Gratitud Es Actitud

Dios quiere enseñarnos a ser agradecidos.

Él espera que nosotros seamos agradecidos en todo.

¿Recuerdas algún momento de tu infancia en el que tus padres te obligaban a dar las gracias por absolutamente todo? Quizá tienes algunos recuerdos vagos en tu cabeza que suelen ir y venir acerca de la manera en la que tus padres querían educarte para ser un buen miembro de la sociedad y crecer en gratitud. Solo imagina la situación, probablemente esto pasaba mucho cuando recibías un obsequio, un gesto generoso o algo similar teniendo que dar las gracias. Lo mismo sucede con Dios, nuestro Padre Celestial, pero a diferencia de obligarnos, Él espera que nosotros seamos agradecidos en todo, con actitud.


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Fijar bien nuestra mirada

Debemos apreciar todo lo que poseemos y agradecerle a nuestro Dios.

Al observar a nuestro alrededor, podemos observar las carencias y necesidades que nuestros semejantes padecen y las situaciones a las que se enfrentan. Tal vez estamos fijando nuestra mirada en las cosas que nos hacen falta, pero realmente es importante fijarla en las cosas que ya poseemos, y aún más en las cosas que ya tenemos en Dios.

En Génesis 3:6, al principio de la creación, se nos menciona que para Eva, el fruto prohibido era “hermoso y delicioso” (NTV), sin embargo a pesar de que Dios había ordenado a Adán y Eva: “No deben comerlo, ni siquiera tocarlo; si lo hacen, morirán”, (3:3) cayeron en tentación y pecado. Es interesante ver cómo la pareja, por poner su mirada en un solo árbol, dejaron de ver todo lo que tenían a su alrededor.

Al igual que ellos, nosotros debemos de percatarnos de no poner nuestra mirada en alguna cosa o deseo pues, eso precisamente, se puede convertir en un obstáculo que nos haga perder y disfrutar la plenitud de todo lo que tenemos en Dios.

La realidad es que nos afanamos tanto con nuestra vida, y queremos obtener algo o deseamos que suceda lo que tanto anhelamos en nuestro corazón, que mantenemos nuestra mirada fija en tal o cual cosa. Efesios 1:3 menciona que nuestro Padre “nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo.” Por lo tanto, debemos apreciar todo lo que poseemos y agradecerle a nuestro Dios, no sólo por todas las cosas materiales que nos ha dado, si no por enviar a Su hijo Jesucristo a derramar Su sangre en la cruz por nosotros y haber muerto para darnos la oportunidad de tener vida eterna en Cristo, siendo salvos por gracia.


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La gratitud es actitud

Necesitamos aprender a ser agradecidos pues, como lo vemos en la Escritura, no se trata de dar las gracias, sino debe de ser parte de una actitud. “Entren por sus puertas con acción de gracias; vayan a sus atrios con alabanza. Denle gracias y alaben su nombre” (Salmos 100:4). Y así nos llama nuestro Señor, a crecer en gratitud, no solo por educación sino conociendo que por medio de la gratitud hay bendición.

Separados de Dios

Al leer la historia descrita en Lucas 17:11-12, es interesante notar cómo estos 10 hombres habían adquirido esta enfermedad tan triste y dolorosa que no tenía cura y deterioraba el cuerpo al punto de morir por infecciones; además, dicha enfermedad era de impacto social ya que los hombres que la padecían eran considerados “inmundos”, llegando al punto de usar campanas y gritar o avisar a la comunidad que algún leproso se aproximaba, causando el rechazo de la gente con la finalidad de ser separados en lugares distantes de la comunidad judía sin poder convivir con sus seres queridos (hijos, amigos, familia).

Los enfermos, no sólo eran separados de la vida social, sino de la enseñanza de la Palabra que se recibía en las iglesias o sinagogas; es decir, se encontraban en una situación lejana a Dios. Estos 10 hombres no tenían una vida normal ni estaban cerca de tenerla.


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Somos esos “leprosos

Así como estos 10 leprosos que se encontraban lejos, nosotros podemos encontrarnos en la misma situación e identificarnos con ellos. Cuando el pecado se encuentra en nuestra vida y se mantiene dentro de ella, nos separa de Dios y de nuestro propósito, dañando todas las áreas de nuestra vida, incluyendo nuestras relaciones: familia, amigos y trabajo. La Biblia dice en Romanos 6:23 que “la paga que deja el pecado es la muerte.”

Esta condición física de los enfermos mantenía la lejanía con Dios y, a su vez, nosotros también espiritualmente somos esos “leprosos”, pues venimos de una vida alejada del Señor, alejados de una relación con el Padre por causa del pecado.

Probablemente, sepamos mucho de la palabra de Dios y acerca de Él, sin embargo, nos encontramos parados “lejos”, como estos 10 hombres, por causa de nuestros pecados, separados de la Gloria de Dios, pues no hemos podido mantener una relación personal con nuestro Creador, tal como lo dice la Palabra “¡No hay ni uno solo que haga lo bueno!” (Salmo 14:1).

Jesús nos libró de nuestros pecados

Si no hay ley, no hay revelación del pecado.

¿Qué era lo que mantenía lejos a los leprosos? Ciertamente no era que ellos quisieran estar apartados de la sociedad en la que vivían, sino que la ley, prohibía que ellos estuvieran cerca, misma que hablaba de la inmundicia de estos hombres.

Todos somos pecadores y éramos pecadores sin Cristo, vivíamos en nuestros pecados y delitos pero cuando conocimos de su Palabra y su ley, nos dimos cuenta de la condición en la que vivíamos. Si no hay ley, no hay revelación del pecado. Por citar un ejemplo sencillo, ¿cómo podríamos saber que está mal pasarnos un semáforo en rojo? La respuesta no es simplemente decir que esté mal pasarnos esa luz roja, sino saber que la ley lo demanda, añadiendo una infracción por faltar al reglamento de tránsito.

De la misma manera en que los 10 leprosos habían sido distanciados por causa de la ley, nosotros somos considerados pecadores porque la ley (los mandamientos de Dios) nos ha mostrado nuestro pecado, pero gracias a Jesucristo, quien cruzó esa línea para alcanzar a dichos hombres, así mismo ha hecho con nosotros. Cristo se ha acercado para liberarnos de nuestros delitos y pecados, amándonos primero.

Reconoce y clama a Dios

“Diez leprosos se quedaron a la distancia, gritando: —¡Jesús! ¡Maestro! ¡Ten compasión de nosotros!” Lucas 17:13

Lo primero que podemos ver es que dichos leprosos reconocieron su condición y su necesidad; aún mejor, reconocieron que necesitaban la ayuda de Jesús.

Muchos dirán: “¡Claro! Era obvio que esta enfermedad fuera reconocida”. Pero aún así, muchos de nosotros nos encontramos con situaciones de enfermedad espiritual que no hemos sido capaces de reconocer; tal vez alguna atadura en nuestros corazones o pecados que necesitan la sanidad que Jesús nos da.

Así como Jesús preguntó al ciego: “¿Qué quieres que haga por ti?”, a lo que él respondió; “¡Quiero ver!” (Marcos 10:51- 52) así Dios anhela que podamos reconocer nuestra necesidad y reconocer que Él es nuestra ayuda por medio de la oración y el clamor para aumentar nuestra fe. Cristo desea que sepamos que toda respuesta proviene de Él. Estos diez hombres alzaron la voz a Jesús y clamaron: “¡Ten compasión de nosotros!”. ¿Has clamado al Señor en tu necesidad?

Obedece, da pasos de fe y agradece

Nosotros buscamos de las bendiciones de Dios, pero Él busca que Su presencia esté en nosotros.

Jesús vio y mandó a los enfermos para que fueran a demostrarle al sacerdote que ya no padecían la enfermedad, pues en ese tiempo era importante mostrarse ante la autoridad para declarar que ellos ya no tenían lepra, pese a que no tenía la autoridad de sanar.

Jesús puso ante ellos un enorme reto, y ellos obedecieron, dando pasos de fe y dirigiéndose a ver a la autoridad para dar legalidad de que ellos ya no padecían de absolutamente nada.

Es interesante notar en los versículos 17-19 cómo de los diez hombres que reconocieron, clamaron y obedecieron, solo uno volvió agradecido, glorificando a Dios a gran voz y postrándose ante Él.

Este único hombre, volvió agradecido ante Dios porque encontró una razón para hacerlo, él se dio cuenta que Jesús había hecho una diferencia en su vida, cambiando un futuro que no era posible cambiar. Y tal como estos nueve hombres restantes, muchos vemos la necesidad de orar, pero pocos la necesidad y oportunidad para agradecer. Él no solo clamó, sino que volvió agradecido, a lo que Jesús respondió: “Tu fe te ha salvado” (ver. 19 RVR1960). La gratitud trajo a este único hombre, la salvación a su vida, no sólo recibió la bendición físicamente, sino un cambio en su corazón. Nosotros buscamos de las bendiciones de Dios, pero Él busca que Su presencia esté en nosotros.

Vive en Gratitud

¿Has agradecido a Dios por las bendiciones que Él te ha dado o por lo que Él te ha concedido? Muchas veces clamamos y clamamos para que Él interceda por nosotros y cuando Él finalmente suple esa necesidad, nos jactamos o decimos que fue por nuestros propios méritos o nuestras fuerzas, sin embargo, no es así, pues tal como menciona Santiago 1:17: “Todo lo que es bueno y perfecto desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre” (NTV). Es decir, todo lo que hemos podido ser o hacer es gracias a la misericordia del Señor.

¡Que toda la gloria y toda la honra sean para Él en todo lo que hacemos! Agradezcamos al Señor por cada una de las bendiciones! El Señor espera ansiosamente llevarnos a la gratitud. Veamos más allá de la bendición, veamos a Aquél que nos bendice. Reconoce, obedece, da pasos de fe y agradece.

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Viviendo en Cristo
Hay un Comentario sobre este artículo
  • Estefanía gonzález
    11 Marzo 2016 at 6:32 pm

    Asi es hay que ser agradecidos con Dios en todo momento . 🙂

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