Fórmula

Escucha + Hazlo = Vive: la Fórmula para Vivir en Plenitud

Es hora de estudiar las matemáticas de Dios.

¿Te gustan las matemáticas? Durante la primaria y secundaria tuve muchos problemas con las matemáticas pero, de alguna forma, en preparatoria y universidad las cosas cambiaron. De pronto podía entender todo con facilidad y, además, explicarlo a mis compañeros fuera de clase.

A partir de ahí me han gustado mucho la matemáticas. Pienso que es muy interesante poder ver un problema y seguir un proceso para llegar a un resultado. Es muy interesante descubrir todo lo que podemos hacer gracias a las matemáticas. Aún el universo lo podemos medir a través de fórmulas y, por lo mismo, creo que las matemáticas son un reflejo de lo que Dios es.


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Dentro de las matemáticas de Dios, hay una fórmula muy sencilla que viene en la escritura. El Señor la usa para enseñarnos cómo obtener siempre un buen resultado en todo: 

ESCUCHA + HAZLO = VIVE

Es fácil de explicar, fácil de entender, pero difícil de aplicar a nuestras vidas. Dios dice una y otra vez: pon atención, escucha lo que te digo, haz lo que te digo y vivirás.

En la escritura Josué habló al pueblo de parte de Dios: Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová (Jos. 24:14-15 Reina Valera Revisada 1960).

Me bendice leer este versículo porque nos muestra que tenemos opciones: Dios habla al pueblo y les dice “sirvan con integridad”, pero si no lo están haciendo Él les da la oportunidad para empezar. De la misma manera, si tú sumas cosas y el resultado no es vida, plenitud, libertad, entonces tu fórmula está equivocada. Dios te dice: algo estás haciendo mal en tu vida diaria, quítalo para que puedas vivir.

“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). 

 

Así como Josué, tú necesitas tomar una decisión. A veces podemos frustrarnos porque hay actitudes, pensamientos y deseos equivocados en nuestro corazón. El diablo es el primero en acusarnos, diciendo: “mira lo que has hecho, mira lo que hay en tu corazón, ¿cómo puedes ir a la iglesia así?”.


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Dios nos libera al darnos una oportunidad para cambiar

Aunque el diablo diga cosas que sean ciertas respecto a nosotros, él es padre de mentira y experto en crear medias verdades que nos deprimen y paralizan. Por el contrario, Dios nos libera al darnos una oportunidad para cambiar. Cabe aclarar que el poder de cambio no yace en nosotros mismos, sino en Él. Nosotros no tenemos la capacidad de ser puros o santos, pero sí el poder de decidir. Podemos elegir que sea Dios quien nos purifique, en vez de dejar que el diablo nos condene.

Josué les dijo, decidan, yo ya escogí: “Yo y mi casa serviremos al Señor” (Josué 24:15). El diablo busca mantenerte en un estado de culpa y confusión, pero cuando tomas la decisión correcta, esta te libera. Usa tu poder de decisión para decir: “Señor, aunque sé que hay cosas mal en mi vida, yo creo que tú me das la oportunidad de salir”, y Dios lo hará. 

Antes de entregarle el reino, David dijo a Salomón las siguientes palabras: “Esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; para que confirme Jehová la palabra que me habló diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel” (1 Reyes 2:2-4).

Hacer las cosas correctas producirá vida en ti

Elige confiar en Él y comienza a usar la fórmula correcta. Presta atención a lo que debes de hacer de acuerdo a la Palabra y voluntad de Dios, y ponlo por obra. Hacer las cosas correctas producirá vida en ti, porque la palabra de Dios es viva y eficaz (Heb. 4:12). Jesús dijo: Mis palabras son espíritu y son vida (Jn. 6:63).

Tal vez al principio vas a hacer las cosas y no sentirás el cambio. Es como sembrar una semilla en la tierra: primero no verás nada, pero en su momento notarás un brote. Obtendrás pureza, pasión, fuerza, persistencia y muchas otras cosas que son resultado de seguir la fórmula: escucho, hago, entonces vivo.

En 1 Reyes podemos leer cómo Elías se acercó al pueblo diciendo: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra” (18:21).

Al no responder la pregunta de Elías, el pueblo estaba decidiendo seguir con Baal. No decidir es tomar una decisión, y esto es lo que el diablo quiere: que no des el paso y por lo mismo no pongas en práctica la Palabra. Mientras sigas así (solo escuchando sin practicar) la fórmula estará incompleta y no dará resultados.

Puede que seas bueno dando consejos, porque en teoría sabes lo que dice la Palabra y lo que es correcto, pero no habrá frutos en ti porque no lo practicas en tu propia vida. Si hoy no ves los resultados y te sientes frustrado porque eres cristiano pero no hay vida en tu corazón, el consejo es: vuelve a empezar y, esta vez, hazlo bien. 


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En Mateo 7:13-14 Jesús dice: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Vivir sin tomar decisiones, sin poner en práctica lo que sabes que es bueno es cosa fácil. Dentro del camino ancho va mucha gente que sabe lo que es correcto, pero no lo hace.

Muchos versículos de la Biblia son compartidos en redes sociales con una espiritualidad humanista. Enfocados en nosotros y en nuestro bienestar, pero poca gente habla de lo que hay que cambiar en nuestra vida. El Señor dice: “estrecha es la puerta” (Mateo 7:14), porque no todos somos capaces de poner en práctica la obediencia, cortar lo que está mal, cambiar nuestros pensamientos y actitud, poner a Dios como nuestra prioridad.

La fórmula es simple, sin embargo, intentamos modificarla

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Dt. 4:2). La fórmula es simple, sin embargo, muchas veces intentamos modificarla. El típico caso es cuando te gusta alguien que no es cristiano. Conoces el versículo: “¿que comunión tiene el creyente con el incrédulo, qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Cor. 6:14). Aún así intentas modificar las variables buscando el resultado que tú quieres. No puedes forzar un resultado en matemáticas. No se puede meter un cuadrado en un triángulo.

Si queremos ver bendición de Dios sin cambiar nuestra manera de vivir, la fórmula no dará resultado puesto que estamos agregando y quitando a lo que Dios ya nos ha dicho. No podemos estar viviendo con pecado en nuestro corazón, necesitamos tomar acción, sacarlo de nuestra vida y aplicar la fórmula como es: escucha, hazlo, y vas a vivir.


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No podemos alterar la fórmula a nuestra conveniencia

Vemos en el Antiguo Testamento un triste patrón en el pueblo de Israel. Pareciera un coche encendido, estancado en el lodo, patinando. Obedecen al Señor, Dios los prospera, luego empiezan a agregarle cosas a su Palabra, apartarse de Él, hacer lo que ellos quieren y Dios se aparta de ellos. Viene juicio, destrucción, se arrepienten. Dios los perdona, restaura y luego empieza todo el ciclo otra vez. Había un mover en el pueblo, pero ese mover era como una llanta en el lodo. No avanzaban y no podían llegar a la plenitud que Dios les ofrecía porque continuaban cambiando la fórmula. Dios quiere que avancemos, pero no podemos alterar la fórmula a nuestra conveniencia.

Un ejemplo de personas que alteraban las matemáticas de Dios eran los fariseos en el tiempo de Jesús. A las leyes de Moisés le agregaron más leyes, y después para evitar que se rompieran estas leyes, hicieron más leyes. Había leyes para cumplir las leyes, para cumplir las leyes de Moisés, 613 en total. Jesús los llamó hipócritas y los reprendió porque al agregar tantas cosas se desviaron de la intención del Espíritu y la Ley de Dios (Mr. 7:6-8). Nosotros corremos el mismo riesgo de apartarnos de la verdadera vida que Dios tiene para nosotros cuando cambiamos la Palabra.

“Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc. 10:27-28).

A lo largo del ministerio de Jesús, en repetidas ocasiones lo probaron para hacerlo infringir alguna de las muchas leyes que habían creado. Al preguntarle cuál es el gran mandamiento de la ley y la forma de heredar la vida eterna, Jesús simplemente respondió que toda la ley se resume en dos cosas, y si las escuchas y pones en práctica, vivirás (Mt. 22:34-40).

Amar al Señor en lo práctico, en tus decisiones, deseos y pensamientos va a traer vida a tu corazón. Dentro de la misma fórmula vas a encontrar el amar a los demás.

En esta generación hay muchos jóvenes que no quieren vivir ni pelear por los demás, sino solo por ellos mismos.

Está en ti romper con la mentalidad egoísta de esta generación. Aquella de no querer comprometerse y sólo buscar placeres y experiencias sin responsabilidad. En esta generación hay muchos jóvenes que no quieren vivir ni pelear por los demás, sino solo por ellos mismos. Buscan relaciones basadas en satisfacer su propio placer y no saben amar, sacrificarse, entregarse, sufrir; no están dispuestos a eso. Rompe con todo egoísmo y egocentrismo, deshaz esa atadura generacional para que puedas ver las necesidades de otros.

Esto pasa incluso dentro de la iglesia. Es muy triste que haya una generación de jóvenes que no oren por salvación de su familia ni amigos, sino que sólo oran por un novio(a), por un coche más nuevo, un trabajo o dinero. Oraciones vanas y egoístas. Necesitamos estar dispuestos a dejar lo nuestro para buscar ser de bendición para los demás. Éstas son las cosas que Dios quiere ver en nuestra vida, y que nos mantendrán vivos si las practicamos.

 

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