La Presencia de Dios

¿Dónde encuentro la presencia de Dios?

Estás a punto de descubrirlo.

Cuando estás enamorado de alguien, lo único que quieres y deseas es estar con esa persona. De la misma manera, una persona que ama a Dios, naturalmente va a buscar estar cerca de Él. Una de las prioridades del cristiano es reunirse con otros creyentes con el propósito de buscar a Dios y encontrarse con Él. Estar con Dios, es estar en Su presencia. 

¿Cuál es la manera correcta de entrar en la presencia de Dios? ¿Qué dice la Biblia? ¿Por qué es tan importante?


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Tres niveles de manifestación de la presencia de Dios

GENERAL: Una de las principales características de Dios es que es omnipresente; es decir, Su presencia está en todas partes y todo tiempo. Este es el primer nivel. Dios está en todas partes pero no se manifiesta en todas partes. 

PARTICULAR: Algo que Dios nos promete, es que Él se encuentra presente cuando nos reunimos para alabarle y glorificarle. “Pues donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí entre ellos” (Mateo 18:20 NTV)

ESPECIAL: Podemos encontrar en 2 Crónicas 5:13-14, como, al alabar a Dios, los sacerdotes pudieron atraer Su presencia de una manera muy especial: en forma de nube. La Gloria de Dios se manifestó y llenó por completo el templo en el que se encontraban. Parece una historia de fantasía pero es real.

¿Cómo podemos acercarnos a la presencia de Dios?

“No existe una manera correcta o incorrecta de entrar en la presencia de Dios.”

Dios nos enseña que la adoración y las alabanzas son la expresión adecuada para acercarnos a la presencia de Dios. El pueblo de Israel, por ejemplo, entraban en la presencia de Dios con alabanzas. Por su parte, Jesús nos dejó claro que no hay un manual o fórmula para adorar, mas bien es un asunto del Espíritu.

“Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” Juan 4:23-24

No existe una manera correcta o incorrecta de entrar en la presencia de Dios, solo existe la manera de Dios. Su manera puede ser diferente y única cada vez.

Todos somos responsables al adorar a Dios. Como cristianos y adoradores de Dios debemos tomar nuestra responsabilidad dentro de la Iglesia. No se trata de culpar al pastor, al que canta o al líder cuando algo sale mal. Es responsabilidad de cada miembro de la Iglesia estar preparado para los momentos de adoración. La Biblia dice: “Alaben a Dios en su santuario” Salmos 150:1, esto hace responsables a todos los que participamos de la reunión y la adoración.


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¿Cómo nos podemos preparar para entrar en adoración?

“Un verdadero adorador hace que sus actividades diarias sean una expresión de dedicación a Dios.”

Es absolutamente indispensable orar. Orar es platicar con Dios, contarle nuestras batallas y ponernos en sus manos. Es agradecerle por cada una de las cosas que nos da día con día. Cuando no tenemos esta relación íntima con Él y no le entregamos nuestras luchas y debilidades para que trabaje en ellas podríamos no lograr enfocarnos durante los momentos de adoración. Todo pecado no confesado vendrá a nuestra mente cuando tratemos de adorarle.

Hebreos 10:25 dice: “Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros”. Parte importante de la preparación es congregarnos y entender que debemos permanecer unidos animándonos continuamente, porque cuando estamos separados morimos espiritualmente. No debemos olvidar orar previamente por cada reunión, así como entender que llegar temprano a la Iglesia es esencial, esto nos permite tener comunión con Dios antes de cualquier otra cosa mediante la adoración y alabanza.

Ir a la Iglesia no debe ser solo a recibir algo de Dios, debemos ir con la intención de darle a Dios nuestro tiempo, nuestros talentos, servirle dentro de la iglesia y sobre todo bendecir y adorar Su Nombre.

Es motivo de alegría

“¡Canten de la gloria de su nombre! Cuéntenle al mundo lo glorioso que es él.” Salmos 66:2

Durante los momentos de alabanzas y adoración, debemos poner gloria en las alabanzas, esto es entregarle estas alabanzas en verdad y presentarlas con alegría. Las alabanzas por si solas no garantizan una reunión gloriosa, debemos de dejar a un lado todo aquello que nos aleja de Dios y dedicarnos a Él completamente en espíritu.

Debemos ser adoradores todos los días, no solo esperar a que llegue el domingo para hacerlo; Dios nos bendice todos y cada uno de los días de nuestra vida. ¿No merece que le adoremos y agrademos diariamente?

Si cuando estamos en la iglesia aún no logramos sentirnos plenos al adorar, quizá sea porque no hemos aprendido a alabar durante la semana. El hecho de participar en la adoración no nos hace adoradores. Dios no pide que le canten alabanzas toda la semana y a toda hora, pero sí pide que vivamos como adoradores toda la semana. Dios demanda santidad, unidad disciplina y orden en la vida de sus hijos. Cuando adoptemos esa clase de vida nos daremos cuenta que las alabanzas fluirán de nuestro interior de una manera natural. Un verdadero adorador hace que sus actividades diarias sean una expresión de dedicación a Dios.

¡Alabemos a Dios, aun en nuestros peores momentos!

“Un sacrificio es algo que nos cuesta entregar y esta clase de alabanza no es algo que surge con facilidad.”

Cuando tenemos una relación estrecha con Dios, la alabanza comúnmente fluye con facilidad. Pero hay ocasiones en que no estamos en esa situación. Pareciera que nos va mal en todo y no sentimos ganas de alabar a Dios, es aquí cuando ofrecemos sacrificio en alabanza. Es decir, alabamos a Dios a pesar de todo aquello por lo que estamos pasando. La Biblia nos invita a ofrecer sacrificios de alabanza a Dios.

“Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre.” Hebreos 13:15 

Un sacrificio es algo que nos cuesta entregar y esta clase de alabanza no es algo que surge con facilidad. No estamos en las mejores condiciones y seguramente será muy difícil poner de nuestra parte, pero para Dios es de gran precio y por lo tanto se complace en recibirla como un sacrificio en alabanza. Podemos ver el ejemplo de David en 1 Crónicas 21:24 “Pero el rey David le respondió a Arauna: —No, insisto en comprarla por el precio total. No tomaré lo que es tuyo para dárselo al Señor. ¡No presentaré ofrendas quemadas que no me hayan costado nada!” David no quería entregar algo que no le costará nada.

El sacrificio no lo es si no cuesta nada. No hay sacrificio cuando hay deseo de hacerlo. En el antiguo testamento el sacrificio requería la muerte del animal. El sacrificio del Nuevo Testamento demanda también del creyente la muerte a su comodidad, a sí mismo y sus deseos.

Para entrar en la presencia de Dios, busquemos una vida que lo honre. Busquemos a Dios todos los días. Participemos en actividades para servirle. Pero sobre todo, entreguemos lo mejor de nosotros en espíritu y en verdad. Solo mediante los momento de adoración lograremos entrar en Su presencia. 

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Crecimiento Espiritual
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