Multitud

Escogido entre la Multitud

Debemos anhelar ser alguien diferente, alguien que toque a Jesús.

 

“Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban” Lucas 8:40

 

Me   impresiona mucho la historia de Jesús y de la multitud, cómo le seguían y lo escuchaban. Siempre me he preguntado dónde estaba la multitud cuando le crucificaron. La multitud, al igual que nosotros, es gente de emociones: un día estamos “con ganas”, pero al otro día estamos deprimidos. Hay días en donde incluso te odias y te molestas a ti mismo. Somos súper emocionales.

En Lucas 8:40 dice que la multitud le recibió con gozo. La verdad es que somos así: queremos lo bueno, la bendición, que nos vaya bien, sentir bonito. “Dios nos ama y quiere bendecirnos, Dios quiere que nos vaya bien”, todos queremos escuchar eso. Pero cuando se trata de tomar decisiones en nuestras vidas, ahí es donde batallamos.


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En Lucas 8:41 dice que Jairo era un principal de la sinagoga, alguien importante, de la high society. Jairo era importante pero tenía una necesidad. A pesar de ser religioso, llegó postrándose delante de Jesús. Esto era algo increíble; es como ver hoy en día a un alto funcionario postrado delante de Jesús. Algo inusual.

En esta historia hay dos personajes: Jairo, alguien muy importante pero con una necesidad enorme, su única hija estaba muriendo. Quizá anduvo buscando todas las soluciones, tenía los recursos, pero no le servían para nada. Su posición, su cultura, su inteligencia, su enseñanza, en un momento se dio cuenta que era frágil y que sus posesiones no le servían para nada.

Durante ese momento la multitud le oprimía. ¿Te imaginas cómo habrá sido?

El otro personaje aparece en seguida: “Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada” (Lucas 8:43).

De los cuatro evangelios tres cuentan esta historia: Mateo, Marcos y Lucas. Los tres inician la narración así: “PERO una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años”

Después de tanto tiempo padeciendo se empezó a deteriorar. No era la principal de la sinagoga, no era importante, ni de la high society. Lo poco o lo mucho que tenía se lo había gastado en médicos. No solo sufría pobreza, sino que también sufría el rechazo porque la sociedad la consideraba inmunda. En ese tiempo cuando las mujeres estaban en su periodo se les consideraba inmundas. Muy seguramente tuvo que acercase a Jesús escondida, disfrazada, para que no fuera a ser sorprendida. Incluso se arriesgó a ser apedreada. El versículo dice que tocó a Jesús por detrás, para que nadie la viera. Lo siguió por detrás hasta que alcanzó a tocar el borde de su manto. En otro evangelio dice “Si tocare solamente su manto, seré salva” (Mateo 9:21).


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Jairo y la mujer tomaron una decisión, los dos reconocieron que lo habían gastado todo, que no tenían fuerzas. Pero reconocieron que Jesús podía hacer algo.

El versículo 44 dice: “y al instante se detuvo el flujo de su sangre”. Imagina doce años sufriendo el flujo y en un momento darse cuenta que ha parado el flujo.

Entonces Jesús exclama “¿quién me ha tocado?”. En medio de una multitud donde todos se amontonaban. Jesús no hablaba de un toque físico, hablaba de un toque diferente.

“Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí” (Lucas 8:46).

 

Jesús sabía quién le había tocado, pero preguntó por una razón. La mujer necesitaba ser sanada no solo física, sino socialmente. La gente tenía que saber que la mujer ya no era inmunda.

El versículo 47 dice que la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando y postrándose a sus pies, le declaró por qué causa le había tocado. Jesús lo hizo con el propósito de que ella confesara y que todos supieran que había sido sanada por Jesús.

Puede ser que nosotros estemos con la multitud y luzcamos contentos. Pero de una multitud hubo alguien. Ese PERO es el que tiene que haber en nuestras vidas, Jesús tiene que ver en nosotros esa diferencia. Debemos anhelar ser alguien diferente, alguien que toque a Jesús. Sabes cuánta gente de esa multitud tenía necesidades, luchas y enfermedades. PERO hubo alguien que reconoció que lo que necesitaba lo tenía Jesús.

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