuvieron de que se les perdiera un hijo!

Recuerdo que una vez estaba con algunos jóvenes en un restaurante de comida rápida y también estaba mi hija, Sofía. Entre que la niña jugaba con una persona y después con otra, nos dimos cuenta de que ella ya no estaba. Buscamos por todos lados, en los juegos en los baños pero no salía. ¡Era una sensación espantosa! Resultó que estaba en uno de los toboganes de los juegos pero nadie se había asomado hasta allá. Sentir que pierdes un hijo es lo peor. No me imagino el dolor que tienen los que verdaderamente les ha sucedido esto.

Dios había encargado a Su Hijo a José y María porque Él venía con un propósito: Ser el Salvador de la humanidad. ¿Sabes que Dios ha depositado algo de mucho valor en ti? ¿Qué sientes cuando parece que lo has perdido? José y María no lo notaron; ya venían en el viaje. En aquellos tiempos viajaban en caravanas y no fue hasta mucho después que se dieron cuenta. No se trata de criticarlos, porque no hay padres perfectos, pero podemos aprender algo de esta historia: Si perdemos la presencia de Jesús es porque hubo un momento antes en que lo descuidamos.

José y María estaban tan preocupados y enfocados en su viaje de regreso a casa que no pusieron atención a Jesús. No estuvieron atentos de que Jesús estuviera con ellos a donde iba. Perdemos la presencia del Señor porque nos descuidamos. Nos concentramos tanto en nuestros deseos y en nuestros planes terrenales que no nos preguntamos si Jesús viene con nosotros.

“Este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre” (1 Juan 2:17).

Algunos dicen: “Yo pensé que esta relación era de Dios”. ¿Llevaste a Jesús? ¿Lo tomaste en cuenta? Podemos estar tan preocupados y ocupados en nuestras cosas que dejamos a Jesús atrás. Puedes estar buscando propósitos personales como obtener un trabajo, comprar algo, salir con alguien y estar tan enfocado en tu anhelo personal que no te das cuenta si Jesús sigue contigo o lo perdiste.

Estamos en una sociedad que nos bombardea, rodeados de distracciones. Estamos preocupados por las apariencias y lo que nuestros amigos piensan. Quizás te preocupa más la corriente de este mundo y el estándar que pide pero amar el mundo y las cosas del mundo no es de Dios. ¿En qué cosas te has aferrado que no son las cosas que Dios quiere para ti?

Algunos están endeudados por caprichos y después esperan que Dios les provea. La tecnología nos ayuda bastante pero también ofrece muchas distracciones. Viviendo en esta sociedad saturada de entretenimiento es muy difícil para un cristiano como tú y como yo recordar preguntarnos si Jesús aún está con nosotros. “Quiero hacer un viaje”. ¿Está Jesús en eso? “Quiero comprar esto”. ¿Está Jesús en eso? “Quiero casarme con esta persona”. ¿Está Jesús en eso?


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Detente

Una cosa es que hables a Jesús, que vayas a la iglesia y lleves una Biblia bajo el brazo y otra es que Dios esté verdaderamente presente en tu vida. Si ese es tu caso, lo primero que hacer es lo que hicieron José y María: Se detuvieron.

Si estás pasando por un tiempo de enfriamiento o si sabes que hay áreas de tu vida en las que no está Jesús, necesitas detenerte y hacer un análisis de tu vida espiritual y pensar qué has dejado de hacer. Tal vez el Espíritu te haga ver que has dejado de orar, que has dejado de adorarlo o que has dejado de buscar Su presencia.

¡Pon mucha atención! Este es el punto en el que mucho jóvenes tropiezan. Muchos empiezan a culpar a otros cuando ven que la presencia de Jesús ya no está en sus vidas. Dicen, “Es que en esa iglesia todos son unos hipócritas y falsos”. Esa es una actitud equivocada. ¿A quién le iban a reclamar José y María de perder a su hijo? Si tú quieres recuperar el fuego y el gozo en tu vida, debes reconocer en tu corazón que tú eres el que has dejado a Jesús en el camino.

Tal vez tienes que reconocer que no puedes dejar un deseo terrenal, que hay tentaciones en tu vida o que tienes temor al futuro. Tal vez quieres tener todo aunque no sea el tiempo de Dios o quizás hay dudas en tu corazón. Todos atravesamos por la duda pero la duda no es un buen lugar para quedarse. Tienes que hacer un alto y preguntarte si Jesús sigue contigo.

Salí a pasear con mi esposa y mis cuatro hijos a una plaza de la ciudad y, como ya es costumbre, estoy todo el tiempo viendo a todos lados, contando a los niños. “1,2,3,4…1,2,3,4” No quiero que se me pierda ninguno entre la gente. . ¿Por qué me preocupo de que no se pierdan? Por que los amo. ¡Cuánto más deberíamos estar siempre al pendiente de que Dios siga con nosotros!

Si José y María no hubieran hecho un alto, hubieran llegado a su destino sin Jesús. Y la búsqueda hubiera sido más difícil estando aún más lejos. El primer paso es reconocer que lo perdimos. Si ya te diste cuenta de que es así, que no hay fuego o que estás enfriándote, ¿qué haces?

Vuelve

No solamente seas honesto de que lo has perdido, también sé honesto para decir que lo amas y que lo necesitas.

José y María se preocuparon porque, aunque se descuidaron, eso no significaba que su amor por Jesús hubiera muerto. Es una realidad que a veces perdemos de vista a Jesús porque nos descuidamos pero el amor sigue ahí en el fondo. Tal vez hay solo una pequeña brasa o una chispa pero, si es así, todavía se puede avivar un fuego de pasión por Dios.

Es hermoso lo que José y María hicieron: Volvieron para buscarlo. ¡Tardaron tres día en encontrarlo! ¿Tú crees que andaban relajados mientras buscaban? ¿Tú crees que podían dormir? Han de haber estado desesperados por completo. Si tú sabes que has perdido a Jesús, necesitas buscarlo con todas tus fuerzas y con todo tu ser.

La realidad es que Jesús se había quedado atrás a propósito. No era como que se le hubiera ido la onda o que hubiera seguido el manto de otras personas que se parecían a José y María. Jesús estaba sentado en el templo con los maestros religiosos. “Sus padres no sabían qué pensar” (Lucas 2:48).

La respuesta de Jesús fue sorprendente: “¿Pero por qué tuvieron que buscarme?” (Lucas 2:49). Cuando perdemos a Jesús no sabemos dónde buscar. Buscamos en amistades y en cosas. Quieres sentir vida con experiencias y religiosidad. Te clavas en el trabajo y no te llena porque quieres llenar ese vacío con algo hueco. José y María buscaron en el camino y entre sus amigos. ¿Cómo puedo yo encontrar a Jesús? José y María hablaban en serio cuando decían que lo habían buscado por todas partes.

“¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi padre?” (Lucas 2:49). Hay un solo lugar donde podemos en encontrar a Jesús: en la presencia del Padre. Necesitamos meternos en su presencia, solamente ahí. En el Padre Nuestro, Jesús nos enseñó que nuestro Padre está en el cielo. Dios está en lo espiritual, no en lo de este mundo. Jesús dice que “Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado. Entonces, tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará” (Mateo 6:6). Jesús no está perdido, Él se quedó atrás a propósito. ¿Sabes para qué? Para hacerte reaccionar y hacerte entender que Su presencia es lo más importante. Asegúrate el día de hoy que en tu corazón arda esa brasa una vez más. Dile al Señor que quieres Su presencia. Si has perdido de vista a Jesús, aún estás a tiempo de reconocerlo, detenerte y volver para buscarlo y encontrarte con Él.

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