Derrochó Herencia, No Creerás Cómo Lo Recibieron

El amor del Padre va más allá de lo que pudiéramos imaginar.

Cualquier padre terrenal lo hubiera recibido a batazos. Pero este padre lo estaba esperando lleno de compasión y misericordia.

Este mensaje ha sido muy importante para nuestras vidas en estos días. Mucha gente cree que tiene una buena relación con Dios, pero uno no puede decir que tiene una buena relación en sus propios términos. No puedo decir que tengo una buena relación con mi esposa, si mi esposa no piensa lo mismo. No puedo decir que soy buen esposo si mi esposa no me califica, y no puedo decir que soy buen cristiano si Dios no me aprueba. Quiero hablarte del pasaje del hijo pródigo.

La historia completa del hijo pródigo puede leerse en el libro de Lucas, capítulo 15, versículos 11 al 32; o haciendo click aquí.

Estaba leyendo de un papá que llevó a su hija a dormir después de haberle leído esta historia. Antes de que ella se durmiera, le preguntó qué había aprendido. Ella respondió: “Que no hay que salir de la casa sin tarjeta de crédito”. Estos niños de ahora.

Jesús cuenta la parábola del hijo pródigo haciendo un énfasis en la relación. La verdad es que todos tendemos a alejarnos de Dios por causa de nuestra naturaleza. Esta historia se utiliza para evangelizar o para hablarle a aquellos que no conocen de Cristo. Sin embargo, esta ilustración hace referencia a alguien que ya había tenido una relación con el Padre y que después se alejó, alguien que conocía a Dios, alguien que había estado a su mesa, que había vivido en Su casa. Hay muchos jóvenes que han estado en la casa de Dios, pero hoy están lejos de una relación correcta en su corazón.

El ir a una iglesia no es garantía de que tengo una relación con Dios, tampoco lo es el decir que soy cristiano. Necesitamos orar y preguntarle a Jesús cómo está nuestro corazón. El rey David le dijo a Dios, “examíname, oh Dios, y conoce mi corazón”, y luego se avienta una más difícil cuando dice “pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan” (Salmos 139:23 NTV). Debemos estar seguros de que tenemos una relación correcta con el Señor.

¿Por qué se rompe nuestra relación con Dios?

¿Cómo es que, teniendo todo, terminó este joven tan lejos de la abundancia de su padre? ¡qué triste es estar en la iglesia y que nuestro corazón esté distante! ¿cómo está tu corazón con respecto a Dios? ¿está tu amor como una flamilla que ahí y muy a penas sobrevive? Hay jóvenes que, aún después de haber conocido la revelación de la Palabra de Dios, acaban lejos. El pasaje nunca dice que este jóven se haya ido porque no era aceptado. No tuvo una racha de mala suerte ni lo corrió su papá. ¿Por qué terminó lejos? Terminó lejos por causa de sus deseos y decisiones equivocadas. He visto a jóvenes que se alejan por deseos y decisiones equivocadas después de haber conocido y servido al Señor por mucho tiempo. Este joven quiso ser independiente. “Quiero hacer lo que yo quiero, quiero tener el control, no me digan que hacer”. El camino hacia la ruina es querer poner nuestras propias reglas y cerrar nuestro corazón a la voz de Dios. Este joven quiso encontrar felicidad en el pecado. Buscó saciar su vida con sus decisiones equivocadas. Quería encontrar vida donde no había. Esa es la trampa del pecado: El pecado te promete pero no cumple. En esta historia Jesús dice que este muchacho derrochó todo lo que tenía. La Biblia nos dice que “todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14:23 RVR1960). Lo que viene de Dios es bueno. Los mandamientos no son gravosos, son vida. “Qué alegría para los que no siguen el consejo de malos” (Salmos 1:1 NTV). Las consecuencias de vivir en el pecado son desastrosas. No estoy hablando de alguien que no conoce a Cristo; hablo de alguien que, conociendo a Cristo, se aparta. Es como crear tu propio infierno.

¿Cómo puedo restaurar mi relación con Dios?

1. Acepta que es una tontería quedarte como estás

Es una tontería estar lejos de Dios cuando puedes estar con Él. Es ridículo estar sentado en la iglesia, frío como paleta, cuando tienes la puerta abierta a una vida en abundancia. Acepta que es una tontería vivir así. La mesa está servida para ti, Dios te ama y te invita. “Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos” (Salmos 23:5). David entendía esto muy bien. Es una tontería llevar una vida cristiana a medias cuando tienes acceso a Su presencia. Primero hay que aceptar nuestra condición. Hay muchos jóvenes cristianos que no pueden hacerlo. Les está yendo de lo peor, pero no reaccionan; no quieren escuchar la verdad, pero Jesús dijo, “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:32).

2. Vuelve con un corazón arrepentido y humillado

Si te das cuenta de que tu relación con Dios no es la correcta, entonces ¡vuelve! Muchos sí reconocen su condición pero lo malo es que algunos, aún reconociéndola, no vuelven. “Sí, ando muy mal…” ¡Pero no hacen nada! El joven de esta historia llegó a estar tan hambriento que ¡hasta la comdia de los cerdos le parecía buena! Él sabía que el padre no podía bendecirlo donde estaba. Dios no puede bendecirte si estás entre los cerdos. Es increíble que muchos jóvenes aún esperan que Dios los bendiga ahí. “Estamos teniendo relaciones, pero Dios nos guarda de embarazarnos”. ¿En serio así piensan? ¿tú crees que Dios te va a bendecir en esa condición? Este jóven no solo reconoció la condición en la que estaba, sino que actuó. No minimizó su comportamiento, sino que confesó su pecado. No dijo, “no está tan mal, todos nos equivocamos”. Él reconoció que había pecado contra Dios y contra su padre. No le echó la culpa a sus hermanos, ni a su papá, ni a los cerdos. Hay jóvenes que ¡hasta al pastor le echan la culpa! El que está en pecado está ahí porque quiere, el que está lejos de la casa es porque quiere. El hijo pródigo llegó humilde y dijo, “No soy digno de ser llamado tu hijo”. Él estaba dispuesto a lo que fuera con tal de restaurar la relación.

3. Cree que Dios está dispuesto

Cualquier padre terrenal lo hubiera recibido a batazos. Pero este padre lo estaba esperando lleno de compasión y misericordia. Sacó el mejor vestido y un anillo. Si quieres volver a tu relación, tienes que creer que el Señor está lleno de amor para recibirte. “Es que ya no puedo volver, Dios ya no me va a recibir igual”. ¡Mentira! ¡eso no es cierto! Hay jóvenes que no vuelven a Dios porque tienen miedo que ya no van a ser recibidos, viven una vida religiosa y acartonada pero no vuelven a Dios porque piensan que Él ya no los va a recibir. Jesús describe el amor del padre y nos muestra que él hizo siete cosas: lo vio, corrió a él, lo abrazó y lo besó, lo vistió, le puso el anillo de la familia, lo calzó y finalmente como cereza del pastel, dijo, “hagamos una fiesta”. ¿Te sientes muerto por dentro? Vuelve al Señor; Él te espera con los brazos abiertos.

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