Escuchar

Tú eliges la voz que quieres escuchar

¡Bájale el volumen a las voces que te detienen!

En México transmitieron un programa llamado La Voz México. Es un concurso, quizá has oído hablar de él. Es un programa donde cantantes amateurs se presentan ante jurados famosos. En la etapa de las audiciones los jurados escogen a los que tienen más talento solo escuchando su voz. Los jueces no pueden ver físicamente a quienes están audicionando, salvo que alguno de ellos quiera reclutar a esa voz para su equipo o hasta que el cantante amateur termina su presentación. Los jueces solo toman su decisión en base al sentido auditivo y nada más. Los participantes no son escogidos por su apariencia física, ni por la forma de vestir, ni por la forma en que se desenvuelven en el escenario. Únicamente por su voz ¡Vaya reto para los jueces! Deben prestar mucha atención a la voz que escucharán, porque puede ser quien los lleve a ganar el concurso.


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Participante y Juez

Te podría decir que tú eres un participante y/o juez en la vida.

Aunque quizá no sepas cantar ni sepas detectar a un talento, sí escucharás voces que te hablarán. Debes prestar atención cuando las escuches. Las circunstancias, los problemas o las enfermedades siempre van a querer hablarte. Tienen voz, aunque no lo creas. Sin embargo, también Dios hablará a tu vida. Sí, Él también lo hace. Dios te habla a través de las predicaciones en la iglesia y a través de tus líderes. Pero, ¿sabes qué? el Señor siempre te hablará por medio de Su palabra. ¿Qué has escuchado estas últimas semanas? ¿Estos meses? ¿Qué voces son las que más escuchas en el transcurso del día? ¿Las reconoces? ¿Qué te dicen?

Pregunta para ti: ¿A qué voz le estás haciendo caso? ¿Sabes que el éxito o fracaso de tu vida depende de la voz que decidas obedecer o ignorar?

La biblia en 1 Samuel 17, habla de la historia de David y Goliat. Es una historia que, si no la conoces, te invito a que lo hagas. Quizá te puedas sentir identificado porque habla de un muchacho que, sin ser un soldado, mató a un gigante del ejército enemigo. Lo más impresionante es el arma con la que lo hizo.

En este pasaje, David, el muchacho, decidió escuchar la voz de Dios y, lo más importante, le obedeció. Debes aprender a reconocer la voz que te está hablando.

Las 3 voces que hablan a los jóvenes

En 1 Samuel 17:28, se relata cuando David llegó al lugar donde estaba el ejército de Israel. David había sido enviado por su papá a llevarles comida a sus hermanos. Los hermanos de David estaban en la guerra. Recién David fue visto por sus hermanos en ese lugar, sus hermanos le empezaron a cuestionar el motivo por el que estaba ahí. Los hermanos de David, evidentemente, no lo querían ahí. No lo querían cerca. Querían que se regresara a casa, con su papá y que volviera a hacer sus responsabilidades que, como pastor de ovejas, era cuidar a las pocas ovejas que quedaban. Los hermanos de David lo rechazaron. ¿Te suena parecido? Quizá conozcas a alguien a quien le haya pasado. 


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1. La voz del rechazo

Imagina la escena: Llegas con comida para tus hermanos. Los alcanzas en un campamento de guerra. Quizás tardaste algunas horas para llegar, por lo que estás cansado, sudado y hasta te duelen los pies. Recién encuentras a tus hermanos, los ves y te acercas. David les llevaba pan, granos y queso. En lugar de darles alegría por verte o, por lo menos por ver la comida, lo primero que te preguntan es la razón por la que estás ahí. Le cuestionan el motivo de la visita. ¿Cómo te hubieras sentido? ¡Tu propia familia te está rechazando!

Duele más cuando quienes te rechazan son los de tu propia sangre. Aquellos con los que has convivido, pasado noches junto a ellos, compartido la mesa y buenas charlas, creando historias de vida juntos. Que te rechacen es feo, pero es todavía más doloroso cuando lo hace alguien a quien amas. ¡Ouch! ¿Alguna vez te han dicho: ¡No sirves! ¡No vas a poder! ¡Hazte a un lado!? ¿Cuántas veces te han dejado a un lado para que no sigas avanzando?

Todos, sí, todos hemos escuchado esa horrible voz, la voz del rechazo.

David no se puso a discutir con sus hermanos, porque entendía que estaban del mismo lado, en el mismo equipo defendiendo al mismo pueblo. También reconoce que la guerra que están peleando no es en contra de sus hermanos. La pelea no es David vs sus hermanos, es vs el gigante. ¡Tú pelea no es contra fu familia o hermanos, sino vs el gigante que te dice que no vas a poder! Tienes que levantarte para escuchar la voz de Dios.

¿Cómo puedes reconocer la voz de Dios?

La voz de Dios siempre va alineada a Su palabra.

Dios nunca te va a decir algo que va a en contra de Su palabra. El enemigo siempre te va a decir que tú no puedes, pero Dios te va a decir que todo lo puedes. El enemigo va a traer condenación constantemente. Te hará sentir que estás solo, que nadie te busca y que nadie te ama. Sin embargo, Dios te dice que siempre estará contigo, siempre, y que lo va a estar todos, sí, todos, los días de tu vida. La voz de Dios te habla. Dios te va a decir que, si tuviste alguna temporada alejado de Él, te está esperando de regreso.

En Jueces 6 se cuenta la historia de Gedeón. Gedeón era un hombre que tenía una imagen propia de alguien pequeño e insignificante. El menor de su casa. Un día, Jesús se le aparece y le llama varón esforzado y valiente. Quizá te suene parecido. Quizá tú te veas a sí mismo como un cobarde, como alguien quien a veces trata de esconderse de Dios. Sin embargo, Dios nunca habla de tu pasado sino de tu futuro. Dios, siempre que te habla, sacará lo mejor de ti. Dios conoce tu potencial y siempre hablará palabra de vida y aceptación. No importa lo que estás pasando. Lo que tienes que saber es que Dios está contigo. Tú eres grande a los ojos de Dios.


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2. La voz de la comparación

En 1 Samuel 17:38-39 se relata el momento en el que David ya había tomado la decisión de enfrentar a Goliat, el gigante. El rey Saúl le pide a David que se ponga la armadura y el equipo necesario para aquel duelo. David siendo un pastor de ovejas, nunca había traído puesta una armadura jamás en la vida. Después de que David viste ese equipo, se da cuenta que no puede andar, que le es incómodo traer todo eso encima. Al final, David decide enfrentar al gigante tal cual llegó él ahí, sin protección, sin equipo, sin nada adicional. David no quiso combatir a Goliat como cualquier otro lo hubiera hecho. David lo hizo a su manera.

Muchas veces, escuchamos recetas para lograr o alcanzar algo y al decidir seguir esas recetas imitamos lo que alguien más hizo. Hacemos lo mismo. Copiamos algo. Quizá para sentirte parte de un grupo, debes hablar como los demás. Quizá te debas peinar o vestir como el grupo. La voz de la comparación hace provoca que te parezcas a los demás.

A Contracorriente

La palabra de Dios enseña que no fuiste creado para seguir la corriente. Sino que Dios te ha llamado ser la corriente. Ser a quien deben seguir. Saúl intenta poner la armadura a David y en su esfuerzo, intenta hacer a David igual que todos los demás soldados. David decide ir a pelear con lo que Dios la había dado. Nadie se había atrevido (y creo que difícilmente alguien lo vuelva a repetir) a matar a un gigante con una honda y unas piedras. Todo lo que necesitas para enfrentar a las voces lo tienes en tus manos. Puedes matar a los gigantes con lo que tienes en tus manos ya.

Debes ser original.

Olvídate de ser una copia. Sé la mejor versión de ti mismo. ¿Cuál es esa versión? Esa versión de ti mismo, no la vas a encontrar allá afuera, sino cuando te aprendas a ver como Dios te ve y a vivir conforme Dios te ha enseñado. Hoy hay mucha gente haciendo cosas para Dios sin embargo, hay que hacer aquello que Dios quiere que hagas. Cuando tú haces lo que Dios quiere que hagas, conocerás la mejor versión de ti. La mejor versión es cuando hacemos lo que Dios quiere que hagamos. Eso fue lo que hizo David. El sacó algo original que tenía en sus manos. Si naciste para ser original, no mueras como una copia. Tienes dones y talentos que Dios te ha dado. Cuando conozcas más a Cristo te conocerás más a ti mismo.

3. La voz del temor

En 1 Samuel 17:11 se relata el sentimiento del ejército de Israel cuando el gigante de los filisteos provocaba que alguien, un valiente, fuera a hacerle frente. Los israelitas se sentían atemorizados. Todo el pueblo escuchó lo que Goliat decía y el pueblo tenía mucho miedo.

El miedo te limita.

Te quita el potencial que traes por dentro. David escuchó las mismas palabras retadoras que Goliat decía todos los días a los israelitas. David en lugar de sentir miedo sintió una pasión en su corazón. El pueblo escuchó la voz del gigante, pero David escuchó la voz de Dios. David no entendía quién era Goliat que se atrevía a insultar a Dios. Un original no escucha la voz del temor, sino escucha la voz de Dios por encima de todas las demás voces. La voz de Dios, buscó a David, buscaba el corazón de David y le dio la victoria.

Baja el volúmen

¿Cómo está tu corazón? Quizá está lleno de comparaciones, de rechazos o de temor. La misma voz que le habló a David te habla a ti hoy: No estás solo, el Señor está contigo. Baja el volumen a todas las demás voces y escucha la voz de Dios. Escucha lo que Dios quiere hablarte. Él tiene pensamientos de bien para ti.

Por cada mentira del enemigo, hay cientos de promesas de Dios para ti.

El enemigo te va a decir que nadie te quiere, que nadie te ama, que nadie te busca, pero Dios, el mismo Dios de David, es el que está contigo en este momento. El Señor ha prometido estar contigo todos los días de tu vida. Recuerda, por cada mentira que escuches hay una promesa de Dios para tu vida. El enemigo te dirá que eres débil, pero Dios te dice que Él se hace fuerte en tu debilidad. ¿Cuán grande es tu gigante? ¿Lo alcanzas a ver? Pues Dios es todavía más grande y está a tu lado. Te está hablando. Escúchalo. Obedécelo. Él promete estar contigo y hacer cosas grandes en tu vida.

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Viviendo en Cristo
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