Condena

Esa Voz Que Nos Condena

Nuestro peor enemigo es la ignorancia.

A todos nos ha pasado alguna vez que nos sentimos atrapados, estancados, tristes. Llega esa voz a nosotros y nos condena, nos recuerda una y otra vez nuestros errores y angustias. El gran problema es que le hacemos caso.
Mucha gente acepta esas acusaciones sin defenderse. En lugar de luchar, permiten que todas esas palabras de condena se apoderen de su corazón.

“Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús”. Romanos 8:1 NTV

Nuestro peor enemigo es la ignorancia ¿por qué? Porque muchos no saben que es posible recibir el perdón de Dios, por lo tanto se sienten sucios, malos, y no creen posible su libertad.

Es una realidad que no somos perfectos, vamos a fallar, sin embargo el no sentirse amados nos vuelve demasiado críticos con nosotros mismos. Por supuesto que la crítica puede ser algo positivo, siempre y cuando sea constructiva, pero cuando se convierte en algo que nos deprime y nos estanca, entonces hay problemas.

Aceptar esa condena y vivir con ella, no sólo va a afectarnos a nosotros, sino que vendrá a afectar a las personas que nos rodean. ¿Hay alguna manera de combatir esa condena?


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 Tropezar y Levantarse

“Tropezar es un accidente, revolcarse es una decisión”.

Hay quienes se excusan con sus errores y otros que los justifican. Nuestros deseos, nuestro carácter o el ambiente en el que hemos crecido, no son excusas para quedarnos estancados y pensar lo peor de nosotros.

Somos humanos y sabemos que estamos expuestos a equivocarnos. Por esto mismo es necesario tener muy claro que Jesús murió para que pudiéramos ser perdonados, y mantenernos firmes en esa verdad.

Sí, me voy a equivocar muchas veces pero no voy a perder de vista mi meta y voy a levantarme. Es muy diferente tropezar y caer al lodo, que aventarte un clavado y revolcarte en él. Tropezar es un accidente, revolcarse es una decisión.


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 Acepta el Perdón

“Así son las cosas con Dios, podemos volver a empezar”.

Para muchos es difícil pedir perdón, aún así sabemos cómo hacerlo, entendemos cómo es el protocolo cuando pedimos una disculpa. Sin embargo, ¿te has preguntado si sabes recibir y aceptar el perdón? Esto es algo que debemos aprender, porque realmente nos cuesta creer que alguien sea capaz de perdonarnos y olvidar todo.

Así son las cosas con Dios, podemos volver a empezar. No cometas el error de vivir sintiéndote acusado cuando tenemos Su perdón a una oración de distancia. “Nunca dejen de orar” (1 Tesalonicenses 5:17).

No se trata solamente de ser perdonados, sino de vivir como una persona que ha sido liberada y ha recibido una segunda oportunidad. No hay más condena. Aceptar el perdón es vivir agradecidos, y demostrar esa gratitud con acciones. Pasar de ser esclavo a ser libre, te cambia la vida.


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 Elige Luchar

Deja el pasado en el pasado. “El que no conoce la historia, está condenado a repetirla”. ¿Has escuchado esta frase? Bien, no podemos hacer nada para cambiar el pasado, es imposible, pero sí podemos aprender de él. Escapa de esa voz que te repite constantemente tus errores del pasado, porque escucharla te puede debilitar y te quedarás sin fuerza para hacerle frente.

¿Cómo vamos a hacer esto? “Sé fuerte por medio de la gracia que Dios te da en Cristo Jesús” 2 Timoteo 2:1.

Dios en Su amor y misericordia nos regala Su perdón y el poder para luchar. No podemos quedarnos sentados esperando a que las cosas sucedan, nos toca actuar y dar pasos de fe, viviendo distinto, sin olvidar que alguien pagó ya nuestra condena, confiando en que Él camina con nosotros.

Dios nos ha dado el poder para tomar la decisión de no vivir más en condena. ¿Qué vas a decidir?


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 Tu Condena Ya Fue Pagada

Para Dios el corazón es una parte muy importante, tanto así que nos pide que lo cuidemos y le demos prioridad.

Por todos nuestros errores y pecados merecemos un castigo, sin embargo, Dios en Su amor y misericordia pago el precio en Su Hijo Jesucristo. Fue en esa cruz donde nuestras cadenas fueron rotas y tuvimos acceso a la verdadera libertad.

Gracias a este sacrificio Dios te da la capacidad de tomar autoridad sobre esa voz que te condena. Necesitamos sacudirnos la culpa, y cuando lleguen esas voces a atormentarnos, tener la libertad de acercarnos a nuestro Padre y pedir sinceramente perdón por nuestros errores y pecados.

Quitemos de nuestro corazón y nuestro vocabulario todas esas palabras que son como cadenas que nos mantienen atados al pasado. Descansemos en que a pesar de nuestros errores y defectos, Dios nos ama y viene a perfeccionarnos. Y para que eso suceda debemos luchar, muchas veces contra nosotros mismos.

En Efesios 6:14 se menciona “la coraza de la justicia de Dios”. La coraza cubre el corazón, y esto representa el centro de nuestro ser, el modo en que pensamos y sentimos respecto a nosotros mismos. Para Dios el corazón es una parte muy importante, tanto así que nos pide que lo cuidemos y le demos prioridad.

Sobre todas las cosas cuida tu corazón,porque este determina el rumbo de tu vida. Proverbios 4:23.

Él nos pide que protejamos esa área tan valiosa ¿Cómo? Aferrándonos a la realidad de Su amor incondicional. La mejor manera de conocer el amor de Dios, es a través de Su palabra y de una relación íntima con Él. Vendrán situaciones y personas a intentar romper tu corazón, pero tenemos un refugio en la presencia de Dios.


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 Dios Te Creó, Te Conoce y Te Ama

“Necesitas aprender a separar el sentimiento del recuerdo”.

Dios te creó. Ėl sabe todo de ti y aún así te ama y te acepta tal cual eres. Es cierto que aún no estás en donde debes de estar, pero ya no estás donde estabas antes. Dios nos dice que sigamos avanzando, aunque en el camino tropecemos muchas veces. La clave está en levantarse y aceptar el perdón de Dios.

Es tiempo de salir de esa prisión. Una vez un predicador dijo: “Necesitas aprender a separar el sentimiento del recuerdo”. ¿Qué quiere decir esto? Que no podemos borrar nuestra memoria, el pasado va a estar dentro de nuestra mente, pero necesitamos sanar nuestro corazón de tal manera que cuando llegue a nosotros el recuerdo de un error pasado, no nos duela, sino que descansemos en que Dios nos sacó de aquella situación y nos ha limpiado.

“Todo esto es gratis, no podemos hacer nada para ganarlo, mucho menos para merecerlo”.

Hay voces que vienen a decirte que no mereces el perdón de Dios, y tienen razón. No hay nada en nosotros que sea digno de un Dios como el nuestro, pero aun así, gracias al sacrificio de Jesús, Él nos hizo deseables. Por Su gracia podemos ser Sus hijos. Todo esto es gratis, no podemos hacer nada para ganarlo, mucho menos para merecerlo. Jesús nos hizo dignos.

Ese error del pasado que te atormenta, es tiempo de soltarlo y dejar esa condena atrás. Hagamos uso de esa libertad que tenemos de acercarnos a Dios, confesar, arrepentirnos y ser perdonados.

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”. Hebreos 4:16

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Crecimiento Espiritual
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