Fe

Dios Quiere Que Tu Fe Crezca

El más grande árbol crece de una pequeña semilla.

Dios quiere que tu fe crezca. Cuando Jesús hablaba de una fe del tamaño de un grano de mostaza, no se refería a que Él quisiera que nuestra fe fuera pequeña. Jesús hizo esta comparación porque la semilla de mostaza, siendo la más pequeña de las hortalizas, puede llegar a crecer y convertirse en una frondoso árbol. De igual manera, el Señor quiere que nuestra fe aumente.

Sería interesante que pudiéramos medir nuestra fe con alguna clase de artefacto. Imagínate que Dios te dijera cuánta fe tienes en escala del uno a diez. Quizás nos motivaría a elevar el nivel en el que estamos. Muchas veces, como cristianos, creemos que tenemos la fe suficiente porque sabemos muchas cosas de la Palabra. En ocasiones pensamos que, por saber muchas cosas de la Biblia, ya tenemos fe o que nuestra fe ya maduró.

“La fe viene por oír” (Romanos 10:17 NTV). Sin embargo, la fe se pone a prueba al vivir y experimentar situaciones en nuestra vida diaria. Tú y yo corremos el peligro de que nuestra vida se mantenga estancada en cierto nivel de fe, dejando de aspirar a que crezca.

“De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.” Hebreos 11:6

La fe en Cristo es el fundamento de nuestra relación con Dios. Es imposible tener una relación con Dios sin fe. No podemos tener la vida de Dios en nosotros ni ver Su obra en nuestras vidas si no hay fe en nuestro corazón.

En palabras sencillas, la fe es confianza. La fe verdadera es aquella que pone su confianza en Dios. La fe en sí misma no tiene poder, lo que tiene poder es el objeto de nuestra fe, nuestro Señor. Nuestra fe, en Dios, tiene poder.

Mucha gente le tiene fe a la selección nacional de fútbol, a un político o a su jefe. ¡Esa no es fe! La fe es poderosa cuando está puesta en Jesús. Algunos pueden poner su fe y confianza en sí mismos, en su inteligencia o capacidad pero nada de eso tiene poder, solo el Señor.

Por eso Jesús dijo que el Reino de los Cielos era de los niños. Los niños confían en sus padres de una manera plena. Yo tengo un hijo pequeño y cuando me pide algo no duda ni por un momento que lo obtendrá. Puede incluso olvidársele (eso espero) pero confía completamente en lo que le prometí.


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Un Pueblo sin Fe

En el capítulo ocho del libro de Mateo vemos varios milagros que Jesús hizo: sanó a un leproso, sanó al siervo de un centurión romano y hasta sanó a la suegra de Pedro (quizás por eso lo negó). En Capernaúm Jesús liberó de espíritus y demonios a muchos. En el capítulo nueve levantó de la muerte a una niña e hizo a un mudo hablar. Todo esto ocurrió antes de que volviera a Su tierra, Nazaret.

“Dios no responde a la necesidad; Él responde a la fe”.

Sin embargo, algo ocurrió ahí que impidió que Jesús realizara milagros. Este es un pasaje muy triste. Jesús no hizo muchos milagros en Nazaret, no porque anduviera desvelado o porque se le hubiera terminado el poder, sino porque había incredulidad en el corazón de la gente. Jesús no hizo milagros ahí porque no había fe.

Lo que a Jesús le agrada es la fe; eso es lo que mueve Su mano. Él sanaba y realizaba milagros en respuesta a la fe que encontraba en la gente. Dios no responde a la necesidad; Él responde a la fe. Quizás pienses: “¿Por qué Dios no me responde si tengo tanta necesidad?”. Si fuera así, Él ya lo hubiera hecho, pero lo que el Señor está buscando es fe.

“Cuando el Hijo del Hombre regrese, ¿a cuántas personas con fe encontrará en la tierra?”. Lucas 18:8

Cuando el Señor viene a nuestras vidas y quiere manifestarse en alguna circunstancia, ¿qué encuentra? ¿Encuentra fe en nuestro corazón cuando Él viene con el deseo de obrar? ¿Encuentra miedo, duda o incredulidad?

Más Que Maravillarse

“Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. 54Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?”. Mateo 13:53-54 (RVR1960)

Sin fe es imposible recibir el poder y las bendiciones de Jesús. Algo que me sorprende de este pasaje es ver que esta gente se perdió la oportunidad de recibir grandes milagros porque no tenían fe. Aún más triste, vemos en el verículo 54 que se maravillaban de las obras de Jesús. Ellos reconocían Su sabiduría y Sus milagros. Esta gente entendía, comprendía y daba crédito a la obra del Señor pero al momento de tener que mostrar la fe, no la tuvieron.

Es muy fácil criticar a estas personas: “¡Qué bueno que no les hizo milagros! Eso les pasa por incrédulos”. Pero la realidad es que tal vez tú y yo no estamos muy lejos. ¡No te ofendas! La verdad es que muchos podemos maravillarnos de las enseñanzas, de los testimonios y de las predicaciones y de la obra que Dios hace en los demás, pero la pregunta es: ¿Qué sucede cuando Jesús llega a nuestra vida diaria? Se ocupa algo más que maravillarse de Él: Es necesario creer en Él en nuestra necesidad práctica.

Dios no quiere que seamos personas que creen solamente en teoría pero que se derrumban cuando llegan los problemas, las crisis y la enfermedad. Él desea que verdaderamente creamos lo que decimos; Él desea que creamos en Su poder.

“Cada necesidad y cada problema es una oportunidad para que Dios se manifieste de maneras asombrosas”.

¿Qué le ocurría a esta gente? Pareciera que se habían vuelto locos. Sabían de todo lo que había hecho Jesús pero no querían creer. Nosotros debemos de tener cuidado que no sea nuestro caso también y que estemos aprendiendo de Jesús pero no confiemos en Él mientras atravesamos la prueba.

Tal vez nos limitamos a que las cosas se resuelvan dentro de los términos de los normal, cuando la realidad es que tenemos un Dios poderoso que quiere hacer cosas sobrenaturales. Confiamos primero en un doctor cuando viene la enfermedad o pedimos ayuda cuando hay problemas económicos. Cada necesidad y cada problema es una oportunidad para que Dios se manifieste de maneras asombrosas pero, para que eso ocurra, es necesario un ingrediente esencial: ¡Se necesita fe!

Dios no va a obrar si no hay fe. Sin ella, no veremos Su gloria, Su poder ni Sus milagros. No basta ir a la iglesia y maravillarnos. No basta conocer las Escrituras y hasta platicar acerca de ellas. Dios quiere llevarnos a algo más profundo: Quiere llevarnos a poner en práctica nuestra fe.


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Dios Quiere Verte Crecer

“Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse”. Santiago 1:2-3 NTV

Dios nos ama, y ya que nos ama como hijos Suyos, quiere que crezcamos. Ningún padre querría que sus hijos permanecieran consentidos e inmaduros toda su vida. Una de las maneras en que Dios obra es haciéndonos pasar por situaciones en las que pone a prueba nuestra fe para que así crezca.

Quizás nuestra tendencia es pedirle al Señor que nos saque de los problemas cuando llegan; a eso le llamo el espíritu de “zacatito”. Nos agarramos de la oración de Jesús y pedimos que, si es posible, Dios no nos haga pasar por la copa, pero olvidamos que ni Jesús pudo evitarla. No nos gustan las dificultades, pero son necesarias para que crezcamos.

El mundo nos enseña a vivir sin problemas en la “felicidad” humana, pero Dios, como Padre Celestial, sabe que la mayor felicidad que podemos tener es conocerlo a través de una fe madura. La fe se pule y crece a través de las pruebas.

¿Se habrá equivocado Santiago? ¡De ninguna manera! El objetivo es que podamos ver las cosas como Dios las ve. Nosotros huímos de las pruebas pero el Señor nos vuelve a meter. ¿Por qué? Porque es ahí donde Él se va a manifestar, cuando le busquemos. Queremos conocer al Señor, pero solamente por las buenas. Conocer a Dios significa, en Su lenguaje: prueba.

Viendo Fantasmas

“En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud”. Mateo 14:22 RVR1960

Más adelante en Mateo vemos que los discípulos iban con Jesús a donde sea que Él fuera. Iban con Él a todos lados atravesando ciudades y desiertos, viendo todo en primera fila como “VIP’s”. Mientras seguían a Jesús, todo era bien bonito; veían milagros y maravillas. Quizás Jesús los miraba y pensaba que ellos se veían muy bien ahí sentaditos observando. Tal vez Dios piense lo mismo de nosotros: “¡Qué bonitos se ven ahí sentados en la iglesia! Alabando y escuchando los mensajes”.

Sin embargo, vemos que “ Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera” (Mateo 14:22). Yo creo que Pedro iba remando y se preguntaba si Jesús en realidad vendría. Jesús los mandó directo a una tormenta mientras Él despedía a la multitud y se apartaba para orar en el monte.

¿Qué estaría orando Jesús? La Biblia no lo dice, pero probablemente oraba por Sus discípulos. Él se preparaba para hacer algo que impactaría sus corazones. Entonces Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua. Ellos remaban con fatiga, ¡y eso que no eran ningunos novatos!. Cuando lo vieron, se llenaron de miedo porque pensaban que era un fantasma.

¿Por qué no les dijo nada antes? ¿Por qué no les avisó de lo que haría para que no se fueran a asustar? Vamos a aplicar esto a nuestras vidas. Jesús nos manda por delante en las situaciones para pasar por pruebas. Vamos muy contentos por la vida, creemos en el Señor, “¡aleluya!”. Entonces, Jesús te dice que te adelantes y, como a los discípulos, te empieza a ocurrir de todo. Te empieza a ir mal en el trabajo, en la escuela, recibes malas noticias y te preguntas “¿Qué está pasando?”.

Entonces empezamos a alucinar. Tal vez no pienses, como los discípulos, que viste un fantasma, pero empezamos a cuestionarnos todo. Creemos que estamos en pecado, que Dios nos está castigando y salimos hasta con ideas que ni bíblicas son. No entendemos por qué estamos pasando por esas situaciones.

¡Necesitas crecer! Necesitas entender que cada prueba por la que estás pasando es para que te goces, porque Dios quiere que puedas confiar en Él. Eso es lo que Jesús les dice a Sus discípulos: “—No tengan miedo —dijo—. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí!” (Mateo 14:27 NTV). ¡Qué palabras! En la enfermedad, ¡ten ánimo! En la crisis, ¡ten ánimo! ¡No veas fantasmas!


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¡Es Él!

“Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder”. 1 Corintios 2:4

Cuando tenemos problemas empezamos con nuestros “rollos”. Salen nuestros temores y nuestras alucinaciones. Nos empezamos a frustrar y sentimos que Dios nos dejó y que ya no nos ama. ¿Quién nos dijo todas esas mentiras?

Jesús viene caminando sobre el agua. Él sigue haciendo milagros y es el mismo ayer, hoy y siempre. “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). El Creador del cielo y la tierra les dice unas palabras tan sencillas pero tan profundas: “¡Tengan ánimo!”.

Yo prefiero pensar de esa manera en cada prueba. En lugar de andar alucinando mil cosas prefiero pensar: “¡Es Él!”. Cuando vengan los problemas y las luchas, diré: “¡Es Él!”. Él está detrás de todo esto; Él está caminando sobre el agua. Prefiero oír Su voz y oír Sus palabras a todo lo que el mundo, la gente o mi carne me puedan decirme. Ninguna de esas palabras tiene autoridad. Solo uno tiene autoridad y ese es Jesús y Él me dice: “¡Ten ánimo!”.

Demuestra Tu Fe

Esa es la fe que necesitamos hoy. Esa es la fe que el mundo necesita ver más que nunca. La gente necesita ver más que palabras. Necesitan ver la manifestación de Dios y esta va a venir a través de nuestra fe. La gente no necesita más sermones; la gente quiere ver el poder de Dios.

El Señor se manifiesta a través de la fe. Para que este mundo sea sacudido, no es necesario que hagamos grandes cosas. Lo único que necesitan ver es que el Dios del cual hablamos es real y está actuando en nuestras vidas. Cuando el mundo lo vea, lo verá a través de una fe firme y profunda en Cristo, no en cristianos que huyen o dudan en la primera prueba. Lo verán en cristianos que se toman de la fe y dicen. “¡Es Él, es el Señor!”.

“Lo único que Jesús pide es que demos el paso de fe”.

Jesús dijo algo sorprendente: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará” (Juan 14:12). El corazón de Dios es que nosotros podamos hacer lo que Él puede hacer. ¡Ese es el corazón de un padre! Un buen padre no sobreprotege a su hijo, sino que desea verlo crecer.

Jesús ve que Pedro deseaba caminar hacia Él y de esa manera ve su corazón. Pedro habrá tenido muchos defectos, pero tenía un gran deseo de ver la gloria de Dios. A ninguno de los otros discípulos se le ocurrió pedirle a Jesús que le llamara a caminar hacia Él. Jesús simplemente le dice: “Ven” (Mateo 14:29).

A veces queremos echarle todo un discurso a Dios cuando estamos en necesidad y en realidad lo único que Jesús pide es que demos el paso de fe. Él simplemente nos dice: “Ven”. ¡Aplícalo! Al igual que Pedro, el Señor quiere que seamos una generación que camina sobre el agua. Él que desea que seamos una iglesia sin temor que experimente Su poder en cada problema y circunstancia. ¡El nos quiere llevar de gloria en gloria y de triunfo en triunfo!

¿Quién mandó a los discípulos por delante? Fue Jesús. ¿Quién nos hace pasar por pruebas? Es el Señor. Ellos eran profesionales en la barca, pero se toparon con que no podían cruzar. Tal vez tú y yo seamos muy buenos en lo que hacemos, pero de igual manera nos podemos encontrar con que no podemos. La buena noticia es que por más fuertes que estén las olas, Jesús cumplirá Su palabra. El los encontró en la otra ribera.

Un piloto tiene como objetivo llevar a todos los pasajeros a su destino. Aún si alguien no coopera con el orden o si tiene que llamarle la atención a alguna persona para que se siente y se ponga el cinturón, hará todo lo posible por cumplir su objetivo. Así es Dios con nosotros. Él hará todo lo necesario con tal de llevarnos a la eternidad. Así que agradécele a Dios por cada circunstancia y por cada problema porque Él tiene un propósito en ello. Él quiere que tu fe crezca. No te conformes con ser de los que observan y se maravillan. Reconoce a Jesús en cada prueba y ten ánimo. Di: “Es Él”.

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