Amor

Hablemos sobre lo que es el amor real

Una lección que todos necesitamos aprender

¿A quién no le gusta que lo apapachen y le demuestren amor? ¡A todos nos gusta sentirnos amados! La manera en que lo demostramos puede cambiar y ser diferente. Lo que no cambia es la necesidad de un hombre o una mujer de ser amados.

Existen 3 traducciones en griego de la palabra amor:

  • Eros: Es el deseo sensual, el cual no se describe en la Biblia.
  • Fileo: Se utiliza para describir el amor entre familiares y amigos; se ama a alguien porque es digno de recibirlo.
  • Ágape: Es el que Dios muestra por nosotros. El más puro y más profundo; es expresado en actos de voluntad y no por emociones o sentimientos.

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El Amor de Dios

Muchas veces no alcanzamos a comprender que el amor de Dios para con nosotros es sobrenatural e incondicional, revelado a través de la muerte de Jesús en la cruz al pagar por nuestros pecados. Sin embargo, aunque puede ser complicado de entender, es ese amor el que Dios quiere producir en nuestras vidas. Eso será posible siempre y cuando permitamos que el Espíritu Santo trabaje en nuestro carácter y en nuestro corazón. El amor ágape no centra su atención en el “objeto” digno de ser amado, sino en el carácter de la persona que ama. Muy profundo, ¿no?

“Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Co. 13:3 Reina Valera Revisada 1960).

¿Cuántas veces has hecho algo para recibir a cambio un beneficio? O más sencillo, ¿le has dicho a alguien que lo amas con el fin de recibir algo de ese alguien? Si es así, déjame decirte que ante los ojos de Dios ese tipo de acciones no tienen ningún impacto si no fueron motivadas por amor sincero. Lo que el versículo citado quiere decir, es que de nada sirve hacer algo por alguien o hacer algo para Dios si la motivación principal no es el amor. Entonces, ¿cómo se demuestra el amor ágape? Ahí es donde el reto empieza.

Las Características Del Verdadero Amor

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co. 13:4-7).

Si sustituimos en el texto anterior la palabra “amor” por nuestro nombre, ¿crees que nos describiría? Si coincides conmigo en que esa descripción está lejos de lo que tú y yo somos día a día, entonces tenemos trabajo por hacer. Ésta es un área de oportunidad en la que Dios quiere ayudarnos a crecer. Veamos algunas verdades fundamentales que seguramente nos ayudarán a entender los fundamentos del amor incondicional de Dios.

 


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  • Dios Ama Incondicionalmente

Dios nos ama a pesar de que desobedecemos, nos ama a pesar de nuestro comportamiento, de nuestras fallas y nuestras debilidades, nos ama a pesar de nuestro egoísmo u orgullo; es un amor incondicional e inmerecido.

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).

En el libro de Lucas, (ver aquí), podemos leer la parábola del hijo pródigo. Ésta nos ilustra el amor incondicional de Dios por Sus hijos. La historia se resume así:

Un joven le pidió a su padre la parte de la herencia que le correspondía, el padre se la entregó y, acto siguiente, el joven empacó sus pertenecías y se fue a un pueblo lejano donde malgastó todo su dinero. Finalmente se dio cuenta de su condición. Aún los empleados de su padre tenían mejor calidad de vida y alimento que él, así que decidió volver a casa de su padre. Todavía no llegaba a casa de su padre cuando su papá lo vio a lo lejos y corrió hacia él. El padre lo vio con amor y misericordia, lo abrazó y lo besó. El hijo trataba de explicar lo que había pasado pero el padre lo interrumpió y ordenó preparar una fiesta pues su hijo había vuelto y estaba arrepentido.

La acción del hijo de reconocer y volver a casa fue un acto de arrepentimiento, mostraba un cambio en su forma de pensar y había regresado para ser nuevamente parte de la familia. La historia del hijo pródigo muestra claramente que Dios continúa amando a aquellos que se han alejado de él. Dios no es como nosotros, Dios nos ama incondicionalmente.


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  • Dios Nos Enseña La Forma De Amar

Cierto maestro de la ley le preguntó a Jesús:

“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús contestó: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mt. 22:36-40).

Entendemos que los mandamientos de Dios nos llevan a amarlo a Él y a nuestro prójimo. Para hacerlo es necesario meditar en dos cosas: la forma en que Dios deposita amor en nosotros y en cómo hacerlo crecer.

“Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Ro. 5:5).

Es a través de su Espíritu Santo que recibimos esa semilla de amor que nos toca cultivar y hacer crecer. Una vez que la semilla es sembrada en nuestro corazón, ahora debemos meditar en los atributos de Dios y en las maravillas que Él ha hecho y está haciendo en nuestras vidas para así hacer crecer ese amor en nosotros. Amamos a Dios porque Él nos amó primero.

  • No Podemos Amar En Nuestras Propias Fuerzas

“Es necesario acercarnos a la fuente de amor incondicional…”

Es muy difícil dar algo que no tenemos, por eso para poder amar como Dios ama, debemos recibir amor de parte de Él y reconocer que no podemos amar de una forma incondicional, usando nuestras propias fuerzas. Por naturaleza los seres humanos no somos pacientes, ni amables. Somos celosos, envidiosos y jactanciosos. Esa es nuestra realidad, por eso si queremos tener amor verdadero en nuestro corazón es necesario acercarnos a la fuente de amor incondicional para entonces poder compartir lo que nos ha sido depositado.

  • Amar Como Dios Manda, Es Posible

El amor de Dios es capaz de sostenernos y animarnos cada día y es posible compartirlo con quienes nos rodean. Debemos primero, hacer nuestro el amor de Dios y eso es posible cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón. Cuando reconocemos que Él es quien pagó el precio por nuestros pecados y le damos entrada para que pueda poner orden en nosotros. Es ahí cuando recibimos el “paquete completo”. Él nos da la salvación, nos da de su amor y el Espíritu Santo entra en nuestra vida para guiarnos en cada decisión y cada paso que damos.

Cuando permitimos que Dios forme parte de nuestra vida, Él nos provee con todo lo necesario para ser una persona mejor a la que éramos antes de conocerlo, además de que nos motiva, nos anima y nos da la habilidad de amar de una manera diferente.


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  • Amamos Por Fe

Una vida con Dios se basa en la fe. Aceptamos a Jesús en nuestro corazón por fe, amamos por fe, nos llenamos de su manera de amar a través del Espíritu Santo por fe y caminamos por fe. Es decir que, cuando nos resulte difícil amar a otros, debemos recordar que amar también lo hacemos por fe. Dios no nos pediría hacer algo para lo cual no nos capacita primero.

“Debemos esforzarnos y desear que el amor de Dios crezca en nosotros.”

Ahora bien, debemos poner de nuestra parte, las cosas no suceden por arte de magia, debemos esforzarnos y desear que el amor de Dios crezca en nosotros. En 1 Juan 5:14-15, Dios promete que si pedimos algo conforme a su voluntad, Él oye y responde. Siendo así, entonces podemos pedir por fe el privilegio de amar con el amor de Dios.

Dando Pasos de Fe

“Es hoy cuando debemos empezar a ser transformados por el amor incondicional de Dios.”

Ahora sabemos qué es el amor, la forma en que Dios nos ama y cómo nos enseña a amarlo a Él y a quienes nos rodean. Esto significa que tenemos las herramientas necesarias para ponerlo en manifiesto en nosotros. Pongamos manos a la obra, el reto es amar a quienes no nos inspiran amor, porque amar a quienes son buenos con nosotros es sencillo. Pidamos a Dios la guía para saber por dónde empezar, quizá Dios nos pone a una persona difícil de amar o de perdonar. No sé exactamente a quién desea Dios que comiences a amar, de lo que sí tengo certeza es que debemos ser transformados por el amor incondicional de Dios.

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Crecimiento Espiritual
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