Escogido

Dios te ha escogido para extender Su reino

Es tiempo de tomar tu lugar y responsabilidad como hijo de Dios.

En el Antiguo Testamento vemos que Dios había escogido al pueblo de Israel (el pueblo judío), desde Abraham a quien Dios le dio una promesa. La promesa fue: ‘en ti serán benditas todas las familias de la tierra’ (Génesis 12:13 RVR 1960). De esa promesa viene Isaac y de la descendencia de Isaac viene el pueblo hebreo que es el pueblo escogido de Dios. Él mismo les dijo que los había escogido no porque fueran un gran pueblo o fueran especiales; por el contrario, según Deuteronomio 7:7 (NTV) eran un pueblo pequeño pero escogido para Su gloria y para ser un ejemplo a todas las Naciones del poder de Dios.

El pueblo de Israel, a diferencia de otros pueblos y naciones, estaba destinado a no tener reyes, porque Dios sería el Rey de ellos. Así que tuvieron jueces y profetas. Sin embargo, hubo un momento de la historia donde el pueblo quiso tener un rey. El Señor, debido a la insistencia del pueblo, se los dio, aunque ese no era Su propósito. Así que Dios les dio un rey: Saúl, el primer Rey de Israel. Sabemos por la historia que Saúl empezó bien su reinado, sin embargo, no hizo bien las cosas y fue desechado por Dios, pero en lo que quiero enfocarme es en el momento del llamado de Dios en la vida de Saúl. Porque aunque el pueblo pidió rey y Dios se los dio, a partir de ese Rey, otros grandes reyes vinieron después de él. Incluso Jesús viene de la descendencia de David.


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El pueblo había pedido rey y Dios decidió escoger rey de en medio de ellos. La pregunta es: ¿de dónde iba a escoger Dios al rey? En ese momento, el pueblo tenía al Profeta Samuel y Dios hablaba al pueblo a través de él. Samuel, entonces, le dice al pueblo que Dios les iba a dar un rey escogido de entre ellos, así que manda a llamar a todas las tribus. Las tribus se presentan delante de él y Dios le dice a Samuel que escogería a alguien de la tribu de Benjamín. Dentro de esta tribu, la familia elegida era la de Matri y de la familia de Matri el escogido era Saúl. Esto, primero fue confirmado a Saúl solamente. Samuel habló con él, lo ungió y el Espíritu de Dios vino sobre él.

Por fin llegó el momento de presentar a Saúl públicamente como Rey de Israel. Estando todo el pueblo reunido, por sorteo, se eligió a la tribu de Benjamín. Después, se eligió a la familia de los Matri y, de entre ellos, el escogido fue Saúl. Pero cuando se le nombró, ¡Saúl no estaba! No lo encontraban y nadie sabía su paradero. Así que le preguntaron a Dios dónde estaba Saúl y les respondió que estaba escondido entre el bagaje, es decir, entre la maletas.

“Entonces Samuel reunió a todas las tribus de Israel delante del Señor, y por sorteo se eligió a la tribu de Benjamín. Después llevó a cada familia de la tribu de Benjamín delante del Señor, y se eligió a la familia de los Matri. Finalmente de entre ellos fue escogido Saúl, hijo de Cis. Pero cuando lo buscaron, ¡había desaparecido!”. 1 Samuel 10:20 y 21

 

Saúl había sido escogido para ser rey, había sido llamado para un propósito. Dios lo había llamado, Dios lo había escogido y Dios le había dado Su Espíritu para una tarea específicaDios lo había llamado para una gran responsabilidad pero Saúl se había escondido en el equipaje. Quiero preguntarte: ¿qué hay de ti? ¿te ha llamado Dios? ¿Dios ha llamado a tu corazón y te ha traído hacia Él? Porque ninguno de nosotros buscamos a Dios primero, hay personas que dicen: yo busqué a Dios. Mentira, ellos respondieron a Dios, a un toque de Dios, a un llamado de Dios, porque aún la fe es un don de Dios. Ninguno de nosotros amó a Dios por iniciativa propia sino que respondimos a un llamado de Él.

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. 1 Juan 4:19 RVR1960

Aún antes de que nacieras Dios ya había hecho un plan para salvarte porque te ama. Dios te ha llamado y tú has respondido. Espero que haya una convicción dentro de ti de buscar a Dios y escuchar a Su Espíritu. Que sepas que Dios te anhela celosamente, y Su voz te está llamando. Espero que sepas que hay un propósito más grande y más alto que el de una vida simple, común y corriente.


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Dios te creó con un propósito

Dios tiene un llamado para ti, Él tiene un propósito para tu vida. Saúl había sido escogido por Dios. Tú has sido escogido por Dios, no eres cualquier persona. Dios ha estado detrás de tu vida, buscando tu corazón, llamando tu atención de muchas maneras. Dios ha estado detrás de tu vida y sigue detrás de tu vida porque Él es un Padre de amor. Él quiere que tu vida alcance el propósito para el cual el la creó. En la vida de Saúl todo iba bien mientras Samuel le decía las cosas a nivel personal; mientras las cosas eran en pequeño. Saúl respondió al llamado de Dios, respondió al toque del Espíritu.

Muchos de nosotros estamos así, todo está bien mientras es de manera personal. Tal vez has comenzado a ver cambios en tu vida y te estés diciendo: ‘ya empiezo a leer la Biblia; voy a una célula; ya tengo amigos cristianos; otros comienzan a ver el cambio en mi; en mi casa me ven diferente…’ Mientras se mantiene ese nivel personal está todo bien.

Saúl estaba bien hasta ese punto, pero cuando llegó el momento de un llamado público, el momento de que Saúl tomara su lugar y su responsabilidad, Saúl se paralizó. ¡Imagina cómo se vería en nuestro tiempo que un presidente electo no saliera a recibir el cargo porque se siente nervioso! ¿Cómo se vería alguien que tiene temor a tomar un cargo? ¿Qué hay de nosotros? ¿Qué hay de ti? Dime, ¿qué pasa en el momento en el que Dios te pide que salgas de entre la multitud y tomes tu lugar y responsabilidad como hijo de Dios?

Dios quiere que te pongas las pilas, que te prepares y que crezcas en Su Palabra; quiere que tomes responsabilidad de tu crecimiento. Tal vez estás dependiendo de la vida espiritual de otra persona (amigos, papás). Dios te ha llamado, te ha dado un toque de Su Espíritu. Tienes un tremendo potencial en Él, pero en el momento en que Dios te llama y demanda que tomes tu responsabilidad de crecer y afirmarte, entonces vas y te escondes en el bagaje. El bagaje se refiere a las maletas, a las cosas que cargas. Ahí estaba Saúl. El bagaje representa las cosas que cargamos de nuestra humanidad, de nuestra vida antes de conocer a Cristo. En el capítulo 12 de la carta a los Hebreos, encontramos esta declaración:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Hebreos 12:1-2

Tenemos que despojarnos del peso, del bagaje, de las maletas, de las cosas que estamos cargando en nuestro corazón y que no nos permiten tomar la responsabilidad de nuestra vida cristiana. Tenemos que despojarnos del pecado que nos asedia, que nos quiere tener atados. El autor de Hebreos nos dice que nos despojemos del peso, de las cargas, de las culpas, del pecado y de todo lo que nos está impidiendo ser maduros y responsables para que podamos correr con paciencia la carrera que tenemos por delante. Tenemos una carrera espiritual.

Saúl fue llamado a una carrera pero estaba escondido. Y hay muchos ‘Saúles’ entre nosotros. Has sido llamado a una carrera para que crezcas, para que ganes a otros, para que sirvas donde Dios te ha puesto, para que des fruto. Pero no llegas a crecer porque no has tomado tu responsabilidad. Tienes temor; o tal vez tomaste tu responsabilidad en un tiempo y ya estás queriendo soltarla. Entonces necesitas poner tus ojos en Jesús. Si tu motivación es otra vas a desenfocarte. Pero si tu motivación es Jesús, vas a correr con pasión la carrera que tienes por delante porque sabes quién te llamó, quién te escogió y para quién vives.

Saúl parecía estar calificado para el puesto, humanamente hablando tenía las características necesarias para ser Rey. Era alto de estatura, de hermoso parecer. Pero no sirve de nada nuestra capacidad, no sirve de nada el hecho de que tengamos el perfil o las habilidades necesarias para cumplir el llamado de Dios si no tenemos el corazón. A Dios no le sirve tu habilidad, lo que le sirve es tu corazón. Si Dios tiene tu corazón, Él te dará la capacidad.


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Dios escogió a Saúl: “Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «¡Ese es el hombre del que te hablé! Él gobernará a mi pueblo»” (1 Samuel 10:1 NTV).  Saúl fue ungido: “Entonces Samuel tomó un frasco de aceite de oliva y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Besó a Saúl y dijo: «Hago esto porque el Señor te ha designado para que gobiernes a Israel, su posesión más preciada”. (1 Samuel 10:1)

Dios puso Su Espíritu sobre la vida de Saúl. De la misma manera Dios te ha escogido, te ha llamado y  ha puesto Su Espíritu sobre ti para que puedas cumplir la tarea. También Dios le dio a Saúl un corazón sensible a Su Espíritu y aún los profetas lo notaron. “Mientras Saúl se daba vuelta para irse, Dios le dio un nuevo corazón, y todas las señales de Samuel se cumplieron en ese día” (1 Samuel 9:17).

O sea, de ser una persona normal, Saúl recibe un llamado, recibe el Espíritu Santo y recibe un corazón sensible al Señor para hablar de la Palabra de Dios y aún hablar con otros profetas y que fluyera el Espíritu Santo en su vida. Y en nuestras vidas Dios ha venido a hacer lo mismo. Dios te alcanzó, Dios te perdonó, te dio Su Espíritu y te dio un nuevo corazón. Dios te ha hablado, te ha usado, ha hecho cosas en tu vida y a través de tu vida a un cierto nivel. Eso está bien pero no es eso solamente lo que Dios quiere. Él quiere que tomes la responsabilidad de todo eso que te ha dado y que crezcas para cumplir completamente el propósito.

Tal vez has dejado de crecer y en lugar de reconocer que te has enfriado, estás queriendo culpar a alguien más. El crecimiento espiritual es personal con Dios. O quieres irte a otra congregación pero, de la misma manera que una planta crece cuando permanece en la maceta, un cristiano crece permaneciendo en la maceta donde Dios lo puso.

Dios nos está llamado a madurar. La madurez no se gana con el tiempo ni con la edad. La madurez viene por la medida en que cumples tus responsabilidades. En la vida espiritual es igual, no porque tengas 300 años en la iglesia o hayas nacido en una familia cristiana  quiere decir que estás siendo maduro espiritualmente. Eres maduro en la medida en que eres responsable con el llamado que Dios te ha dado. Todos necesitamos ser responsables de lo que el Señor nos ha dado. Porque Él nos ha dicho:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9-10 RVR 1960

 

Pero a veces nos justificamos con el trabajo, el cansancio, el tiempo, entre otras cosas para estar escondidos. Esas son maletas que estamos cargando,  justificaciones para no tomar nuestra responsabilidad. Y Dios está preguntado: ¿Dónde está este real sacerdocio, estos reyes y reinas que he levantado para que sean luz, para que cumplan mi propósito? ¿Dónde está esa generación de jóvenes que he llamado? Escondidos en sus bagajes, en sus cargas, en sus pecados o en sus distracciones. Necesitamos tomar el lugar que Dios no ha dado y servir.

Muchas veces el enemigo viene a tentarte con el tema del cansancio, y viene el diablo contigo como lo hizo con Jesús a través de Pedro, diciéndote: ten compasión de ti.

“Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” Mateo 16:22-23 NTV

 

 

 

 

No podemos tener compasión de nosotros mientras hay una generación que se pierde porque ‘estamos cansados’. Ni siquiera Jesús tuvo compasión de Él mismo sino que le dijo a Satanás que se apartara. El diablo está detrás de nosotros para que perdamos nuestra fuerza porque estamos destruyendo su obra al predicar el Evangelio. Tenemos una gran responsabilidad de predicar la Palabra. Dios nos ha llamado para sacudir la ciudad y arrebatar las almas al diablo. ¡No te escondas! Toma la responsabilidad de lo que Dios te ha llamado a hacer.

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