Confianza

¿En dónde está puesta tu confianza?

Si tu confianza está en lo que tienes, entonces está en el lugar incorrecto.

En el libro de Salmos encontramos el Salmo 37, donde David expone su corazón ante Dios. Él entra en un conflicto al ver que, aparentemente, a la gente mala le va bien; por el contrario, a la gente que ha depositado su confianza en Dios y vive de acuerdo a Su voluntad, pareciera no irles tan bien. David reflexiona al respecto y nos muestra cuál es el destino tanto del camino de los malos como del camino de los buenos. Hay varios nombres con los que se hace referencia a ambos grupos en la Biblia. En el caso de los malos, encontramos términos como los inicuos, los impíos, los pecadores, los transgresores, enemigos del Señor. Los calificativos que se usan en el caso de los buenos son: los que esperan en Jehová, los mansos, los justos, los rectos, los perfectos, los santos, los íntegros, los hombres de paz.

No te compares con los demás

El salmo inicia con estas palabras:

“No te inquietes a causa de los malvados ni tengas envidia de los que hacen lo malo. Pues como la hierba, pronto se desvanecen; como las flores de primavera, pronto se marchitan” (Sal. 37:1-2 Nueva Traducción Viviente).

En el versículo uno, encontramos la primera instrucción: No te inquietes a causa de los malvados ni tengas envidia de los que hacen lo malo. En ocasiones vemos a otras personas que siguen sus propios caminos, tienen excesiva confianza en si mismos, incluso llegan a rebelarse abiertamente contra Dios, y aparentemente les va muy bien. A veces somos tentados a decir: mira qué bien le va, ¿y por qué yo tengo que pasar por esta situación difícil? El consejo que tenemos aquí es no tener envidia, no codiciar, en lugar de ello, la invitación de David es poner nuestra confianza en el Señor, esperar en Él.

Aunque a veces tardan en ser visibles las consecuencias de no buscar al Señor, tarde o temprano se verán. Tal vez tú no lo alcances a ver, pero la Palabra de Dios es clara cuando dice que el malvado no permanecerá.


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Hacer Bien Y Hacerlo Bien

El consejo que se nos da en el  versículo tres es “confía en el Señor y haz el bien”. Este es un llamado a ejercer la confianza en Dios en todas las áreas de nuestra vida. Hoy en día, hay muchos cantos que entonamos que tienen ese sentido. Usamos palabras como: te entrego mi vida. Lo importante es que cuando estemos cantando al Señor, realmente nuestro corazón esté conectado con lo que estamos diciendo y lo que estemos expresando venga de lo profundo de nuestro corazón.

Lo segundo que nos dice es hacer el bien y, yo agregaría, hacerlo bien. En el lugar donde el Señor nos ha puesto, el mandato es hacer el bien. El primer lugar donde podemos poner en práctica esto es en nuestra casa. Piensa en cómo puedes ser de bendición para tus papás, para tus hermanos. Donde quiera que estés, ya sea en tu escuela o en tu trabajo, puedes mostrar a Dios a través de tus actos. Entonces el Señor promete que, haciendo esto, prosperarás.

“Cuando te deleitas en Dios le estás entregando tu amor porque significa que Él es lo más importante para ti.”

El versículo cuatro nos dice deléitate en el Señor. Entonces primero confiamos en Él, luego hacemos el bien y, lo siguiente que nos corresponde es disfrutar nuestra relación con Dios. Cuando te deleitas en Dios le estás entregando tu amor porque significa que Él es lo más importante para ti. Significa que tu vida está conectada con Dios y tu fuerza y todo lo que tú eres le pertenecen. Sabes que sin Él, no eres nada. Te invito a pasar tiempo con Dios, enamórate de Él, ten comunión con el Señor porque conocerle es lo más grande que podemos tener.

Luego de deleitarte en Él, el Señor dice: “él te concederá los deseos de tu corazón.” Me casé hace poco tiempo, después de varios años de estar en el grupo de jóvenes y una vez le dije a nuestro Pastor de jóvenes: tú aquí me vas a tener, aunque sea con bastón. Él me respondió: tú vas a casarte. Pero realmente yo ya había tomado una decisión en mi corazón, y yo le decía a Dios: “tú eres maravilloso y tú me llenas”. Luego él me permitió conocer a mi esposa.

Esperar es la parte más difícil

“Entrega al Señor todo lo que haces; confía en Él, y Él te ayudará” (Sal. 37:5). El año pasado estaba entre dos propuestas de trabajo. Decidí hacer las cosas bien y respetar la palabra que le había dado a la primera propuesta. Finalmente, después de orar al Señor, las cosas se acomodaron y terminé aceptando la segunda propuesta, que resultó ser la mejor. ¿Sabes? Vale la pena poner en las manos del Señor toda nuestra vida: lo laboral, lo personal y hasta los detalles, porque podemos ver cómo Dios se manifiesta y actúa a nuestro favor.

“Esta espera puede resultar difícil debido a que ya pusimos en Él nuestra confianza, ya encomendamos nuestras obras, y ahora toca esperar.”

Dios nos invita a esperar en Él. Esta espera puede resultar difícil debido a que ya pusimos en Él nuestra confianza, ya encomendamos nuestras obras, y ahora toca esperar. Hay una historia triste en el primer libro de Samuel, capítulo 13. Nos cuenta que Saúl tenía poco de haber empezado a reinar. Samuel, el profeta, le dice a Saúl que espere siete días a su regreso para ofrecer el holocausto. Pero Saúl, al ver a sus enemigos frente a él comenzó a desesperarse. Pensando que Samuel no llegaría, hizo algo que no le correspondía y ofreció un sacrificio. Sin embargo, esto no le concernía, sino que era una tarea del sacerdote. A pesar de ser el rey, no le estaba permitido hacerlo.

Samuel fue puntual y llegó el séptimo día, conforme a lo acordado, pero Saúl ya había ofrecido la ofrenda, misma que no le agradó al Señor. “Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Sam. 13:14). Tenemos que tomar esta lección y decirle a Dios: Señor si tú me dijiste que espere, yo lo voy a hacer, voy a esperar en ti en todas las cosas. Ayúdame a ser paciente, a guardar silencio y a tener confianza e ti.


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El Mundo en el Que Vivimos

En la Palabra se nos invita a dejar la ira y desechar el enojo. No se refiere al carácter en sí mismo, sino a la molestia y el cuestionamiento de por qué los demás prosperan. Si no tratamos con esto, puede llevarnos al enojo. Por eso la exhortación es dejar la ira.

Dios nos recuerda que los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra (v.9). ¿Qué herencia es la que Dios tiene para ti? Tal vez es diferente a la mía pero Dios te la va a dar.  El malo no existirá, es decir que tendrá un fin, pero los mansos heredarán la tierra. A esa promesa de prosperidad puedes añadirle la palabra paz, porque qué triste es tener lo uno sin lo otro, pero Dios nos promete ambas cosas.

“Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores” (v. 16). Vivimos en un mundo regido por el materialismo. Vemos muchas cosas en Facebook y las deseamos. El versículo dice que si juntas lo mucho que tienen las personas que no buscan al Señor, será menor a lo poco que pudiera tener alguien que ama a Dios. Como ves, El Señor tiene una perspectiva muy diferente a la nuestra. Nosotros vemos las apariencias pero el Señor ve el corazón.

Dar siempre es la mejor parte

En los versículos 17, 18 y 19 del salmo encontramos hermosas promesas que dicen que Dios sostiene a los justos. Aún en medio de la dificultad Él está con nosotros; nos protege y nos dice que recibiremos una herencia que permanece para siempre, porque todo aquello que hagamos bajo la aprobación del Señor va a mantenerse. Además, Dios promete Su sustento (abundante), en tiempos difíciles. ¿Qué más nos hace falta para tener confianza en Él? 

“Dios nos anima a dar, y podemos hacerlo de muchas maneras, no solo en lo económico, sino con nuestro tiempo, nuestra ayuda, compañía, servicio.”

En este Salmo el Señor también nos llama a dar: El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da.” V. 21 El dar es indispensable cuando hablamos del evangelio. Jesús vino a darse, vino para perdonar nuestros pecados y darnos vida eterna. Entonces nosotros como hijos de Dios debemos tener en nuestro corazón el dar. En otra porción de la Biblia se menciona que Dios ama al dador alegre (2 Co. 9:7). Eso quiere decir que habrá dadores que den sin alegría, o que dan por compromiso. Dios nos anima a dar, y podemos hacerlo de muchas maneras, no solo en lo económico, sino con nuestro tiempo, nuestra ayuda, compañía, servicio.

“El Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.. V. 23 y 24 Él nos afirma para que no caigamos, y si caemos, no nos dejará ahí para siempre. Vamos a tener pruebas y angustias, pero si Él nos sostiene, veremos la diferencia.

¿En quién tienes tu confianza?

Hace un par de semanas tuve una paciente, una niña de siete años aproximadamente, a la que la iba a poner una vacuna. Considerando que es una niña mayor, le expliqué la razón por la que iba a inyectarla (si se tratara de un bebé simplemente lo inyectaría). La respuesta que me dio esta pequeña me sorprendió mucho, me dijo: “sé que la vacuna me dolerá pero si mi papá viene y me abraza, todo va a estar bien.” De esta misma manera nos ocurre con el Señor, aunque pasemos por dificultad, por pruebas o dolor, si Él viene y nos abraza no importa lo que estemos pasando.

“Una vez fui joven, ahora soy anciano, sin embargo, nunca he visto abandonado al justo ni a sus hijos mendigando pan.” v.25 Este versículo lo escribió David siendo anciano, después de haber pasado por una larga vida, y nos muestra que Dios siempre estará ahí. Tal vez cometamos errores pero, siempre que corrijamos, veremos la mano del Señor en nuestra vida. Las promesas de Dios son sí y son amén, a veces no llegan en el tiempo que nosotros queremos o de la forma que esperamos, pero llegan.


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Toda decisión tiene sus consecuencias  

“No podemos decir que estamos siguiendo a Jesús si no nos hemos apartado del mal.”

 

El versículo veintiséis es una promesa de eternidad: Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre. El único que nos da eternidad es Jesús; no podemos decir que estamos siguiendo a Jesús si no nos hemos apartado del mal. ¿Qué es el mal? Aquí nos referimos a hábitos incorrectos, malas compañías, vicios. Tal vez alguien piense que está bien porque no practica estas cosas, pero también es necesario ver el corazón, ¿hay envidia? ¿malos deseos? Hay que orar al Señor para que nos ayude a superar todo esto.

 “Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos.” v.28 En nuestra relación con Dios habrá días que son muy buenos y otros que no lo son tanto, pero así como en un matrimonio cuando se hacen los votos y las parejas prometen amarse y ser fieles sin importar lo que ocurra, así nosotros debemos tomar la determinación de permanecer amando y buscando a Dios porque Él, sin duda, va a estar ahí, cuidando de nosotros. Pero quien hace el mal va a desaparecer en algún momento no solo de la tierra sino también en la eternidad: pero los hijos de los perversos morirán. V.28 La palabra del Señor dice que Él no quiere que ninguno se pierda, su voluntad es que nos salvemos, pero es nuestra decisión la que nos lleva a elegir uno de estos dos caminos.

Ejercita la Confianza

“Pon tu esperanza en el Señor y marcha con paso firme por su camino. Él te honrará al darte la tierra y verás destruidos a los perversos.” V.34 La tierra en este pasaje simboliza muchas cosas, como los anhelos de nuestro corazón. Pero la pregunta es, ¿en quién estás poniendo tu esperanza? Como hijos de Dios debemos tener nuestra esperanza en Dios. El trono del Reino de Dios lo ocupa solamente el Señor, nadie más. A veces queremos ‘subirnos al trono’ y empezar a decidir lo que creemos conveniente porque pensamos que Dios se está tardando, como le pasó a Saúl. Si tu confianza está en lo que tienes, en tus ahorros, en un seguro de vida, permíteme decirte que está en el lugar incorrecto, tu confianza debe estar en el Señor.

Debemos ver a aquellas personas que han sido rectas, íntegras; podríamos mirar esas vidas para aprender de ellas, porque veremos que tienen un final dichoso.  

Por último, encontramos el versículo 40 que declara: Jehová los ayudará y los librará; Los libertará de los impíos, y los salvará, por cuanto en Él esperaron. Debemos estar siempre confiados del Señor. Tenemos que meditar en esto y decirle a Dios: “en ti está mi confianza”. La invitación el día de hoy es que reflexionemos y le pidamos a Dios que saque las cosas que están impidiendo que tengamos una relación de confianza con Él. Si hay algo que no le está agradando, toma hoy mismo la decisión de dejar eso. Éste es el día de abrir el corazón e invitar a Dios que sea el Señor de tu vida entera.

 

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Gabriel
    1 Agosto 2017 at 10:44 am

    Demasiado interesante éste tema sobretodo en el tiempo que vivimos hoy día. Existe mucha incertidumbre, desesperación, desamor, egoísmo etc. Pero es en el Señor en quien debemos mantener la Fe y la esperanza, el mundo no lo da. Es cierto. Pidamos al Señor, como el rey Salomón, que nos regale el don de discernir con sabiduría todas las circunstancias que se presenten en nuestra vida y saber esperar en El y para El. Amén.

    Bendiciones en el Señor.

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