Muerte

¡Jesucristo Venció la Muerte!

Hay vida plena y eterna en Jesús.

A través de la historia de la humanidad ha habido muchas religiones, filosofías, y reformas sociales. Basta buscar en internet, abrir un libro de historia o leer un periódico reciente y podremos encontrar toda clase de dirigentes.  Sin embargo, ninguno de estos líderes ha podido vencer  la muerte, ni podrá. Solo Jesucristo venció la muerte. La Biblia enseña que después de que Cristo murió en la cruz, su cuerpo fue colocado en una tumba y al tercer día resucitó.

¿Puedes visualizar ese momento? Luego de la crucifixión todo parecía perdido, los seguidores de Jesús estaban tristes, intentaban comprender lo que había sucedido pero no encontraban respuestas. Ya era el tercer día de la muerte de Jesucristo cuando María Magdalena fue al sepulcro muy de mañana y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. Entonces corrió a buscar a Pedro y a Juan dando la noticia de que se había llevado el cuerpo de Jesús. Estos discípulos corrieron al sepulcro y, para su asombro, solamente encontraron los lienzos en los que había estado envuelto Jesús, pero él no estaba allí porque había resucitado. Fue entonces cuando creyeron.


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En el libro de Romanos 8:11 encontramos esta declaración: “El Espíritu de Dios, quien levantó a Jesús de los muertos, vive en ustedes; y así como Dios levantó a Cristo Jesús de los muertos, él dará vida a sus cuerpos mortales mediante el mismo Espíritu, quien vive en ustedes” (NTV).

¡Esto es sorprendente y maravilloso! Cuando venimos a Cristo y lo recibimos como nuestro Salvador, su Espíritu viene a vivir en nosotros. ¡Así es! ¡El mismo Espíritu de Dios nos da una vida nueva y verdadera libertad! Así como el Espíritu de Dios dio vida al cuerpo de Cristo, Jesucristo también nos da vida resucitada cuando nacemos de nuevo por la fe.

Es el deseo de Dios enseñarnos a caminar en esta vida nueva y asegurarse de que nos despojemos de todas aquellas cosas que nos estorban para caminar en libertad.

Desechando las viejas vestiduras (ropas viejas)

“La tarea de deshacernos de la antigua ropa es nuestra”.

Tal vez has escuchado la historia de Lázaro, un querido amigo de Jesús que debido a una enfermedad murió pero a quien Jesús mismo resucitó. En este relato podemos ver la forma en que Dios nos alienta a despojarnos de las ‘viejas vestiduras’: Entonces Jesús gritó: «¡Lázaro, sal de ahí!». Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: «¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!». Juan 11: 43-44

Así que Dios nos da vida nueva, pero la tarea de deshacernos de la antigua ropa es nuestra. Cuantas más ‘vestiduras viejas’ nos quitemos, más disfrutaremos de nuestra salvación.


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Despojándonos de la prisión (Escapando de la prisión)

“Jesús está con nosotros para vivificarnos y librarnos de la condenación del pecado.”

La primer ropa vieja de la que debemos despojarnos es nuestra manera de pensar. Es posible que estemos acostumbrados a pensar de forma equivocada y negativa, o bien, tenemos alguna filosofía muy arraigada dentro de nosotros. Pero una vez que rompamos las ataduras del pecado, enfermedad y muerte que nos han mantenido prisioneros, debemos caminar con libertad. Debemos creer y confesar la victoria de Cristo; desprendernos de la conciencia de pecado y renovar nuestra mente con nuevos pensamientos: ¡He sido perdonado! ¡He sido sanado! ¡He obtenido vida eterna!

El segundo harapo del que debemos librarnos es la esclavitud de la ansiedad y el temor. Los problemas y dificultades que naturalmente enfrentamos en la vida pueden traer dificultad y  angustia, pero es necesario recordar que Jesucristo nos ha dado su palabra y su Espíritu para poder vencer a estos enemigos. Cuando escuchamos la palabra de Dios, la fe se despierta en nuestro corazón y los miedos e inseguridades se desvanecen. Cuando sabemos quién es Dios y todo lo que Él puede hacer, nos damos cuenta que no hay motivos para tener miedo.

“Cuando decimos, “Sí, creo”, pero no lo ponemos en práctica, entonces tenemos una fe muerta”.

La tercer vestidura de la que debemos deshacernos es de las expresiones negativas al hablar. Es común pensar y decir cosas como: ‘No podré lograrlo’, ‘Soy un fracasado’, ‘No puedo hacerlo’. Estas palabras son nuestros grandes enemigos. Debemos cambiarlas por palabras de esperanza, positivas y vivificantes.

Notaremos que Jesucristo no solamente dijo:“Quítenle las vendas”, sino que añadió:”y déjenlo ir“. Nuestro Salvador desea que avancemos, no quiere que nos estanquemos. Cuando decimos, “Sí, creo”, pero no lo ponemos en práctica, entonces tenemos una fe muerta. Nuestras acciones deben ser un reflejo de lo que creemos. A través de la Palabra de Dios podemos ver que debemos confesarla y creerla. Pero, ¿cómo vamos a hacerlo si no la conocemos? Debemos refugiarnos en Su Palabra.

La muerte ha sido vencida

La muerte ha sido vencida por nuestro Señor Jesús. Él reina por sobre todas las cosas, tiene todo poder y no hay quien pueda vencerle. Eso nos debe llevar a pensar: ¿Por qué vivir en temor, tristeza o angustia? ¡Jesús venció en la cruz! Ya que él nos ha dado la victoria, vivamos llenos de Su poder y Su presencia. Aférrate a sus promesas y recuerda que hemos sido adquiridos por Dios y ahora somos pueblo suyo.

¡Tenemos la victoria en Cristo! “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?  ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:55-57 RVR1960).

 

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