Edificio

Un Edificio con Propósito

¿Cuál es tu papel en la obra de Dios?

“Una de las características de este edificio es que nunca se termina de construir. Dios siempre está trayendo piedras nuevas.”

¿Cómo te ves dentro de tu iglesia o del grupo de jóvenes de tu congregación? ¿Conoces el propósito por el cual te encuentras ahí? Espero que no te veas solamente como una persona más ahí, o que pienses que todo se trata de ti y de que Dios te llene de bendiciones. Sí, desde luego que nosotros somos parte de la obra de Dios y Él desea hacer grandes cosas para bendecirnos, pero eso no es lo único que se nos enseña en la Biblia.

Toda la obra que Dios hace en nuestras vidas como brindarnos sanidad y darnos liberación pareciera tratarse de nosotros, pero en realidad estos milagros por parte del Señor tienen un propósito y un fin mucho más profundos. Su propósito es usar nuestras vidas para construir algo mucho más grande que nosotros. En la Biblia vemos que Dios nos habla en lo personal pero también en lo grupal. El Señor nos llama como iglesia y como pueblo Suyo.


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El Cuerpo de Cristo

Hay varias representaciones de la iglesia o del cuerpo de Cristo en la Biblia. Se hace referencia a ella como una familia en la que Dios es nuestro Padre y nosotros somos hermanos y hermanas en Cristo. También se habla de un reino donde Jesús es el Rey y nosotros somos Sus siervos.

Pero también la Biblia habla de que nosotros somos un edificio: “Y ustedes son las piedras vivas con las cuales Dios edifica su templo espiritual” (1 Pedro 2:5 NTV). Cada uno de nosotros es una piedra viva. ¡Qué reto! Los que trabajan en construcciones saben muy bien lo que esto significa. Pero hay algo que es muy distinto aquí: cuando construyes un edificio, pones un bloque y ahí se queda. ¡Pero nosotros somos piedras vivas! En un edificio los bloques no se quejan ni reniegan con el arquitecto.

En un grupo de jóvenes cristianos debemos tener un visión clara de lo que estamos haciendo. A mí me da mucho gusto ver como en nuestra iglesia mucho jóvenes reciben a Cristo, alaban y son bendecidos. Pero no puedo dejar de recordar que todo eso tiene un propósito más profundo. Ese propósito está en que que somos parte viva del reino de Dios.

Necesitamos Unidad

“Así que ahora ustedes, los gentiles, ya no son unos desconocidos ni extranjeros. Son ciudadanos junto con todo el pueblo santo de Dios. Son miembros de la familia de Dios”. Efesios 2:19

¡Somos el edificio de Dios! Este edificio, del que somos parte, cuenta con varios aspectos que debemos analizar. Uno de ellos es la unidad. Al hablar del cuerpo de Cristo quizás te suene frío poner piedras como ejemplo. Sin embargo, podemos ver que el corazón de esta enseñanza es transmitirnos la importancia de la unidad. Si tú quieres edificar, no puedes poner hileras separadas de bloques. Deben de estar juntos e incluso llevar concreto entre cada uno para darles mayor unidad. De modo similar, el piso en el interior es un grupo de mosaicos unidos con yeso. Todo tiene que estar perfectamente unido para llegar a ser una sola pieza.

Unidad no es simplemente estar en el mismo lugar. Cuando un joven se va lejos de casa para estudiar en la universidad, se crea una gran distancia entre él o ella y su familia. Sin embargo, eso no significa que la unidad familiar se borre. En nuestra congregación hay muchos jóvenes y es natural que se formen pequeños grupos entre personas con gustos e intereses afines, pero eso no significa que no haya amor y unidad entre todos. Imagínate que después de nuestra reunión se subieran juntos a un taxi y fueran todos a comer al mismo restaurante para estar “unidos”.

Es importante que siempre defendamos la unidad y que defendamos el edificio, porque todos podemos ser instrumentos de bendición o de destrucción. Debemos deshacernos de la crítica y la murmuración porque, cuando hacemos algo que dañe a un miembro de nuestro edificio, dañamos la misma construcción de la cual nosotros formamos parte.


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No Hay Piezas Defectuosas

“Pues Cristo mismo nos ha traído la paz. Él unió a judíos y a gentiles en un solo pueblo cuando, por medio de su cuerpo en la cruz, derribó el muro de hostilidad que nos separaba”. Efesios 2:14

Dios nos ha tomado a todos de diferentes contextos, culturas familiares, temperamentos y habilidades y Él, en Su amor, nos ha reunido y hecho piedras vivas para formar parte de este edificio. No hay piezas defectuosas para el Señor. Él no toma un bloque y dice: “¡Qué pena! Está poroso. No sirve.” Aún si llegaste así, Dios te toma y te transforma para ser útil en Sus manos.

“Sin embargo, el Altísimo no vive en templos hechos por manos humanas.” Hecho 7:48

¿Sabes qué tipo de edificio somos? No somos cualquier construcción. ¡Somos un templo! A los judíos esto les hacía recordar el templo físico que llegaron a construir. Por otra parte, para los griegos significaba el templo de Diana. Pero Jesús llega con una nueva enseñanza: Les revela que Él quiere construir un nuevo templo para habitar en él. Este no sería un templo como el del antiguo pueblo de Israel en donde estaba la presencia del Señor y alrededor del cual todo giraba. Este templo se trata de un lugar espiritual diseñado para ser Su casa.

Aún hoy en día tenemos esa enseñanza errónea de que la presencia de Dios se encuentra exclusivamente en la iglesia. ¡Claro que la presencia de Dios se manifiesta en la iglesia! Pero Él quiere manifestar Su obra en nosotros y por eso es que necesitamos estar unidos y ser un cuerpo.

Para construir se necesitan planos. Estaba leyendo que en un lugar de los Estados Unidos se realizaba una construcción en la que empezaron a presentarse muchas fallas. Muchas piezas no embonaban y en general el proyecto no estaba saliendo bien. Al poco tiempo se dieron cuenta de que estaban utilizando dos planos, bastante parecidos, pero no iguales. ¡Tuvieron que tirar todo y empezar de nuevo!

Nuestro plano es la Palabra de Dios. Somos edificados por lo que Dios habla a nuestras vidas. ¿Has leído en la Biblia el pasaje en el que Dios da instrucciones acerca de cómo construir el templo? Aquí se nos revela, a través de todos los detalles, la importancia que Dios le da a la edificación. Nuestro plano es la Palabra de Dios. ¡Necesitamos meternos más en la Biblia!


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Sembremos la Palabra de Dios

“Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes del Señor Jesús y den gracias a Dios Padre por medio de él”. Colosenses 3:17

Necesitamos sembrar la Palabra de Dios en nuestras vidas como un fundamento. Si lo hacemos, estará viva en nosotros durante las pruebas, los desánimos y los problemas. Así no vamos a andar alucinando ni agarrando monte. Pero si no tomamos el plano o si no estamos prestando atención a los detalles, en el momento en el que vengan depresiones y tristezas tendremos que tumbar los “muros” que construimos porque los edificamos mal. ¡Planea bien!

Una Obra Eterna

“Pues ambos somos trabajadores de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios.” 1 Corintios 3:9

Una de las características de este edificio es que nunca se termina de construir. Dios siempre está trayendo piedras nuevas. Es muy interesante ver el contexto en el que se dijo este versículo. Aquí la gente traía unas broncas muy pesadas. Unos decían ser de Apolos y otros de Pablo y esto estaba provocando divisiones. No faltaba el espiritualoide que decía que no era de ninguno sino de Cristo. Pero lo que Pablo decía era que cada uno aporta algo en la obra, pero el crecimiento lo da Dios. Él es quien te ayuda a crecer.

Tal vez alguien te habló de Cristo y te invitó a la iglesia y cada mensaje que escuchas ahí es como agua que te riega. Pero el que te da el crecimiento es Dios. Tal vez has sido muy bendecido por los líderes de tu iglesia, pero Dios quiere utilizarte para que tú también ayudes a poner cimientos en otros.

“Por la gracia que Dios me dio, yo eché los cimientos como un experto en construcción. Ahora otros edifican encima; pero cualquiera que edifique sobre este fundamento tiene que tener mucho cuidado”. 1 Corintios 3:10

A final de cuentas, cada uno es responsable de su vida espiritual. Tú no puedes culpar a los demás por cómo estás sobreedificado. ¡Esa es tu responsabilidad! En la iglesia se nos anima y se nos exhorta pero nadie puede meterse en tu corazón y avivar tu vida. El pastor puede echarte un sermón y decirte mil cosas pero si no tomas una decisión personal, no va a pasar absolutamente nada.

La vida no se trata solamente de que sigas tu camino y llegues a la meta. Se trata de que construyas puentes para que la vida cristiana de otros sea más fácil de caminar. Tienes que verte como una persona que está ahí para edificar y ayudar a otros y facilitarles el camino. ¿Cómo puedes ayudar? ¡Hay muchas maneras! Cuando llega un joven nuevo a tu iglesia, tú puedes tomar la iniciativa y construir una amistad para que le sea más fácil caminar en Cristo. No tienes que esperar a ser un líder para empezar a construir puentes.


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El Propósito

El propósito de ser una iglesia y de pertenecer a un grupo de jóvenes cristianos es unirnos a Cristo, la piedra angular. La piedra a la que se refiere la Biblia es una que se usa para echar el fundamento de un muro y darle forma. Jesús es el arquitecto que nos va guiando en la manera en la que crecemos.

“Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios”. 1 Pedro 2:9a

El propósito de ser parte de una iglesia o de un grupo de jóvenes cristianos y de tener retiros y congresos es “mostrar a otros la bondad de Dios” (1 Pedro 2:9b). Nuestro objetivo es alcanzar a otros para Cristo. Cuando perdemos de vista ese objetivo, la iglesia se termina. El edificio se deja de construir.

Un grupo cristiano que no anuncia a Jesús es un grupo muerto. Es como un edificio abandonado de los que inventan historias de fantasmas y aparecidos. Pero cuando algo se está edificando y va en progreso, ves vigas, ves grúas te das cuenta de que hay algo grande. Dios no nos ha llamado a formar grupos de jóvenes con una palita y un bulto de cemento. Dios nos llama a construir cosas grandes. Tenemos que buscar que en nuestras iglesias siempre se esté hablando de lo que Dios está haciendo, que nunca se deje de anunciar la obra de Dios.

Se dice que el hombre que construyó el Taj-Mahal lo hizo para honrar a su esposa quien murió mientras daba a luz a su catorceavo hijo (¡Sí, catorceavo!). Este hombre amaba mucho a su mujer, así que decidió construir este gran edificio alrededor de cuerpo enterrado. El propósito de esta construcción era, originalmente, honrar a su esposa, pero cuentan que con el tiempo se clavó tanto en la obra que estaba realizando que se le olvidó por completo para quién era.

¡Que nunca se nos olvide el propósito del edifico que estamos construyendo! Qué bueno es que podamos recibir bendiciones de Dios a través de la iglesia y de nuestros líderes, pero nunca olvidemos el propósito original de la edificación: Alcanzar nuestra generación para Cristo.

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