Gigantes

Derriba a Tu Gigante

Puedes vencerlo, pero necesitas ayuda.

¿Alguna vez has enfrentado una situación tan difícil que no ves la manera de salir de ella? ¿Alguna vez te has sentido como frente a un gigante al que no sabes cómo derrotar? ¿Has perdido el ánimo o incluso las ganas de luchar? Yo creo que todos en algún momento de nuestras vidas hemos estado ahí. David se enfrentó a Goliat, el gigante, (1 Samuel 17:1-51 RVR1960). En esta historia podemos encontrar varias enseñanzas. ¿Estás listo?


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Identifica a tu gigante

La historia nos cuenta que los filisteos llegaron al punto de batalla a enfrentarse contra el ejército de Israel y entre sus hombres se encontraba Goliat. Era un temible gigante que día y noche, desde los campamentos filisteos, lanzaba amenazas a los israelitas y los atemorizaba. ¡Un sólo hombre atemorizaba a todo un ejército! Por esta razón los israelitas no se atrevían a avanzar contra el enemigo. Tenían miedo.

Puede que en tu vida estés atravesando una situación que quiere presentarse a ti como gigante.

Todos tenemos uno o varios gigantes, algo que no hemos podido superar o quitar del corazón y nos mantiene paralizados, sin poder avanzar. La falta de trabajo, deudas o alguna preocupación económica, una enfermedad, un pecado, rechazo, abandono, temores del pasado, angustia por el futuro, un pensamiento con el que estás batallando. Tal vez estás viviendo con algo que te está quitando la paz y te trae desánimo.

¿Hay algún gigante en tu vida? ¿Algo que parece ser muy fuerte, grande o que no tiene fin? Vamos a repasar cómo fue que David venció a Goliat. ¡Presta atención! Dios quiere que aprendamos a vencer sobre nuestros propios gigantes.

¡Imagina qué tanto les gritaría Goliat a los israelitas! La Biblia indica que los retaba y se burlaba de ellos, no especifica cómo, pero yo creo que les diría cosas como “¡Cobardes! ¡No pueden contra mí! ¡Son demasiado débiles!” Esta es exactamente la manera en la que Satanás obra en contra tuya en tu mente y en tu corazón, y esas son las armas que usa para destruir la vida de Dios en ti.

¿Cómo vas a pelear?

Todos estos ataques a la larga te moldean para que te conformes con una vida limitada, derrotada, mediocre, cuando en cambio Dios quiere que gocemos de una vida plena.

Esta es una guerra real y si no levantas la guardia, identificas esos gritos y cortas con ellos siempre vas a estar escondido en la trinchera. Tienes que desenmascarar al enemigo, tienes que identificarlo.

Sé lo intimidante que puede ser al estar en la batalla, pero también sé que la gracia y el amor de Dios son tan grandes que no existe nada que no alcancen a cubrir. La obra de Jesús en la cruz es poderosa para sanar, transformar y para darte una nueva vida en Cristo con un nuevo corazón.


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A continuación te presento 5 acciones sencillas (pero que tenemos que hacer) que realizó David para tener victoria sobre el gigante.

1. Necesitas la fuerza de Dios

Humanamente David no habría podido vencer. Todas las probabilidades estaban del lado de Goliat y yo creo que si esa batalla hubiera ocurrido en el coliseo romano frente a una multitud de espectadores, todos habrían apostado por el gigante. Pero Dios apostó por David. No hay nada que puedas hacer en tus fuerzas que te garantice la victoria completa. Ni todas las fuerzas del mundo entero bastarían. A Jesús le costó la cruz. Nosotros necesitamos la victoria de la cruz.

Tienes a tu alcance al más grande, fuerte y poderoso aliado en batalla. Sería una broma no echar mano de Él para pelear, ¿no crees? Sería un desperdicio de arsenal.

“¡El mismo Señor que me rescató de las garras del león y del oso me rescatará de este filisteo! Así que Saúl por fin accedió -Está bien, adelante. ¡Y que el Señor esté contigo!” 1 Samuel 17:37

 

¡David quería pelear! No era un superhéroe sino un joven normal, común y corriente, pero con la actitud correcta. A pesar de haber vencido bestias salvajes, él sabía bien de dónde venía su fuerza y no dijo “yo liberé de las garras del león a las ovejas”, sino que admite que fue Dios mediante suyo.

No podemos vivir un cristianismo sin Cristo. Hay que entender que no podemos vencer si no tenemos la fuerza de Dios con nosotros. Recordemos que contamos con un Dios quien hace frente a las luchas de nuestro corazón contra deseos, pensamientos, tentaciones y demás.

¿Cuál fue la diferencia entre David y Saúl?

Así como David fue ungido por Dios, también lo había sido Saúl anteriormente. Entonces, ¿qué le pasó a Saúl? ¿Por qué no salió a derrotaar al gigante él? Al momento de la amenaza de los filisteos Saúl estaba apartado de Dios, tenía asuntos sin tratar en su corazón y en vez de buscar ser perdonado y restaurado por Dios se alejó de Él. Consecuentemente, el Espíritu de Dios se apartó de Saúl, e incluso le envió un espíritu atormentador. (1 Samuel 16:14). David no era perfecto, también pecó y tremendamente, pero a diferencia de Saúl, él  corrigió su corazón y se mantuvo fiel a Dios. “David siguió teniendo éxito en todo lo que hacía porque el Señor estaba con él”. (1 Samuel 18:14)

“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra”. Hechos 1:8

 

Qué alivio se siente saber que nosotros hemos recibido el mismo Espíritu con que fueron ungidos Saúl y David. Ahora esa victoria es una realidad para nosotros en Cristo.


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2. Necesitas las armas de Dios

De acuerdo a la Biblia, cuando Saúl aceptó que David luchara contra Goliat quiso prestarle su armadura, pero David no podía ni caminar con ella. Entonces se la quitó y tomó como únicas armas 5 piedras de un río y una honda y salió a la batalla. Esas piedras son todo lo que necesitas para vencer, te voy a decir de qué se trata cada una.

Primera piedra: El pasado

“¡El mismo Señor que me rescató de las garras del león y del oso me rescatará de este filisteo!” 1 Samuel 17:37

Aquí David dice “Dios estuvo conmigo antes en otras cosas, estará en esto también”. ¿Tienes testimonio de algo que Dios ha hecho en tu vida? Pues esa es tu primera piedra. Esta es una actitud importante ya que nuestra victoria depende de nuestra decisión. Goliat va a tener el poder que tú le quieras dar, y permanecerá atemorizándote el tiempo que se lo permitas pero en cuanto te determines a matarlo y busques a Dios, Él estará contigo y vencerás.

Segunda piedra: Oración

Un cristiano que no ora está perdido. Es normal que nos pregunten en la iglesia cómo sigue cierto asunto en nuestra vida, a lo cual muchas veces respondemos con el clásico “estoy orando”, aunque no siempre sea cierto. Pero, ¿cómo quieres ganar la batalla si no oras?

En 1 Samuel 30:6, cuando David ya era rey, la Biblia nos describe un amargo episodio en el que habiéndose ido los hombres del pueblo a pelear encabezados por David, sus enemigos entraron en su tierra para llevarse a las mujeres y niños. Al regresar los hombres y darse cuenta de lo que había sucedido rompieron en llanto y se amargó su alma e incluso culpaban a David y hablaban de apedrearlo. Y aún en medio de esa angustia y dolor, “David encontró fuerzas en el Señor su Dios”.

 “En cuanto a mí, yo cantaré de tu poder; cada mañana cantaré con alegría de tu amor inagotable. Pues Tú has sido mi refugio, un lugar seguro cuando estoy angustiado” Salmos 59:16

David enfatiza en que su refugio se encuentra en presencia del Señor. ¿Dónde buscas refugio cuando estás angustiado? ¿En tus amigos? ¿Comer, dormir, distraerte, ir al cine o de compras? La fórmula para encontrar perfecta paz está en buscar al Señor. ¿Estás dedicando un tiempo formal para orar por la ayuda de Dios?

Tercera piedra: Prioridad

A pesar de todos los premios que conllevaba vencer al gigante, el corazón de David no estaba en eso.

“Hoy el Señor te conquistará, y yo te mataré y te cortaré la cabeza. Y luego daré los cadáveres de tus hombres a las aves y a los animales salvajes, ¡y todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel! Todos los que están aquí reunidos sabrán que el Señor rescata a su pueblo, pero no con espada ni con lanza. ¡Esta es la batalla del Señor, y los entregará a ustedes en nuestras manos!” 1 Samuel 17:46-47

Este muchacho tenía una prioridad: que Dios fuera glorificado. A él le preocupaba la reputación de Dios. Una piedra importante es entender que la motivación para que venzamos a nuestros Goliats es que yo pueda dar testimonio de que Él venció a cada gigante en mi vida.

Cuarta piedra: Pasión

No puedes pelear sin pasión.

¿Puedes imaginarte a David luchando sin ella? ¡Tan sólo leyendo cómo le habla a Goliat podemos decir que era un hombre apasionado! Si quieres ver victoria no puedes estar sentado pensando que no puedes. ¡Tienes que cambiar tu actitud, tiene que haber un verdadero deseo de vencer!

Hay personas que desean ser libres pero no tienen pasión para librar la batalla. El peligro de no luchar es que tarde o temprano Goliat te va a vencer a ti.

“—No te preocupes por este filisteo —le dijo David a Saúl—. ¡Yo iré a pelear contra él!” 1 Samuel 17:32. David era sólo un muchacho pero tenía una mejor actitud que el rey de Israel y le dice “¡Ánimo, ya llegué, vamos a pelear!”. David anhelaba ser libre del enemigo, y cuando llegó el momento de la batalla no se echó atrás, sino que corrió al encuentro de aquel que lo desafiaba.

¿Tienes pasión para ser libre de Goliat? ¿Tienes el deseo de pelear contra eso?

Quinta piedra: Persistencia

¿Por qué David agarró 5 piedras? Hay quienes dicen que fue porque sabía que este filisteo tenía 4 hermanos gigantes que probablemente estaban ahí. Yo creo que lo que pensaba fue “si no le atino a la primera, atinaré a la segunda, o a la tercera… pero de que le pego, ¡le pego!”

¿Cuántos de nosotros oramos un día y al siguiente abandonamos la lucha? ¡No te rindas! Sigue orando hasta ver victoria sobre el pecado. ¡La hay! Pero recuerda que necesitas las armas de Dios.


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3. Mantente enfocado

“David les preguntó a los soldados que estaban cerca de él: -¿Qué recibirá el hombre que mate al filisteo y ponga fin a su desafío contra Israel? Y a fin de cuentas, ¿quién es este filisteo pagano, al que se le permite desafiar a los ejércitos del Dios viviente?” 1 Samuel 17:26

David en ningún momento le llamó “gigante” a su adversario. No se distrajo con el tamaño de Goliat, porque no hay cosa que Dios no pueda vencer. Lo más grave, aquello que el hombre no puede vencer es la muerte, pero Jesús lo hizo por nosotros.

A veces nos dejamos desanimar por lo que nos dicen, o por cómo nos vemos nosotros en relación con la situación que estamos atravesando y comenzamos a creer que no podremos; enfoca tu mirada en Dios. No te distraigas, no te dejes intimidar por el tamaño de tu problema. Tú puedes, en Cristo sí puedes.

4. Espera la victoria

Muchos se acostumbran a estar peleando, y peleando, pero sin esperanza de ver victoria. No visualizan que eso un día terminará, que finalmente matarán al gigante. Aprendamos de la actitud de David cuando enfrenta al filisteo (1 Samuel 17:45-47). Él tenía la mentalidad de ganar. Nosotros debemos adoptar una postura firme frente a nuestros problemas y declarar como David “Yo vengo contra ti en el nombre del Señor, y declaro que hoy Él te conquistará”.

5. Córtale la cabeza al gigante

Arranca esa situación de tu vida por completo.

David derribó a Goliat con una piedra que atinó al centro de su frente. De repente la gran amenaza de los israelitas yacía ahí en el suelo, despojado de su orgullo por una piedrita. A pesar de esto David no se detuvo a festejar su buena puntería sino que corrió hacia Goliat y le cortó la cabeza, eliminando así toda posibilidad de que recuperara las fuerzas y se levantara otra vez.

Hay muchos que se quedan en la piedra. Celebran demasiado pronto un progreso en su situación, y le dan tiempo al gigante de levantarse con nuevas fuerzas y decidido a destruirlos. Muchas cosas en nuestro corazón son como vicios, difíciles de cortar y a veces nos consolamos con un “al menos ya no estoy como antes”. Pero mientras esas cosas sigan ahí, seguirá latente la posibilidad de que regreses a tu estado anterior o incluso uno peor.

¿Quieres vencer Goliats en tu vida? Se puede, en Cristo. Sin Él podrías ver pequeñas victorias efímeras, pero Dios te ha llamado a la batalla y desea darte una victoria gloriosa.

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Viviendo en Cristo
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