Echa Tu Ansiedad en Dios

La fortaleza proviene de una oración sincera.

Quiero hablarte acerca del propósito de la oración. Dios contesta las oraciones pero no contesta todas. Aunque Dios responde tus oraciones y aunque la oración en fe tiene poder no hay que olvidar que Dios es Dios y Él puede hacer lo que Él quiera.

“Padre, si quieres, te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía”. Lucas 22:42 (NTV)

La oración de Jesús a su Padre pidiéndole que pasara de él la copa no fue contestada. ¿Qué pasa en tu vida cuando Dios no contesta como tú quieres? ¿Qué sucede cuando Dios te contesta con un “no“? Si existe la posibilidad de que cuando ores Dios te conteste que no, ¿qué caso tiene orar? Si tu oración no siempre va cambiar las cosas, entonces ¿para qué oras? Si el Padre no iba a pasar de Jesús la copa entonces ¿para qué oró Jesús?

¿Qué significa pasar la copa?

“¡Despierta, oh Jerusalén, despierta! Has bebido la copa de la furia del Señor. Has bebido la copa del terror, la has vaciado hasta la última gota”. Isaías 51:17

La copa se refiere a la cruz pero en específico a la ira de Dios hacia las naciones y hacia la humanidad por causa del pecado. La copa que Jesús iba a beber es la razón por la que Jesús vino al mundo. Él vino a morir por tí y por mí. Jesús vino a beber la copa de la ira de Dios que era para que nosotros la bebiéramos y después muriéramos. Sin embargo, Jesús para eso nació, vivió y, sobre todo, murió. Murió por tí para que tú no lo hicieras.

Jesús hizo esta oración tres veces. En el Getsemaní, Jesús oró. Al terminar fue a ver a los discípulos a quienes vio cabeceando de sueño. Más adelante, Jesús volvió a orar. Regresó con sus discípulos y volvió a orar de la misma forma. ¡Así de importante fue para Jesús esta oración!

¿Tu crees que Jesús esperaba que las cosas fueran de otra manera? ¿Jesús esperaba que Dios autorizara un “plan b” o que cambiara de parecer? Jesús sabía que Dios no lo iba a hacer, no lo iba a hacer cambiar de parecer.

La oración no se trata solo de querer cambiar las circunstancias sino también de buscar la fortaleza de Dios en medio de la situación por la que atravesamos, sostenernos en Su fuerza y confiar en Su voluntad.


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La Oración No Es una Fórmula

Muchas personas creen que la oración es decir palabras correctas para lograr que algo suceda. La oración no es repetir ciertas frases y esperar que suceda el milagro. No se trata de eso. No creas que porque oras de cierta manera o repitas algunas palabras todo va a cambiar; no es una receta. No es como decir abracadabra y de repente todo sucede. Dios no es una máquina expendedora donde insertas una moneda, jalas una palanca y recoges el producto que recién adquiriste.

La oración no es un texto en una cadena de correo electrónico donde si no lo reenvías a cierto número de personas, el mundo se detendrá y nada te saldrá bien. No. Todo depende de la voluntad de Dios.

Debemos estar orando por cosas, situaciones, provisiones, dirección, milagros, y por muchas cosas más. Seguro estás esperando cosas de Dios pero, si no siempre sucederá aquello por lo que oras, entonces ¿para qué orar?

El otro propósito de la oración

La oración en fe en Cristo tiene poder, y a través de la oración se alcanzan milagros como sanidades, liberaciones de demonios y provisión sobrenatural por parte de Dios. Por esto no debes dejar la oración.

Sin embargo, la oración en tiempos difíciles también tiene un propósito diferente. Hay ocasiones en que Dios calma la tormenta que gira alrededor tuyo. Otras en que Dios calma la tormenta que está dentro de tú corazón abatido. El temor, la debilidad y la angustia que tienes Dios la calma y se cumple el otro propósito de la oración: la fortaleza de Dios en tu vida.

Cuando la oración no tiene respuesta tiene el propósito de que te metas en la presencia de Dios y solo ahí estarás seguro. Jesús se apartó para sumergirse en la presencia del Padre. Él se refugió en el único que podía fortalecerlo en ese momento de angustia.

Jesús estaba en agonía y oraba más intensamente, tan intensamente que sudó grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Ahí fue donde echó su ansiedad, su corazón ante el Padre. Toda la agonía la llevó delante del Padre para ser fortalecido.


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“Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús ofreció oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía rescatarlo de la muerte. Y Dios oyó sus oraciones por la gran reverencia que Jesús le tenía”. Hebreos 5:7

Se podría decir que debido a que Jesús fue a la muerte, su oración no fue escuchada, sin embargo fue escuchado por que fue fortalecido para enfrentar la muerte. Debido a que Jesús se quebró y entregó su agonía delante del Padre, fue fortalecido en Su presencia y pudo enfrentar con pasión y coraje lo que venía adelante.

Quizá tú estás clamando para que las circunstancias cambien pero no sucede. ¿Qué debes hacer? ¿Debes dejar de orar? !No! Debes seguir orando para que el Señor te guarde y afirme. Así llegará el día malo y, habiendo resistido, estarás firme.

Necesitas esa oración que te fortalezca para resistir todos los problemas que enfrentas. No dejes de orar por enfermedad, por provisión o por milagros. No hay que dejar de buscar a Dios para ser fortalecidos si él no responde como esperamos. Muchos cristianos se desaniman durante este proceso, otros tiran la toalla espiritual, dejan de buscar a Dios porque no sucede lo que esperaban. Recuerda que no se trata de tí, sino de lo que Dios quiere hacer. Y la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta.

Dos claves en la oración

Honestidad

Jesús oró honestamente y sin apariencias; se abrió. Jesús expresó que estaba en angustia por causa del pecado de la humanidad. Algunos cristianos piensan que el Señor se molesta si son honestos. Otros, mientras oran, dudan. La honestidad delante de Dios es lo que Él ve en tu corazón y es lo que hace extender Su mano. La oración más sincera fue la de Pedro mientras se ahogaba y exclamó: ¡Señor, sálvame¡ (Mateo 14:30). Sin religiosidades. Sin palabrerío. ¡No le des muchas vueltas al asunto y póstrate delante del Señor! Dios está esperando que seas honesto y te postres en Su presencia.

Humillación

Jesús no tenía amargura en Su corazón y pidió que no se hiciera Su voluntad sino la del Padre. Reconoció que la voluntad de Dios es mejor que lo que podamos pensar. Lo que el Señor quiere hacer es mejor que lo tú puedas pensar. Los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los tuyos. Tu corazón es engañoso y no sabe pedir lo que te conviene. Dios sabe lo que necesitas como Su hijo, aunque tú te aferres a algo, Dios como Padre te dice que “no”, porque tiene algo mejor para ti.

Es en esa honestidad y humillación que debes rendirte, pedir fortaleza y entendimiento pero debes aceptar que Su voluntad es mejor. Fortalécete en el proceso. Aunque no entiendas lo que sucede y no veas con claridad, extiende tu mano y pídele que te sostenga. Él te llevará a la otra ribera y te sostendrá para que no caigas en el camino. Te levantará y te dará la victoria.

Dios promete levantar y extender Su mano hacia ti. La oración de Jesús no fue una oración de derrota, sino una de fortaleza en el Padre.

“Entonces apareció un ángel del cielo y lo fortaleció.” Lucas 22:43

Tal vez Dios no va a responder como esperas. Quizá las cosas no serán como piensas, pero Él enviará Su presencia para fortalecerte.

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Viviendo en Cristo
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