Morir

Dispuestos a Morir

¿Dejarías lo que más amas por amor a Dios?

Una de las cosas que vemos en la Palabra acerca de la vida cristiana es que Dios nos llama a todos nosotros a morir. Así es, Dios quiere que mueras. Jesús mismo dijo que para que una semilla dé fruto, es necesario que primero muera. Él quiere que tengamos una actitud de morir a nosotros mismos para que Dios viva dentro de nosotros.

El Señor nos pide que soltemos nuestra vida y la confiemos a Él. Pero es una realidad que muchos jóvenes batallan con su vida cristiana por estar siempre pataleando por no querer morir. Es decir, no querer morir a tus planes, deseos, conceptos, expectativas o visiones. No queremos soltar nada, y Dios no puede llenar un vaso que está lleno. Primero tiene que vaciarse.


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Promesas Increíbles

“En ocasiones, las promesas de Dios nos pueden sonar bonitas pero también imposibles”.

Cuando leemos la historia de Abraham en la cual Dios le pidió sacrificar a Isaac, su hijo, pareciera que la petición de Dios no tiene sentido (hasta que ves el desenlace). Años antes de que Isaac naciera, Dios le hizo una promesa a Abraham: “¡Te haré el padre de una multitud de naciones!” (Génesis 17:4 NTV). Para que eso sucediera, debía tener un hijo. Dios le dice a Abraham que Sara, su esposa, tendría un hijo. Pero Sara tenía 90 años. ¡Imagínate!

En ocasiones, las promesas de Dios nos pueden sonar bonitas pero también imposibles. Por ejemplo, tal vez Dios dice que tu casa será salva, pero ves tu casa y dices: “¡No! Lo veo muy difícil”. Dios te dice que te vas a casar, pero ves alrededor y dices: “¡No! No hay nadie”. Quizás Dios te dice que te mandará fuera del país, pero ves tu cuenta bancaria y dices: “¡No! Ni cuenta bancaria tengo”.

Abraham tenía 100 años, pero Dios le prometió que tendría un hijo con Sara. Para ellos, Isaac representaba el cumplimiento de la promesa, era un hijo muy amado. En lo personal, amo mucho a mi hijo, lo cuido y lo apapacho. En una ocasión, fuimos a un club deportivo y me subí con mi hijo a uno de los toboganes. Se encontraba ahí una jovencita que trabajaba supervisando a los niños. Ella me vio con él y me dijo: “Yo quisiera un papá como usted. No todos hacen eso”. Me sorprendió mucho su respuesta, pero me puso a pensar: “Yo no puedo ni quitarle la vista de encima a mi hijo”. ¡Imagínate a Abraham con Isaac, quien era el hijo de la promesa! Con esto, Abraham conoció que Dios era un Dios fiel que siempre cumple.

La fe de Abraham es probada

“Él fue dispuesto a obedecer a Dios y llevó a su único hijo para ser sacrificado”.

Dios viene a probarnos para ver si lo que decimos es verdad, para ver si es cierto lo que profesamos creer y sentir por Él. En otras palabras, Él quiere ver si no eres puro tilín tilín y nada de paletas. En esta parte del relato, ocurre lo siguiente: El Dios de promesas le habló a Abraham para pedirle al hijo de la promesa en sacrificio. Y Abraham lo hizo. Él fue dispuesto a obedecer a Dios y llevó a su único hijo para ser entregado. Quiero que veas el impacto de esto: Aquí Abraham estaba dispuesto a morir a una expectativa, a morir a todos esos días en los que había pensado e imaginado el futuro de su hijo. Estaba dispuesto a morir a esa gran ilusión que se había creado.

Justo a tiempo, llega un ángel para detener a Abraham en el acto: “—¡No pongas tu mano sobre el muchacho! —dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo” (Génesis 22:12). Abraham pasó la prueba y, a raíz de esto, se convirtió en el padre de la fe, un ejemplo de confianza en Dios.


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¡Qué gran bendición! ¿No crees? Que se le conozca como un hombre que creyó y confió en Dios, en Su promesa y en Su fidelidad. ¿Se podría decir lo mismo de nosotros? Hay muchas preguntas que debemos hacernos: ¿Se te puede reconocer como un joven o jovencita que considera, depende y espera en Dios en todas las áreas de su vida? O quizás se te conoce como alguien que vive en sus propias fuerzas y toma decisiones en su carne y comete errores.

¿Verdaderamente sabes esperar y tomar decisiones confiando en Dios? ¿Se ve la obra de Dios en tu vida? ¿Se te conoce como una persona que espera en Sus promesas y las recibe? Es tu deber analizar si en verdad esperas en los tiempos de Dios. Pregúntate si vives en el propósito de Dios y si Su obra es visible en tu vida, es decir, si tienes testimonio de lo que Dios ha hecho contigo y en ti.

De Isaac a Jesús

Sin embargo, hay algo raro en la historia de Abraham, ¿no crees? Es muy extraño que Dios le haya pedido a Abraham que sacrificara a su hijo. Si leemos el Antiguo Testamento, veremos a través de la Ley que Dios no está de acuerdo con estas prácticas y que Él no permite sacrificios humanos, nunca (Deuteronomio 18:10, Levítico 18:21, 2 Reyes 17:17). Una y otra vez, Dios declara a Su pueblo que Él no quiere que sacrifiquen a sus hijos. Entonces, ¿por qué se lo pidió a Abraham? A final de cuentas, conocemos la historia y sabemos que en realidad no lo permitió. Pero, ¿por qué se lo pidió? No tendría sentido, a menos, claro, que hubiera algo más profundo. Y efectivamente lo hay.

Hay un propósito mucho más profundo en el plan de Dios que simplemente poner a prueba la fe de Abraham. De hecho, es algo que el Señor nos pinta en el Antiguo Testamento una y otra vez y que tiene que ver con Su propósito para la humanidad: Revelarnos a Jesús. Todo es acerca del Mesías, de la salvación a través de Su Hijo. Pon atención a lo siguiente:

  • Abraham y Sara tuvieron un solo hijo: Isaac. Dios nos dio a Su único Hijo para salvarnos: Jesús.
  • Ambos hijos iban a ser sacrificados. Dios le dijo a Abraham que sacrificara a Isaac, y Jesús fue sacrificado por nosotros.
  • A Abraham le tomó 3 días llegar al lugar donde sacrificaría a Isaac (Génesis 22:4). Fueron 3 días los que pasaron para la resurreccion de Jesús.
  • Fue Isaac quien cargó la madera (Génesis 22:6). Fue Jesús quien cargó la cruz.

Finalmente, Isaac no fue sacrificado, porque Dios proveyó el sacrificio (Génesis 22:13). Dios proveyó un carnero, y aunque Isaac no murió, a final de cuentas sí hubo un sacrificio. Tenía que haberlo, pero Dios mandó al sustituto de Isaac. De la misma manera tenía que haber un sacrificio para pagar por el pecado, y Jesucristo se entregó a sí mismo para eso.

Cada uno de nosotros tenemos que pagar por nuestro pecado. ¿Sabes cuánto cuesta pagar por el pecado? El precio es morir eternamente. Esta es una la ley espiritual bíblica. Nuestra muerte no es suficiente, ¡ni siquiera la muerte eterna lo es! El destino de la humanidad sin Cristo es la muerte, pero Dios proveyó el sacrificio y Jesús tomó tu lugar y el mío en la cruz. Isaac fue salvado de la muerte, y nosotros fuimos salvados por la muerte de Jesús.


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Morir a Nuestros Deseos

Dios envió a Jesús para morir en nuestro lugar. Ahora la pregunta es: ¿Por qué Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac? Porque sabía que Dios era fiel y que bien podía levantarlo de los muertos. Abraham verdaderamente amaba a su hijo. Isaac representaba una promesa, un sueño, una herencia y un futuro. Representaba todo lo que él no tenía.

Tal vez no alcanzamos a comprender cómo Abraham estuvo dispuesto a sacrificarlo. Y la razón bíblica por la que lo hizo es impresionante: Creía en las promesas, en la fidelidad y en la provisión sobrenatural de Dios. Yo personalmente creo que Abraham dijo: “Si Él me lo dio, Él me lo volverá a dar. Él lo va a hacer aunque yo no entienda como”.

“Jesús murió, resucitó y venció a la muerte para que nosotros pudiéramos vivir”.

Abraham no hizo cuestionamientos ni reclamos. ¿Sabes por qué? Porque Abraham nunca llegó a apropiarse de algo que siempre le perteneció a Dios. Muchos de nosotros nos queremos apropiar de cosas que queremos más que a Dios mismo, y no le permitimos que obre en nuestra vida porque no estamos dispuestos a morir.

Jesús murió, resucitó y venció a la muerte para que nosotros pudiéramos vivir. Esa es la promesa. Tu vida, tu futuro, tus planes, tus propósitos y las cosas que vienen por delante le pertenecen a Dios porque, como hijo suyo, toda tu vida proviene de Él.

“Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios”. Colosenses 3:1

 

Necesitamos morir a nosotros mismos y resucitar con Él en la vida que tiene para nosotros; debemos buscar las cosas de arriba. ¿Qué es lo que tú estás buscando? ¿Buscas tus deseos, tus sueños, tus planes, tus caprichos? Nosotros estamos llamados a buscar lo que está en Cristo.

¿Como aterrizamos esto a nuestra vida diaria? Considerando a Dios en todo, preguntándole qué plan tienes para ti en cuanto a tu pareja, lo económico, tus estudios, el trabajo. Es decirle sinceramente a Dios: “¡Yo quiero lo que viene de arriba!”. Pero para que eso suceda, tienes que estar dispuesto a soltar y a morir.

“Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás”. Marcos 8:35

No puedes comprender esto con un corazón humano. Si tienes un corazón carnal y mundano, todo esto se pierde. Pero si tienes un corazón para Dios, entenderás que las cosas que vienen de arriba no se comparan con lo que este mundo te ofrece.

Éramos lo más vil pero Dios nos compró para bendecir nuestra vida con las cosas que vienen de Él. ¿Qué estás deseando hoy? ¿Anhelas lo que el mundo y tu carne te ofrecen? ¿O pones tus sueños y tu meta en las cosas de arriba?

Todos están concentrados en lo que el mundo ofrece. Debes entender que lo que Dios tiene para ti no lo tiene para todos. “Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3).

Deja que Cristo se manifieste en cada área y decisión de tu vida. Pregúntale qué es lo que quiere y tiene para ti. Atrévete a decirle: “No quiero lo que todos dicen y desean. ¡Manifiéstate en mi vida!” Yo no sé tú, pero si esto está a mi disposición, yo lo quiero; si puedo recibir cosas de Él, yo las quiero. ¿Por qué voy a hacer y desear lo que el mundo dice? ¡A mí no me importa lo que diga el mundo! Si me aceptan o no, ¿a mí qué? Me importa lo que tiene Cristo para mí.

¿Por qué Dios pintó este cuadro en el Antiguo Testamento? Para que creyéramos.

“Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá. ¿Lo crees, Marta?”. Juan 11:25-26

La pregunta es sencilla pero matona: “¿Crees esto?”. Todo lo que viene de Dios se recibe por hacer algo muy simple, pero que al mismo tiempo resulta difícil: Creer. Durante la emoción del momento es muy fácil creer, pero cuando estás en medio de las broncas, cuando Dios quiere probarte, ahí es donde sale a la luz nuestra verdadera fe.

Él viene a probarte en los sentimientos y permite que seas tentado. Estás siendo probado en el trabajo, en tu casa, en la escuela y hasta con el galán o la chica que te mueve el tapete. Eres probado cuando vienen cosas que son vanas, y buscas hacerlas antes de buscar las cosas de Dios. Cuando tu corazón está partido, no sabes ni cómo decidir. Dios te pide que lo entregues y lo sueltes, pero nos aferramos. Abraham lo soltó.

¿Crees que Jesús es tu salvador? ¿Crees que Jesús tomó tu lugar, te perdonó y que debe ser tu Dios personal? ¿Crees que debes vivir solo para Él? ¿Estás dispuesto a morir a ti mismo porque crees que Dios cumplirá Sus promesas en ti? ¿Te atreverías a decirle hoy a Dios: “Pruébame“?

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Viviendo en Cristo
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