El Mayor Gozo: Dar

¿El dar es parte de tu vida diaria?

Si queremos experimentar un nuevo nivel de gozo y vivir al máximo, primero necesitamos conocer más a Dios y, segundo, tenemos que dejar el yo a un lado.

¿Cuántas veces hemos escuchado que “el que no tranza no avanza”? Vivimos en una sociedad que por todos lados nos está diciendo que busquemos nuestro beneficio, nuestra felicidad y, todo esto, sin considerar a otros. ¡Qué fácil y práctico se escucha eso! Pero no es así, para nada. Una de las piedritas (o piedrotas) que nos encontramos en nuestro intento de vivir “felices” es precisamente el egoísmo. Somos egoístas por naturaleza. Para empezar, aquí hay una buena y una mala noticia. La buena: Dios quiere lo mejor para ti. La mala: Es muy fácil caer en la trampa del egoísmo. ¿Podemos evitarlo? Claro que sí ¿Cómo? Dando. De acuerdo, tal vez suena más fácil de lo que es pero, cuando nosotros damos, no sólo evitamos esa trampa sino que experimentamos una felicidad que va más allá de este mundo a la cual le llamamos gozo. El gozo algo que ni siquiera te puedes imaginar. Si queremos vivir la vida al máximo, necesitamos vivir para dar. Tiene sentido, ¿no?

Nuestra generación es conocida como la generación del “yo” ¿te das cuenta hasta dónde hemos llegado? Lo peor del caso es que para nosotros ya es algo normal. No podemos ni siquiera darle el paso a un peatón o dejar que un automovilista se meta al carril porque explotamos y decimos cualquier cantidad de cosas en su contra (sí, claro que lo has hecho). Parece bastante rutinario ¿no? Pero todo esto contamina nuestras relaciones con la familia, amigos y también nuestra manera de relacionarnos y conocer a Dios. Mira a tu alrededor, date cuenta cómo viven algunas personas, muchos están 100% preocupados por ellos mismos. No se toman el tiempo de ver a otros. No les interesa ayudar. Ni siquiera escuchar lo que alguien más tiene que decir, solamente se centran en lo que ellos quieren y necesitan. Se preocupan por cómo se sienten ellos mismos y buscan siempre su beneficio sin importar nada más. ¿Eres tú uno de esos? Si buscamos la felicidad con una actitud egoísta solo nos vamos a condenar a una vida superficial, sin propósito y vacía porque por más cosas que podamos tener, nunca vamos a estar satisfechos.

Veamos, analiza tu día hasta ahora. ¿Qué has hecho por ayudar a alguien hoy? ¿A cuántas personas les has preguntado “cómo estás” con el sincero interés de escuchar? ¿Cuántos te han buscado hoy para pedir un consejo? ¿Cuántas palabras de ánimo has dado? ¿Te has puesto a pensar en algo tan simple como si a tu mamá le hace falta algo en la casa? Atrévete a romper esa rutina egoísta.

Si queremos experimentar un nuevo nivel de gozo y vivir al máximo, primero necesitamos conocer más a Dios y, segundo, tenemos que dejar el yo a un lado. Nos urge aprender a ser personas que dan y no sólo que reciben. Deja de pensar en ti mismo y en lo que otros pueden hacer por ti. Cambia el chip. piensa en lo que tú puedes hacer por otras personas. No estamos en este mundo para satisfacer nuestros deseos egoístas; estamos aquí para compartir, para dar a otros. Dios nos creó para eso, ese es Su propósito para tu vida. Vamos a vivir perdidos hasta que aprendamos que el propósito de Dios y el secreto para la verdadera felicidad es dar.

Fuimos creados para dar.

Tal vez ni siquiera te das cuenta de lo egoísta que es andar siempre pensando en tus propios problemas, en lo que tú necesitas, en lo que tú quieres, y no voltear a ver la necesidad que tiene otra persona. Te sorprenderías al ver que la necesidad está más cerca de lo que crees. Por ejemplo, cuando tienes un problema, una de las mejores cosas que puedes hacer es ayudar a alguien más a resolver el suyo. ¿Suena ilógico? Mira, te explico: si sembramos, vamos a cosechar. En términos más prácticos, cuando nosotros ayudamos a suplir la necesidad de otra persona, Dios se va a encargar de suplir las nuestras. Ahora suena mucho más lógico, ¿verdad? Además, ¿cómo sabes que Dios no te eligió a ti para suplir la necesidad de otras personas? Piénsalo.

Nosotros fuimos creados para dar y cuando lo hacemos, tenemos la seguridad de que Dios suple todas nuestras necesidades. Supongo que alguna vez te has sentido solo o triste y una buena solución sería que en esos momentos salgas y ayudes a otros que se sienten igual que tú. En este proceso vas a encontrar un propósito y muy probablemente Dios te muestre una solución. Recuerda que para cosechar debemos sembrar primero. Ahora, tal vez piensas, “no tengo nada que dar.” Pero incluso una palabra de ánimo, una sonrisa o un abrazo es dar algo. “Alguien tiene lo que tú buscas, alguien busca lo que tú tienes.” De acuerdo, ese es un slogan viejo de Mercado Libre pero ¡es verdad!

Extendamos un abrazo rescatador.

Alguien puede necesitar hoy un abrazo o alguna muestra de afecto. Necesitamos ser más conscientes de lo que pasa alrededor. Hoy, por ejemplo, fui a comer con Mamá a un restaurante, cuando se acerca una señorita para ofrecernos llenar una encuesta. La verdad no me gusta hacerlo pero entiendo que es su trabajo y accedí. Mi mamá hizo una simple pregunta, “¿Cuánto tiempo tiene trabajando aquí?” Algo tan sencillo desencadenó una conversación de cerca de veinte minutos con ella. Tal vez no le dimos ningún consejo, tal vez ni siquiera le dimos la propina a ella porque no era la mesera, simplemente la escuchamos y eso ayudó a suplir una necesidad en su vida: ella quería ser escuchada. Si dejamos de ser egoístas y buscamos ayudar o aportar algo, es seguro que Dios hará por nosotros más de lo que podríamos esperar. No porque nosotros merezcamos todo; (realmente no merecemos nada) sino porque Dios te ama a ti y ama también a Su palabra.

Nuestro enfoque debe ser cómo ayudar.

Qué fácil es ser criticón, ¿verdad? De hecho es mucho más sencillo ver las fallas de otros que las nuestras. Es más fácil señalar cuando alguien no cumple con nuestras expectativas o no nos beneficia; sin embargo, cuando la vida solo gira alrededor de nosotros, estamos estorbando. ¿Sabías eso? Dios muchas veces quiere ayudar a otros a través de nuestras vidas y no nos dejamos. Ahí es uno quien se pierde de la bendición y también se lleva de encuentro a la otra persona. “Adviértanse unos a otros todos los días mientras dure ese «hoy», para que ninguno sea engañado por el pecado y se endurezca contra Dios” (Hebreos 3:13 NTV).  Dios dice que debemos animarnos y corregirnos cuando nos equivocamos. Pero, ¡espérate! No dice que lo hagamos en mala onda. De hecho dice que lo hagamos con mucho amor y con la intención de crecer y mejorar, así que debemos ser cuidadosos con nuestras palabras y también aceptar críticas constructivas. El enfoque siempre debe ser el siguiente: ser una bendición para otros.

Sabemos que a Dios no se le escapa nada. Él es bueno, es fiel y también es justo. Él mismo nos enseña que cuando nosotros ayudamos a otros, cuando hacemos algo por aquellas personas que están sufriendo, Dios no permanece ajeno. Por el contrario, se encarga de suplir tus necesidades. Insisto, no lo hace porque seamos santos. ¡Para nada! Lo hace porque Él es Dios y conoce nuestras necesidades. Él puede hacer milagros a través de un corazón bondadoso.

Si tú ya no lo usas, ¡que alguien más le saque provecho!

Vamos a ver. Si ahorita te metieras a revisar tu armario, ¿cuántas cosas encontrarías ahí que ya no estás usando? ¡Imagínate si revisas toda tu casa! ¿Sabes qué se recomienda hacer con esas cosas? ¡Regalarlas! Es muy sencillo. Si tú ya no las usas o ya no te sirven pues que alguien más las aproveche. Puede ser que otra persona sí las necesite. ¿Ves? Se trata de cambiar toda nuestra manera de pensar. Reemplazar el “¿qué necesito?” por el “¿qué necesitan?”

Lo que das, recibes.

Dar más para recibir más.  Al mundo en general le encanta llamarlo “karma” pero te voy a decir una cosa, eso no es karma (de hecho ni siquiera existe), es un principio espiritual. ¿Qué es eso? Pues es algo que Dios nos muestra y nos enseña (de hecho viene en la Biblia), es algo real y verdadero porque viene de Dios. “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” (Gálatas 6:7). En otras palabras, si tú sabes dar amor, por consecuencia, vas a recibir amor.

Vamos a dar.

“Si ayudas al pobre, le prestas al Señor, ¡y él te lo pagará!” (Proverbios. 19:17). Cuando comiences a dar, te vas a sorprender de todas las cosas que Dios te va a enseñar. No necesitas ser millonario para dar; con lo que tienes es suficiente. Si nosotros sabemos cuidar y dar de lo que tenemos, Dios va a confiarnos cada vez más (eso es todavía más responsabilidad). ¿Qué esperas? ¡Vamos a dar!

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Crecimiento Espiritual
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