Ira

¿Cómo deshacerse de la ira?

Este es el verdadero secreto de la vida cristiana

Este evento llegó a ser una radiografía del mundo. Mostraba la condición actual de los corazones de los hombres, los cuales estaban llenos de oscuridad. En esos tres días que Jesús estuvo muerto, la humanidad estaba bajo el control de la oscuridad, la muerte y un virus: la ira.

“Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lc 23:44-46 Reina Valera Revisada).

La oscuridad y la muerte

Todos tenemos, de cierta forma, temor a la muerte. Ya sea nuestra propia muerte o la de una persona cercana a nosotros. Asimismo, la oscuridad también forma parte de nuestros temores. Casi todos tenemos miedo a tropezar con algo que no podemos ver. Pero no podemos evitar la oscuridad ya que estamos siendo cegados:

En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4).

El diablo es aquel que produce en nosotros culpa y oscuridad, este mismo está constantemente buscando producir temor en los hombres, en tu vida y en la mía.

El maligno nos ciega para hacernos tropezar, que la luz de Dios no resplandezca en nosotros y podamos seguir viviendo en oscuridad. El diablo, el cual es un adversario de los hombres, no es como se nos pinta en las imágenes: con cuernos, cola y un tenedor gigante. El diablo es aquél que produce en nosotros culpa y oscuridad. Está constantemente buscando producir temor en los hombres, en tu vida y en la mía.

El temor es una condición que se vivió antes, durante y se sigue viviendo después de la muerte de Cristo. El maligno produce en nosotros un temor que nos conduce a desarrollar algo más temible: “el virus de la ira”.


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El temor y el virus de la ira

Dejamos de ser víctimas y nos convertimos en un victimario.

Mientras era un niño vi a un perro atropellado en la calle. Cuando lo quise ayudar el perro se asustó y me soltó una mordida. La condición humana funciona de la misma manera. Posiblemente nos lastimaron en el pasado y dejamos que el temor nos rodeara porque no resolvimos esa situación. Lamentablemente ese temor que se quedó en tu vida se transforma en un sentimiento de ira. Dejamos de ser víctimas y nos convertimos en un victimario.

La Biblia nos muestra ejemplos de personas que se volvieron victimarios a causa de que dejaron crecer el temor y el virus de la ira:

Cuando Adán y Eva pecaron, se escondieron. Después el Señor les preguntó dónde se encontraban. Se habían escondido porque tenían temor. Años más tarde tuvieron un hijo: Caín. Él asesinó a su propio hermano Abel. Todo eso debido al temor no resuelto que le heredaron sus padres.

Moisés, lleno del miedo que sentía al ver a sus hermanos oprimidos, responde en una mala conducta y con ira mata a un egipcio. También el rey Saúl se llenó de miedo al ver la grandeza de David. Tanto así que tuvo un único pensamiento: matar a David. En el resto de la Biblia podemos seguir observando el mismo patrón: el temor en los hombres que causa ira y las malas decisiones que toman estando bajo esta condición. En la actualidad podemos ver este patrón en las vidas de las personas o incluso en nuestras propias vidas.

“…Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a muchos” (Heb. 12:15).

La amargura es un virus del que tenemos que tener cuidado. Tenemos que cuidar de no darle entrada al temor en nuestro corazón. La Biblia dice que cuando Jesús fue capturado por los romanos, sus discípulos, a los cuales había conocido por tres años, se llenaron de temor y huyeron. Hay que entender que esta impía combinación: el temor, la muerte y el maligno; no tiene autoridad sobre los que creemos en Jesús.

Quitando el virus de la ira a través de Jesús

 “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Col. 2:13-14).

Es cierto: nuestra condición era de muerte y oscuridad. Pero Jesús vino a morir por nosotros, el día en que resucitó fue el día en que la muerte murió para siempre. La resurrección de Jesús quitó cualquier autoridad que la muerte tenía sobre nosotros, por ende, la oscuridad y el maligno tampoco tienen autoridad sobre nuestra vida. Porque el versículo 14 dice que se “anuló el acta de los decretos que había contra nosotros”. Ya no existe argumento contra la humanidad. Jesús nos dio vida juntamente con Él.

“Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él” (Ro. 6:9).

Te tengo una gran noticia, no hay más temor porque Cristo resucitó. Tienes que dejar el virus de la ira. Cambia tu mentalidad y ya no lastimes a los demás. Necesitas urgentemente dejar de tener miedo porque eso te hará matar, robar, te hará golpear, emborracharte, drogarte; es la razón por la cual no puedes salir de la pornografía o de cualquier adicción. Estas cegado del entendimiento de la Cruz. Levántate y conoce la resurrección de Jesús. Necesitas su revelación.


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Conocimiento vs. Revelación

Personalmente, las películas que hablan de la resurrección de Cristo, todas me desagradan porque no logran representar correctamente la revelación de la resurrección. Porque la muerte de Cristo es un hecho histórico que está comprobado, mientras que la resurrección es algo que tiene que ser revelado a tu espíritu. Mientras esto no pase no dejarás de tener temor y el virus de la ira te seguirá controlado. Dejarás de ser controlado cuando veas con tus propios ojos que Cristo vino a morir por ti y resucitó para salvarte a ti.

Cuando Cristo murió los romanos pusieron soldados en su tumba porque pensaban que se llevarían el cuerpo. Mateo 28:2 dice:

“Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos”.

Todas las personas que están expuestas a Dios, que no lo conocen, tienen un sentimiento de temor. Muchas veces me he preguntado que habría dicho yo si hubiera estado ese día que lo condenaron. Te diré que si tú y yo hubiésemos estado ahí todos hubiéramos gritado una sola palabra: “crucifíquenlo”. Porque lo que predominaba en esos tiempos era temor y el mundo tenía miedo a Jesús porque aún no lo veían resucitado.

¿Sabes por qué no te emocionas cuando escuchas o lees sobre la resurrección? Porque tienes la información del evento, pero no te ha llegado la revelación. Porque no has visto correctamente la resurrección en Cristo.

Veamos a Cristo resucitado

“He aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán” (Mt. 28:9-10).

El Evangelio habla de dos mujeres que venían a buscar a Jesús, pero no lo hallaron, porque lo buscaban muerto. Después Él se revela ante ellas y lo reconocen. Cristo sale y es reconocido inmediatamente. Muchos cristianos alaban y adoran al Señor, pero aun así no les es revelado que Él resucitó en sus vidas. Siguen siendo controlados por el virus de la ira y el temor. Pero Cristo nos dice “no temas”. Aún no hemos entendido todo, pero Dios nos dice que no tengamos temor porque Él ha resucitado. Quizá estés pasando por momentos difíciles en tu casa y estás siendo invadido por el virus, pero Dios te dice que no temas porque Él tiene algo bueno para tu vida.

Mi familia era un caos. Yo fui el primer creyente en mi familia pero, al igual que ellos, yo estaba atemorizado, pero un día yo vi la resurrección de Cristo y desde ese día he sido cambiado y fui un detonador de transformación en la casa de mis padres y el resto de mi familia. ¿Cómo sucedió esto? Simplemente vi a Cristo resucitado.

La solución a todo esto no es un mejor gobierno, sino en la iglesia, la solución se encuentra en salir y decirle al mundo que vean que Cristo ha resucitado.

Pero muchos cristianos no son así, muchos cuando son lastimados en vez de traer ese sentimiento a Dios se lo comparten a otros y envenenan su corazón con su propia ira. Por eso en nuestra Nación existe mucha maldad, por eso existe el narcotráfico, las matanzas, etc. La solución a todo esto no es un mejor gobierno, sino en la iglesia, la solución se encuentra en salir y decirle al mundo que vean que Cristo ha resucitado.

Continuando con la historia vemos que las mujeres después de ver a Cristo fueron con los hombres para contarles lo que había sucedido y ellos no les creyeron. Los hombres se quedaron sólo con la información de lo que sucedió. Desde entonces existen dos grupos: los que tienen la información de Cristo resucitado pero no creen y los que creen en Él porque les ha sido revelado.

Tú tienes que ver a Cristo resucitado. Tienes que creer y no por lo que te dicen las personas o escuches de algún lugar, sino por lo que has comprobado con tus propios ojos y si no logras ver esto seguirás viviendo en temor.

La vista espiritual

Terminando la historia, Pedro y Juan fueron los únicos hombres que tuvieron un sentimiento de ir a la tumba y revisar lo que las mujeres habían dicho.

“Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró” (Jn. 20:4-5).

Juan tuvo la primera vista, una vista sin razonamiento, él vio la tumba vacía. Luego llegó Pedro y entró a la tumba y vio los lienzos que no estaban amarrados a Jesús. Pedro vio el evento de otra manera, trató de entenderlo en base a su propio razonamiento. Sin embargo, no fue una revelación. Mientras Pedro revisaba lo que había pasado, Juan entró y vio la misma escena, vio lo mismo que Pedro, sin embargo, Juan tuvo revelación por eso le dijo a Pedro “él ha resucitado”.

Muchos de nosotros estamos viviendo en temor porque tratamos de ver a Cristo con una vista no espiritual y el virus del temor y la ira nos están controlando como consecuencia de esto. Cuando yo era niño vi escenas muy tristes en mi hogar que generaron en mí un sentimiento de rencor hacia mi papá. Después de recibir a Cristo tuve un momento con Dios en donde Él me dijo que perdonara a mi papá. Yo fui con mi padre y le dije que lo perdonaba de cualquier cosa que me hubiera hecho y que a partir de ahora yo lo amaría. Mi papá al oír esto se enojó conmigo, pero al salirme de la casa yo seguí teniendo un gozo porque me había sido revelado que Cristo murió y resucitó por mí, y ese gozo es mayor que cualquier herida o cualquier temor.

Este es el secreto de la vida cristiana, con esta revelación es que podemos perdonar y amar. Tenemos que empezar a ver a Cristo con nuestros ojos espirituales. El Señor hoy te dice que no temas por la situación en tu casa o por las heridas pasadas o por las preocupaciones futuras, Dios hoy quiere revelarse a tu vida y quiere que lo veas resucitado.

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Viviendo en Cristo
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