Martillo

Derribando Muros

¿Cómo has construído tu vida hasta hoy?

Dios le mostró a Amós, el profeta, un instrumento llamado plomada, utilizado por los albañiles para construir muros.

“El Señor me mostró otra visión: Estaba él de pie junto a un muro construido a plomo, y tenía una cuerda de plomada en la mano. Y el Señor me preguntó: —¿Qué ves, Amós? —Una cuerda de plomada —respondí”. Amós 7:7 NTV

¿Qué Muros Has Construído?

A lo largo de nuestra vida hemos construido muros con fundamentos equivocados que no glorifican a Dios, basándonos en nuestras propias ideas, emociones, sentimientos o heridas del pasado.

Ya habrás escuchado frases como: ¡No confiaré en nadie nunca más!; No me mostraré vulnerable. Éstas son frases típicas de un corazón que fue herido en el pasado.

Tal vez si Dios echara un simple vistazo en tu corazón, te preguntarías “¿Cómo llegue hasta aquí? Mi vida está desordenada, frágil, sin fundamentos firmes”. Descubrirías que en tu vida hay muros falsos, mal construidos o muros tan fuertes que se han vuelto impenetrables.

Siendo honestos, Dios conoce sobre qué principios has edificado tu vida hasta hoy. Pero te está diciendo: “¡Ya no más!” Dios no va a permitir que esto siga así, no quiere que sigas aislado y con ideas equivocadas en tu corazón, levantando muros alrededor, no permitirá que seas tú quien siga gobernando tu vida sin glorificarlo.

“Entonces el Señor dijo:
—Mira, voy a tirar la plomada en medio de mi pueblo Israel; no volveré a perdonarlo.” Amós 7:7

Todo parte de esta pregunta: ¿Quién está gobernando tu vida? La respuesta determinará radicalmente tu comportamiento y la dirección que tomarán tus decisiones en el futuro.


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Identifica Quienes Son tus Influencias

Los principios de Dios en Su palabra deben dirigir toda la obra en construcción de nuestra vida, y así como Dios elegía personas especiales para ser profetas de Su pueblo, en nuestras vidas existen “profetas” que son influencias que, de alguna u otra manera, seguimos para guiarnos en este asunto de edificar. Los vamos a dividir en dos grupos:

1. Profetas de Dios

Estas personas son representadas por las figuras de autoridad que Dios ha puesto sobre tu vida, y son personas cuya opinión pesa y producen una respuesta en nosotros, determinando tu comportamiento. Por ejemplo, tus padres, pastores, líderes, familiares y amigos cercanos. Hay personas a nuestro alrededor guiadas por Dios que desenmascaran las mentiras del enemigo en tu vida aunque a veces no nos guste lo que escuchemos de ellas.

Tú mismo eres figura de autoridad para otros conforme a la influencia que ejerces en ellos.

2. Profetas Falsos

Estas personas son gente que se ha encargado de decirnos infinidad de mentiras que hemos tomado como verdades en nuestras vidas. Personas que te han lastimado o herido con sus acciones, palabras y argumentos, incluso podría ser que hoy por hoy estas personas ya no estén en tu vida pero dejaron una marca personal, causando resentimientos en nuestro corazón. Son personas que nos llevaron a desafiar las verdades de Dios y alejarnos de Su bondad.

Estos profetas han hecho que construyamos muros falsos. No podemos depender de profetas falsos, quisiera que empezáramos a hacer una lista de esas figuras de autoridad que tenemos en nuestra vida para identificar quiénes de ellos son profetas falsos y quienes representan verdaderamente a Dios como autoridad en tu vida.


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¿Qué Pasa Cuando Me Lastiman?

“Satanás todo el tiempo está mintiendo, repite una mentira miles de veces hasta que la compras como una verdad.”

En algunas ocasiones, cuando somos heridos, en lugar de buscar a Dios tratamos de solucionar las cosas actuando en nuestras propias fuerzas, manipulando las situaciones. Esto trae como resultado aún más problemas.

Debemos dejar algo claro, siempre habrá gente que te lastime, mas Dios estará ahí, la solución es tomar Su autoridad para sanar cualquier situación difícil.

Dependiendo de cómo vemos a nuestra autoridad, cuando alguien nos lastima y no recurrimos a Dios, solemos actuar de dos maneras:

1. Respondemos con Rechazo.

Tomamos una actitud pasiva, es decir, tu mundo se acaba, te deprimes y te agüitas. El pecado que se ve reflejado en esta manera de actuar, es la incredulidad. Dudas que Dios pueda solucionar las cosas porque se coló la falta de esperanza.

Se comienzan a producir en nuestro corazón sentimientos de depresión, apatía, autocompasión, inseguridad, fracaso, culpa, desanimo. Todo esto es peligroso, porque si no lo resolvemos podría incluso desencadenar pensamientos suicidas.

2. Respondemos con Rebelión.

Aquí, por el contrario, tomamos una actitud activa. Dentro de esta respuesta encontramos otro pecado, el orgullo. Actuamos de manera agresiva, hostil, queriendo el control, manipulamos a base de un comportamiento rígido, alzamos la voz, gritamos de mas, estamos todo el tiempo a la defensiva, con un ánimo exaltado, con aires de superioridad, buscando venganza, siempre muy competitivo, rígido, terco. Esta respuesta busca la destrucción y se comienzan a construir muros que no dejan entrar a otros a nuestra fortaleza.

El enemigo usará las actitudes de rechazo o de rebelión para destruir tu vida. Satanás todo el tiempo está mintiendo, repite una mentira miles de veces hasta que la compras como una verdad. Atacara tu relación con Dios, tu identidad, el trato con los demás, tu concepto correcto del de amor, etc.

Si el diablo dice que eres ignorante y esto es una mentira, entonces, ¿quién eres? ¡Eres Brillante! Si te han dicho que eres feo, gordo, que nadie te ama, que no vales, en realidad es todo lo contrario. Debes venir a las verdades de Dios, leer tu Biblia y confirmar eso que dice Dios de ti.


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Camina sobre la Verdad.

¿Dejarás que Dios tome el control y gobierne de una vez por todas?

Puedes ser honesto con el Señor y decirle: “Dios me siento herido, enojado, me lastimaron. Por favor, tráeme paz, dame tranquilidad, ayúdame a que no me duela más. ¡Sáname!”  La respuesta y la paz surgirán de tu comunión con Dios. Exprésate, humíllate , suéltate y permanece.

“Pídeme y te daré a conocer secretos sorprendentes que no conoces acerca de lo que está por venir”. Jeremías 33:3

Se Trata de Reconocer.

“¿Qué vas a hacer? Toma cartas en el asunto. ¡Corre al Señor!”

¿Alguna vez te has pegado en el dedo chiquito del pie y te sobas para que pase el dolor? Esta acción de sobarse es un acto de autocomplacencia que nos hace sentir mejor mientras el dolor pasa. Con las heridas del alma tenemos dos opciones: 1) Llevar ese dolor a la cruz y esperas a que el dolor pase. 2) Te autocomplaces con el pecado, por ejemplo, comienzas a hacer cosas equivocadas como tomar, fumar, ver pornografía, comer demasiado, ver mucha televisión, pasar mucho tiempo en redes sociales, caer en fornicación, deseos carnales. Finamente, es un ciclo de destrucción.

El diablo ha destruído familias, ciudades, tu sueños, tu infancia. Tiene una afrenta directa contra ti, pero aquí estás ¿Qué vas a hacer? Toma cartas en el asunto. ¡Corre al Señor!

¡Ayúdame a vivir en pureza y santidad! Que no haga lo que antes hacía. Dios tratara contigo las áreas que están incorrectas, trata los asuntos.


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Más Que Vencedores

“Para que la humildad tenga acción necesitas confesar, pedir perdón y restaurar los daños.”

Dios quiere cambiar tu vida y no quiere que vivas así por más tiempo. ¿Qué tan arrepentido estás de lo que has hecho? No se trata de sentirse condenado sino de sentirnos responsables de nuestra manera de vivir, y tener las agallas de decirle a Dios ¡Perdóname!

¿Cómo le hago? ¡Olvida a los profetas falsos y ven a la cruz! Ven a la restauración y a la santidad, crucifica todo, ¡Ven a Jesús! Tienes opotunidad de restaurar las cosas porque Dios puede más que 1000 profetas falsos.

Anteriormente mencionamos el rechazo y la rebelión como dos actitudes a las que solemos correr cuando nos hieren, ¿Cómo podemos ser más que vencedores sobre estas actitudes?

Para vencer el rechazo necesitaremos fe. Debemos volver a creer, recordar todo lo que Dios ha hecho, y no solo creer, sino demostrarlo y manifestarlo por medio de nuestras obras.

Para vencer la rebelión necesitaremos humildad para reconocer que no tenemos la razón, que tú también lastimaste, que tienes malos principios y que estás controlando las cosas. Para que la humildad tenga acción necesitas confesar, pedir perdón y restaurar los daños.

“Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo”. Efesios 4:24

Lo que antes era muerte y destrucción ahora será vida. Por medio de tu restauración puede venir libertad a tus generaciones. ¡Puedes ser un motor de transformación en tu casa! No permitas que tu plomada haga daño a tu vida. ¡Es tiempo de reconstruir!

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Viviendo en Cristo
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