Soledad

Tener una pareja no es la respuesta a la soledad

¿Qué haces cuando te sientes solo?

Todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido solos. Aun estando rodeados de un mar de gente, y pasando tanto tiempo en las redes sociales, podemos tener una sensación de soledad.

Tal vez te ha pasado que logras algo y te sientes orgulloso de ti mismo; piensas “si aquella estuviera aquí”. O te ríes de algo y solo imaginas cómo sería si aquel estuviera contigo. Te gustaría compartir esos momentos especiales con una persona especial, pero hasta ahora no la has encontrado.

Llega un momento en que queremos que alguien nos quiera, nos escuche y nos entienda. Alguien que se preocupe por nosotros. ¿Lo has sentido?


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La Perspectiva del Corazón de Dios para Ti

“Dios hace habitar en familia a los desamparados; Saca a los cautivos a prosperidad; Mas los rebeldes habitan en tierra seca” (Sal. 68:6 Reina Valera Revisada 1960).

Dios nos ama y quiere sanarnos del dolor que puede provocar la soledad que sentimos al no tener pareja. Nuestro Padre sabe que la soledad es un problema para nosotros. En especial para los jóvenes y por eso, siendo nuestro Proveedor, nos bendice con el compañerismo y amor de nuestros amigos en la iglesia. 

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Gén. 2:18).

Qué interesante es que Dios vio algo en Adán y concluyó que no era bueno que estuviera solo. Eso mismo el Señor dice sobre ti. No podemos decir que un cristiano no puede experimentar soledad. Aun los grandes hombres de Dios pasaron por esto. Tenemos el ejemplo de David en el salmo 25: “Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido” (v. 16).

Aun Jesús experimentó soledad en la cruz: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46).

Sentir que necesitas a alguien que llene tu vida puede provocar una revolución de pensamientos. Se desencadena un anhelo creciente de la compañía de una persona. Podrías llegar a pensar que una pareja va a traer felicidad a tu vida y acabará con tu soledad. Estar solo o sentirte solo no quiere decir que estás mal, ni tampoco quiere decir que te hace falta fe o que estás pagando por tus pecados. Desear la compañía de alguien solamente significa que no quieres sentirte solo.


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El sentimiento de desear la compañía de alguien es algo real en nuestras vidas y muchas veces nos ponemos a pensar en cómo sería nuestra vida si ya tuviéramos a nuestra pareja, tenemos pensamientos que hacen que ese anhelo crezca. ¿Qué debemos hacer ante esta situación? Lo primero es buscar la presencia de Dios. Si eres Su hijo, no tengas en poco a tu Padre celestial. Él es tu compañía y trae gozo y paz a tu corazón.

Mientras pasamos por esto es fácil desanimarnos y sentirnos tristes. En vez de esto, tenemos que luchar para que esos sentimientos no inunden nuestra alma. Pon tus ojos en Cristo y no permitas que ese afán te quite el ánimo y te impida disfrutar de la vida. Cuando vengan esos pensamientos acércate a Dios y agradécele porque Él está contigo en ese momento para ayudarte a atravesar ese tiempo. Dios tiene un tiempo, una persona y un propósito para ti.

¿Quieres lo de otro o quieres lo tuyo?

Si te desesperas, te comparas con otras personas y en tu interior piensas “yo quiero eso”, podrías detener la bendición que el Señor tiene reservada para ti. La pregunta es: ¿quieres lo de otro o prefieres lo tuyo? ¡Que lo que sientes te impulse a seguir buscando y esperando lo que Dios tiene para ti!

Antes que a una persona, necesitamos la presencia de Dios en nuestra vida. Muchas veces los jóvenes entran en relaciones para dejar de sentirse solos, pero esta no es la solución del problema. Si no tenemos a Dios en nuestra vida, aunque tengamos pareja, nos vamos a sentir solos.

Dios dice: ‘’No es bueno que el hombre esté solo…’’ y debemos declarar esa palabra para nosotros.


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¿Qué pasó inmediatamente después de que Dios llegó a esta conclusión? ¿Apareció Eva frente a Adán? No. Dios le puso por tarea nombrar a todas las bestias del Edén. De esta manera el hombre notaría como para cada ejemplar de cada especie había una pareja, excepto para él. El Señor hizo pasar a Adán por un proceso.

Dios sabía que entre los animales no estaba la ayuda idónea para Adán. Sabía que Eva lo sería, pero Adán no sabía. Fue necesario que él sintiera soledad. Cuando el hombre se dio cuenta de que no había ayuda idónea para él, Dios intervino. La solución de la soledad de Adán no fue Eva, sino el milagro de Dios en su vida. 

Lo que te va a bendecir no es simplemente el hecho de que encuentres pareja sino la obra del Señor en tu vida, su provisión. Adán y Eva no fueron creados al mismo tiempo. Dios estableció un orden e hizo pasar por un proceso a Adán; un tiempo de soledad donde se dio cuenta de que no había ayuda idónea para él.

Permite que Dios se Encargue

El tiempo de soltería es solo una etapa, y si ahora te encuentras en ella, quiero decirte que es un tiempo de Dios en donde debes reconocer que necesitas Su ayuda. Este fue un tiempo para que Adán viera la mano de Dios. No quieras llenar ese vacío con cualquier persona, permite que Dios se encargue. Primeramente debemos ir a la presencia del Señor y reconocer que al tener a Dios no podemos sufrir ese tiempo de soledad.

Buscar una relación para que el otro supla nuestras necesidades de atención y afecto puede ser dañino, no solo en el contexto de noviazgo, sino también con nuestras amistades. Una persona que se siente sola y no busca al Señor puede volverse dependiente de la atención de sus amigos y aún no sentirse satisfecha. Demanda tanto de los demás que termina siendo rechazado.

¿Qué debemos hacer en esta etapa de soledad?

1.- Buscar al Señor

Debemos reconocer que necesitamos la ayuda de Dios y este es un buen tiempo para que podamos buscarlo de corazón.

2.- Permitir que sea Dios quien traiga a la persona que tiene para tu vida

Si tratamos de llenar esa soledad nosotros mismos, acabaremos cometiendo errores. Es la obra de Dios la que llena nuestro corazón, es el saber que nuestro Padre está con nosotros, que Él obra en nuestras vidas y que es nuestro proveedor.

3.- Reconocer que Jesús es quien llena nuestro vacío

Si esperamos que otra persona nos llene, nos vamos a desilusionar. Sí, nuestra pareja suple nuestras necesidades, pero lo que llena ese vacío es la presencia de Cristo.

Dios fue capaz de sacar a una mujer de una costilla, ¿no crees que pueda proveer tu ayuda idónea? Mi anhelo es que puedas pasar esta etapa de soledad sabiamente; no permitiendo que la tristeza te abrume y sabiendo que es Dios el que va a mover las cosas.

Eva no suplió la necesidad de Adán, fue la intervención de Dios quien lo hizo. Ella fue el medio que el Señor escogió para bendecir a Adán. La bendición no es en sí una pareja; la bendición es la obra de Dios en tu vida. Sé sabio y permite que el Señor trabaje en tu corazón durante el tiempo de espera.

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