Esperanza sin Fin

¿En dónde tienes puesta tu confianza?

Dos de los seguidores de Jesús iban camino al pueblo de Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Al ir caminando, se lamentaban acerca de las cosas que habían sucedido (y dijeron) «Nosotros teníamos la esperanza de que fuera el Mesías que había venido para rescatar a Israel». (Lucas 24:13,14 y 29 NTV)

En la mente de estos dos seguidores de Jesús, Él había muerto. Si Jesús muere en nosotros, también muere la esperanza. No hay nada peor que perder la esperanza. Todos empezamos el año con nuestros propósitos, planeando cosas nuevas y mejores, pero para algunos este año significa continuar situaciones no resueltas. Hay quienes dicen, “otro año más de esta situación” u “otro año más de las mismas dificultades”. Bajo este estado, es inevitable que entren el desánimo y la falta de esperanza en el corazón. Esto puede destruir vidas, pero la esperanza puede salvarlas.

La esperanza nos conecta al futuro así como nuestros recuerdos nos conectan al pasado. La esperanza es aquello que visualizamos del futuro. ¿Que esperas de Dios en tu vida? “Todo es posible si uno cree” (Marcos 9:23).

La palabra esperanza aparece más de 50 veces en el nuevo testamento, siempre conectada a conservar nuestra atención en Dios. Lo que hará diferente este año va a ser la actitud que tomemos, será la fe la que abrirá las puertas de los cielos para que podamos ver cosas diferentes en nuestras vidas. La esencia de la vida cristiana es básicamente una vida de esperanza, confianza y fe en el Señor.

Dios es nuestra fuente de esperanza. Él nos enseña a que esperemos y confiemos en que Él obrara más allá de lo que podamos entender o imaginar. “Le pido a Dios, fuente de esperanza, que los llene completamente de alegría y paz, porque confían en él. Entonces rebosarán de una esperanza segura mediante el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).


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Nosotros, como cristianos, no recibimos esperanza de lo que el mundo dice.  No tenemos nuestra esperanza puesta en como nos vaya o cuánto dinero tengamos en el banco. Los cristianos recibimos esperanza de Dios. Claro que habrá situaciones difíciles en este año pero nuestra esperanza está en el hecho de que Cristo vive en nosotros. Existen tres cosas a través de las cuales podemos recibir esperanza:

La Palabra de Dios

“Tales cosas se escribieron hace tiempo en las Escrituras para que nos sirvan de enseñanza. Y las Escrituras nos dan esperanza y ánimo mientras esperamos con paciencia hasta que se cumplan las promesas de Dios”. Romanos 15:4

Tal vez tú estás pasando por alguna situación difícil, pero no podemos pensar que somos los únicos que estamos atravesando por eso.

En la Escritura podemos encontrar consuelo para toda situación porque a través de las historias escritas en ella vemos como Dios cuida de sus hijos y eso nos da esperanza. Por ejemplo, Elías atravesó por una terrible depresión. Después de haber vencido a los sacerdotes de Baal corrió asustado a esconderse a una cueva pues había sido amenazado de muerte. Dios le habló en medio de su soledad y su desánimo para confrontarlo. El Señor mismo fue quien le habló, lo animó, le ministró y lo sustentó durante ese período de depresión.

¿Estás asustado por algún problema en tu vida? Piensa en David y Goliat. ¿Tienes problemas en tu trabajo? Piensa en Daniel en el foso de los leones. La Palabra fue escrita para nosotros. Cada historia relatada en la Biblia nos revela a Jesús y nos revela la esperanza de Dios.

La Cruz

“No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos.” Juan 15:13

Tenemos esperanza por la cruz de Cristo. ¿Sabes por qué? Por que la cruz es la mayor muestra de amor para con el ser humano. Lo que era imposible para el hombre, Jesús lo hizo posible por medio de la Cruz. Enfrentemos este año sabiendo que el Creador del universo nos ama.

La cruz no es solamente una muestra de amor sino también una muestra de perdón. Es la esperanza de poder vivir una vida santa. Si ponemos nuestra confianza en la cruz de Cristo, no hay lugar para la condenación. Debemos arrepentirnos del pecado y caminar en libertad y paz con Dios.

¡No cargues más con el pasado! Jesús nos presenta delante del Padre santos y perdonados, por Su sangre somos limpios y podemos tener una vida nueva. “Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Si Dios ya te perdonó, ¿quién eres tú para no perdonarte?


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La Tumba Vacía

“Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva”. Romanos 6:4

La tumba vacía nos da esperanza porque significa que podemos cambiar. Tal vez piensas que no puedes cambiar, que no puedes vencer y renunciar a las cosas que están equivocadas en tu vida como los malos hábitos o un mal carácter. Pero no hemos sido llamados a permanecer iguales, sino a ser transformados a la estatura del varón perfecto: Jesús.

Jesús no está muerto, resucitó al tercer día tal como dijo. ¿Por qué la tumba vacía nos da esperanza? Porque nos da la esperanza de que nuestra vida puede ser transformada a una vida de obediencia al Señor. La resurrección de Jesús nos da esperanza de que seremos transformados a Su carácter. Si el Padre pudo resucitar un cuerpo muerto de tres días también puede resucitarnos a nosotros, vivificar nuestros cuerpos y darnos vida.

Para terminar te contaré una pequeña historia. Un niño le preguntó a su papá, “¿Papá, cómo es morir?”. A lo que el papá le respondió, “en las noches, cuando te quedas dormido en el sofá, yo te cargo y te llevo a tu cama. Cuando tú mueras, ya no seré yo quien te lleve a tu cama. Será Jesús quien te sostendrá en Sus brazos y te llevará con Él”.

Dios es un Dios de esperanza. Para este año es mi deseo que crezca nuestra fe en adoración al Señor y que podamos ver Su poder obrar milagros en nosotros. ¡Que Dios haga caminos nuevos este año! La diferencia en la cosas que vivamos este año es Cristo en nosotros, Él es nuestra esperanza para este nuevo ciclo. La vida con Cristo es una esperanza sin fin, pero, sin Cristo, es un fin sin esperanza.

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Viviendo en Cristo
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