Trofeo

Dejando Todo para Ganar

Cuando tomamos la decisión de renunciar a todo, algo sucede.

“Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo.” Filipenses 3:8 NTV

¿Te gusta ganar? En cualquier competencia deportiva participas para ganar, ¿cierto? O al menos sueñas con ganar. En la escuela, estudias y te esfuerzas para ganar una calificación, un título universitario, una maestría. ¿Qué me dices de la vida?

En este pasaje Pablo nos habla acerca de ganar a Cristo, pero ¿es esto posible? En teoría ya somos objeto del amor de Dios, y no hay nada en nosotros que sea digno de ese amor, es solamente por Jesús que tenemos ese regalo. Entonces, ¿a qué se refiere?

Habla de una intimidad mucho mayor, un amor que se entrega totalmente buscando agradar al objeto de su afecto, Dios. Y en Cantar de los Cantares lo compara con un amor entre esposo y esposa, siendo Dios el esposo y la iglesia Su esposa.

“Has cautivado mi corazón, tesoro mío, esposa mía. Lo tienes como rehén con una sola mirada de tus ojos, con una sola joya de tu collar. Tu amor me deleita, tesoro mío, esposa mía. Tu amor es mejor que el vino, tu perfume, más fragante que las especias”. Cantares 4:9-10

 

 

 


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Un Poco de Historia

“Cuando las personas tienen hambre de Dios pero no lo buscan a Él para saciarse, caen en las manos del mundo.”

Cuando se habla de la esposa, se refiere a nosotros como Su pueblo, Su iglesia. ¿Qué se espera de nosotros? Que toquemos el corazón de nuestro Creador, todos los días, con nuestra manera de vivir, con ese anhelo en nuestro corazón por agradarle, siendo obedientes, todo esto con la intención de conmover el corazón de Dios.

Esto nos lleva a otro personaje con una gran historia: Rut. En este libro de la Biblia se nos da a conocer el relato de una joven que pudo ganar el corazón de su señor terrenal, Booz. De esa misma manera nosotros podemos ganar el corazón de Dios.

La historia de Rut comienza con estas palabras: “… un hambre severa azotó la tierra.” (Rut 1:1). Esta hambre representa lo que nuestra sociedad padece hoy en día, y que está relacionado con la falta de Dios en nuestras vidas. Debido a la hambruna, el israelita Elimelec llevó a su esposa Noemí y a sus dos hijos fuera del país de Judá hacia Moab. Tiempo después, Elimelec muere en ese lugar, y los dos hijos de Noemí tomaron esposas paganas, Orfa y Rut. Permanecieron en Moab diez años más.

Moab era un sitio lleno de maldad. De hecho, Moab significa “fornicación”. ¿Cuál es la historia de este lugar? Moab fue un hombre nacido de una relación incestuosa entre Lot y una de sus hijas. Fue en Moab donde Noemí perdió a sus hijos. Es un lugar bastante trágico. Parece una historia de telenovela ¿verdad? Bien, pues Dios prohibió a los israelitas casarse con mujeres moabitas, así que los hijos de Noemí desobedecieron este mandato.

Cuando las personas tienen hambre de Dios pero no lo buscan a Él para saciarse, caen en las manos del mundo, vagando en un camino que solo puede llevar a la perdición eterna, dejándose seducir por lo efímero, viviendo de la misma manera que aquellos que no conocen a Cristo.

Para Ganar Hay Que Perder

“Es cierto que la gracia de Dios nos rescata y no podemos hacer nada para ganarla, pero para profundizar en nuestro conocimiento de Él, es necesario renunciar a todo.”

En pocas palabras, Moab es el mundo donde vivimos, y en el cual permanecemos cuando tenemos hambre pero no buscamos a Dios. ¡Sal de ese lugar!

Las nueras de Noemí planearon eso, salir de Moab. De hecho, el nombre de Noemí significa “gracia”, y seguir a su suegra era una forma de seguir la gracia de Dios ¡Sí, la suegra! Te preguntarás por qué, bien, hacer esto representa alejarnos de la vida de pecado que todos nosotros llevamos por el simple hecho de ser seres humanos. Si queremos ganar un mejor futuro, tenemos que dejar atrás nuestra vida pasada, cuando no conocíamos Cristo.

Es cierto que la gracia de Dios nos rescata y no podemos hacer nada para ganarla, pero para profundizar en nuestro conocimiento de Él, es necesario renunciar a todo.


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No te Quedes a Medias

“Amaba más las cosas que le ofrecía el mundo que lo que Dios tenía para ella más allá de la frontera.”

Muchos toman la decisión de seguir a Cristo y dejan ese mundo de maldad, salen de Moab pero se detienen en la frontera. Y es que así es, empiezas la carrera muy animado, pero llega un punto en el que ya no quieres exigirte más y desistes, no llegas a la meta.

Después de avanzar y encontrarse con dificultades y pruebas, deciden que es mejor y más fácil volver atrás, a los antiguos pasos, a las antiguas costumbres. Lo mismo sucede en el relato, cuando Orfa y Rut llegan a la frontera y deben tomar la decisión de si seguirán a Noemí (que representa la gracia de Dios) o regresarán a Moab (la perdición). Si quieres una pista, Orfa significa “terquedad” y Rut, “amiga, compañera”.

Lo fuerte de esta historia, es que cuando Noemí decide volver a su tierra (Judá), les pide tanto a Orfa como a Rut, que no la sigan y vuelvan a sus respectivas casas. La reacción de las dos fue la misma, ambas lloraron y le dijeron que irían con ella (Rut 1:9-10). Sin embargo, Orfa, aunque por fuera se mostraba con lágrimas y dispuesta a dejar Moab, por dentro aún tenía un deseo de permanecer en aquél lugar y no soltar su vida pasada. Amaba más las cosas que le ofrecía el mundo que lo que Dios tenía para ella más allá de la frontera.


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Cuando llegaron a la frontera Orfa lloró, porque su corazón estaba dividido entre sus deseos y el propósito de Dios. Muy probablemente ella quería seguir porque le agradaba la compañía de aquellas dos mujeres, pero no había cortado de raíz todos esos lazos que la tenían sujeta a Moab. ¿Te ha pasado que quieres hacer lo correcto pero por alguna razón terminas haciendo todo lo contrario?

“Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual lo hago”. Romanos 7:19

Dios ya nos ha dado de Su gracia y por eso podemos tener una revelación mayor de quién es Él en nuestra vida, pero también nos dice que tomemos decisiones esforzándonos en esa gracia que ya recibimos.

Muchos de nosotros estamos igual que Orfa, no queremos soltar nuestros deseos, ni la vida que aparentemente nos ofrece placer y alegría. Estamos atorados en Moab, y no queremos cruzar la frontera porque eso significa renunciar a nuestra comodidad. Pero Dios nos reta a que lo hagamos.

Más allá de esa frontera está el gozo eterno, y sí, requiere sacrificios pero valen totalmente la pena por ganar a Cristo, por tener esa relación íntima con Él, en la que solamente busquemos agradarlo sin esperar nada a cambio, con la plena confianza de que Él tiene el control de todas las cosas.

Rut siguió adelante, se quedó con Noemí y alcanzó el propósito de Dios para su vida, tocó Su corazón y ganó a Cristo.

Cuando realmente demostramos con hechos que no nos importa nada, y que nuestro principal deseo y anhelo es buscar más a Dios, obedecerlo y agradarlo en todo, algo sucede. Logramos ganar Su corazón y tener una intimidad mucho mayor con el Creador de todas las cosas.

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Crecimiento Espiritual
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