Humildad

Humildad Verdadera

¿Somos tan buenos como creemos?

Actualmente todo mundo publica y/o comparte en redes sociales las buenas obras que realizan, ya sea para dar un mensaje al mundo, hacer conciencia, o simplemente para darse a conocer ¿Es esto la humildad verdadera? ¿Te ves a ti mismo como alguien bueno?

Pretendemos ser buenos ante los ojos de la sociedad, muchas veces buscando y recibiendo reconocimiento, y esto crea en nosotros orgullo. Porque, aunque “hagamos el bien”, el único que puede determinar si estamos bien o mal, es Aquél que es perfecto: Dios. 

¿Por qué? Tal vez esto haga que te sientas un poco mal, pero la realidad es que nosotros no podemos ser santos en nuestras fuerzas. Es imposible que un ser humano produzca santidad. ¿Por qué es tan importante la santidad? El propósito de Dios no es solamente que digamos que creemos en Él, o que hagamos una oración. La meta de Dios para nuestra vida es transformarnos. 

Para que ocurra una transformación, primero necesitamos admitir que necesitamos ayuda y arrepentirnos. Nunca lograremos esto sin humildad. Un corazón orgulloso no puede ver sus errores y por lo tanto no los corrige. 

En otras palabras, la humildad precede a la santidad, y entre más crezco en mi conocimiento de Dios, más pequeño llego a ser.


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¿Quién Es un Hipócrita?

“Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma”. Mateo 11:29 NTV

Esta es la voz de Jesús, el hombre más humilde que ha existido y podrá existir. El mismo que siendo Dios, eligió despojarse de todo y hacerse hombre. Solamente de Él podemos aprender verdadera humildad. 

La humildad y la santidad están íntimamente relacionadas. Solamente podemos ser santos a través de la gracia que Dios nos regala, pero esa gracia toca a los corazones que se humillan. ¿Te has humillado delante de Dios? ¿Has visto tu pecado tan claro como el agua? 

Debemos dejar muy claro que Dios no condenó a los pecadores, Él condenó a los hipócritas. Una persona hipócrita es también alguien orgulloso que, cuando se equivoca, busca justificarse o excusarse con cualquier cosa con tal de no aceptar su error y seguir igual. Pero eso sí, una persona hipócrita se siente con todo el derecho de señalar las fallas de los demás. ¿Alguna vez has actuado así?

En pocas palabras un hipócrita es aquel que no admite quién es realmente, y recordemos que para ser transformados es necesario reconocer que estamos mal y necesitamos ayuda. Dios se resiste al soberbio pero da gracia al humilde, y solamente esa gracia puede cambiar nuestros corazones.


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La Humildad Es una Decisión

“Cuando hablamos de ser santos, no nos referimos a seguir una lista de reglas o unirte a una religión, sino de buscar una relación y mantener una comunión con Dios.”

A nadie nos gusta, pero tengo que decirte que tarde o temprano, en algún momento de tu vida vas a ser confrontado con todo lo que hay en tu corazón, y no estoy hablando necesariamente de cosas buenas, porque nuestro corazón es perverso (Jeremías 17:9). El Espíritu Santo nos revela lo que hacemos mal, y no lo hace para condenarnos sino para mostrarnos qué debemos cambiar.

Cuando hablamos de ser santos, no nos referimos a seguir una lista de reglas o unirte a una religión, sino de buscar una relación y mantener una comunión con Dios. Claro que esto involucra muchas cosas, entre ellas orar, congregarte, leer la Biblia, pero ya no forman parte de una lista de cosas por hacer, sino que se convierten en tu prioridad y anhelo principal porque lo amas a Él. 

Cometemos el error de ver la confrontación como una excusa para alejarnos de Dios, le sacamos la vuelta, nos hacemos los ofendidos, cuando lo que verdaderamente necesitamos es ir corriendo a los brazos de Papá. El cristianismo sin Cristo es imposible. No podemos producir santidad nosotros mismos, vamos a fallar y eso va a ser frustrante. Queremos cubrir nuestros propios pecados pero eso solamente puede hacerlo Cristo, si estamos dispuestos a humillarnos y confesar. 

No se trata de vivir la humildad en ratitos, sino de convertirlo en un patrón y una reacción natural en nosotros. Se trata de ir a otro nivel, no solamente humillarnos cuando necesitamos algo o hemos llegado al fondo del pozo en nuestra vida, sino que cuando estamos bien podamos reconocer que es por Él, no por nosotros. ¿Tenemos esa humildad? La humildad es una decisión.


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 Juzgar Es Muy Fácil

“Criticar a otros o señalar sus faltas no va a hacernos más santos.”

Un hipócrita juzga porque se siente superior. Olvidamos nuestra posición en el universo como seres creados. Esto nos demuestra que lógicamente tenemos un Creador, quien no solamente nos dio vida a nosotros, sino que diseñó todo el universo. ¡Somos muy pequeños, y aún así, inmensamente amados por Él!

Debemos recordar que Jesús no vino al mundo a juzgarlo, sino a salvarlo. Y podremos decir que Jesús condenó el pecado, y es totalmente cierto, de hecho nosotros también lo condenamos, pero el primer pecado que deberíamos condenar es el de juzgar a otros porque eso es una cortina de humo para que no veamos nuestras propias fallas. Mateo 7:5.

Criticar a otros o señalar sus faltas no va a hacernos más santos. Claro que debemos ir contra el pecado, pero no contra las personas. Debemos buscar ese equilibrio que sólo puede brindarnos el amor. Si estamos dispuestos a dar la vida por nuestro hermano, entonces nuestra manera de “corregirlo” será muy distinta, ya que consideraremos nuestra condición como personas imperfectas, y esto nos dará tacto para tratar a los demás. Necesitamos alcanzar este nivel de madurez y humildad. 

¿Cómo puedo saber si soy lo suficientemente maduro para juzgar a alguien? Antes de hacerlo pregúntate a ti mismo si estás dispuesto a morir por esa persona. Jesús lo hizo, Él murió por ti, y eligió salvarte mostrándote tus errores y dándote el poder para corregirlos.

Jesús mismo se sentó y vivió entre pecadores sin participar en el pecado. Nosotros somos llamados a hacer lo mismo, y para eso necesitamos humildad. Muchas veces lo que decimos o hacemos es correcto, pero es la actitud con la que actuamos lo que revela nuestro corazón. Antes de pensar en juzgar a alguien, seamos conscientes de nuestras propias fallas, y confesemos a Dios nuestras debilidades. 

“Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.” Romanos 5:8

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Crecimiento Espiritual
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